Estudio diario de Hechos
Mensaje cincuenta y tres
La propagación en Asia Menor y Europa por medio del ministerio de Pablo y sus compañeros (19)
Semana 25 – Martes
Lectura bíblica: Mt 20:25-27; 23:10-11; Hch; Col 1:24; Ef 5:23-32; 1 Ts 5:12; 1 Ti 5:17; 1 Pe 5:1-4
Leer y orar: "Atended por vosotros y por todo el rebaño sobre el cual el Espíritu Santo os ha constituido obispos, para pastorear la iglesia de Dios, la cual él compró con su propia sangre." (Hch 20:28)
Pastorear el rebaño
En Hechos 20:28, Pablo habla de que los ancianos deben pastorear el rebaño. La responsabilidad principal de los ancianos como supervisores no es gobernar, sino pastorear, cuidar todos los aspectos del rebaño, la iglesia de Dios, de una manera temerosa y todo-inclusiva. Los ancianos no son puestos en la iglesia por el Espíritu Santo como gobernantes, sino como pastores. Pastorear el rebaño de Dios exige sufrimiento por el Cuerpo de Cristo, como Cristo sufrió (Col 1:24). Este pastoreo con sufrimiento será recompensado con la corona incorruptible de gloria (1 Pe 5:4).
De acuerdo con 1 Pedro 5:1-3, los ancianos no son señores del rebaño, es decir, no deben ejercer el señorío sobre los gobernados (Mt 20:25). Entre los creyentes, además de Cristo, no debe haber otro señor, todos deben ser siervos, incluso esclavos (Mt 20:26-27; 23:10-11). Los ancianos en la iglesia solo pueden tomar liderazgo (no señorío), que todos los creyentes deben honrar y seguir (1 Ts 5:12; 1 Ti 5:17).
Valor de la iglesia como tesoro para Dios
En Hechos 20:28, Pablo dice que la iglesia de Dios fue adquirida "con su propia sangre". Esto indica el precioso amor de Dios por la iglesia y el valor extraordinario de ella a Sus ojos. Aquí, el apóstol no habla de la vida y naturaleza divina de la iglesia, como en Efesios 5:23-32, sino de su valor como tesoro de Dios, tesoro que Él adquirió con Su propia preciosa sangre. Pablo esperaba que, como supervisores, los ancianos tuviesen la iglesia en alta estima, como Dios la tenía.
Tanto el Espíritu Santo como la propia sangre de Dios son provisiones divinas para la iglesia que Él tanto valora. El Espíritu Santo es Dios mismo, y la sangre de Dios denota Su obra. La obra redentora de Dios adquirió la iglesia; ahora, Dios mismo, el Espíritu todo-inclusivo que da vida (1 Co 15:45), cuida de ella a través de los supervisores.
La sangre de Dios es la sangre de Jesucristo (1 Jn 1:7). Esto implica que el Señor Jesús es Dios. En el siguiente mensaje consideraremos con más detalle el significado de que Dios haya adquirido la iglesia por medio de Su propia sangre.
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