EL PEREGRINO
CAPÍTULO 11
SEMANA 3 - SÁBADO
Leer y orar: "Hice pacto con mis ojos; ¿cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?" (Job 31:1)
Cristiano encuentra en Fiel un compañero excelente (2)
Fiel - En verdad, no sé si absolutamente me libré de ella.
Cristiano - Pero, ciertamente, ¿no accediste [consentiste] a sus deseos?
Fiel - No, no quise contaminarme, porque tenía presente el antiguo dicho: "Sus pies descienden a la muerte" (Prov. 5:5). Así, cerré los ojos para no ser hechizado por sus miradas (Job 31:1). Entonces me injurió mucho, y seguí mi camino.
Cristiano - ¿No encontraste ningún otro obstáculo?
Fiel - Cuando llegué al pie del Desfiladero de la Dificultad, encontré a un hombre muy viejo, que me preguntó cómo me llamaba y adónde iba. Le respondí. Y él añadió: Me pareces un buen muchacho. ¿Quieres estar a mi servicio, con la seguridad de ser bien recompensado?
Entonces le pregunté su nombre y dónde vivía, y me respondió que se llamaba Adán Primero, y que vivía en la ciudad del Error (Efesios 4:22). Le pregunté cuál era el trabajo y el salario que tenía para ofrecerme, y me dijo: Tu trabajo consiste en muchas delicias, y tu recompensa será ser mi heredero.
Le pedí información sobre el sustento que daba y sobre el número de siervos que tenía, a lo que respondió que en su casa había todo tipo de placeres de este mundo, y que sus siervos eran los que él mismo producía.
Le pregunté cuántos hijos tenía. Solo tengo tres hijas, respondió el anciano. Concupiscencia de la Carne, Concupiscencia de los Ojos y Soberbia de la Vida (1 Juan 2:26), y prometió casarme con una de ellas, si lo deseaba. Finalmente, le pregunté cuánto tiempo quería tenerme a su servicio, y me dijo que mientras él viviera.
Cristiano - ¿Y qué decidiste?
Fiel - Confieso que al principio me sentí inclinado a ir con él, porque sus palabras eran bastante agradables; pero al mirarlo bien, vi estas palabras escritas en su frente: "Despojaos del viejo hombre con todas sus obras".
Cristiano - ¿Y después?
Fiel - ¡Oh! Luego se clavó en mi mente, como con clavos de fuego, el pensamiento de que, por más que me halagara en ese momento, me vendería como esclavo cuando me tuviera en su poder. No os molestéis más, le dije, porque no quiero ni acercarme a la puerta de vuestra casa.
Él se enfureció y me dirigió muchos insultos, asegurándome que enviaría tras de mí a alguien que haría muy amargo para mi alma el camino que yo seguía. Le di la espalda para continuar mi marcha, pero en ese momento sentí que me agarraba y arrancaba una parte de mí mismo, por lo que exclamé: "¡Miserable de mí!" (Rom. 7:24). Y seguí mi camino, cuando noté que era seguido por un personaje más ligero que el viento, el cual me alcanzó exactamente en el lugar de descanso.
Cristiano - De muy tristes recuerdos es para mí ese lugar. Fue justamente allí donde me senté a descansar, y habiéndome vencido el sueño, se me cayó del pecho este pergamino.
Fiel - Como iba diciendo, buen hermano, en el instante en que el hombre me alcanzó, me asestó un golpe tan fuerte que me lanzó al suelo, dejándome por muerto. Tan pronto como volví en mí, le pregunté por qué me trataba así, a lo que me respondió: Porque secretamente te inclinaste hacia el Primer Adán. Al decir estas palabras, me dio otro golpe en el pecho, que me postró en el suelo, dejándome casi muerto a sus pies. Cuando recuperé los sentidos, le pedí misericordia. Y nuevamente me lanzó al suelo. Y de seguro habría acabado conmigo, si no hubiera pasado por allí alguien que le ordenó que se detuviera.
Cristiano - ¿Y quién era ese alguien?
Fiel - No lo reconocí a primera vista, pero al fijarme en las heridas que tenía en las manos y en el costado, comprendí que era el Señor. Gracias a Él, pude seguir por el camino del desfiladero.
Cristiano - El hombre que se había apoderado de ti era Moisés¹, que a nadie perdona, ni sabe compadecerse de los que transgreden su ley.
Fiel - Eso lo sé perfectamente, pues no era la primera vez que lo encontraba. Fue él quien me buscó cuando yo estaba muy tranquilo en mi casa, para asegurarme que quemaría casa y todo si yo seguía viviendo allí.
Cristiano - ¿Y no viste una casa que hay en lo alto del declive donde encontraste a Moisés?
Fiel - Sí la vi. Y también vi a los leones, antes de llegar allí. Sin embargo, me parecieron dormidos. Y como me quedaban aún algunas horas de sol, no me detuve a hablar con el portero, sino que seguí por la pendiente abajo.
Cristiano - Ahora recuerdo que él me dijo que te vio pasar. No imaginas, sin embargo, cuánto me habría gustado que hubieras entrado en el palacio. Habrías visto muchas cosas tan extraordinarias que difícilmente las olvidarías en toda tu vida. Y en el Valle de la Humillación, ¿no encontraste a nadie?
Fiel - Me encontré con el Descontento, que trató de persuadirme para que volviera con él; según su opinión, ese valle estaba completamente deshonrado. Añadió que andar por allí sería desagradable para mis amigos Soberbia, Arrogancia, Vanidad, Gloria Mundana, y otros más que él sabía con certeza que se sentirían ofendidos si yo fuera tan necio como para intentar atravesar el valle.
______________________
¹ Las Escrituras presentan el desarrollo del carácter de Moisés, que al principio era violento y vengativo (Éxodo 2:11-15). Pero al conocer al Señor, pasó a temer la palabra del Señor, que en aquella época era la Ley. El Señor lo amaba y la comunión entre ellos hizo de Moisés el hombre más manso de su época (Nm 12:3).
Disfruta más:
No hay comentarios.:
Publicar un comentario