lunes, 8 de diciembre de 2025

El ministerio celestial de Cristo, semana 1, martes, capítulo 1

EL MINISTERIO
CELESTIAL DE CRISTO

Capítulo 1
CRISTO EN LA ASCENSIÓN

SEMANA 1 - MARTES
Lectura Bíblica: Sal 2:2; Hch 2:32-36; 4:26; 5:31; 10:36b; Col 1:27; Heb 4:14-15; 7:25-26; 8:1-2; Ap 1:5a; Ef 1:22

Leer y orar: “Porque David no subió a los cielos, pero él mismo declara: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies.” (Hechos 2:34,35)


LA CONCLUSIÓN DE LA BIBLIA

¡La Biblia tiene una conclusión maravillosa! Desde luego que su inicio también es maravilloso. La Biblia empieza con Dios y enseguida con Su creación. El centro de la creación es el hombre, hecho a la imagen de Dios y conforme a Su semejanza.

Si usted analiza, verá que el ser humano fue formado específicamente a fin de ser uno con Dios. En el inicio de la Biblia aparece también el árbol de la vida.

Cuando nos volvemos al fin de la Biblia, sin embargo, podemos ver que éste es aún más excelente que el inicio. Puede ser que esto le sorprenda, pero ese fin comienza por el libro de Hechos y sigue directamente hasta el libro de Apocalipsis.

Cuando yo era joven, mi madre solía contarnos las historias de los cuatro Evangelios. Después de adulto, descubrí que, cuando misioneros católicos fueron de Italia a China, unos trescientos a cuatrocientos años antes, los principales libros que ellos presentaban eran los cuatro Evangelios.

Inclusive en mi juventud, los misioneros en general predicaban y enseñaban basándose en esos libros. ¿Por qué los demás libros del Nuevo Testamento eran descuidados? Era debido a la falta de comprensión y aprecio por la conclusión de la Biblia.

Ahora estamos aquí en Europa en la última parte del siglo veinte (Estos mensajes fueron proferidos en Alemania, en 1980). Ya es hora de ver cómo termina la Biblia.

¿Cuál es el verdadero desenlace de la revelación de Dios? Ver Su revelación en la creación es fácil. Ver Su salvación tampoco es tan difícil. Pero ver la etapa final de Su revelación no es así tan fácil.

Hay tres ministerios principales en esta etapa final. Sin duda existen algunos ministerios menores también, sin embargo nos concentraremos sólo en estos tres mayores.

El primero es el ministerio de Cristo en los cielos. El segundo es el ministerio completivo de Pablo. Sin las epístolas paulinas por cierto la Biblia no estaría completa. Sí, ya se había revelado mucha cosa, pero fue necesario el ministerio de Pablo para que la revelación divina estuviera completa.

El tercero es el ministerio remendador de Juan. Aunque Pablo hubiera completado los escritos, vinieron los daños y, por lo tanto, se hizo necesario el ministerio de Juan a fin de reparar el estrago. La última Epístola de Pablo fue escrita por alrededor del año 65 d.C.; y sólo más de un cuarto de siglo después de eso fue que el último escrito de Juan fue concluido.

Si queremos conocer el mover actual de Dios, ciertamente necesitamos comprender la conclusión de la Biblia. (No se trata sólo de un versículo o de un capítulo, o incluso de un libro. Hay más de diez libros relacionados con esa conclusión).


EL MINISTERIO TERRENAL VERSUS EL CELESTIAL

El Señor Jesús con toda seguridad llevó una vida fructífera durante los treinta y tres años y medio que estuvo en la tierra. La mayor parte de lo que Él realizó, no obstante, ocurrió en un período de tres años. Él pasó treinta años preparándose y sólo entonces comenzó a ministrar.

Casi todo lo que se predica y enseña entre los cristianos actualmente se refiere a ese ministerio terrenal. Cuando yo era un joven cristiano sediento, me enseñaron que Cristo ya había terminado Su obra. Juan 19:30 era citado como prueba de eso.

Las palabras del Señor, pronunciadas aún en la cruz, fueron: “¡Consumado es!”. Después de Su muerte permaneció en la tumba por tres días. En seguida resucitó y ascendió a los cielos no para trabajar, sino para quedarse allí sentado. Sentarse, me explicaron, significaba que la obra había terminado. Él ahora está allí esperando que Dios ponga a Sus enemigos bajo Sus pies (Hch 2:34-35).

¿Es ése el verdadero cuadro? ¿Cristo ya terminó Su ministerio? Tenemos que responder tanto sí como no. Sí, Su ministerio terrenal ya está concluido. Su ministerio celestial, no obstante, prosigue hasta hoy.

La Persona de Cristo posee dos aspectos, así como Su ministerio. Mientras estuvo en la tierra, Él era el hombre Jesús. Desde la ascensión a los cielos, Él es el Cristo glorificado. Su ministerio terrenal duró por tiempo limitado, a lo sumo treinta y tres años y medio.

En cambio, Su ministerio celestial es eterno, jamás terminará. Es lamentable que tantos cristianos presten atención sólo a la primera parte del ministerio de Cristo. En estos mensajes queremos concentrarnos en la segunda parte, que es mucho más crucial.

La intención de Dios es tener una iglesia y, al fin, la Nueva Jerusalén. Durante el ministerio terrenal de Cristo la iglesia no existía, y mucho menos la Nueva Jerusalén. La iglesia y la Nueva Jerusalén no pueden verse en los cuatro Evangelios.

