EL PEREGRINO
CAPÍTULO 12
SEMANA 4 - LUNES
Cristiano y Fiel encuentran a Hablador
En Locuaz se presenta el verdadero retrato de muchos falsos maestros de la Religión, que hacen consistir esta en muchas palabras y en ninguna obra.
Iban los dos peregrinos en esta importante conversación, cuando vi en mi sueño que Fiel, mirando hacia un lado del camino, vio a un hombre llamado Locuaz, que iba un poco alejado de ellos, pues el camino era tan ancho que había lugar para todos. Era un hombre alto, más bien parecido de lejos que de cerca. Fiel lo llamó, preguntándole si se dirigía hacia el País Celestial.
Locuaz - Exactamente. Hacia allá me encamino.
Fiel - Nosotros también. Y si desea ir con nosotros, gozaremos de su amable compañía.
Locuaz - Los acompañaré con mucho gusto.
Fiel - Caminemos, pues, juntos, y aprovechemos el tiempo en conversaciones edificantes.
Locuaz - Me agrada mucho todo lo que son conversaciones provechosas, y sinceramente me felicito por haber encontrado personas que se dediquen a tan buena obra, porque, en verdad, pocos son los que emplean así su tiempo al viajar; la mayoría prefiere conversar sobre cosas frívolas, cosas que siempre me afligen mucho.
Fiel - Es realmente muy de lamentar, porque nada hay tan digno de nuestra conversación como las cosas que pertenecen a Dios y al cielo.
Locuaz - ¡Cuánto me gusta oíros hablar así! Porque vuestro lenguaje revela una convicción profunda. Pues ¿hay cosa comparable al placer y al provecho que se obtiene al hablar de las cosas de Dios? Si nos gusta lo maravilloso, por ejemplo, la historia, los misterios, los milagros, los prodigios y señales, ¿dónde encontraremos lectura tan deleitable, y tan dulcemente escrita, como en las Sagradas Escrituras?
Fiel - Es verdad, pero debemos sacar siempre provecho de nuestra conversación.
Locuaz - Estoy de acuerdo. Hablar de estas cosas es muy provechoso, porque con ellas se puede llegar al conocimiento de muchas otras, tales como la vanidad de las cosas mundanas y el provecho de las celestiales. Esto en general; y, descendiendo a los detalles, se puede aprender la necesidad de un nuevo nacimiento, la insuficiencia de nuestras obras, la necesidad que tenemos de la Justicia de Cristo, etc.
También en esa conversación se puede aprender lo que es el arrepentimiento, la fe, la oración, el sufrimiento, y cosas semejantes. Podemos también aprender cuáles son las grandes promesas y consolaciones del Evangelio, para nuestro provecho; y se puede, finalmente, llegar a saber cómo se deben refutar las falsas opiniones, defender la verdad y enseñar a los ignorantes.
Fiel - Todo esto es muy cierto, y me alegra mucho oíros hablar así.
Locuaz - La falta de estas prácticas es la causa de que haya tan pocos que comprendan la necesidad de la fe y de la obra de la gracia en su alma, para alcanzar la vida eterna; y de que vivan, por ignorancia, en las obras de la ley, mediante las cuales de ningún modo puede el hombre llegar al reino de los cielos.
Fiel - Debéis permitirme deciros que el conocimiento espiritual de estas cosas me parece ser un don de Dios. Nadie las consigue solo por hablar de ellas o por emplear esfuerzos humanos.
Locuaz - Lo sé perfectamente, pues nada podemos obtener si no nos es dado desde lo alto. Todo es por gracia, nada por obras, cientos de textos lo confirman.
Fiel - Muy bien. Limitemos ahora nuestra conversación a un tema en particular.
Locuaz - ¿Y qué tema elegís? ¿Queréis que os hable de cosas terrenales o celestiales? ¿De cosas morales o evangélicas? ¿De cosas sagradas o profanas? ¿Pasadas o futuras? ¿Extrañas o del país? ¿De cosas esenciales o más accidentales? Elegid, y yo hablaré sobre lo que queráis, siempre con la condición de que se saque provecho.
Fiel - (Admirado y acercándose mucho a Cristiano, que durante este tiempo se había mantenido un poco alejado): ¡Qué buen compañero hemos encontrado; debe de ser un excelente peregrino!
