jueves, 8 de mayo de 2025

La administración de la iglesia y el ministerio de la palabra, semana 8, capítulo 11, jueves

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO ONCE: LA IMPORTANCIA Y LA
COMISIÓN DEL MINISTERIO DE LA PALABRA
CON RELACIÓN A LA REUNIÓN DE LECTURA BÍBLICA

SEMANA 8 - JUEVES
Lectura Bíblica: Sal 16:5; 22:14-15; Mt 26:29; Jn 18:11; 1 Co 11:26; Ap 14:10

Leer y orar: "Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa; tú sustentas mi suerte." (Sal 16:5)

SUMINISTRAR LA PALABRA EN
REUNIONES DE MUTUALIDAD (2)

En otra reunión de partir el pan hablé acerca del pan y la copa. Fue un mensaje sencillo, mostrando que el pan es una historia de vida y la copa, una historia de bendición. La vida del Señor, simbolizada en el pan, es para nuestro disfrute. También Dios mismo y todo lo que Él es se convirtieron en nuestra bendición en la copa.

En un mensaje anterior había centrado la atención en la copa y comencé a hablar de la importancia de la copa de acuerdo con el Salmo 16:5, que dice: "Jehová es la porción [...] de mi copa". Una copa representa la porción que debemos tener. Originalmente nuestra porción era la copa de la ira de Dios. Esa porción es el lago de fuego. Apocalipsis 14:10 habla de un grupo de personas cuya porción es el lago de fuego y azufre. La porción que Dios preparó para ellos es el lago de fuego, la copa de Su ira.

Cuando el Señor fue a la cruz, tomó la copa de la ira de Dios. Él dijo: "¿No he de beber la copa que el Padre me ha dado?" (Jn 18:11). Él bebió la copa de la ira por nosotros. Puesto que el fuego de la ira de Dios lo quemaba mientras estaba en la cruz, Él dijo que tenía sed.

Esto corresponde a las palabras del Señor en el Salmo 22:14-15: "Todos mis huesos se descoyuntaron; mi corazón fue como cera, derritiéndose en medio de mis entrañas. [...] y mi lengua se pegó a mi paladar". Esta es la descripción de la sed del Señor. En la cruz Su sangre fue derramada, la cual constituye nuestra copa de salvación, y esta copa rebosa de bendiciones.

A medida que nos acordamos de Él al ver la copa, necesitamos darnos cuenta de que por amor a nosotros Él bebió la copa de la ira, la cual era nuestra porción. Luego nos dio la copa de salvación que rebosa de bendiciones. Cuando partimos el pan para acordarnos del Señor, recibimos la copa de bendición. Si hablamos sobre el pan y la copa en la reunión de comunión o de oración, nuestra palabra no atraerá la atención de las personas, pero cuando hablamos de esos elementos en la reunión de partir el pan, nuestra palabra será muy atrayente.

No debemos hablar de forma educativa con relación a la persona del Señor Jesús y Su obra en la reunión de partir el pan; en vez de eso, debemos hablar de modo sencillo, con amor. Debemos hablar como quien cuenta una historia de amor. Contamos cuán maravillosa es la persona que amamos.

Por ejemplo, podemos leer un pasaje de Cantares describiéndolo como "blanco y rubicundo, señalado entre diez mil" (5:10). Podemos decir luego algo que se relacione con blanco y rubicundo. Debemos también destacar la hermosura del Señor y cuánto Él es amoroso, para que los demás tengan de Él un conocimiento verdadero y dulce.

La reunión de partir el pan es para recordar la obra del Señor y glorificar y exaltar Su nombre. Por lo tanto, podemos incluso decir algo relacionado con Su regreso. Como la mesa del Señor implica Su regreso, esa palabra puede ser muy dulce. Cada vez que comemos el pan y bebemos la copa, anunciamos la muerte del Señor hasta que Él venga (1 Co 11:26).

El Señor dijo que, después de beber la copa con los discípulos, no la volvería a beber hasta el día en que la bebiera nueva en el reino de Su Padre (Mt 26:29). Una breve palabra puede introducir a los santos en el tema del regreso del Señor. Mientras lo recuerdan, esperan Su regreso.

Una palabra dada a partir de un corazón lleno de sentimiento puede estimular a las personas.

La necesidad del suministro
mediante el ministerio de la palabra palabra

Todo creyente ama al Señor. Cuando su amor por el Señor es estimulado, espera con ansias la próxima reunión de partir el pan. Si recibe una muestra y suministro, con certeza querrá volver. Si todos fueran como el apóstol Pablo, no habría necesidad de estimularles el corazón.

