EL MINISTERIO
CELESTIAL DE CRISTO
Leer y orar: “Sino que, siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, Cristo,” (Efesios 4:15)
DISTRAÍDOS POR LAS PROFECÍAS
Tan pronto como fui salvo, amaba al Señor y Su Palabra. Cuando joven, amaba la Biblia y tomé la firme decisión de que comprendería todos sus versículos. Además, dedicaría toda mi vida a ello. Hoy ya sé que la Biblia es demasiado profunda para comprenderla por completo.
Al principio pensaba que estaba progresando muy bien en mis esfuerzos. Salía en busca de libros sobre la Biblia e iba dondequiera que se la enseñara. Al final acabé siendo cautivado por los Hermanos Unidos.
Cuando comencé a asistir a sus reuniones, predicaban sobre las setenta semanas de Daniel (9:24-27). En todos los años en el cristianismo desde que había nacido, jamás había oído hablar de las setenta semanas. Quedé fascinado.
Más tarde, oí acerca de los diez dedos, de las cuatro bestias y de los diez cuernos. Entonces comencé a estudiar estos asuntos extraños, aunque muy bíblicos. En los años que pasé entre los Hermanos Unidos, no recuerdo haber oído nunca ni un solo mensaje sobre Cristo.
Cierto día, me di cuenta de cuán triste era mi situación. Había aprendido todo acerca de las profecías; sin embargo, estaba muerto, impotente. Decepcionado, cambié. ¡El Señor me apartó de los diez dedos, de los diez cuernos, de las cuatro bestias y de las setenta semanas! Me volví a Cristo, al Espíritu, a la vida y a la iglesia. Desde 1932, mi atención se ha concentrado en estos asuntos.
Mensaje tras mensaje, estos son los temas que ustedes oyen en la restauración del Señor. Necesito advertirles, queridos jóvenes, que no se dejen distraer de estos asuntos por cualesquiera otros.
Tal vez alguien se les acerque y les pregunte cuál es el significado de los siete sellos, de las siete trompetas y de las siete copas. Si ustedes no lo saben, harán que sientan que su conocimiento de la Biblia es demasiado pequeño, que ustedes sólo saben acerca de Cristo, del Espíritu, de la vida y de la iglesia.
Los jóvenes anhelan conocimiento. Si ustedes se dejan distraer por las profecías, no podrán retener la Cabeza. No quiero decir que no deban estudiar otros temas de la Biblia. Deben estudiarlos, pero también deben darse cuenta de que todas estas cosas son asuntos menores. Los grandes temas de la Biblia son Cristo, el Espíritu, la vida y la iglesia.
DISTRAÍDOS POR LAS DOCTRINAS
Es fácil distraerse. Conozco personas que se dejaron distraer por la observancia del sábado. En lugar de preocuparse por Cristo, por el Espíritu todo-inclusivo, por la vida divina y por la iglesia, hablan del séptimo día.
Otros se dejaron distraer por la forma del bautismo. Puede ser que algún predicador les pregunte qué tipo de bautismo practica la iglesia: aspersión o inmersión, en nombre de quién, hacia adelante o hacia atrás, cuántas veces. ¿Cómo responderían ustedes? ¿Se dejarían distraer?
Una hermana que participó en una reunión de la mesa del Señor en Los Ángeles, me escribió objetando el uso de vino. ¿Cómo responderían ustedes? Ya he gastado bastante tiempo estudiando si deberíamos usar vino o jugo de uva en la mesa del Señor. Ambos lados tienen argumentos a su favor. No se puede llegar a una decisión absoluta. ¿De qué sirve, entonces, discutir estos asuntos?
El uso del velo por parte de las hermanas es otro tipo de pregunta que pueden hacerles. Si ustedes dicen que están a favor de su uso, podrán cuestionarles de qué color, forma o tamaño. ¡Den la espalda a todas estas cuestiones que sólo causan distracción!
Mi consejo es: ¡retengan la Cabeza! La cristiandad tiene miles de divisiones a causa de estas distracciones. Cuando les hagan cualquiera de estas preguntas, ustedes podrán orar interiormente: “Señor, ten misericordia de mí. Ayúdame a retenerte como Cabeza. No quiero ser seducido por ninguna de estas preguntas que sólo sirven para distraernos. Prefiero retener la Cabeza”.
Cuando Pablo escribió acerca de no retener la Cabeza en Colosenses 2:19, se refería a los que distraían a la iglesia en Colosas con el judaísmo, la filosofía griega y el gnosticismo. Sólo cuando uno retiene la Cabeza, logra mantenerse lejos de tales distracciones y puede, entonces, tener reciprocidad con el ministerio de Cristo en los cielos.