Sólo cuando llegamos a Hechos es que encontramos la iglesia. En Hechos, el primer libro de la conclusión de la Biblia, la iglesia pasa a existir y, en el último libro, Apocalipsis, surge la Nueva Jerusalén.

Sí, en Hechos el Evangelio es predicado, pero no como un fin en sí mismo. La predicación del evangelio tiene por objetivo engendrar la iglesia. La iglesia es el punto más importante de Hechos. Después, en el último libro de la conclusión, los dos primeros capítulos dicen respeto a la iglesia, pero en los dos últimos capítulos surge la Nueva Jerusalén, la consumación suprema de las iglesias.

Si obtenemos una visión panorámica de Hechos a Apocalipsis, descubriremos que la iglesia y la Nueva Jerusalén se destacan por encima de todo.

La iglesia y la Nueva Jerusalén son concretizadas por el ministerio celestial de Cristo, y no por el terrenal. Su ministerio terrenal llevó a cabo la redención para que la iglesia fuera engendrada; sin embargo, un ministerio aún más elevado, rico y amplio se hace necesario para la concretización del propósito eterno de Dios con respecto a la iglesia y a la Nueva Jerusalén.

En lo que concierne a Su ministerio terrenal, todo ya está consumado. La redención fue garantizada por la cruz. Esa consumación, sin embargo, sólo Lo introdujo en Su ministerio celestial. Ahora Él está involucrado en un ministerio de alcance mucho mayor que el que tuvo en la tierra.

¡No piense que el Señor Jesús está sentado en los cielos sin nada que hacer! ¡Él en verdad administra los asuntos de todo el universo! En Su vida terrenal, sin duda no era eso lo que hacía. Él sufrió, fue perseguido y por fin fue a la cruz para consumar la redención.

Ahora todo cambió. Él tiene el control total. Él trabaja por usted, por las iglesias y aun por Alemania [lugar donde estos mensajes fueron proferidos].

El título Cristo significa ungido. Él es referido como el Ungido de Dios (Sal 2:2; Hch 4:26). ¿Cuándo y cómo fue ungido Cristo? Fue en Su bautismo, cuando el Espíritu de Dios descendió sobre Él.

Allí en el río Jordán, justo después de ser bautizado, Dios Lo ungió con el aceite celestial, es decir, con el Espíritu. Esa unción representaba Su designación por Dios.

¿Cuándo fue “posesionado” Cristo? Después de ser elegido (lo que en nuestro caso corresponde a la designación de Cristo), un presidente es investido en el cargo.

Dos o tres meses después de la elección, hay una ceremonia de investidura, cuando él es entonces conducido a su nuevo gabinete e inicia oficialmente sus deberes.

¿Cuándo ocurrió el acto de investidura de Cristo? Fue por ocasión de Su ascensión. Cuando Él fue exaltado al tercer cielo, esa exaltación representó la “ceremonia de investidura” en Su posición oficial.

Durante la encarnación, conforme registran los cuatro Evangelios, encontramos a un humilde hombre de Nazaret llamado Jesús. Actualmente, sin embargo, ¡Él está gloriosamente diferente!

¿Acaso nuestro Cristo es el Jesús de los Evangelios o el que ascendió? En los tiempos de Levítico las ofrendas que las personas hacían podían ser diferentes. Algunos traían un buey, otros un cordero y otros aún sólo dos tórtolas. Eso es un retrato de que, en nuestra experiencia, Cristo puede ser grande como un buey o pequeño como una tórtola.

Él sigue siendo el mismo Cristo, pero nuestro deleite en Él difiere en la medida de nuestro conocimiento, consideración y experiencia con respecto a Sus diferentes aspectos.

Ya conocemos a Cristo por demasiado tiempo sólo en Su encarnación. Ya es hora de conocerlo en Su ascensión. Es extraño que se dé tanta énfasis al nacimiento de Cristo. ¡A partir de ahora usted necesita dejar de mirar hacia el pesebre y hacia la casa del carpintero y pasar a ver a Cristo entronizado en los cielos!

¿Su Cristo aún se encuentra en el pesebre? ¿Usted valora más el pesebre o el trono? ¿Dónde está su Cristo ahora? Quizá responda que está en usted. Por supuesto tengo que concordar con eso, pues el apóstol Pablo afirma: “Cristo en vosotros, la esperanza de la gloria” (Col 1:27).

Pero ¿cómo experimenta usted a ese Cristo que se encuentra en usted? Si usted tiene más consideración por el pesebre, su experiencia quedará limitada a eso. Pero si su mayor consideración está relacionada con el trono, eso elevará la experiencia que tiene de Él en el espíritu.

Cuando visité el Vaticano, vi muchas pinturas con el pesebre. Sería muy razonable encontrar un pesebre en Belén, pero ¿por qué pinturas del pesebre tendrían tanta prominencia en otros lugares?

Las personas tienen la impresión de que Cristo aún está ligado al pesebre. Tienen poca percepción de que hoy Él se encuentra en el trono. Su concepto acerca de Cristo está limitado a la encarnación. Necesitamos librarnos de ese concepto empobrecido y pasar a ver a Cristo en Su ascensión.


🌿 Disfrute más:

Himno 73 - "Su reino"

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