EL PEREGRINO
CAPÍTULO 19
SEMANA 6 - JUEVES
Leer y orar: "Ese amor no tiene miedo, pues el perfecto amor aleja todo miedo. Si tenemos miedo, es porque tememos el castigo, y eso muestra que aún no hemos experimentado plenamente el amor." (1 Jn 4:18)
Los peregrinos vuelven a hablar con Ignorancia (2)
Ignorancia - ¿Juzgas que soy tan necio que suponga que Dios no ve sino lo que yo veo, o que me atrevería a presentarme en Su presencia con la mejor de las obras?
Cristiano - Pues si no juzgas eso, ¿qué es lo que juzgas?
Ignorancia - En pocas palabras lo diré: Creo que es necesario tener fe en Cristo para ser justificado.
Cristiano - ¿Cómo? ¿Piensas que puedes tener fe en Cristo sin ver tu necesidad de Él, ni conociendo tus debilidades originales y actuales, antes teniendo, acerca de ti y de lo que haces, una opinión tal que muy claramente prueba que nunca has reconocido la necesidad de la justicia personal de Cristo para justificarte delante de Dios? ¿Cómo puedes decir: "Creo en Cristo"?
Ignorancia - Creo, y bastante, a pesar de todo eso.
Cristiano - ¿Y cómo crees?
Ignorancia - Creo que Cristo murió por los pecadores, y que seré justificado delante de Dios y quedaré libre de la maldición, si Él acepta mi obediencia a Su ley. En otras palabras: Cristo hace que mis deberes religiosos sean aceptados por el Padre, en virtud de sus méritos, y así yo soy justificado.
Cristiano - Permíteme que me oponga a tu profesión de fe.
1º) Tienes una fe imaginaria, porque tal fe no la encuentro descrita en ninguna parte de la Palabra de Dios.
2º) Tienes una fe falsa, porque dejas de lado la justificación por la justicia personal de Cristo, y aplicas tu propia justicia.
3º) Esa fe hace que Cristo sea quien justifica no tu persona, sino tus acciones, lo que es falso.
4º) Finalmente, tu fe es engañosa, al punto de dejarte bajo la ira del Dios Altísimo, porque la verdadera fe, que justifica, hace que el alma convicta de su estado de perdición por la ley, busque como refugio la justicia de Cristo, justicia que no consiste en un solo acto de gracia, en que tu obediencia sea aceptada por Dios para justificación, sino en la obediencia personal de Cristo a la ley, en sufrir por nosotros lo que de nosotros se exige. Esta es la justicia que la verdadera fe acepta, y que cubre bajo su manto nuestra alma, que por eso se presenta sin mancha delante de Dios, siendo aceptada y absuelta de la condenación.
Ignorancia - ¿Quieres entonces que confiemos simplemente en lo que Cristo hizo, sin que intervengamos con el concurso de nuestras personas? Esa fantasía daría libre curso a nuestras concupiscencias, y permitiría que viviéramos como mejor nos pareciera: porque, ¿qué habría de importarnos el modo de vivir, si pudiéramos ser enteramente justificados por la justicia personal de Cristo, solo por tener fe en ella?
Cristiano - Ignorancia te llamas, y bien lo demuestras en esta tu respuesta. Ignoras lo que es la justicia que justifica, y también ignoras cómo has de librar tu alma, por esta fe, de la terrible ira de Dios. Ignoras los verdaderos efectos de esta fe salvadora en la justicia de Cristo, que son: doblegar y ganar el corazón para Dios en Cristo, amando Su nombre, Su Palabra, Sus caminos y Su pueblo, y no como tú, en tu ignorancia, los imaginas.
Esperanza - Pregúntale si alguna vez se le reveló Cristo.
Ignorancia - ¿Qué? ¿Eres tú de los que creen en revelaciones? ¡Vaya! Me parece que lo que dices sobre ese punto no es más que el fruto de un cerebro desordenado.
