EL PEREGRINO
CAPÍTULO 19
SEMANA 6 - VIERNES
Leer y orar: "Cuando te desvíes a la derecha y cuando te desvíes a la izquierda, tus oídos oirán detrás de ti una palabra que diga: Este es el camino, andad por él." (Is 30:21)
Los peregrinos conversan sobre Temporal
Esperanza - Estoy de acuerdo. Creo que dijiste la verdad. Pero dime: ¿aún no hemos salido del terreno encantado?
Cristiano - ¿Vas aburrido de nuestra conversación?
Esperanza - No, pero deseaba saber dónde estamos.
Cristiano - Aún nos falta cerca de una legua para salir de este terreno. Pero, volviendo al asunto: los ignorantes no reconocen que tales convicciones, que los atemorizan, son para su bien y por eso procuran ahogarlas.
Esperanza - ¿Y cómo procuran hacerlo?
Cristiano:
1º) Creen que esos temores son obra del demonio (siendo, en verdad, de Dios), y por eso le resisten con lo que tiende directamente a su ruina.
2º) Piensan también que esos temores tienden a perjudicarles la fe, cuando (¡desgraciados que son!) ninguna tienen, y por eso endurecen contra ellos sus corazones.
3º) Suponen que no deben temer, y por eso, a pesar de sus temores, se vuelven vanamente confiados [Jer 17:5].
4º) Juzgan que esos temores tienden a envilecer su propia santidad, antigua y miserable, y por eso les resisten con todas sus fuerzas.
Esperanza - Yo mismo experimenté algunas de esas cosas, porque antes de convencerme pasé por lo que acabas de decir.
Cristiano - Bien. Dejemos por ahora a nuestro vecino Ignorancia, y pasemos a otra cosa provechosa.
Esperanza - Con la mejor buena voluntad. Propón tú esa nueva cuestión.
Cristiano - ¿Conociste en tu tierra, hará [hacía] diez años, a un tal Temporal, que era en esa época hombre bastante fervoroso en religión?
Esperanza - Perfectamente. Aún no me he olvidado: él vivía en Sin-Gracia, aldea que dista cerca de media legua de Honestidad, en una casa junto a la de un tal Retroceso.
Cristiano - Eso mismo. Vivía con él bajo el mismo techo. Pues ese Temporal estuvo una vez muy bien encaminado. Creo que en esa época tenía alguna convicción de sus pecados y del estipendio [castigo] que se les debe.
Esperanza - Me acuerdo de eso perfectamente. Su casa no distaba más que una legua de la mía, y muchas veces vino él a mí, bañado en lágrimas. Me entristecía, y no perdí del todo las esperanzas que en él fundaba. Está, sin embargo, visto que no todos los que claman "¡Señor!" son cristianos.
Cristiano - Temporal me dijo una vez que estaba resuelto a hacerse peregrino, como nosotros ahora lo somos, pero trabó conocimiento con un tal Salvación-Propia, y dejó mi amistad desde entonces.
Esperanza - Ya que hablamos de él, investiguemos la razón de su apostasía repentina, y de la de otros como este.
Cristiano - Esa investigación puede ser muy provechosa. Ahora, sin embargo, es tu turno de empezar.
Esperanza - En mi opinión las razones son cuatro:
1ª) Aunque las conciencias de esos hombres estén despiertas¹, sus corazones no tienen diferencia alguna. Por eso, cuando termina el poder del pecado², acaba también el motivo que los llevó a volverse religiosos y regresan naturalmente a sus costumbres antiguas, así como vemos volver al perro a su vómito, y a la cerda lavada a revolcarse en el lodo (II Pedro 2:22).
Buscan ávidamente el cielo, sólo porque comprenden y temen los tormentos del infierno: pero en cuanto se enfría y debilita esta aprehensión y este temor, también se enfrían y debilitan los deseos que tenían, del cielo, de la salvación, y por eso, pasado el delito y el temor, acaban esos deseos, y regresan a los antiguos hábitos.