Sin embargo, muchos santos son creyentes nuevos, que realmente necesitan ayuda y ser suplidos. Si vienen vez tras vez a la reunión, pero no saben cantar himnos ni orar como los demás, solo podrán oír a los demás. Si oyen siempre las mismas melodías, sentirán que falta sabor en la reunión y que es larga y aburrida.

A veces la reunión entera es como una persona anciana bajando las escaleras: hace sudar frío a las personas y nadie sabe qué hacer. Reuniones así no pueden elevar el espíritu de las personas ni satisfacerlas. No pueden hacerlas deseosas de pagar el precio para volver.

Por eso, no podemos quejarnos de ningún declive en la asistencia a las reuniones. Los que las conducen, en particular los que ministran la palabra, tienen la mayor responsabilidad. Necesitamos ministrar la palabra en todas las reuniones a fin de suplir y dar palabra en todas las reuniones a fin de suplir y dar instrucciones a los santos.

Por ejemplo, después de que los nuevos creyentes en el norte de China recibieron ayuda con relación a los asuntos fundamentales por cinco años, sus oraciones y alabanzas en la reunión de partir el pan eran capaces de conferir gran ayuda a otros nuevos creyentes.

Ellos alababan al Señor por Su dulzura y por los frutos de Su obra, declarando que estaban satisfechos con Él. Aquellos santos oraban: "Señor, Tú eres tan dulce. De la cabeza a los pies Tú eres digno de ser ungido por nosotros. Señor, desde el nacimiento hasta la muerte Tú eres digno de ser ungido. Señor, Tú estás satisfecho cuando ves el fruto de Tu trabajo. Hoy estamos sentados en Tu presencia y satisfechos al mirarte".

Muchos se abrieron cuando oyeron oraciones como esa. En algunas oraciones hay suministro mediante la ministración de la palabra. Oraciones llenas de luz pueden resultar en suministro para los demás. Si la reunión de partir el pan no suple a las personas mediante el ministerio de la palabra, es muy deficiente. Los nuevos creyentes pensarán que la reunión no tiene sentido si no reciben mucho ni oyen ninguna palabra con contenido espiritual. No debemos solo estar firmes en la base apropiada, sino también estar en una condición normal.

El servicio en el ministerio de la palabra
requiere que se invierta tiempo de estudio

Los que ministran la palabra deben pasar tiempo delante del Señor diariamente estudiando cómo ministrar la palabra en la reunión de partir el pan. Nuestra palabra en esas reuniones no es la misma que la palabra pronunciada desde el púlpito. No debe ser educativa en su naturaleza; antes, debe ser pronunciada con sentimiento, llevando a las personas a percibir la hermosura del Señor, apreciarlo, adorarlo y ser atraídas a Él.

Nuestra palabra no debe llevarlas a olvidarse del Señor. Al contrario, debe llevarlas a contemplarlo y entrar en Su presencia. Debemos hablar acerca de la obra y la persona del Señor, Su exaltación, Su nombre, Su gloria y Su segunda venida. Incluso podemos decir algo relacionado con Su poder, sin embargo, eso depende de cómo hablemos.

Debemos siempre hablar con ternura, mencionando que el amor de Dios es poderoso y Su poder se manifiesta en Su amor. Esa palabra es muy dulce. Si solo decimos que el poder del Señor es grande, mayor aún que la energía atómica, los hermanos pueden olvidar cuán amable es Él. Por eso debemos considerar cómo hablamos.

Podemos decir: "El poder del Señor está en Su amor. Las madres aman a los hijos, pero no todas tienen el poder de cuidarlos adecuadamente. Pero el Señor no es así. Hay poder en Su amor y Su poder se manifiesta mediante el amor". Cuando hablamos de esta manera, los santos perciben que el Señor es tan amoroso como poderoso. Son llevados al Señor y a Su intimidad.

Además, esta palabra no interrumpirá el espíritu de adoración de los santos. Al hablar, necesitamos prestar atención a la atmósfera de la reunión atmósfera de la reunión. Algunas veces debemos hablar al inicio de la reunión o cuando el pan y la copa están siendo pasados. Es extraordinario y muy significativo cuando nuestras palabras siguen al pan a medida que es pasado.

Cuando los hermanos pasan el pan, hablamos acerca del pan; y después que ya fue pasado, podemos hablar con relación a la copa. Esto dará a los santos un sabor dulce. Ni siquiera sentirán mientras hablamos; antes, percibirán una atmósfera que los conduce a la presencia del Señor. Puede ser que tengan la dulce sensación de que el Señor derrama Su sangre en la presencia de ellos y el fluir de Su sangre es para que la beban.

El suministro proporcionado por esa palabra está lleno de sabor. Esto nos muestra que hablar en nombre del Señor requiere una considerable inversión en estudio.


Disfrute más: Himno 116, 381

Sonido instrumental:

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