lunes, 30 de junio de 2025

El Peregrino, semana 3, miércoles, capítulo 10

EL PEREGRINO

EL VIAJE DEL CRISTIANO
A LA CIUDAD CELESTIAL

CAPÍTULO 10

SEMANA 3 - MIÉRCOLES

Leer y orar: "Líbrame del cieno, para que no me hunda; sea yo salvado de los que me odian y de las profundidades de las aguas."
(Salmo 69:14)

Cristiano en el Valle de Sombra de Muerte

Cristiano sufre muchas aflicciones en el Valle de Sombra de Muerte; pero, habiendo aprendido por experiencia cuán conveniente es andar vigilante, recurre a la espada y a la oración, pasando así con toda seguridad y sin el menor daño.

Apenas había cruzado el límite que separa el Valle de la Humillación del de Sombra de Muerte, encontró a dos hombres que regresaban a toda prisa: eran hijos de aquellos que hicieron arder el país que él había visto (Núm. 13:33). Cristiano les preguntó adónde iban.

Hombres – ¡Atrás, atrás! Si valoras tu vida y tu tranquilidad, te aconsejamos que regreses inmediatamente.

Cristiano – ¿Y por qué?

Hombres – Íbamos caminando en la dirección que tú llevas, y avanzamos hasta donde nos alcanzó la audacia, pero ni siquiera sabemos cómo logramos volver, pues si hubiéramos dado unos pasos más, sin duda no estaríamos ahora aquí para advertirte.

Cristiano – ¿Pero qué fue lo que encontrasteis?

Hombres – ¿Qué encontramos? Estuvimos casi en medio del Valle de Sombra de Muerte; pero, felizmente, miramos hacia adelante y descubrimos el peligro antes de acercarnos (Salmo 44:19).

Cristiano – ¿Qué peligro?

Hombres – ¿Qué peligro? El mismo valle, que es negro como pez [brea]. Allí vimos fantasmas, hombres lobo y dragones del abismo. Luego, un continuo gemir y gritar, como de personas que se encuentran en la más afrontosa situación y que sufren las mayores aflicciones y torturas. Sobre el valle flotan horribles nubes de confusión, y la muerte extiende constantemente sobre él sus negras alas. En una palabra, allí todo es horror, todo es espantosa desolación (Job 3:5-10,22).

Cristiano – Por lo que decís, cada vez me convenzo más de que este es el camino que debo seguir para llegar al puerto deseado (Salmo 44:18).

Hombres – Si tú lo crees bueno, sigue; para nosotros no sirve.

Y se separaron de Cristiano, quien continuó su camino, llevando la espada desenvainada por temor a ser atacado.

Y, en mi sueño, extendí la vista por toda la extensión del valle. Vi, a la derecha del camino, un foso profundísimo donde unos ciegos han guiado a otros ciegos a través de los tiempos, pereciendo todos miserablemente. A la izquierda, vi un pantano peligrosísimo, donde todo aquel que cae, por bueno que sea, no puede encontrar apoyo; en él cayó el rey David una vez, y sin duda se habría ahogado si no lo hubiese librado Aquel que tiene poder para ello (Salmo 69:14).

El camino era tan estrecho que Cristiano andaba con gran dificultad, porque, como estaba en tinieblas, si intentaba alejarse del foso, corría el riesgo de caer en el pantano, y si quería huir del pantano, estaba a punto de precipitarse en aquel. Así caminó, lanzando amargos suspiros, porque, además de los peligros ya citados, el camino era tan oscuro que, si levantaba un pie para dar un paso, no sabía dónde lo iba a poner.

Poco más o menos a la mitad de este valle, se abría la boca del infierno junto al camino.

Al llegar allí, la situación de Cristiano fue horrible; no sabía qué hacer; veía salir llamas y humo en tanta cantidad, envueltos en chispas y rugidos infernales, que, al reconocer que la espada con la que había vencido a Apolión no le serviría de nada, decidió envainarla y echar mano de otra arma, es decir, el arma de la oración (Efesios 6:18), y así exclamó: "Libra, oh Señor, mi alma" (Salmo 116:4).

Y siguió adelante, envuelto de vez en cuando por terribles llamas. Otras veces oía tristes lamentos, corriendo de un lado a otro, de modo que pensaba que iba a ser destruido o pisoteado como el lodo de las calles. Este espectáculo horroroso y estos ruidos terribles lo acompañaron durante varias leguas del camino.

Llegó finalmente a un lugar donde creyó oír acercarse una legión de enemigos. Por eso se detuvo y se puso a pensar seriamente en lo que convenía hacer. Por un lado, le parecía mejor volver atrás, pero por otro, enseguida recordó que quizás ya estaba más allá de la mitad del valle. También se acordó de que ya había vencido muchos peligros, y que el riesgo de volver podía ser mayor que el de avanzar; resolvió, por tanto, proseguir. Pero, como los enemigos parecían acercarse cada vez más, y casi tocarlo, exclamó con todas sus fuerzas: Caminaré en la fuerza del Señor. A estas palabras, los enemigos huyeron, y no volvieron a perseguirlo.


Disfrute más:

Himno "Plenitud del Espíritu - Como el Viento"

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Estudio-vida de Ezequiel, semana 9, sábado, mensaje 20

ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL Mensaje 20 LOS ATRIOS EXTERIOR E INTERIOR SEMANA 9 - SÁBADO Lectura Bíblica: Ez 40-42 Leer y orar: “Jesús les res...