martes, 17 de junio de 2025

El Peregrino, semana 1, miércoles, capítulo 2

EL PEREGRINO - EL VIAJE
DEL CRISTIANO A LA CIUDAD CELESTIAL

CAPÍTULO 2

SEMANA 1 - MIÉRCOLES

Leer y orar: "No mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas." (2 Corintios 4:18)


El Pantano de la Desconfianza (2)

Obstinado volvió solo a la ciudad, censurando los errores y fantasías de los dos vecinos, quienes continuaron caminando por la llanura y conversaban de esta manera:

Cristiano — Amigo Flexible, aún no he tenido ocasión de informarme de tu salud. No imaginas cuánta satisfacción me causa tu compañía. Si el pobre Obstinado sintiera, como yo, el poder y los terrores de lo invisible, y la grandeza de las cosas que nos esperan, seguramente no se habría apartado de nosotros tan a la ligera.

Flexible — Ya que estamos solos, explícamelas: ¿cuáles son esas cosas de las que me hablas, cómo hemos de disfrutarlas y hacia dónde vamos?

Cristiano — Me es más fácil entenderlas con la mente que expresarlas con palabras. No obstante, si tienes gran deseo de saber lo que pienso respecto a ellas, te leeré mi libro.

Flexible — ¿Y estás seguro de que las palabras del libro son verdaderas?

Cristiano — Sí lo estoy; porque su autor es Aquel que no puede mentir (Tito 1:2).

Flexible — Muy bien. Entonces léeme.

Cristiano — Entraremos en posesión de un reino que no tendrá fin, y se nos otorgará vida eterna¹, para poder poseerlo para siempre (Isaías 65:17; Juan 10:27-29).

Se nos darán coronas de gloria, y vestiduras tan resplandecientes como el sol en el firmamento (2 Timoteo 4:8; Apocalipsis 22:5; Mateo 13:43). No habrá allí llanto ni dolor (Isaías 25:8; Apocalipsis 7:16-17 y 21:4), porque el Señor de aquel reino enjugará todas nuestras lágrimas.

Flexible — ¡Cuadro bello y magnífico! ¿Y a quiénes tendremos por compañeros?

Cristiano — Estaremos con los querubines y serafines (Isaías 6:2; 1 Tesalonicenses 4:16-17; Apocalipsis 5:11), criaturas cuyo brillo nos deslumbrará; también encontraremos a miles y miles que llegaron antes que nosotros, todos inocentes, amables y santos, que viven en la presencia de Dios para siempre.

Veremos a los ancianos con sus coronas de oro (Apocalipsis 4:4), a las santas vírgenes entonando suaves cánticos al son de sus arpas de oro (Apocalipsis 14:1-5), hombres a quienes el mundo descuartizó, otros que fueron quemados en hogueras o devorados por fieras, o arrojados a las profundidades del mar, por amor del príncipe de aquel reino; viviendo todos felices, revestidos de inmortalidad (Juan 12:25; 2 Corintios 5:2, 3, 5).

Flexible — La simple descripción me arrebata de entusiasmo. ¿Y hemos de gozar de esos bienes? ¿Qué hemos de hacer para poder compartirlos?

Cristiano — El Señor del reino declara en este libro (Isaías 55:1-2; Juan 4:37 y 7:37; Apocalipsis 16:6; 22:17) cuáles son los requisitos; se resumen en estas palabras: “Si verdaderamente los deseamos, Él nos los concederá gratuitamente.”

Flexible — Muy bien, amigo. Mi corazón exulta de alegría; continuemos nuestro camino y apresuremos el paso.

Cristiano — Lamentablemente no puedo andar tan rápido como deseo, porque este fardo que llevo sobre mis espaldas es pesadísimo.

Conversaban ambos de este modo, cuando los vi llegar al borde de un pantano lodoso que había en medio de la llanura, donde cayeron por no haberlo visto, entretenidos como iban en la conversación. Era el Pantano de la Desconfianza. ¡Pobres! Se atollaron en el lodo, y Cristiano se hundía cada vez más por causa de su pesado fardo. — ¿Dónde estamos? — exclamó Flexible.

— Lo ignoro — respondió Cristiano.

