sábado, 20 de diciembre de 2025

El ministerio celestial de Cristo, semana 3, domingo, capítulo 7

EL MINISTERIO
CELESTIAL DE CRISTO

Capítulo 7
EL SACERDOCIO CELESTIAL DE CRISTO

SEMANA 3 - DOMINGO
Lectura Bíblica: Gn 14:18-20; Dt 8:15-18; Lc 19:41; Jn 11:35; He 2:16-17; 3:1; 4:14-16; 5:6,10; 6:20; 7:16

Leer y orar: “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades; sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (He 4:15)


Como ustedes probablemente ya saben, la Biblia nos enseña que Cristo posee tres oficios: profeta, sacerdote y rey. Cristo vino la primera vez principalmente como el Profeta previsto en Deuteronomio 18:15, 18. En Su ministerio terrenal, Él habló por Dios, transmitió a Dios al hablar, enseñó a Sus discípulos y profetizó.

Ese fue Su papel de profeta. Luego, en la última parte de Su ministerio terrenal, Él pasó a ofrecerse a Dios, hasta el momento en que finalmente Se ofreció en la cruz como sacrificio a Dios por nosotros. En esto cumplió Su papel de sacerdote. Desde entonces, esa ha sido Su función.


EL CUMPLIMIENTO DEL SACERDOCIO TERRENAL

En los tiempos de Levítico, los sacerdotes realizaban dos tipos de actividades. La primera era el ofrecimiento de sacrificios a Dios, en el atrio del tabernáculo, alrededor del altar. Una vez presentadas las ofrendas, los sacerdotes entraban en el Lugar Santo. El sumo sacerdote entraba en el Santo de los Santos. Allí ministraban a Dios en favor de Su pueblo.

La primera actividad sacerdotal tipifica el sacerdocio terrenal de Cristo; la segunda tipifica Su sacerdocio celestial. Cuando Cristo Se ofreció en la cruz a Dios en nuestro favor, Él fue un sacerdote, presentando la ofrenda en la tierra, en el atrio.

Luego, después de Su resurrección, Él entró en el tercer cielo, el cual es el Santo de los Santos. Allí continúa sirviendo como sacerdote celestial. Es este segundo aspecto de Su sacerdocio el que consideraremos ahora.

Este sacerdocio en los cielos es aquello en lo que Cristo más se ocupa actualmente. Es un tema muy amplio que debe abordarse. El libro de Hebreos trata este asunto de manera muy abarcadora. Puesto que nuestro tiempo aquí es limitado para analizar el tema por completo, les recomiendo que lean los mensajes del Estudio-Vida de Hebreos que tratan este tema (en especial los mensajes 13, 27, 28, 31, 32, 33 y 35).


NUESTRO SACERDOTE TANTO DIVINO COMO HUMANO

Para que Cristo sea un sacerdote, primero necesita ser un hombre (He 2:16-17). El sumo sacerdote fue “tomado de entre los hombres” (5:1). Si Él hubiera sido un ángel, no habría tenido la menor comprensión de los problemas humanos.

Por haber sido escogido de entre los hombres, el sacerdote pudo compadecerse de las debilidades de los hombres. ¡Nuestro actual Sumo Sacerdote, Jesucristo, es un hombre!

Él participó de nuestra naturaleza. Él participó de carne y sangre. Fue hecho semejante a nosotros en todo. Tuvo que comer y beber. Algunas veces incluso lloró. Derramó lágrimas ante la tumba de Lázaro (Jn 11:35); lloró por Jerusalén al final de Su ministerio terrenal (Lc 19:41) y oró “con gran clamor y lágrimas” (He 5:7) en el huerto de Getsemaní.

Aun hoy en día Él continúa siendo un hombre, un hombre en la gloria. “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades; sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado” (4:15). Por conocer plenamente todos nuestros puntos débiles y problemas, Él tiene compasión de nosotros. Así es nuestro Sumo Sacerdote como hombre.

¡Nuestro Sumo Sacerdote también es Dios! Por ser hombre, Él puede compadecerse de nosotros. Pero por ser también divino, puede cuidarnos. En el Antiguo Testamento, el sumo sacerdote Aarón podía compadecerse del pueblo; sin embargo, muchas veces no podía ayudarlo por no ser divino.

Nuestro Sumo Sacerdote, sin embargo, no es según el orden de Aarón, sino de Melquisedec (5:6,10; 6:20). No hay registro genealógico de Melquisedec en Génesis (Gn 14:18-20) para que él sea un tipo adecuado de Cristo como Aquel que es eterno, a fin de ser nuestro Sumo Sacerdote para siempre.

Como hombre, Cristo conoce nuestra situación y se compadece de nosotros; y, como Dios, Él es capaz de cuidar de todas nuestras necesidades. ¡Aleluya por este hombre-Dios que es nuestro Sumo Sacerdote!

El sacerdocio de Cristo es “constituido no conforme a la ley de mandamiento carnal, sino según el poder de una vida indestructible” (He 7:16). Aarón fue constituido sumo sacerdote según la letra impotente de la ley; Cristo, en cambio, fue constituido según el poderoso elemento de una vida indestructible.

Nuestro Sumo Sacerdote está constituido de una vida que no puede ser derrotada, sino que todo lo conquista. Es una vida que no puede ser destruida. Una vida que salva plenamente; la vida que no tiene fin, eterna, divina, no creada; la vida resucitada que ya pasó por la prueba de la muerte y del Hades.

Nuestro Sumo Sacerdote ahora sirve a Dios en nuestro favor en el Santo de los Santos. ¡Él es nuestro Abogado en el supremo tribunal de los cielos! Es nuestro Representante, que presenta nuestro caso delante de Dios. No somos conscientes de cuánto Cristo hace por nosotros allí. Aunque Su obra redentora esté consumada, Su servicio celestial en nuestro favor jamás cesa.


🌿 Disfrute más:

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