Leer y orar: "Cristo, en cambio, como Hijo, sobre su casa; la cual casa somos nosotros, si retenemos firme, hasta el fin, la confianza y el gloriarnos en la esperanza..." (He 3:6)
EDIFICAR CON DIOS
El pasaje más claro en la Biblia acerca de la recompensa es 1 Corintios 3:14-15: "Si permanece la obra de alguno que sobre el fundamento edificó, ese recibirá recompensa; si la obra de alguno se quema, sufrirá pérdida; pero él mismo será salvo".
Esto nos muestra claramente lo que un cristiano no puede perder y lo que sí puede perder. Desde que una persona sea salva, ciertamente está salva para siempre. Sin embargo, si tal persona recibirá o no una recompensa, eso no puede decidirse hoy.
La salvación eterna de un cristiano ya está determinada. Pero la recompensa futura es una cuestión aún pendiente. Ella se decide por la manera en que alguien edifica sobre el fundamento del Señor Jesús.
Nuestra salvación no depende de cómo edificamos. Ella depende solamente de cómo el Señor edifica. Si Su obra es perfecta, ciertamente estamos salvos. Sin embargo, si recibiremos o no la recompensa, o si sufriremos pérdida, depende de nuestra propia obra de edificación.
Si alguien edifica con oro, plata y piedras preciosas, cosas de valor eterno, sobre el fundamento del Señor Jesús, ciertamente recibirá recompensa. Sin embargo, si edifica con madera, heno y paja, no recibirá recompensa delante de Dios. Puede tener mucho delante de los hombres, pero no tendrá mucho delante de Dios. Esto nos muestra que es posible que una persona pierda su recompensa y tenga su obra quemada.
Permítanme repetir esto: Gracias a Dios que la cuestión de nuestra salvación eterna fue decidida hace más de mil novecientos años. Cuando el Hijo de Dios fue llevado a la cruz, nuestra salvación fue decidida. Pero, si vamos a recibir o no la recompensa, depende de cómo nos conducimos.
La verdad del evangelio es muy equilibrada. La salvación depende totalmente del Señor Jesús. Conceder la salvación depende totalmente del Señor Jesús. Sin embargo, si alguien puede obtener su recompensa o no, depende de su propia obra de edificación.
El hombre debe creer, y también debe trabajar. Ese trabajo no es propiamente suyo, sino aquello que el Espíritu Santo ha trabajado en él. Aquí vemos que es posible perder nuestra recompensa. Es igualmente posible ser reprobados para el reino y privados de nuestra corona. Da la impresión de que nuestra posición en el reino no está decidida; está sujeta a cambios y no está asegurada.
GUARDAR FIRME EL GLORIARSE EN LA ESPERANZA
Hebreos 3:6 nos da una palabra semejante: "Cristo, en cambio, como Hijo, sobre su casa; la cual casa somos nosotros, si retenemos firme, hasta el fin, la confianza y el gloriarnos en la esperanza".
Aquí parece incierto si somos o no Su casa. El apóstol dijo que somos Su casa, si guardamos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.
¿Qué es esa casa y esa esperanza? Esa esperanza bienaventurada no es otra sino la del regreso del Señor Jesús en gloria, para establecer Su reino en la tierra. Si un cristiano tiene tal esperanza, sabiendo que el Señor Jesús volverá nuevamente para establecer Su reino en gloria, y sabiendo que todos los fieles que hagan la voluntad de Dios reinarán con el Señor, si él guarda firme esto, él será Su casa.
Hoy, ya somos Su casa. Somos todos piedras vivas edificadas casa espiritual. Esto es lo que Pedro nos dijo (1 P 2:5). Pero cuál será nuestra porción en el reino futuro depende de cuán firmemente guardemos hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.
Esta cuestión no puede decidirse de una vez por todas. Existen muchos versículos en la Biblia sobre esto, y todos son muy claros. El problema de la eternidad está totalmente decidido, pero la cuestión de la posición y recompensa en el reino depende de cuán firmemente guardemos hoy la confianza y el gloriarnos en la esperanza.
Llegamos a 2 Pedro 1:10: "Por eso, hermanos, sed lo más diligentes para confirmar vuestro llamamiento y elección, porque haciendo esto de ningún modo jamás tropezaréis" (lit.). Si alguien no conoce la verdad acerca de la elección, no verá que esto se refiere a asegurar la esperanza del reino.
Aquí dice que la elección y el llamamiento de una persona no están necesariamente asegurados. ¿Significa eso que una persona se tornará no salva nuevamente? No, no significa eso, porque Romanos 11 nos dice claramente que el llamamiento de Dios es irrevocable (11:29).
