jueves, 26 de junio de 2025

El Peregrino, semana 3, domingo, capítulo 8

EL PEREGRINO
EL VIAJE DEL CRISTIANO
A LA CIUDAD CELESTIAL

CAPÍTULO 8

SEMANA 3 - DOMINGO

Leer y orar: "¡Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo la sombra de tus alas. Serán completamente saciados de la grosura de tu casa, y tú los abrevarás del torrente de tus delicias." (Salmo 36:7-8)


Cristiano en el Palacio Hermoso (2)

Observé además, en mi sueño, que así continuaron conversando hasta que la cena fue preparada, después de lo cual se sentaron a la mesa, que estaba provista de manjares sustanciosos y excelentes vinos.

La conversación, durante la cena, versó sobre el Señor del Desfiladero, sobre lo que Él había hecho y las razones que lo habían llevado a edificar aquella casa. Por lo que oí, pude comprender que había sido un gran guerrero, y que había combatido y vencido a aquel que tenía el poder de la muerte (Hebreos 2:14-15), pero no sin correr gran peligro, lo que le daba derecho a ser aún más amado.

Porque, según dijeron, y creo haber oído decir a Cristiano, el Señor logró esta victoria a costa de mucha sangre; pero lo que hizo esta gracia aún más gloriosa fue que Él lo hizo solo por el amor que consagró a esta tierra. Y algunos de la familia afirmaron incluso que lo habían visto y que le habían hablado después de que Él muriera en la cruz, y también aseguraban que Él había dicho que no era posible encontrar otro igual, de oriente a occidente; tanto así que se despojó de su gloria para llevar a cabo lo que hizo, y que su deseo era tener muchos que, con Él, habitaran en el monte Sion, para lo cual hizo príncipes a aquellos que, por naturaleza, eran mendigos nacidos en el lodo (1 Samuel 2:8; Salmo 113:8).

En esta conversación, tan agradable, se entretuvieron hasta altas horas de la noche, y se retiraron a sus aposentos, después de haberse encomendado a la protección del Señor. El cuarto destinado a Cristiano estaba en el piso superior del palacio; se llamaba Sala de la Paz, y tenía una ventana que daba al oriente. Allí durmió nuestro Peregrino tranquilamente hasta el amanecer, y, al despertar, entonó un cántico que, en dulces versos, decía: "¡Oh, cuán agradables son estas moradas! En verdad, esta es la casa del Señor, esta es la puerta del cielo. ¡Bendito seas, Jesús, que así provees a las necesidades de los pobres peregrinos, perdonando sus pecados y permitiéndoles descansar en las alturas!"

Después de que todos se levantaron, y de haber intercambiado entre sí los saludos de la mañana, Cristiano se disponía a partir, lo que solo le permitieron después de haberle mostrado algunas cosas extraordinarias que había en el palacio.

Lo llevaron, en primer lugar, al Archivo, donde le presentaron el árbol genealógico del Señor, y según el cual Él descendía nada menos que del Anciano de Días, habiendo sido concebido entre resplandores eternos, antes de que existiera el lucero de la mañana.

También allí vio escritas en caracteres de luz, todas sus acciones y toda su vida, así como los nombres de muchos centenares de siervos que habían conquistado reinos, practicado justicia, alcanzado promesas, vencido leones, extinguido incendios terribles, evitado el filo de la espada, escapado de enfermedades peligrosas, combatido valientemente en las guerras y desbaratado los campos del enemigo (Hebreos 11:33-34).

Le mostraron luego, en otro lugar del Archivo, la buena disposición en que el Señor estaba de admitir a su favor a cualquier persona que, en otros tiempos, lo hubiera combatido o a sus designios.

Igualmente le mostraron varias reseñas de hechos ilustres, tanto de la antigüedad como de tiempos modernos, así como predicciones y profecías que, en su debido tiempo, se han cumplido; todo para el terror y confusión de los enemigos, y para satisfacción y gozo de los amigos.

Al día siguiente lo condujeron al arsenal, donde le mostraron armaduras de toda clase, que el Señor había destinado a los peregrinos: espadas, escudos, yelmos, corazas, rueda-oración¹ y borceguíes² que duran eternamente. Era tal la abundancia de pertrechos de guerra, que bastarían para armar a tantos hombres al servicio de su Señor como estrellas hay en el cielo.

También le mostraron los objetos con los que algunos siervos habían hecho maravillas prodigiosas: la vara de Moisés, el clavo y el martillo con los que Jael mató a Sísara; los cántaros, las trompetas y las lámparas con las que Gedeón derrotó a los ejércitos de Madián; la reja del arado con la que Samgar mató a seiscientos hombres; la quijada con la que Sansón realizó grandes hazañas; la honda y la piedra con las que David mató a Goliat de Gat, y la espada con la que el Señor matará al hombre de pecado el día que éste se levante contra la presa; mostrándole, en suma, muchas otras cosas excelentes, a la vista de las cuales, Cristiano sintió un gozo inefable. Y, como el día había declinado, nuevamente se entregaron al descanso.

Al día siguiente, Cristiano quería partir, pero le pidieron que se quedara un día más, para mostrarle, si la atmósfera estaba despejada, las montañas de las Delicias, cuya vista mucho contribuiría a consolarlo, por estar aquellas montañas más próximas al puerto hacia donde se dirigía que del lugar en el que se encontraba actualmente. Cristiano accedió al pedido.

Subieron, pues, por la mañana, a la terraza del palacio, del lado que mira al sur, y, a gran distancia, pudo Cristiano descubrir un país montañoso y agradabilísimo, bordeado de bosques, viñas, huertos y jardines de toda clase, alternados con arroyos y lagos de singular belleza (Isaías 33:16-17). Ese país, le dijeron, es el país de Emanuel, y es tan libre como este lugar para todos los peregrinos. Desde allí divisarás la puerta de la Ciudad Celestial. Los pastores de aquellas montañas te enseñarán el camino.


______________________

¹ Corazas rueda-oración: forma compuesta o poética para describir un círculo de oración.

² Borceguíes: botas o botines de cuero, muchas veces usados por soldados o viajeros en la Edad Media o en tiempos antiguos.


Disfruta más:

Himno "Experiencia de Cristo"

https://hinario.org/detail.php?id=1561

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