ESTUDIO DIARIO DE HECHOS
MENSAJE CUARENTA Y UNO
LA PROPAGACIÓN EN ASIA MENOR Y EUROPA
A TRAVÉS DEL MINISTERIO DE PABLO Y SUS COMPAÑEROS (7)
SEMANA 19 – VIERNES
Lectura Bíblica: Hch 15
Leer y orar: "Pero creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos" (Hch 15:11).
La Responsabilidad de Pedro y Santiago
El origen del problema descrito en Hechos 15 era Jerusalén. El primer grupo de apóstoles y ancianos en Jerusalén debería haber cuidado de esta enseñanza herética antes de que tuviera oportunidad de extenderse hasta las iglesias gentiles. El hecho de que no se resolviera en Jerusalén demuestra que Pedro y Santiago tenían ciertas deficiencias. Deben ser responsabilizados por la situación. Cuando esta herejía se extendió hasta Antioquía, ya era demasiado tarde para que Pablo y Bernabé lidiaran con ella. Así que fue necesario que subieran a Jerusalén para llegar al origen del problema.
Al leer el libro de Hechos, quizás no tengamos una idea exacta respecto a Pedro y Santiago. Tal vez los tengamos en alta estima. Podemos exaltar mucho a Pedro y considerar a Santiago muy piadoso. Si tenemos esa idea sobre ellos, entonces no tendremos una visión adecuada de la situación registrada en el capítulo quince. En otras palabras, debido a nuestra idea e interpretación inexactas, no tendremos una visión adecuada del núcleo del problema en Hechos 15. En realidad, el núcleo del problema no está en los judaizantes herejes que descendieron a Antioquía, sino en Pedro y Santiago. Decir esto es justo.
Pedro estaba presente en Hechos 1 cuando el Señor Jesús continuó la preparación de los apóstoles para el ministerio. Como parte de esa preparación, Él les dijo: “Recibiréis poder cuando el Espíritu Santo haya venido sobre vosotros, y me seréis testigos tanto en Jerusalén como en toda Judea y Samaria y hasta lo último de la tierra” (1:8). Aquí Él los designó como Sus testigos, no solo para el pueblo de Jerusalén y Judea y para las personas de sangre mixta en Samaria, sino también hasta las partes más remotas de la tierra, es decir, todas las tierras de los gentiles. La palabra del Señor es muy clara. Si Santiago, hermano en la carne del Señor Jesús, no hubiera estado presente cuando se dijo esto, seguramente estaba familiarizado con ella. Lucas, el escritor de Hechos, llegó a conocer esta palabra. Seguramente, Santiago la conocía antes que Lucas.
Pedro y Santiago debían haber tomado la palabra respecto a ser testigos hasta los confines de la tierra como base para tratar las enseñanzas heréticas de que los gentiles debían ser circuncidados para ser salvos. Como el Señor había hablado esta palabra, no había necesidad de discusiones ni argumentos. Pedro y Santiago debieron haber hecho un trabajo completo para eliminar las enseñanzas heréticas, erradicándolas en el origen, en Jerusalén.
Si somos imparciales y tenemos la perspectiva adecuada al leer el capítulo quince, percibiremos que el problema se debió a la negligencia de Pedro y Santiago. No cumplieron con su obligación, no asumieron su responsabilidad. Como resultado, esta enseñanza herética existía en Jerusalén e incluso prevalecía allí. Si no hubiera sido prevaleciente en Jerusalén, ¿cómo podría haberse extendido hasta Antioquía? En la antigüedad, la comunicación con lugares distantes era muy lenta, así que era significativo que algo se propagara desde Jerusalén hasta Antioquía.
No Guardar la Verdad
Los judaizantes eran tan celosos que, a pesar de la dificultad para viajar, descendieron a Antioquía para difundir su enseñanza herética. Enseñaban con audacia a las personas diciendo: “Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos” (15:1). Como ya dijimos, esta enseñanza anula todo el Nuevo Testamento; anula la muerte redentora, la resurrección, la ascensión de Cristo y todo lo que Él enseñó.
Es muy difícil entender cómo Pedro y Santiago pudieron tolerar tal herejía en Jerusalén. Si leemos Gálatas 2 junto con Hechos 15, nos ayudará a comprender cuál era la situación en la época. Pedro y Santiago merecen ser culpados por el problema, pues no guardaron la verdad ni contendieron por ella adecuadamente. Debido a esta carencia, el problema de la herejía existía en Jerusalén y luego se extendió hasta las iglesias gentiles.
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