lunes, 14 de julio de 2025

El Peregrino, semana 5, jueves, capítulo 16

EL PEREGRINO

EL VIAJE DEL CRISTIANO
A LA CIUDAD CELESTIAL

CAPÍTULO 16

SEMANA 5 - JUEVES

Leer y orar: "¿Quién es sabio para entender esto? ¿Y prudente para saberlo? Porque los caminos del Señor son rectos, y los justos andarán por ellos; mas los rebeldes caerán en ellos." (Oseas 14:9)


Los peregrinos son hospedados por los pastores de los montes de las Delicias

Caminando, llegaron nuestros peregrinos finalmente a los montes de las Delicias. Subieron para contemplar el jardín, las viñas y las fuentes: bebieron, se lavaron y comieron libremente del fruto de la vida. En la cima de los montes había pastores que apacentaban los rebaños, y en ese momento estaban a poca distancia del camino. Los peregrinos se acercaron a ellos, y, apoyados en sus bordones (como hacen los viajeros cansados cuando se detienen a hablar con alguien en el camino), les preguntaron a quién pertenecían aquellos montes de las Delicias y los ganados que allí pastaban.

Pastores – Estos montes son del país de Emanuel, y desde aquí se ve la Ciudad Celestial; también son suyas las ovejas, por las cuales dio su vida.

Cristiano – ¿Es este el camino que conduce a la Ciudad Celestial?

Pastores – Efectivamente lo es.

Cristiano – ¿Qué distancia hay todavía desde aquí hasta la ciudad?

Pastores – Grande para los que nunca han de llegar, pero muy corta para los perseverantes.

Cristiano – ¿Es el camino peligroso o seguro?

Pastores – Es seguro para quienes debe serlo, pero los rebeldes caerán en él (Oseas 14:9).

Cristiano – ¿Hay aquí algún alivio para los peregrinos que llegan cansados y desfallecidos?

Pastores – El Señor de estos montes siempre nos ha insistido en el deber de la hospitalidad; por tanto, está a vuestra disposición todo lo que hay de bueno (Hebreos 13:2).

Vi entonces en mi sueño que, enterados los pastores de quiénes eran esos peregrinos, les hicieron algunas preguntas acerca de su país natal, de su entrada en el buen camino y de la perseverancia en seguirlo, porque son muy pocos los que, en su viaje, llegan a estos montes; y cuando oyeron las satisfactorias respuestas de los peregrinos, les ofrecieron el mejor alojamiento y la más cálida recepción.

Los pastores se llamaban Ciencia, Experiencia, Vigilancia y Sinceridad. Tomaron a los peregrinos de las manos y los llevaron a sus tiendas.

—Permaneceréis con nosotros algún tiempo —dijeron los pastores— para que nos conozcamos bien y os consoléis con las delicias de estos montes.

—Con mucho gusto —respondieron los peregrinos, y se alojaron esa noche, pues ya era tarde y el día había declinado.

A la mañana siguiente, invitaron a Cristiano y Esperanza a dar un paseo por los montes. La perspectiva que se ofrecía ante los ojos de los dos peregrinos era sumamente maravillosa. Pero la buena hospitalidad de los pastores no se limitó a eso. Decidieron mostrarles algunas maravillas, y los llevaron, en primer lugar, a la cima del monte llamado Error, cuya vertiente era muy empinada del lado opuesto; desde allí, se veían en el fondo del valle muchos cuerpos de personas que, al haberse despeñado desde esa altura, habían quedado completamente destrozados.

Cristiano – ¿Qué significa esto?

Pastores – ¿No habéis oído hablar de aquellos que se extraviaron por haber prestado oídos a lo que decían Himeneo y Fileto sobre la resurrección del cuerpo? (2 Timoteo 2:17-18). Pues esos que veis allá abajo son ellos, y no han sido sepultados hasta hoy como ejemplo para los demás, y para que no subamos demasiado alto, ni nos acerquemos demasiado al borde de este valle.

Luego los condujeron a la cima de otro monte, llamado Cautela, y les hicieron mirar a lo lejos, mostrándoles a algunos hombres que andaban de un lado a otro entre las tumbas que allí había.

Esos hombres eran ciegos, porque tropezaban con las tumbas y no podían salir de entre ellas.

Cristiano – ¿Y esto qué significa?

Pastores – ¿No veis, un poco más abajo, un puente que da a un prado a la izquierda del camino? Desde ese puente hay un camino que va directamente al castillo de la Duda, propiedad del gigante Desesperación. Esos hombres que veis allá una vez vinieron en peregrinación como vosotros, hasta que llegaron al puente; y como el camino recto les pareció áspero en ese sitio, decidieron dejarlo y seguir por el prado, donde fueron atrapados por el gigante Desesperación, quien los encerró en el castillo de la Duda. Después de tenerlos en el calabozo por algunos días, les sacó los ojos y los llevó a esas tumbas, donde permanecen hasta hoy.

"El hombre que se desvía del camino de la sabiduría vendrá a parar en la compañía de los muertos" (Proverbios 21:16). Cristiano y Esperanza se miraron, con los ojos llenos de lágrimas, pero no dijeron nada a los pastores.

Los llevaron luego a otro lugar, al pie del valle. Allí, en la falda del monte, había una puerta, que abrieron.

—Mirad dentro —dijeron.

Los peregrinos miraron y vieron que el interior estaba muy oscuro y lleno de humo; también les pareció oír un ruido atronador como de fuego, y gritos como de quienes están sufriendo tormentos.

Salía de allí un fuerte olor a azufre.

Cristiano – Esta es una puertecilla del infierno, por donde entran los hipócritas que, como Esaú, venden su primogenitura; que, como Judas, venden a su Maestro; que blasfeman del Evangelio como Alejandro; que fingen y mienten como Ananías y su esposa.

Esperanza – Por lo que veo, esos desdichados tenían todas las señales de los peregrinos, como nosotros, ¿no es verdad?

Pastores – Sí, las tenían. Y algunos por mucho tiempo.

Esperanza – ¿Hasta dónde habían llegado en su peregrinación cuando se perdieron tan miserablemente?

Pastores – Unos habían llegado a estos montes, y otros más allá.

Entonces dijeron los peregrinos entre sí: "Es necesario invocar a Aquel que es poderoso, para pedirle fuerzas."

Esperanza – Y también será necesario que las uséis, si las recibís.

Los peregrinos mostraron entonces deseo de continuar su camino, lo cual agradó a los pastores, que los acompañaron hasta el límite de los montes. Entonces dijeron los pastores:

—Ahora vamos a mostrar a estos peregrinos la puerta de la Ciudad Celestial, si pueden verla con nuestro catalejo.

En efecto, se esforzaron por mirar, pero el recuerdo de lo que habían visto antes les hacía temblar la mano, de modo que no podían aplicar el catalejo. A pesar de ello, les pareció ver la puerta, y algo de la gloria de aquel lugar. Con esto, se despidieron y siguieron su camino cantando: "Misteriosos secretos nos enseñaron los pastores; ¡gracias sean dadas a ellos! Vengan, vengan a estos pastores los que desean saber cosas profundas, ocultas y misteriosas."

Al despedirse, uno de los pastores les indicó el camino que debían seguir; otro les advirtió contra el Adulador; el tercero les aconsejó que no durmieran en la Tierra Encantada y el cuarto les deseó buen viaje en la compañía del Señor. Entonces desperté de mi sueño.


Disfruta más:

Himno "Con pastores a Sus pies"

https://hinario.org/detail.php?id=299

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