EL PEREGRINO
CAPÍTULO 17
SEMANA 5 - VIERNES
Leer y orar: "¿Has visto un hombre sabio en su propia opinión? Más esperanza hay para el necio que para él." (Pr 26:12)
La conversación con Ignorancia
y la situación terrible de Volver-Atrás
Y de nuevo me dormí y volví a soñar. Vi a los dos peregrinos descendiendo de las montañas por el camino hacia la ciudad.
Más abajo de las montañas hay un país llamado de las Ideas-Fantásticas, del cual sale, hacia la carretera por donde iban los peregrinos, un atajo tortuoso. Allí encontraron a un joven, medio idiota, que venía de ese país. Se llamaba Ignorancia. Al preguntarle Cristiano de dónde venía y adónde iba, respondió:
Ignorancia - Soy natural de aquel país que queda a mano izquierda, y voy a la Ciudad Celestial.
Cristiano - ¿Y cómo crees que podrás entrar allí? Mira que es posible que encuentres alguna dificultad en la puerta.
Ignorancia - He de entrar del mismo modo que entran otras personas de bien.
Cristiano - ¿Qué puedes presentar para que te permitan la entrada?
Ignorancia - Conozco la voluntad de mi Señor, y he vivido honradamente; doy a cada uno lo que le pertenece, oro, ayuno, pago diezmos, doy limosnas y he dejado mi patria para dirigirme a la Ciudad Celestial.
Cristiano - Pero no entraste por la puerta que está al principio de esta entrada. Seguiste por el sendero tortuoso, y por eso temo que, por mejor concepto que tengas de ti mismo, en el día del juicio, cuando intentes entrar en la ciudad, te acusen de ladrón y salteador.
Ignorancia - Mis señores, sois completamente extraños para mí, y no os conozco. Seguid vosotros la religión de vuestro país, que yo seguiré la de mi país, y espero que todos saldremos bien.
En cuanto a la puerta de la que habláis, todo el mundo sabe que queda muy lejos de nuestro país, y no creo que haya quien conozca el camino que lleva a ella. Ni debemos preocuparnos por eso, pues tenemos, como veis, un atajo fresco y agradable que lleva a este camino.
Cristiano, viendo a este hombre que se tenía por sabio, dijo en voz baja a Esperanza: "Más esperanza hay para el necio que para este" (Pr 26:12); y añadió: "Le falta entendimiento, y a todos dice que es un necio" (Ecl 10:3). ¿Qué dices? ¿Seguimos conversando con él o nos apresuramos y lo dejamos para que medite en lo que le dijimos, esperando luego por él, para ver si, poco a poco, es posible hacerle algún bien?
Esperanza - Opino lo mismo; no creo conveniente decirle todo de una vez; dejémoslo solo por ahora, y luego volveremos a hablarle cuando se nos presente la ocasión. Se adelantaron, pues, e Ignorancia siguió caminando un poco más atrás. Poco habían andado cuando llegaron a un sitio muy estrecho y oscuro, donde encontraron a un hombre atado con gruesas cuerdas por siete demonios que lo conducían otra vez hacia la puertecilla que habían visto al pie de la montaña.
Un gran temor se apoderó de nuestros peregrinos al presenciar tal espectáculo. A pesar de ello, cuando los demonios pasaron con el hombre, Cristiano lo miró con atención para ver si lo reconocía, pues le pareció que podía ser un tal Volta-Atrás que vivía en la ciudad de la Apostasía; pero no pudo verle el rostro porque lo llevaba agachado, como un ladrón sorprendido. Después de que pasó, Esperanza vio que llevaba un letrero en la espalda que decía: Cristiano licenciado, y maldito apóstata. Entonces Cristiano dijo a su compañero:
Ahora voy a contar una historia que me narraban sobre un hombre de estos lugares. Se llamaba Pouca-Fe, pero era un hombre muy respetable y vivía en la ciudad de la Sinceridad.
Junto a la entrada del estrecho paso por el que vamos, desemboca un sendero que viene de la puerta del camino ancho, el cual se llama Vereda-de-los-Muertos, por los muchos asesinatos que en él se cometen. Pues bien, este Pouca-Fe, que venía en peregrinación, como nosotros, se sentó casualmente en ese lugar y se quedó dormido. En ese momento bajaban por el sendero tres famosos bandidos: Cobardía, Desconfianza y Culpa, todos hermanos, quienes, al descubrir a Pouca-Fe dormido, corrieron hacia él. En ese instante el infeliz peregrino despertaba y se disponía a continuar su viaje.
Apenas los tres se acercaron a él, le ordenaron detenerse con modos amenazantes. Pouca-Fe palideció y no tuvo fuerzas ni para luchar ni para huir. Entonces exclamó Cobardía: Entréganos tu bolsa. Y como el peregrino tardase en obedecer (porque le dolía perder su dinero), corrió hacia él Desconfianza, que le metió la mano en el bolsillo y sacó una pequeña bolsa llena de plata. Pouca-Fe gritó con fuerza que lo estaban robando, pero Culpa, que tenía en la mano un formidable garrote, le descargó un golpe tan tremendo en la cabeza que lo derribó al suelo, donde quedó sangrando abundantemente.
Los ladrones rodeaban a su víctima, pero de pronto, al oír pasos de alguien que se acercaba y temer que fuera un tal Gran-Gracia, de la ciudad de Buena Esperanza, huyeron a toda prisa, dejando abandonado al pobre hombre.
Esperanza - ¿Y se llevaron todo lo que él tenía de valor?
Cristiano - No. No registraron el lugar donde tenía escondidas sus joyas, pero, según me contaron, el pobre hombre sintió mucho el robo porque los ladrones le llevaron casi todo el dinero que traía para los gastos ordinarios. Es verdad que aún le quedaron algunas monedas pequeñas, pero esas no alcanzaban para cubrir los gastos del viaje.
Más aún: Me dijeron que se vio obligado a mendigar para poder vivir, pues no le estaba permitido deshacerse de sus joyas. Sin embargo, a pesar de pedir limosna, siguió caminando, casi siempre con el vientre vacío (1 Pe 1:18).
Esperanza - Me parece muy extraño que no le quitaran el pergamino mediante el cual debía serle permitida la entrada en la Ciudad Celestial.
Cristiano - Es realmente extraño, pero si no se lo quitaron, no fue por su habilidad, pues quedó tan aterrorizado con el ataque de los tres bandidos que no tuvo fuerzas ni astucia para ocultar nada. Debió más a la providencia que a sus propios esfuerzos el haber conservado tan valioso documento.
Disfrute más:
Himno - Predicación del Evangelio - "Rescatar a los que perecen"
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