domingo, 6 de julio de 2025

El Peregrino, semana 4, martes, capítulo 12

EL PEREGRINO

EL VIAJE DEL CRISTIANO
A LA CIUDAD CELESTIAL

CAPÍTULO 12

SEMANA 4 - MARTES

Leer y orar: "Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, pero no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe." (1 Co 13:1)


Cristiano y Fiel encuentran a Hablador (2)

Fiel – Bien, hermano, debo dar crédito a tus palabras, no solo porque me aseguraste que lo conoces, sino también porque, como cristiano, debes dar testimonio verdadero de los hombres; pues no puedo suponer que digas esas cosas por odio o mala voluntad.

Cristiano – Si no lo conociera, sería natural que pensara de él lo mismo que tú; y si hubiera escuchado a algún enemigo de la religión decir lo que acabo de referirte sobre él, seguramente habría pensado que todo era calumnia, porque eso es lo que se oye normalmente en boca de los malos cuando hablan de los buenos. Pero todo lo que te dije, y mucho más que sé aún, puedo probarlo con evidencia. Además, los buenos se avergüenzan de él: no lo quieren como hermano ni como amigo, y solo mencionar su nombre hace que los que lo conocen frunzan el ceño [ceja].

Fiel – Bien. Ahora conozco la diferencia que hay entre decir y hacer, y de aquí en adelante tendré siempre presente esta distinción.

Cristiano – En efecto, son cosas tan distintas como el alma y el cuerpo: porque, así como el cuerpo sin alma no es más que un cadáver, el alma de la religión es la parte práctica. "La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo." (Santiago 1:27). Hablador no lo entiende así; cree que oír y hablar es lo que hace al buen cristiano; y así engaña a su propia alma.

Oír no es más que sembrar la palabra, y hablar no basta para demostrar que hay fruto, realmente, en el corazón y en la vida. Y debemos estar muy seguros de que, en el día del juicio, todos serán juzgados según los frutos que hayan producido (Mateo 25:31-46). No se les preguntará: ¿Creíste? Sino: ¿Practicaste? Y conforme a esto será el juicio. Por eso el fin del mundo se compara con la siega de la cosecha (Mateo 13:18-23). Y tú sabes perfectamente que el segador solo considera los frutos. No quiero decir con esto que allí se acepte algo que no sea por la fe, pero digo esto para mostrarte cuán poco valor tendrán en aquel día las declaraciones y protestas de Hablador.

Fiel – Esto me recuerda las palabras con las que Moisés describe al animal limpio (Levítico 11; Deuteronomio 14). Aquel que tiene la pezuña hendida y que rumia; una sola de estas cualidades no basta para clasificarlo. La liebre rumia, pero es inmunda porque no tiene pezuñas hendidas. Así pasa con Hablador: rumia, busca conocimiento, medita en la palabra, pero no tiene pezuñas hendidas; no se aparta del camino de los pecadores; sino que, al igual que la liebre, tiene patas de perro o de oso, por lo tanto, es inmundo.

Cristiano – A mi parecer, diste a esos textos el verdadero sentido evangélico, y yo añadiré otro pensamiento. Pablo llama a los grandes habladores "metal que resuena y címbalo que retiñe" (1 Corintios 13:1), o como en otro lugar, "cosas inanimadas que dan sonido" (1 Corintios 14:7). Cosas sin vida, es decir, sin la verdadera gracia del Evangelio, que por tanto, nunca podrán tener lugar en el reino de los cielos, entre los hijos de la vida, aunque al hablar produzcan sonidos semejantes a la voz de los ángeles.

Fiel – Por eso al principio me agradó mucho su compañía, y ahora ya me fastidia. ¿Cómo nos libraremos de él?

Cristiano – Sigue mis consejos, y si haces lo que te digo, también él se cansará de caminar a tu lado, a menos que Dios toque su corazón y lo convierta.

Fiel – ¿Qué debo hacer?

Cristiano – Escucha: acércate a él y háblale seriamente sobre el poder de la religión¹. Cuando él haya aprobado tus palabras, cosa que sin duda hará, pregúntale directamente si eso es lo que practica en su corazón, en su casa y en su vida.

Entonces, Fiel, acercándose de nuevo a Hablador, le preguntó: —Entonces, ¿cómo vas ahora?

Hablador – Voy bien; pero pensaba que conversaríamos más.

Fiel – Conversaremos ahora. Y ya que me dejaste a mí la elección del tema, propongo este: ¿Cómo se manifiesta la gracia salvadora de Dios, y cuándo existe en el corazón del hombre?

Hablador – ¿Queréis decir que vamos a hablar del poder de las cosas espirituales? El tema es excelente, y estoy dispuesto a responderos desde ya.

1º) Cuando la gracia de Dios existe en el corazón causa un gran clamor contra el pecado; 2º) …

Fiel – Más despacio. Consideremos cada cosa de por sí [aisladamente]. Me parece que habláis con más acierto diciendo que se manifiesta al inclinar el alma a aborrecer el pecado.

Hablador – ¿Y qué? ¿Qué diferencia hay entre clamar contra el pecado y aborrecerlo?

Fiel – Muchísima. Podemos, por decencia, clamar contra el pecado y no aborrecerlo. He oído a mucha gente clamar contra el pecado, incluso desde el púlpito, y sin embargo lo toleran muy bien en sus corazones, en sus casas y en sus vidas. La esposa de Potifar clamó en voz alta, con la mayor energía, como si fuera muy casta (Génesis 39:15), y, sin embargo, fue ella quien provocó el pecado y con gusto lo habría cometido. Los clamores de algunas personas contra el pecado son como los de una madre hacia el hijo que reprende, pero que luego besa y acaricia.

Hablador – ¿Me parece que queréis atraparme en mis propios argumentos?

Fiel – No. Solo deseo colocar las cosas en su justo lugar. Decid ahora cuál es el segundo punto con el que demostráis la existencia de la obra de la gracia en el corazón.

Locuaz - Un gran conocimiento de los misterios evangélicos.

Fiel - Debéis poner ese en primer lugar, pero, ya sea en primer o segundo lugar, siempre es falso, porque podemos obtener fácilmente muchos conocimientos evangélicos y no tener la obra de la gracia en nuestras almas. Aún más, puede un hombre poseer toda la ciencia, y, sin embargo, no ser nada, y, por lo tanto, no ser hijo de Dios (1 Corintios 13:2).


_________________

¹ Debe tenerse en cuenta que el término "religión" usado en este libro se refiere a la vida cristiana genuina, y no a un sistema organizado de fe personal o colectiva como el catolicismo o el protestantismo, que son religiones institucionalizadas. Tal religión no tiene poder alguno, pues cualquiera puede decidir formar parte de ella o no, sin necesariamente experimentar un cambio de vida. En el caso de la vida cristiana, eso no es posible, pues ser cristiano implica transformación, la cual solo puede hallarse en quienes son parte del Cuerpo de Cristo y están en Cristo.


Disfruta más:

Himno Anhelos – "Por Luz"

https://hinario.org/detail.php?id=501

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Estudio-vida de Ezequiel, semana 14, lunes, mensaje 27

ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL Mensaje 27 LA TIERRA SANTA Y LA CIUDAD SANTA SEMANA 14 - LUNES Lectura bíblica: Ez 48:35b; Ap 21:21, 22:1-2 Leer y...