miércoles, 11 de diciembre de 2024

Estudio de Hechos, capítulo 20, mensaje 54, semana 25, miércoles

ESTUDIO DIARIO DE HECHOS
MENSAJE CINCUENTA Y CUATRO

LA PROPAGACIÓN EN ASIA MENOR Y EUROPA A TRAVÉS
DEL MINISTERIO DE PABLO Y SUS COMPAÑEROS (20)

SEMANA 25 – MIÉRCOLES
Lectura Bíblica: Hch 20:13-38

Lea y ore: «Mirad, pues, por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia de Dios, la cual él ganó por su propia sangre.» (Hch 20:28)


LA IGLESIA COMPRADA CON LA PROPIA SANGRE DE DIOS

En Hechos 20:28 Pablo ordena a los ancianos de la iglesia en Éfeso pastorear «la iglesia de Dios, la cual él ganó por su propia sangre». Cada vez que compramos algo, lo adquirimos u obtenemos. Dios adquirió u obtuvo la iglesia comprándola. Al comprar cualquier cosa, necesitamos pagar el precio por ello. ¿Cuál fue el precio que Dios pagó para comprar la iglesia? Según la palabra de Pablo en 20:28, Dios la obtuvo pagando el precio de «su propia sangre».

La frase «su propia sangre» en el versículo 28 es muy inusual. Es perturbadora. ¿Tiene sangre Dios? Dios es Dios, no hombre ni criatura. Entonces, ¿cómo puede Dios, el Creador, tener sangre? Algunos pueden intentar explicar esto diciendo que la sangre en 20:28 es la sangre de Jesús. Pero, ¿cómo puede la sangre de Jesús ser la sangre de Dios? El Señor Jesús es Dios, pero 20:28 no habla de Jesús, sino de Dios. Al considerar esto, nos damos cuenta de que es muy difícil explicarlo teológicamente.

Hace más de dos siglos, Charles Wesley escribió un himno que habla de Dios muriendo por nosotros. En ese himno, Wesley dice:

«¡Amor grandioso! ¿Qué ocurrió?
Por mí moriste, oh mi Dios.» ¹

En ese himno, Wesley prosigue: «¡Misterio: Muere el Inmortal!» Aquí declara que Dios murió por nosotros. Cuando traduje este himno al chino, hace años, me sentí perturbado por esto. No estaba seguro de ser tan audaz como para traducirlo literalmente, mostrando que Dios murió por nosotros. ¿Te atreves a decir que Dios murió por ti? Charles Wesley tuvo visión respecto a esto y declaró en ese himno que Dios murió por nosotros.

EL HOMBRE-DIOS

El Dios que murió por nosotros no es el Dios anterior a la encarnación. Antes de la encarnación, ciertamente no tenía sangre y no podía haber muerto por nosotros. Fue después de la encarnación, en la cual se mezcló con la humanidad, que Él murió por nosotros. A través de la encarnación, nuestro Dios, el Creador, el Eterno, Jehová, se mezcló con el hombre. Como resultado, ya no era solo Dios; se convirtió en un Hombre-Dios. Como tal, ciertamente tenía sangre y pudo morir por nosotros.

Cuando murió en la cruz, el Hombre-Dios no murió solamente como hombre, sino también como Dios. Quien murió en la cruz fue aquel que fue concebido de Dios y nació con Dios. Por ser un Hombre-Dios, el propio elemento divino estaba en Él, mezclado con su humanidad.

En la concepción del Señor Jesús, el hombre-Dios, la esencia divina proveniente del Espíritu Santo (Mt 1:18-20; Lc 1:35) fue generada en el vientre de María. Esa concepción del Espíritu Santo en la virgen humana, realizada tanto con la esencia divina como con la esencia humana, fue una mezcla de la naturaleza divina con la humana y produjo al Hombre-Dios, que es tanto el Dios completo como un hombre perfecto, poseyendo la naturaleza divina y la humana distintamente, sin que se produjera una tercera naturaleza. Esta es la Persona muy maravillosa y excelente de Jesús.

La concepción y nacimiento del Señor Jesús fue la encarnación de Dios (Jn 1:14), constituida por la esencia divina añadida a la esencia humana, por lo tanto, produciendo al Hombre-Dios formado por dos naturalezas: divinidad y humanidad. De esta forma, Dios se unió a la humanidad para manifestarse en carne (1 Ti 3:16) y también ser el Salvador (Lc 2:11), que murió y derramó su sangre por nosotros.

Disfrute más: Himno 157¹

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