Leer y orar: "se le acercó una mujer con un frasco de alabastro con perfume muy costoso, y lo derramó sobre su cabeza mientras estaba sentado a la mesa." (Mt 26:7)
Existe otra necesidad de la que no nos ocupamos en el pasado. Debemos aprovechar la oportunidad en todas las reuniones de mutualidad con el fin de suministrar a los demás la palabra. Esto puede suceder en la reunión de oración, en la reunión de partir el pan y en la reunión de comunión.
En algunas ciudades, no hay ministración de la palabra en las reuniones de oración. En su lugar, los santos cantan algunos himnos y oran un poco. Luego la reunión concluye. Esta situación no es normal ni apropiada.
Algunos de los que asisten a la reunión de oración pueden ser creyentes nuevos, otros pueden no saber orar y otros pueden no tener disposición para orar. Por eso, sin el ministerio de la palabra, la reunión será insípida y los santos perderán el deseo de participar en ella.
En otras reuniones de oración hay deficiencia en el ministerio de la palabra y falta de conducción para que los santos oren. La reunión de oración es como un barco sin timón arrojado de un lado a otro por el viento. Cuando el viento sopla del oriente, la reunión se dirige hacia el occidente; cuando el viento sopla del occidente, la reunión flota hacia el oriente. Este tipo de reunión no es atrayente, y después de ocupar el tiempo flotando de aquí para allá, llega a su fin. Reuniones así no atraen a las personas; además, son una ofensa para el Señor y para los hermanos.
Por lo tanto, en reuniones como la de partir el pan, la de oración y la de comunión, debe haber provisión del ministerio de la palabra. Los que sirven no deben dormir tranquilamente, sino considerar siempre cómo estimularlas. Las reuniones deben ser estimuladas por el ministerio de la palabra y por la conducción de los santos para escoger himnos, orar, hablar y dar avisos. El corazón de los hermanos debe ser estimulado y ellos deben ser ayudados a abrir la boca uno por uno para orar en la reunión.
En específico, los que sirven en el ministerio de la palabra deben pronunciar algo en todas las reuniones de oración. Esto, sin embargo, jamás debe hacerse de forma rígida. También debe pronunciarse una palabra en la reunión de partir el pan, pero no con rigidez. Necesitamos ser flexibles.
Se puede decir algo antes de partir el pan o justo después. Incluso se puede compartir algo más breve mientras se pasa el pan y la copa. Debemos simplemente seguir el fluir del Espíritu. Los que ministran la palabra deben estar preparados para pronunciar algo en las reuniones.
En relación con la reunión de partir el pan
Muchos creyentes nuevos no tienen mucho conocimiento en cuanto a la importancia de partir el pan. Por lo tanto, necesitamos hablar de forma continua estimulándolos sobre estos asuntos. Sin embargo, este tipo de estímulo no debe ser de carácter educativo.
Podemos llevar una palabra de instrucción en las reuniones de oración, pero no debemos hacerlo en las reuniones de partir el pan. Estas reuniones difieren en cuanto a su centro de atención e importancia. No debe haber nada que sea educativo en la reunión de partir el pan.
Cualquier elemento educativo matará la reunión. Si percibimos la necesidad de instrucción, esta debe ser dada después que el pan ya haya sido partido. Cualquier palabra pronunciada antes de que el pan sea partido o mientras se pasa con la copa no debe ser de carácter instructivo; de lo contrario, matará al Espíritu. Cualquier palabra de carácter educativo, sea para corrección, instrucción o explicación, debe ser dada después de la reunión de partir el pan.
Pero debemos evitar dar una palabra educativa antes o durante el partir del pan, porque distraerá del Señor la atención de los santos. Debemos hablar algo que introduzca a los santos en el Señor, en lugar de alejarlos de Él.
Cuando comenzamos a reunirnos en el norte de China, la palabra era ministrada en todas las reuniones de partir el pan, siempre para conducir a las personas a entrar en la dulzura, la gloria y la hermosura del Señor.
En cierta ocasión, ya por partir el pan, me levanté y compartí una breve palabra concerniente a la dulzura y el amor del Señor hacia los que lo conocen y lo aprecian. Usé diversos pasajes de los evangelios para mostrar que el Señor fue ungido en la cabeza (Mt 26:6-7), en los pies (Lc 7:36-38), fue obsequiado con incienso aromático y mirra en su nacimiento (Mt 2:11) y ungido con especias al ser sepultado (Jn 19:39-40). Por eso, de la cabeza a los pies y del nacimiento a la muerte, Él es dulce y amoroso. Esta palabra llevó a los hermanos a conocer al Señor de quien se acordaban.
En otra reunión de partir el pan, leí en Isaías 53:10-11: "Él [...] verá su descendencia, prolongará sus días; [...] verá el fruto del trabajo de su alma y quedará satisfecho". Luego continué con un pasaje de Salmos 17:15: "Cuando despierte, me saciaré con tu semejanza".
Estos dos textos hablan de satisfacción de ambos lados. Con palabras simples entonces expliqué: "Nuestra reunión aquí es fruto del trabajo del Señor, y Él está satisfecho de vernos aquí. Y no solo eso, cuando nos acercamos a Su mesa, somos como los que fueron despertados de su sueño. Estábamos aturdidos en el mundo, pero delante del pan y de la copa somos despertados. Somos despertados en Él, contemplamos Su rostro y somos satisfechos. Esta es una historia de satisfacción de ambos lados: nosotros lo satisfacemos y Él nos satisface".
Luego pedí un himno relacionado con ese tema. Tuvimos muchas situaciones así que no eran de carácter educativo, pero contenían una cantidad considerable de instrucción.
En otra ocasión me puse de pie y dije que el Señor recibió un nombre que es sobre todo nombre (Flp 2:9). Entonces hablé durante quince minutos respecto al nombre del Señor, mostrando a los hermanos que somos salvos en ese nombre, fuimos introducidos en ese nombre, oramos en ese nombre y vencemos a Satanás por ese nombre. Esta palabra introdujo a los santos en el nombre del Señor. Después de eso, todos fuimos tocados mientras cantábamos un himno relativo al nombre del Señor.
Disfrute más: Himno 358
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