viernes, 18 de julio de 2025

El Peregrino, semana 5, sábado, capítulo 17

EL PEREGRINO

EL VIAJE DEL CRISTIANO
A LA CIUDAD CELESTIAL

CAPÍTULO 17

SEMANA 5 - SÁBADO

Leer y orar: "Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe y por ella muchos sean contaminados; no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura." (Hebreos 12:15,16)


Robo de Poca-Fe

Esperanza - Gran consuelo debió de sentir [Poca-Fe], al ver que no le habían arrebatado esa preciosidad.

Cristiano - Podría haberle sido de gran consuelo, si hubiese hecho uso de ella como debía. Pero, según me contaron, hizo muy poco uso de ella, en las varias circunstancias en que se encontró, por causa del gran susto que recibió cuando le robaron el dinero.

Se olvidó del precioso pergamino durante la mayor parte de su viaje, y si alguna vez se acordaba de él y esta memoria comenzaba a consolarlo, pronto la idea de la pérdida que había sufrido acudía a su mente, ensombreciendo su alma y quitándole toda la paz.

Esperanza - Pobrecito, debió de sufrir mucho.

Cristiano - ¡Y tanto! ¿Y no habríamos sufrido cualquiera de nosotros si hubiésemos sido tratados como él, robado y herido en un lugar desierto? Lo que me admira es que haya podido sobrevivir a tanto sufrimiento. Me contaron que, por todo el camino, iba lanzando amargas y dolorosas quejas, contando a todos los que encontraba dónde y cómo lo habían despojado, cómo había sido herido, y cómo escapó con vida de tan grandes pruebas.

Esperanza - Me admira que no se le ocurriera empeñar algunas de sus joyas, para tener con qué sostenerse en el camino.

Cristiano - ¡Eres extremadamente ingenuo! ¿A quién habría de empeñarlas o venderlas? En el país donde fue robado no se da valor a las joyas, y aun así no habría hallado alivio en aquel país. Además, si le faltaban las joyas, cuando llegara a la puerta de la Ciudad Celestial, sería excluido (lo que él bien sabía) de la herencia que allí se encuentra, lo que sin duda le sería más doloroso que el ataque y los malos tratos de miles de ladrones.

Esperanza - Te ruego que no respondas con tanta aspereza a mis preguntas. No seas brusco conmigo, y escúchame. Esaú vendió su primogenitura por un plato de comida (Hebreos 12:16), y esa primogenitura era su joya preciosa. Pues bien, si él hizo esto, ¿por qué no habría de hacer lo mismo Poca-Fe?

Cristiano - Esaú vendió efectivamente su primogenitura, y a su ejemplo han procedido muchos otros que, por ese hecho, perdieron la bendición mayor, como le ocurrió a aquel desgraciado. Pero hay diferencia entre Esaú y Poca-Fe, así como entre las circunstancias de uno y del otro.

La primogenitura de Esaú era simbólica, lo cual no sucedía con las joyas de Poca-Fe. Esaú no tenía otro dios que su vientre, no así Poca-Fe: la necesidad de Esaú no pasaba del deseo de saciar el apetito carnal; y la necesidad de Poca-Fe era de otro género. Además, Esaú solo pensaba en satisfacer su apetito, y por eso exclamó: "He aquí que me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?" (Gén. 25:32).

Pero Poca-Fe, aunque tenía poca fe, tenía alguna, y fue esa la que le impidió cometer la extravagancia de deshacerse de sus joyas, como hizo Esaú, y prefirió verlas y apreciarlas. En ninguna parte leerás que Esaú tuviera fe, por poca que fuera, y por eso no es de extrañar que aquel en quien solo impera la carne (lo que siempre sucede con el hombre que no tiene fe para resistir) venda su primogenitura, su alma y todo cuanto es y tiene, al mismo demonio — porque esos hombres son semejantes a la asna montés que nadie puede detener (Jeremías 2:24).

Cuando sus corazones están sujetos a sus concupiscencias, han de satisfacerlas, cueste lo que cueste; pero Poca-Fe era de un temperamento muy distinto; su corazón se inclinaba a las cosas divinas, y su alimento eran las cosas celestiales y espirituales.

¿Para qué, pues, habría de vender sus joyas, aunque encontrara quien se las comprara, para llenar su corazón de cosas vanas? ¿Dará alguien su dinero para llenar su vientre de paja? ¿Se puede persuadir a la paloma de alimentarse de carne podrida como el cuervo?

