ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL
Leer y orar: “Os daré corazón nuevo y pondré dentro de vosotros espíritu nuevo; quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne.” (Ez 36:26)
En este mensaje consideraremos la cuestión de la restauración exterior e interior por la vida.
JUZGA AL VIEJO HOMBRE NUEVAMENTE
La restauración por la vida comienza en el capítulo treinta y tres, donde Dios establece un atalaya. Esta restauración continúa en el capítulo treinta y cuatro, donde Dios mismo viene para ser el Pastor a fin de buscar a Su pueblo, encontrarlos, llevarlos de vuelta y hacerlos disfrutar de las riquezas de Cristo tipificadas por las riquezas de la buena tierra.
Luego, en el capítulo treinta y cinco, el Señor nos recuerda la necesidad de condenar a nuestro viejo hombre, que es tipificado por Edom. Esta es la razón por la cual, después del capítulo treinta y cuatro, existe otra palabra con respecto al juicio sobre Edom.
Para la mayoría, Dios espera hasta que el juicio sea ejecutado antes de que Él inicie Su obra de restauración. Sin embargo, en el proceso de restauración, aún existe la necesidad del juicio de Dios. Esto es cierto, en particular, con respecto a Edom.
Edom fue juzgado en la sección anterior; sin embargo, debido a que es muy difícil tratar con el viejo hombre, el juicio sobre él debe repetirse. Ayer usted puede haber condenado a su viejo hombre y experimentado el juicio sobre él. Pero hoy, su viejo hombre puede volver para visitarlo, quizá de una manera agradable o de una forma sutil.
Usted fue restaurado y llevado de vuelta a Cristo como la buena tierra y entró en el rico disfrute de Cristo. Puede haber pensado que su viejo hombre había sido totalmente condenado y juzgado, pero no se dio cuenta de que volvió sin darle ningún aviso previo y sin pedir permiso para visitarlo. Ahora, mientras usted está disfrutando a Cristo, él está con usted, odiando su disfrute de Cristo y su apreciación de la vida de la iglesia.
Ezequiel 35 dice que Edom y sus compañeros se alegraron al ver que Israel estaba desolado (vv. 12, 15). Edom también estaba esperando poseer las dos naciones (Israel y Judá), reclamándolas como si le pertenecieran. Para el Señor, Edom estaba hablando necedades, pues Él tenía la intención de ejercer Su juicio sobre Edom una vez más.
Necesitamos aprender la lección de juzgar a Edom. Mientras estamos siendo restaurados, debemos juzgar a nuestro viejo hombre repetidamente. El juicio sobre Amón, Moab, Tiro, Sidón y Egipto puede ser de una vez por todas, pero el juicio sobre Edom no puede ser de una vez por todas.
Por el contrario, Edom, nuestro viejo hombre, debe ser juzgado repetidamente hasta el día de la redención de nuestro cuerpo. Esta es la razón por la cual, entre Ezequiel 34 y 36, que son capítulos maravillosos, hay un capítulo muy negativo con respecto al juicio sobre Edom. Debido a que Edom regresa, el juicio sobre él debe repetirse. Aunque lo hayamos condenado, juzgado y ahuyentado, vuelve. Por lo tanto, necesitamos cooperar con el Señor para ejercer una vez más Su juicio sobre el viejo hombre.
La restauración genuina del Señor no es simplemente una cuestión de arrepentirse, volverse al Señor y disfrutar Su bendición. También existe la necesidad de un cambio en nuestra vida y naturaleza. En Su restauración, Dios necesita tocar nuestro corazón y nuestro espíritu y, así, tocar nuestra vida directamente y cambiarnos en vida y naturaleza.
Por lo tanto, necesitamos tanto la restauración exterior descrita en Ezequiel 34 como la restauración interior descrita en Ezequiel 36. Debido a que la restauración en Ezequiel 36 se refiere a nuestra vida y naturaleza e involucra nuestro corazón y nuestro espíritu, el capítulo treinta y cinco es insertado para mostrar la importancia de juzgar a nuestro viejo hombre. A fin de restaurarnos y hacernos un nuevo hombre, Dios debe juzgar a nuestro viejo hombre, nuestra vieja creación.
LA RESTAURACIÓN DE LA BUENA TIERRA
Un punto importante en Ezequiel 36 es la restauración de la buena tierra, es decir, la restauración del pleno disfrute de las riquezas de Cristo (vv. 8-15, 33-36). Siempre que retrocedemos y caemos, perdemos el rico disfrute de Cristo. Cristo mismo es rico, pero podemos perder el gozo de Sus riquezas. Alabamos al Señor porque, en Su restauración, hay restauración del disfrute de las riquezas de Cristo.
En la restauración del Señor hay dos aspectos: el aspecto exterior y el aspecto interior, la restauración exterior y la restauración interior.
Suponga que usted se ha alejado de Cristo, de la vida de la iglesia y de la comunión con los santos y se ha involucrado con cosas pecaminosas y mundanas. Pero un día el Señor lo buscó y lo trajo de vuelta a Sí mismo, a la vida de la iglesia y a la comunión con los santos. Esto es una restauración; sin embargo, es solamente una restauración exterior, el aspecto exterior de la restauración del Señor.
No obstante, al mismo tiempo, el Señor realiza una obra interior. Él no solo lo trae de vuelta a la buena tierra, sino que también lo restaura interiormente. Ser restaurado de vuelta a la vida de la iglesia y a la comunión con Cristo es solo el aspecto exterior. Usted todavía necesita el aspecto interior de la restauración del Señor, que está cubierto en 36:22-30.
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