EL PEREGRINO
CAPÍTULO 10
SEMANA 3 - JUEVES
Leer y orar: "Buscad al que hace las Pléyades y el Orión, y convierte la densa oscuridad en mañana, y cambia el día en noche; el que llama a las aguas del mar y las derrama sobre la faz de la tierra; Jehová es su nombre." (Am 5:8)
Cristiano en el Valle de Sombra de Muerte (2)
Entonces mi atención se fijó en un hecho que no puedo dejar de relatar. Noté que el pobre Cristiano estaba tan asustado que no reconocía su propia voz, y lo noté por las circunstancias que paso a relatar.
Cuando Cristiano llegó al borde del abismo ardiente, uno de los demonios se le acercó sin ser percibido y le susurró al oído muchas y muy terribles blasfemias, y el pobre Cristiano creía que era su propia alma la que las profería. Este hecho afligió a Cristiano más que todo lo que hasta entonces le había sucedido: ¡pensar que blasfemaba contra Aquel a quien tanto había amado antes! Pero no se le ocurrió taparse los oídos ni averiguar de dónde venían aquellas blasfemias.
Había estado ya bastante tiempo en esta triste situación cuando creyó oír la voz de un hombre que caminaba delante de él, exclamando: "Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo" (Salmo 23:4). Estas palabras lo alegraron por muchos motivos.
1º - Porque probaban que había otro que temía a Dios y que también se encontraba en este valle.
2º - Porque comprendía que Dios estaba con esa persona, a pesar de la oscuridad y tristeza que los rodeaban. ¿Y por qué no ha de estar también conmigo?, pensó Cristiano para sí, aunque yo no lo perciba, dado el lugar en que me encuentro. (Job 9:11).
3º - Porque esperaba disfrutar de la compañía de aquel o aquellos cuya voz había oído, si lograba alcanzarlos. Cobrando ánimo, decidió continuar su marcha, llamando a quien iba delante, pero este, creyéndose también solo, nunca respondió. Entonces comenzaba a amanecer, y Cristiano exclamó: "Él convierte la oscuridad en mañana" (Amós 5:8). Enseguida apareció el día, y Cristiano continuó: "Y cambia la noche en día".
Ya con luz, miró hacia atrás, no porque deseara retroceder, sino para ver, a la luz del sol, los peligros por los que había pasado durante la noche.
Entonces vio perfectamente el abismo a un lado y el pantano al otro, y consideró cuán estrecha era la vereda que pasaba entre ambos: también vio los fantasmas, los hombres lobo y los dragones del abismo, pero todos muy lejos, porque no se atrevían a acercarse a la luz del día. Sin embargo, Cristiano los veía, porque, como está escrito, "Él saca a luz las cosas ocultas de las tinieblas, y saca a la luz la sombra de muerte" (Job 12:22). Cristiano se sintió muy impresionado al verse libre de los peligros de aquel valle solitario; porque aunque los había temido mucho, ahora evaluaba mejor su gravedad al mirarlos a la luz del día.
Entonces brilló el sol, lo cual fue para el caminante un favor nada pequeño, porque si la primera parte del valle había sido peligrosísima, la segunda que aún tenía que recorrer prometía ser aún más peligrosa, pues desde el punto en que Cristiano se encontraba hasta el fin del valle, el camino estaba tan lleno de lazos, redes y obstáculos, y tenía tantos abismos, precipicios, pozos y barrancos que, si hubiera sido de noche, como en la primera parte del camino, mil almas que Cristiano tuviera, todas las habría perdido irremediablemente: pero afortunadamente el sol brillaba con todo su resplandor. Entonces dijo para sí: Su lámpara resplandecía sobre mi cabeza, y guiado por su luz, caminaba en las tinieblas (Job 29:3).
Con esa luz llegó Cristiano al fin del valle, donde vi, en mi sueño, sangre, huesos, cenizas y cuerpos de hombres despedazados: eran los restos de los caminantes que, en tiempos pasados, habían andado por este camino. Estaba yo pensando en qué podría haber causado tantos destrozos, cuando descubrí más adelante una cueva donde habían habitado dos gigantes, el Papa y el Pagano, cuyo poder y tiranía habían causado aquellos horrores. Cristiano pasó por aquel lugar sin mayor peligro, lo cual verdaderamente me asombró; pero luego lo comprendí fácilmente, al saber que el Pagano había muerto hacía mucho tiempo, y que el otro, aunque aún vivía, además de su avanzada edad y de los vigorosos ataques que sufrió en su juventud, está tan decrépito y en condiciones tan apretadas que ya no puede hacer más que estar a la entrada de su cueva, amenazando a los peregrinos que pasan y desesperándose por no poder alcanzarlos. Mientras tanto, Cristiano seguía su camino. La vista del anciano, sentado a la entrada de la cueva, le dio mucho en qué pensar, especialmente cuando éste, por no poder moverse, gritó: No tendréis salvación, hasta que muchos más como vosotros sean entregados a las llamas.
Pero Cristiano no le respondió, y pasando sin temor y sin recibir daño alguno, exclamó: ¡Oh mundo de maravillas! Y verdaderamente así es, visto que estoy ileso, a pesar de la miseria que en ti he encontrado. Bendita sea la mano misericordiosa a quien debo mi conservación, mientras estuve en este valle, me rodearon los peligros de las tinieblas, los enemigos, el infierno y el pecado. En mi camino había innumerables lazos, abismos, obstáculos de toda clase; pero gracias sean dadas a Jesús, que de todo me ha librado. Suya es la corona del triunfo.
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Por las Ganancias que Provienen del Sufrimiento"
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