— Entonces — replicó Flexible —, ¿esta es la felicidad de la que me has estado hablando? Si así comenzamos nuestro viaje, no puedo augurarle buen fin. Pero te prometo que, si logro salir de esta, con gusto renunciaré a la parte que podría tocarme de ese tan alabado país.

Y, haciendo un pequeño esfuerzo, logró alcanzar la orilla del pantano que quedaba del lado de su casa. Tan pronto como se vio fuera del lodazal, corrió en dirección a su hogar, y Cristiano no lo volvió a ver. Mientras tanto, Cristiano se debatía en medio del lodo, procurando llegar a la otra orilla; pero el pesado fardo que cargaba lo estorbaba en gran manera, y habría perecido irremediablemente si no hubiese llegado en ese preciso momento un sujeto llamado Auxilio, quien le preguntó qué hacía en aquel lugar.

Cristiano — Señor, un hombre llamado Evangelista me enseñó este camino para llegar a la puerta estrecha, diciendo que allí me librarían de la ira venidera. Y, mientras caminaba, aquí caí inesperadamente.

Auxilio — Bien. Pero, ¿por qué no seguiste por las plataformas, esas piedras que están colocadas para cruzar el pantano con más facilidad?

Cristiano — Fue tal el temor que se apoderó de mí que, sin reparar en nada, seguí por el camino más corto y caí en el lodazal.

Auxilio — Vamos. Dame, pues, tu mano.

Cristiano vio los cielos abiertos. Se asió de la mano de Auxilio, salió de aquel terrible lugar y, una vez en terreno firme, continuó su camino según se lo había indicado su libertador.

Entonces me acerqué a Auxilio y le pregunté: — Siendo este el camino directo entre la ciudad de la Destrucción y esa puerta, ¿por qué no se arregla este lugar para mayor comodidad de los pobres caminantes?

— Es imposible — respondió él —; este es el lodazal hacia donde afluyen los residuos y las inmundicias de aquellos que se dirigen a la convicción del pecado; por eso se llama el Pantano de la Desconfianza. Cuando el pecador despierta al conocimiento de sus culpas y de su estado de perdición, surgen en su alma dudas, temores y aprensiones desconsoladoras que se juntan y condensan en este lugar. Esta es la razón por la cual es tan descuidado e imposible de mejorar. Ciertamente no fue la voluntad del rey que quedara en tan mal estado (Isaías 35:3-4).

Muchos obreros han intentado, por orden de Su Majestad y bajo la dirección de sus supervisores, durante muchos siglos, mejorarlo. ¡Es incalculable el número de cargas y las millones de sanas enseñanzas que han sido enviadas desde todas las partes y dominios de Su Majestad! Pero, a pesar de la opinión de los expertos que aseguran que esos son los mejores materiales para la obra del anhelado saneamiento moral, aún no ha sido posible lograrlo, ni lo será en el futuro.

¡El pantano existe y continuará existiendo! Se hizo lo que se pudo hacer. Por orden del Legislador, fueron colocadas en medio del pantano unas piedras fuertes y sólidas para que se pueda cruzar con más facilidad; pero, cuando el lodazal se agita, lo que siempre sucede con los cambios del tiempo, exhala miasmas que sofocan a los caminantes, y estos, al no ver las piedras, caen en el pantano. Lo que los salva es que, cuando logran alcanzar la puerta, ya encuentran terreno bueno y firme.

Después vi que Flexible llegaba a su casa y que sus vecinos acudían en tropel para verlo. Unos lo llamaban sabio, por haber abandonado a tiempo la empresa; otros lo censuraban por haberse dejado engañar por Cristiano, y algunos lo llamaban cobarde porque, una vez en el camino, no debió haber retrocedido solo por haberse levantado unas pequeñas dificultades. Flexible se sintió abatido y avergonzado, pero poco después volvió en sí, y entonces todos, al unísono, se burlaban de Cristiano en su ausencia. Y siendo así, creo que no volveré a hablar más de Flexible.


___________________

¹ Para ser más precisos, en Juan 10:28 el Señor se refiere al presente, no al futuro: “Yo les doy vida eterna” — la vida eterna es el mismo Señor como vida, siendo dada inmediatamente al hombre cuando este cree.


Disfrute más:

Himno 161
“De pie, mi alma, de pie, no tengas más temor”

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