ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL
Leer y orar: “En aquel día habrá una fuente abierta para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para quitar el pecado y la impureza.” (Zac 13:1)
CUIDA DE SU SANTO NOMBRE
Ezequiel 36:21-23 dice: “Pero tuve compasión de mi santo nombre, que la casa de Israel profanó entre las naciones adonde fue. Por tanto, di a la casa de Israel: Así dice el Señor Dios: No es por vosotros que hago esto, oh casa de Israel, sino por mi santo nombre, que profanasteis entre las naciones adonde fuisteis. Vindicaré la santidad de mi gran nombre, que fue profanado entre las naciones, el cual profanasteis en medio de ellas; y las naciones sabrán que yo soy el Señor, dice el Señor Dios, cuando vindique mi santidad delante de ellas.”
Aquí vemos que en la restauración de Su pueblo, Dios actúa a favor de Su santo nombre. La restauración interior de la vida es realizada por Dios a causa de Su nombre. Muchos de nosotros podemos testificar que fuimos restaurados y avivados no por causa de algún mérito en nosotros mismos, sino porque Dios hizo algo en nosotros por Su propio nombre.
TRAERLOS A SU PROPIO LUGAR
“Os tomaré de entre las naciones, y os reuniré de todos los países, y os traeré a vuestra tierra” (v. 24). En Su restauración, Dios nos saca del mundo y nos lleva de vuelta a nuestro propio lugar. Él nos devuelve a Cristo como nuestra tierra.
EL SEÑOR NOS LAVA CON AGUA PURA
El Señor no solo nos trae de vuelta al disfrute de Cristo; también nos lava con agua pura. Zacarías 13:1 dice que la sangre del Señor es una fuente que lava. De la misma manera, el agua pura en Ezequiel 36:25 se refiere a la sangre redentora y purificadora del Señor.
El Señor Jesús nos lava con Su sangre purificadora, no solamente cuando somos salvos, sino también cada vez que somos avivados y traídos de vuelta a Él.
Nos purifica de la impureza
El Señor nos lava de dos categorías de cosas sucias: de la inmundicia y de los ídolos. La inmundicia incluye todo tipo de cosas pecaminosas, injustas, inicuas y tenebrosas. Esto también incluye odiar a los demás, hacer cosas malas contra los demás y condescender con diversiones mundanas.
Cuando fuimos salvos, sentíamos vergüenza de esas cosas inmundas. Cuando somos avivados, también tenemos un sentimiento de vergüenza, no queriendo recordar las cosas pecaminosas y mundanas en las que alguna vez estuvimos involucrados.
La sangre del Señor, como el agua pura, nos lava de toda nuestra inmundicia. Tal vez hoy necesitamos ser lavados de chismes, rumores, celos, crítica y crueldad. Alabamos al Señor que no importa cuán sucios estuvimos, la sangre del Señor es el agua pura que nos lava y nos purifica.
Nos purifica de los ídolos
Antes de ser salvos, no solo teníamos una gran cantidad de impureza, sino que también teníamos muchos ídolos. Esta también pudo haber sido nuestra situación después de habernos desviado y antes de ser avivados. Considere cuántos ídolos tenía usted antes de ser salvo o avivado. Para algunos, una prenda de vestir es un ídolo. Aman esa prenda de vestir más de lo que aman al Señor Jesús.
Una vez, mientras el hermano Watchman Nee estaba ministrando en Shanghái, de repente señaló a cierta hermana y preguntó: “¿Cuántos capítulos hay en Mateo?” Ella respondió: “Veintiocho.” Luego el hermano Nee le preguntó cuántos botones había en su vestido largo, y sin vacilar, ella le dijo el número correcto. Entonces el hermano Nee dijo: “Conoces muy bien tu vestido largo. Incluso recuerdas cuántos botones tiene. Sin embargo, no recuerdas cuántos capítulos hay en Mateo”.
Esta ilustración sencilla nos muestra que podemos amar una prenda de vestir más de lo que amamos al Señor Jesús. Cualquier cosa que amemos más que al Señor es un ídolo. Algunos cristianos nunca han derramado una sola lágrima por el Señor Jesús, pero derraman muchas lágrimas por sus ropas. Esto prueba que aman las ropas más que al Señor Jesús.
Otros pueden cuidar de cosas como un doctorado o una posición elevada. Otros aún pueden desear la fama o querer hacerse un nombre. Todas estas cosas son ídolos. Necesitamos la sangre redentora del Señor para purificarnos, no solo de toda nuestra inmundicia, sino también de todos nuestros ídolos.
UN NUEVO CORAZÓN Y UN NUEVO ESPÍRITU
La purificación mencionada arriba es algo relacionado con el lado negativo. Del lado positivo, después de la purificación, el Señor nos da un corazón nuevo y un espíritu nuevo.
Muchos de ustedes son cristianos desde hace años, pero nunca han oído un mensaje que diga que tienen un espíritu nuevo. Nadie les dijo que, en el momento de su conversión, el Señor les dio no solo un corazón nuevo, sino también un espíritu nuevo.
Amar al Señor con nuestro corazón
Necesitamos darnos cuenta de que hay una diferencia entre el corazón y el espíritu. Nuestro corazón es un órgano de amor. Una vez di un mensaje en el cual mostré que no es suficiente solo tener un corazón amoroso para con el Señor.
Una hermana, en particular, estaba preocupada por esto y quería saber qué quería decir con que necesitamos algo más que un corazón amoroso. Para ilustrarlo, le pregunté si ella amaba cierta Biblia que pertenecía a su esposo y si le gustaría tenerla. Entonces dije: “La Biblia es tuya; por favor, llévatela.” Cuando ella extendió la mano para tomarla, dije: “No uses tu mano. Solo usa tu corazón amoroso. Toma la Biblia con el corazón.”
A través de esta ilustración, ella llegó a entender que tener un corazón amoroso no es suficiente. También necesitaba extender su mano para tomar la Biblia. De la misma manera, necesitamos tanto un corazón para amar al Señor como un espíritu para recibirlo.
🌿Disfrute más:
Himno: Alabanza a la Trinidad - “Su Reinado”
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