Esperanza - ¡Hombre! Cristo está en Dios de un modo tan incomprensible para toda carne, que nadie puede conocerlo de una manera salvadora, si Dios Padre no se lo revela.
Ignorancia - Esa será tu creencia, pero no la mía, puesto que no dudo de que la mía sea tan buena como la tuya, a pesar de que mi cabeza esté en mejor estado que la tuya.
Cristiano - Permíteme que entre también en la conversación. No se debe hablar tan lisonjeramente en este asunto, pues yo afirmo resuelta y categóricamente que nadie puede conocer a Jesucristo sino por la revelación del Padre. Aún más: que la fe para ser recta, ha de ser operada por la supereminente grandeza de Su poder (Mateo 11:27: 1 Corintios 12:3: Efesios 1:17-20).
Veo, pobre Ignorancia, que nada sabes de esta operación de la fe. Despierta, pues, reconoce tu propia miseria, y recurre al Señor Jesús, y por su justicia, que es la justicia de Dios (porque Él mismo es Dios), serás libre de la condenación.
Ignorancia - ¡Muy deprisa vais! No puedo acompañaros en ese paso. Id adelante, que yo no tengo prisa.
Y se despidió de ellos.
Dijo entonces Cristiano a su compañero: Vamos bien, Esperanza. Está visto que tenemos que ir otra vez solos.
Alargaron el paso, mientras Ignorancia los seguía cojeando, y les oyó el siguiente diálogo:
Cristiano - ¡Me da lástima este pobre mozo!
Esperanza - Desgraciadamente hay muchos en nuestra ciudad en idénticas circunstancias, familias enteras, calles enteras: y, si hay tantos en nuestra ciudad, donde todos son peregrinos, ¿qué será en la tierra donde Ignorancia nació?
Cristiano - Bien verdadera es la palabra: Cerró sus ojos para que no vean...
Ahora, sin embargo, que estamos otra vez solos, dime: ¿Qué te parecen estos hombres? ¿Crees que alguna vez tengan convicción del pecado, y que teman, por consiguiente, el estado de peligro en que se encuentran?
Esperanza - A esa pregunta nadie mejor que tú sabrá responder, pues eres más competente que yo.
Cristiano - Soy de la opinión de que es posible que lo sientan una u otra vez, pero, como son ignorantes por naturaleza, no comprenden que esta convicción les es provechosa, y buscan ahogarla, por todos los modos, continuando adulándose a sí mismos, en el camino de sus propios corazones.
Esperanza - En efecto, también creo, como tú, que el miedo sirve mucho para bien de los hombres y para hacerlos ir derechos al principio de su peregrinación.
Cristiano - No podemos dudar de que es bueno, porque así lo dice la palabra: "El temor de Dios es el principio de la sabiduría" (Job 28:28: Salmos 111:10: Proverbios 1:7: 9:10).
Esperanza - ¿Cómo se podrá reconocer el miedo que es bueno¹?
Cristiano - El miedo bueno se reconoce por tres cosas:
1ª) Por su origen: es causado por las convicciones salvadoras del pecado:
2ª) Impulsa el alma a acercarse a Cristo para la salvación:
3ª) Genera y conserva en el alma una gran reverencia hacia Dios, hacia Su palabra y Sus caminos, manteniéndola constante y tierna, y haciéndola temer apartarse de ellos, hacia otro lado, o hacer cualquier cosa que pueda deshonrar a Dios, alterar su paz, entristecer al Espíritu Santo, o dar ocasión a que el enemigo tome alguna ventaja.
_______________________
¹ En ese contexto la palabra "miedo" debe entenderse como un sentimiento de temor, reverencia y respeto. En la Biblia, el miedo no viene de Dios y se presenta como un sentimiento de inmadurez espiritual (1 Juan 4:18).
Disfruta más:
Himno - Aliento - "Para Descansar en el Señor"
No hay comentarios.:
Publicar un comentario