Aquí no habla solamente del llamamiento, sino también de la elección. Pedro colocó el llamamiento y la elección juntos. La Biblia dice muchas veces que muchos son llamados, pero pocos son escogidos. Con excepción de un pasaje, sobre el cual no estoy absolutamente seguro, todos los otros lugares se refieren a muchos siendo salvos y pocos obteniendo recompensa. Por lo tanto, elección aquí se refiere a la posición en el reino.
Pedro dijo: "Porque haciendo esto de ningún modo jamás tropezaréis". "Esto" son las cosas mencionadas en los versículos 5 al 7, tales como: fe, virtud, conocimiento, dominio propio, perseverancia, piedad y amor. Si hacemos estas cosas, jamás tropezaremos. Esto es lo mismo que decir que, si somos lo más diligentes, nuestro llamamiento y elección serán asegurados. Estas expresiones son correspondientes.
La primera de estas expresiones dice que debemos ser diligentes para asegurar nuestro llamamiento y elección. La segunda dice que procediendo así, jamás tropezaremos. El versículo 11 dice: "Pues de esta manera os será abundantemente suministrada la entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo".
La Biblia nos muestra que el reino de Cristo es eterno. Sin embargo, algunos entrarán en él solamente en la eternidad futura, mientras que otros entrarán en él en el milenio. El reino de Cristo comienza con el reino milenario.
Por lo tanto, Apocalipsis 11:15 dice: "El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo en el cielo grandes voces, que decían: El reino del mundo ha venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo, y él reinará por los siglos de los siglos". Este versículo nos muestra que el reino de Cristo está ligado a la eternidad futura; perdura para siempre. Sin embargo, comienza con el toque de trompeta del séptimo ángel, es decir, con el inicio de la tribulación.
Cuando Cristo comience Su reinado, algunos entrarán en el reino. Ellos no solo entrarán, sino que les será abundantemente suministrada la entrada. Por lo tanto, asegurar nuestro llamamiento y elección es ser abundantemente suministrados con la entrada en ese reino eterno.
Puede verse que la salvación fue decidida, pero la entrada en el reino aún no lo ha sido. Una vez que un cristiano crea en el Señor Jesús, puede inmediatamente alabar al Señor, porque sabe que la cuestión de vida o muerte eterna está decidida. Sin embargo, después de que alguien cree, hay experiencias delante de él; aún tiene el reino delante de él y la gloria futura esperándolo.
Algunos obtendrán estas cosas: el reino, la corona, la gloria y la recompensa; mientras que otros, no. Algunos entrarán en el reino de Cristo; otros no estarán aptos para entrar. Algunos no solo entrarán, sino que también les será abundantemente suministrada la entrada en el reino de Cristo.
Esto no significa que aquellos que no puedan entrar en el reino de Cristo no sean salvos. Pero significa que les será quitada la recompensa y la gloria. Por lo tanto, necesitamos correr y esforzarnos. Si estaremos aptos para reinar con Jesús, el nazareno, en el futuro, dependerá de cómo nos esforzamos hoy.
EL REINO Y LA GLORIA DE CRISTO
Me gustaría saber si ustedes alguna vez pensaron con qué tipo de gloria Dios recompensará a Cristo en el milenio, por aquello que Él sufrió hace mil novecientos años. Una recompensa debe equipararse al sufrimiento. Si un hombre fue rebajado a la más inferior posición, su recompensa deberá ser la mayor.
Supongamos que su casa se incendie o que usted se encuentre en serio peligro, y un empleado suyo se arriesgue y casi pierda la vida tratando de salvarlo. ¿Cómo lo recompensaría? ¿Diría: "Lo recompenso con veinte centavos"? Nadie haría eso. La recompensa debe equipararse al sufrimiento.
Cristo glorificó a Dios de tal manera y sufrió tal muerte en la cruz. ¿Cómo recompensará Dios a Cristo en el futuro? ¿Y cómo glorificará a Cristo? El reino será el tiempo en el cual Cristo y los cristianos recibirán gloria juntos. El reino será el tiempo en el cual Dios recompensará a Cristo.
En ese tiempo, nosotros también tendremos una porción. Si vamos a ser hallados dignos de recibir la gloria del Señor, dependerá totalmente del resultado de nuestra conducta y trabajo personales. No existe la cuestión de mérito en el nuevo cielo y nueva tierra. Pero en el reino, solamente los que tengan mérito recibirán gloria.
El Señor sufrió persecución, dificultades y humillación. Si hoy sufrimos persecución, dificultades y humillación, de la misma manera, compartiremos una porción con Él en el reino venidero.
Disfruta más:
Himno - Adoración al Padre - "Su Fidelidad"
No hay comentarios.:
Publicar un comentario