Leer y orar: “Cumplidas estas cosas, Pablo decidió en su espíritu ir a Jerusalén, pasando por Macedonia y Acaya, considerando: Después de haber estado allí, es necesario que vea también Roma." (Hch 19:21)
APELA A CÉSAR
Al tratar con Pablo, Festo era un zorro y propuso que Pablo fuera a Jerusalén para ser juzgado allí delante de él. Al respecto, leemos en 25:9: “Entonces Festo, queriendo congraciarse con los judíos, respondió a Pablo: ¿Quieres subir a Jerusalén y ser allí juzgado por mí sobre estas cosas?”. Esta propuesta expuso la corrupción de otro político romano. Aquí vemos nuevamente la corrupción de los políticos romanos.
Pablo fue sabio y percibió la sutileza de la propuesta de Festo. Según el versículo 10, Pablo respondió con firmeza: “Estoy ante el tribunal de César, donde debo ser juzgado; no he hecho ningún agravio contra los judíos, como tú bien sabes”. La palabra de Pablo sobre el “tribunal de César” indicó a Festo que él tenía la intención de apelar a César.
En el versículo 11, Pablo continuó diciendo: “Si, pues, he hecho algún mal o delito digno de muerte, no rehúso morir; pero si no son ciertas las cosas de que me acusan, nadie puede entregarme a ellos para complacerlos. Apelo a César”. El César al que Pablo apeló era Nerón.
Para su defensa, Pablo quiso apelar a César. Sin esta apelación, el apóstol Pablo podría haber sido muerto por los judíos a través del trato injusto de Festo hacia él, y de esta manera, su vida no habría sido preservada para completar el curso de su ministerio. La apelación de Pablo a César cumpliría su deseo de ver Roma para el avance del testimonio del Señor (19:21; 23:11). Sin esta apelación, habría sido muerto por la conspiración de los judíos (23:12-15; 25:1-3, 9), y no habría podido escribir las últimas ocho Epístolas.
Antes de su apelación a Roma, Pablo había escrito solo seis Epístolas: 1 y 2 Tesalonicenses, Gálatas, Romanos y 1 y 2 Corintios. Fue durante su primer encarcelamiento en Roma que escribió Colosenses, Efesios, Filipenses y Filemón. Fue después de su primera prisión que escribió 1 Timoteo, Tito y Hebreos. Luego, en su segundo encarcelamiento, escribió 2 Timoteo.
¡Qué falta habría en la revelación divina y qué pérdida habría sufrido la iglesia si no existieran estas ocho últimas Epístolas! Su apelación realmente trajo gran provecho y beneficio para el interés del Señor. En Hechos 25:12 leemos: “Entonces Festo, después de conferenciar con el consejo, respondió: A César apelaste; a César irás”. El consejo aquí era el consejo de la provincia romana, compuesto por consejeros o asesores elegidos por el gobernador de la provincia, a quienes el gobernador consultaba generalmente respecto a una apelación como la de Pablo.
¿Por qué Pablo fue tan audaz al apelar a César? Pablo fue audaz en este asunto porque, como romano, conocía la ley romana. Sabía que si apelaba a la ley romana, Festo no tendría otra opción que honrar su apelación. Sin duda, los políticos romanos eran corruptos, pero el gobierno romano tenía leyes firmes que le daban a Pablo la base para apelar a César.
En dos ocasiones anteriores, Pablo usó la ciudadanía romana. En el capítulo dieciséis, Pablo dijo a quienes lo habían arrestado: “Sin habernos condenado, nos azotaron públicamente y nos echaron en la cárcel, siendo ciudadanos romanos; ¿y ahora nos sacan a escondidas? No será así; que vengan ellos mismos y nos saquen. Los alguaciles informaron esto a los pretores, y estos temieron al saber que eran ciudadanos romanos” (vv. 37-38).
Más tarde, cuando Pablo estaba por ser interrogado con azotes, dijo al centurión que estaba allí: “¿Os es lícito azotar a un ciudadano romano sin haberle condenado? Cuando el centurión oyó esto, fue al tribuno y le dijo: ¿Qué estás por hacer? Porque este hombre es ciudadano romano” (22:25-26). Pablo conocía el valor de la ciudadanía romana. Sabía que la ley romana protegía a los ciudadanos romanos. La ley no daba a nadie el derecho de tratar mal a un ciudadano romano. Ahora, en el capítulo veinticinco, Pablo, de acuerdo con la ley romana, apeló a César.
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