Aunque los incrédulos, para servir sus concupiscencias carnales, hipotequen o vendan lo que son y lo que poseen, sin embargo los que tienen fe, la fe que salva, por poca que sea, nunca podrán imitarlos. Aquí tienes explicado, querido hermano, el equívoco en que estabas.

Esperanza - Ahora lo reconozco, pero te confieso que tu severa reflexión casi me estaba molestando.

Cristiano - ¿Por qué? No hice más que comparar tu ingenuidad con la de un polluelo más avispado, que echa a correr por caminos conocidos y desconocidos, aún pegado a la cáscara. Pero vamos, discúlpame eso, y tratemos el asunto que estamos discutiendo.

Esperanza - Estoy persuadido, en mi corazón, de que esos tres malvados fueron muy cobardes, por huir cuando oyeron los pasos de aquel que se acercaba. ¿Por qué no se armó Poca-Fe de más valor? Me parece que debería haberse arriesgado a combatir contra ellos, y que solo debería haber cedido cuando no hubiera más remedio.

Cristiano - Sí, muchos lo llamaron cobarde, pero son pocos los que en la hora de la prueba tienen ánimo para sostenerse. Gran valor no tenía Poca-Fe, y por tus palabras, veo que tú, en su lugar, solo te arriesgarías a un pequeño combate, cediendo enseguida. En verdad, si ahora, que estamos lejos de los tres malvados, muestras ese ánimo, temo que tus pensamientos serían muy distintos si esos hombres te acometieran como acometieron a Poca-Fe.

Y debes considerar que no pasaban de ladrones subalternos, siervos del rey del abismo insondable, el cual, si fuese necesario, vendría en su auxilio, y su voz es como la del león rugiente (1 Pedro 5:8). Yo mismo fui asaltado como Poca-Fe, y sé, por experiencia propia, cuán rudos son esos ataques.

Los tres malvados me acometieron, y cuando comencé a resistirles como buen cristiano, soltaron un pequeño grito, al cual acudió su amo al instante. Mi vida estuvo por un hilo, si no me hubiera protegido la armadura a prueba de todo que yo llevaba por voluntad de Dios; y aun así, apenas pude salir airoso del combate. Solo quien se ha visto en tan duras pruebas puede valorarlas debidamente.

Esperanza - Es verdad. Pero, en cuanto supusieron que Grande-Gracia se acercaba, huyeron.

Cristiano - Tanto ellos como su amo han huido muchas veces de la simple presencia de Grande-Gracia, lo cual no es de extrañar, por ser este el campeón real; y creo que debes admitir alguna diferencia entre Poca-Fe y el campeón del rey; no todos los súbditos del rey son sus campeones, por lo tanto, no todos pueden hacer prodigios de valor en la hora de la prueba.

¿Puede acaso suponerse que cualquier niño venciera a Goliat como lo hizo David, o que haya un avecilla con la fuerza de un toro? Unos son fuertes, otros débiles; unos tienen mucha fe, otros poca. Poca-Fe era de los débiles, y por eso cedió.


Disfrute más:

Himno - Consuelo en las Pruebas - “Por el Cuidado del Señor”


1 Peregrino en el camino,
Y cansado del labor –
Oye dulces estas voces:
“Da tus cargas al Señor!”

Da tus cargas al Señor!
Da tus cargas al Señor!
Te va a fortalecer
Y consolar tu ser –
Da tus cargas al Señor!

2 ¿Tus pies van tan fatigados?
¿Tu lámpara sin luz?
¿Tu cruz está tan pesada?
“Da tus cargas a Jesús!”

Da tus cargas al Señor!
Da tus cargas al Señor!
Te va a fortalecer
Y consolar tu ser –
Da tus cargas al Señor!

3 ¿Tus amigos te han dejado?
¿No te dan más su amor?
¿Tu alma va angustiada?
“Da tus cargas al Señor!”

Da tus cargas al Señor!
Da tus cargas al Señor!
Te va a fortalecer
Y consolar tu ser –
Da tus cargas al Señor!

4 ¿Tu corazón tan débil?
¿Tu mente sin vigor?
¿Tus fuerzas tan pequeñas?
“Da tus cargas al Señor!”

Da tus cargas al Señor!
Da tus cargas al Señor!
Te va a fortalecer
Y consolar tu ser –
Da tus cargas al Señor!

5 Él te va a sostener, sí,
Te guiará en su fulgor;
Con poder va a guardarte,
Y dará su gran vigor.

Da tus cargas al Señor!
Da tus cargas al Señor!
Te va a fortalecer
Y consolar tu ser –
Da tus cargas al Señor!

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