Sólo si retiene la Cabeza, usted crecerá. La razón por la cual tan pocos cristianos tienen reciprocidad con el ministerio celestial de Cristo es que dejaron de retener la Cabeza.
Efesios 4:14 dice: “Para que ya no seamos niños, zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de doctrina, por la astucia de los hombres, por su astucia para inducir al error”.
Los vientos que llevan de aquí para allá son la enseñanza. No son los vientos de las herejías, sino incluso los de la doctrina correcta, bíblica, los que pueden apartarnos: lejos de Cristo (la Cabeza) y de la iglesia (el Cuerpo).
Estos vientos son parte del sistema satánico para engañar a los creyentes y atraerlos lejos de Cristo. ¡Cuán importante es retener la Cabeza y no permitir que ninguna doctrina, por más bíblica que sea, nos distraiga de Él!
CEDER ESPACIO AL SEÑOR
A medida que retenemos la Cabeza, crecemos en Él (Ef 4:15). Gradualmente nos daremos cuenta de que, en una cosa tras otra, no estamos en Cristo. A medida que nos damos cuenta de ello, podemos orar: “Señor, asume el control. Te cedo espacio en este aspecto de mi vida”. Este es el crecimiento práctico en vida.
Pertenecemos a Cristo; sin embargo, en muchas cosas no estamos en Él. En esas cosas Él no encuentra espacio en nosotros. En nuestra manera de hablar, quizá Él no encuentre espacio. A medida que retenemos la Cabeza, tal vez nos demos cuenta de que nuestra manera de hablar no está en Cristo. Si pedimos al Señor que asuma el control en esta área, creceremos en vida en lo que respecta a nuestra manera de hablar.
Muchos cristianos aman al Señor; sin embargo, Él no tiene espacio en ellos, porque no retienen a Cristo. Cuando lo retengan, el Espíritu dentro de ellos podrá, por ejemplo, preguntar acerca de la manera en que se visten. Si dicen: “Señor, te cedo espacio para tratar la manera en que me visto”, entonces Él vendrá y asumirá el control.
Lo mismo puede ocurrir en la manera en que un hermano trata a su esposa o en la manera en que una hermana actúa con su esposo. Puede ser que amen al Señor; sin embargo, en su relación conyugal no le dan el menor espacio para actuar. Si retienen la Cabeza, el Espíritu dentro de ellos les dirá que Cristo no encuentra espacio en su actitud. A medida que se abran y cedan espacio al Señor, Él los ocupará cada vez más.
Ceder, por lo tanto, espacio al Señor en la vida diaria es la manera adecuada de crecer en vida. Usted no crecerá acumulando conocimiento bíblico. Crecer en vida es permitir que el Señor asuma el control en todas las cuestiones prácticas.
A medida que haga esto en cada asunto, actitud tras actitud, crecerá en esas áreas específicas. El Señor lo llenará gradualmente, y usted pasará a pertenecerle en todo su ser.
Así usted madurará. Mediante este crecimiento en vida su función emergerá, y el Cuerpo será edificado. Esta es una reciprocidad más excelente y profunda con el ministerio celestial del Señor. De este modo las iglesias son edificadas.
LA EDIFICACIÓN DEL CUERPO
Que todos nos demos cuenta de que en la economía divina nada importa sino Cristo. Fuimos transferidos a Él. Él es nuestra porción, disfrute y vida. Él es el Espíritu vivificante. Él debe serlo todo para nosotros. Esta visión nos preservará. No dejaremos que ninguna doctrina nos distraiga; ¡las doctrinas son como fieras salvajes que esperan devorarnos!
Necesitamos retener la Cabeza con temor y temblor. Entonces el Espíritu, día tras día, continuará hablándonos: “En este asunto, todavía mantienes espacio sólo para ti mismo. En aquel otro, nunca te has rendido al Señor. En esta área todavía no le has cedido ni un centímetro de espacio. En aquella área todavía te cierras al Señor”.
Si retenemos la Cabeza, nuestra respuesta será: “Señor, en este caso te cedo espacio. En aquel otro me rindo para que asumas el control”. Una respuesta como ésta resulta en crecimiento en vida.
Cristo crece en nosotros al poder asumir más espacio. De este modo nuestra función saldrá a la luz, y el Cuerpo será edificado. Esta reciprocidad vital con el ministerio celestial del Señor es más excelente que el mover externo en vida para atraer personas al mover de Dios. Tener reciprocidad con Él de esta manera más profunda hace posible la edificación de Su Cuerpo.
🌿 Disfrute más:
Himno: Adoración al Padre - “Su Alabanza de Muchos Hijos”
No hay comentarios.:
Publicar un comentario