REUNIONES EN CASA
Leer y orar: “Aunque soy el menor de los menores entre todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar a los gentiles las inescrutables riquezas de Cristo” (Ef 3:8)
HABLANDO LAS CUATRO COSAS PRÁCTICAS
Nuestro hablar con oración, el Espíritu y la intrepidez es para las cuatro cosas. Estas cuatro cosas son prácticas. La primera es la predicación del evangelio. La segunda es la divulgación de la verdad. La ministración de la vida es la tercera. La cuarta es recuperar a los santos.
Hablamos la Palabra santa para estas cuatro cosas: para predicar el evangelio, para divulgar la verdad, para ministrar la vida y para recuperar a los débiles.
PREDICANDO EL EVANGELIO
Primeramente consideraremos la predicación del evangelio. Durante un reciente fin de semana 1104 fueron bautizados en Taipéi. Todos estos 1104 santos recién bautizados no fueron ganados por medio de la predicación, sino por medio del hablar. Los 1104 fueron atraídos por aproximadamente diez por ciento de la iglesia en Taipéi.
Solo un poco más de trescientos practicaron mi instrucción de hablar el evangelio. El hablar el evangelio cada día les trajo a muchos. Esto fue por medio del hablar y no por medio de la predicación. Aprendan a hablar. Todos necesitamos adquirir la costumbre de hablar.
Como cristianos, somos testigos de Cristo. Debemos hablarles a las personas de Él, haciendo de esta clase de hablar un hábito. Cuando vayan a visitar a su tía, no solo escuchen las noticias y los asuntos actuales; aprovechen y háblenle de Cristo.
Adquieran tal costumbre. Crean que cuando hablen, el Espíritu Santo siempre seguirá su hablar, lo honrará, y las personas serán salvas. Aprendan a hablar la palabra viva y rica. Cuando hablen con su tía no digan: “Usted necesita creer en el Señor Jesús, si no irá al infierno”. Este tipo de hablar ofende a las personas.
Necesitan aprender a hablar del Cristo rico. Díganle a su tía que hace cinco años ustedes no sabían cuán rico era el Señor Jesús para ustedes. Díganselo enumerando todos los ricos detalles de Cristo. Pueden decirle: “Ahora sé que Cristo es el poder y la sabiduría de Dios para mí. Él también es mi justicia, mi santificación y mi redención”.
Si van a hablar una palabra tan rica necesitan estudiar 1 Corintios 1. Aprendan a extraer las riquezas de la Palabra. 1 Corintios 1 también nos dice que somos santos llamados, que Cristo es nuestro, lo cual significa que Cristo es nuestra porción, y que hemos sido llamados por el Dios fiel a la comunión, al disfrute y a participar de esta porción.
Necesitamos disfrutar ahora de tal porción. Dios nos da a Cristo como poder y como sabiduría para que lo recibamos como nuestra justicia y justificación; como nuestra santificación y santidad; y también como nuestra redención.
Ustedes necesitan extraer todos estos puntos de este único capítulo. En realidad, hoy es fácil hacerlo porque tienen la Versión Recuperación. Todos estos ricos detalles de Cristo en 1 Corintios están señalados en las notas de pie de página.
Si ustedes dicen que no entendieron algunos de estos puntos entonces pueden ir a los Mensajes del Estudio-vida. Algunos mensajes explican expresamente qué significa Cristo como nuestra santificación, y por qué Él es primeramente nuestra justicia, en segundo lugar nuestra santificación, y finalmente nuestra redención.
Los Mensajes del Estudio-vida explican claramente tales puntos. Por esta razón les recomiendo fuertemente los Estudio-vida y la Versión Recuperación con notas de pie de página. De estas dos fuentes ustedes podrán encontrar las respuestas a todas sus preguntas y recibirán la palabra viva y rica.
Los seres humanos siempre se interesan en conocer lo nuevo. Este país esencialmente cristiano, los oídos de las personas están llenos de oír acerca de ir al cielo o ir al infierno. Ellos no soportan oír más sobre esto.
A ellos necesitan hablarles algo concerniente al Cristo todo-inclusivo. Tomen alguna palabra rica y háblenla a sus parientes. No prediquen, solo hablen. Para predicar, quizá necesiten estudiar en algún seminario, pero para hablar solo necesitan adquirir el hábito. Aprendan a hablar, hablando.
No sueñen con un atajo diciendo: “Ayunaré por tres semanas y entonces vendrá un gran avivamiento”. Hace sesenta años que estudio y observo los avivamientos. Francamente, en esos sesenta años no he visto ni oído de un avivamiento prevaleciente en alguna parte.
Dios no toma el camino de los avivamientos. Dios solo planta papitas como ustedes y yo. Después todos hablamos. Si cada cristiano en este país hablara de Cristo, esto daría una vuelta completa al continente americano.
Si hubiera cien grandes evangelistas, no creo que esto sucedería. Todos debemos aprender a hablar. ¿No creen ustedes que, por medio de hablar de Cristo diariamente durante un año, alguien sería salvo? Si estamos dispuestos a hablar, la cantidad de santos seguramente se duplicaría.
La duplicación de la cantidad está asegurada por nuestro hablar habitual del evangelio. Simplemente se enseña a hablar; si creen o no, en sus manos estará la decisión.
🌿 Disfrute más:
Himno: 282 – "La comunión con Él"
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