2ª) Otra razón es que no son temores de Dios, sino de otros hombres, y el temor del hombre es un lazo. De modo que, pareciendo ávidos por el cielo, mientras braman en torno suyo las llamas del infierno, en cuanto pasa ese terror acuden otros pensamientos, tales como que es bueno ser cauteloso y que no es muy prudente meterse en aflicciones innecesarias, volviendo así a hacer las paces con el mundo.
3ª) También sucede que les sirve de tropiezo la vergüenza mal entendida, que suele acompañar a la religión: son orgullosos y altivos, y la religión es vil y despreciable a sus ojos: y por eso, una vez perdido el sentimiento de infortunio y de la ira venidera, regresan al antiguo modo de vivir.
4ª) Les aflige mucho la idea del pecado, y piensan en él con terror: no les gusta contemplar sus miserias, pues, aunque la primera consideración los llevó a refugiarse donde se refugian los justos, y donde estarían seguros, como atribuyen esos pensamientos al pecado y al terror, una vez que se tornan insensibles a sus convicciones y al temor de la ira de Dios, endurecen voluntariamente sus corazones y eligen precisamente los caminos que más contribuyen a este engrandecimiento.
Cristiano - Creo que hablas con bastante acierto, porque la causa principal es la falta de un cambio en su corazón y en su voluntad, por lo que se asemejan al acusado, que cuando está en presencia del juez, tiembla y parece arrepentirse del íntimo corazón, cuando la única causa que lo mueve es el temor del patíbulo [de la horca] y no el horror del crimen cometido. Da libertad a ese reo, y los verás continuar matando y robando como antes: pero, si su corazón hubiera cambiado, también habría cambiado su conducta.
Esperanza - Ya que te expuse las razones del regreso de estos hombres a lo antiguo, explícame tú ahora la manera en que esa falta se efectúa.
Cristiano - Te lo digo:
1º) Desvían sus pensamientos, cuando les es posible, de la meditación y del recuerdo de Dios, de la muerte y del juicio futuro.
2º) Abandonan poco a poco, y gradualmente, sus deberes³ particulares, como son: la oración, el refrenamiento de las concupiscencias, la vigilancia sobre sí mismos, el dolor por los pecados, etc.
3º) Van enfriándose en el cumplimiento de los deberes³ públicos, como: la lectura y predicación de la palabra, el trato con otros cristianos, etc.
4º) Comienzan a censurar a las personas piadosas, y esto de una manera infernal, para tener una excusa aparente de arrojar fuera la religión, con el pretexto de algunas debilidades que descubrieron en aquellos que la profesan.
5º) Pasan a adherirse y asociarse con hombres carnales, lujuriosos [sensuales, carnales] y frívolos.
6º) En seguida se entregan secretamente a conversaciones carnales y frívolas, estimando ver hacer lo mismo a algunos que son tenidos por honrados, para justificar su proceder y poder proseguir más osadamente.
7º) Finalmente, comienzan a mofarse [burlarse] abiertamente de ciertos pecados, diciendo que son de poca monta [importancia], y:
8º) Endureciéndose de esta manera, se manifiestan tal cual son. Y así, lanzados en el abismo de la miseria, si un milagro de la gracia no lo evita, perecen para siempre en sus propios engaños.
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¹ Para Dios, la conciencia de un incrédulo está muerta, pues no le permite conocer su condición pecaminosa. Si alguien que no creyó en el Señor es sensible, procurará ayudar a las personas y no hacer cosas malas según su concepto natural, pero su conciencia es incapaz de llevarlo al arrepentimiento.
² Cristo destruyó el poder del pecado en la cruz, pero ese es un hecho objetivo, no significa que después de creer en el Señor estamos libres del pecado. En nuestra experiencia humana, siempre que nuestra consagración acabe el poder del pecado estará presente. Esto será así hasta el regreso del Señor (Ro 6:12-14).
³ Sólo un sentimiento de cumplir con el deber no es capaz de mantenernos en el Camino. Como dice el himno siguiente, necesitamos ser atraídos por la belleza y el valor del Señor:
"¿Por qué dejé en el mundo
Mis ídolos, sin dolor?
No fue por deber – yo tuve
La visión de Su valor."
Disfruta más:
Himno - Consagración - "Atraídos por la Belleza del Señor"
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