Cristiano - (Sonriendo con modestia): Ese hombre, con quien tanto simpatizas, es capaz de engañar a veinte que no lo conozcan.
Fiel - ¿Y tú lo conoces?
Cristiano - ¿Que si lo conozco? Mejor que él mismo se conoce.
Fiel - Entonces, ¿quién es?
Cristiano - Se llama Locuaz, y vive en la ciudad donde nacimos; me asombra que no lo conozcas.
Fiel - ¿De quién es hijo? ¿Dónde vive?
Cristiano - Es hijo de un tal Buena Lengua, que vivía en la calle de las Buenas Palabras; pero, a pesar de su lengua de plata, es una persona más o menos.
Fiel - Pues parece un hombre muy decente.
Cristiano - Sí, para quien no lo conoce; parece mejor cuando viaja; cuando está en su casa, es algo muy distinto. Cuando dijiste que parecía ser una persona decente, me acordé de los cuadros de algunos pintores, que hacen mejor efecto a cierta distancia que de cerca.
Fiel - No sé si debo tomar por bromas tus palabras, porque te veo sonreír.
Cristiano - Dios me libre de bromear en este asunto, a pesar de haber sonreído; ni permita el Señor que acuse a nadie falsamente. Ahora voy a decirte lo que sé respecto de ese hombre. Todas las compañías le sirven; todas las conversaciones le agradan; lo que te dijo hace poco es lo mismo que dirá en una taberna. Cuanto más bebe, más habla de estas cosas. La religión verdadera no existe en su corazón, ni en su casa, ni en su vida; todo lo que tiene está en la punta de su lengua y su religión consiste en proclamar que la tiene.
Fiel - ¿Hablas en serio? ¡Entonces estoy muy equivocado con ese sujeto!
Cristiano - Hablo en serio. Puedes confiar en lo que te digo: estás muy equivocado con él. Acuérdate del proverbio: "Dicen y no hacen", porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder (Mateo 23:3; 1 Corintios 4:20). Habla de la oración, del arrepentimiento, de la fe, del nuevo nacimiento, pero nada de eso siente; no hace más que hablar. Lo he estudiado y observado muy bien, tanto en su casa como fuera de ella, y sé que lo que digo es la pura verdad. Su casa está tan falta de religión como falta de sabor es la clara del huevo.
Allí no hay oración ni señal alguna de arrepentimiento del pecado; los irracionales, a su modo, sirven a Dios mucho mejor que él. Luego, es la propia mancha [reputación], oprobio y vergüenza de la religión para todos los que lo conocen (Romanos 2:23-24). En el barrio en que habita apenas se puede oír una palabra a favor de la religión, y esto por culpa suya: la gente tiene por costumbre decir que es un santo fuera y un demonio en casa. Su propia familia lo conoce bien, pues lo ve tan grosero y tan colérico con todos que ni sabe cómo agradarle, ni cómo hablarle.
Los que tienen algún negocio con él dicen, sin reparo, que antes quisieran tratar con un mahometano, pues están seguros de encontrar más honradez en un seguidor de Mafoma¹. Solo cuando no puede es que deja de engañar, defraudar y abusar de quienes tratan con él: lo peor de todo es que si descubre en alguno de ellos un temor ignorante (así llama él a la primera señal de sensibilidad de conciencia), lo llama torpe, necio y estúpido, hasta no poder más, se niega a emplearlo en trabajo alguno, y ni siquiera quiere recomendarlo a nadie.
En cuanto a mí, creo firmemente que su vida escandalosa ha sido causa de que muchos tropiecen y caigan, y, si Dios no lo impide, será la ruina de muchos otros.
________________________
¹ Mafoma es una forma arcaica y portuguesa de referirse a Mahoma, el profeta fundador del Islam. Este término fue usado en la Edad Media y en textos antiguos, muchas veces con connotación peyorativa o distorsionada, especialmente en contextos cristianos. Hoy, el uso de "Mafoma" se considera obsoleto e irrespetuoso — el nombre correcto y respetuoso es Mahoma en español, o Muhammad en árabe.
Disfrute más:
Himno Adoración al Padre - "Su Sabiduría"
No hay comentarios.:
Publicar un comentario