El espíritu del apóstol es diferente del nuestro. El aislamiento entre nosotros se profundiza cada vez más. Todos son capaces, los más jóvenes y los más ancianos, y es como si no hubiese necesidad de depender unos de otros. Los más ancianos creen que son más experimentados y que saben todo sobre la administración de la iglesia. Sienten que saben ser ancianos.
Aunque no digan eso, es la actitud que cultivan en su espíritu. Podemos ser gentiles y llamar a eso espíritu de demolición, pero en realidad se trata de espíritu de rebelión. Cuando un hermano habla, algunos pueden ser críticos y decir en su corazón: "Ya sé eso". Este tipo de espíritu es destructivo para la obra de Dios.
No debemos esperar que nuestra obra sea bendecida si estamos aislados y actuamos de forma individual. No debemos esperar que una obra realizada de ese modo produzca edificación. Como ministramos la palabra y participamos en la obra de Dios de alguna manera, habrá resultados.
Incluso la obra de la Iglesia Católica produce resultados. Debemos preguntarnos, sin embargo, si esa obra produce lo que Dios quiere. ¿Puede la Iglesia Católica instruir a dos o tres millones de personas para que vivan unánimes, se amen mutuamente y tomen posición por Dios?
Las personas que sean instruidas por ella estarán llenas de opinión propia. Dios no puede edificarlas. Él no puede obtener una habitación, una morada, en ellas. Por la misericordia de Dios, que veamos la necesidad de ser edificados y así nos dediquemos a una obra que edifique a otros.
Cuando llevamos personas a la salvación, es necesario que haya un elemento de edificación. Cuando las llevamos a la salvación, necesitamos no solo hacerlas espirituales, sino también edificarlas. Después de haber sido conducidas al Señor por nuestro medio, deben no solo amar al Señor, sino también ser edificadas juntamente con otras personas.
Siguiendo el mismo principio, los ancianos no necesitan solamente administrar la iglesia, sino también edificarla. Así, los hermanos bajo su administración serán unánimes y estarán dispuestos a someterse a otros, considerando la sumisión como su gloria. Esta es la gloriosa obra que necesitamos realizar aquí.
Solo la capacidad no basta. Si se los compara con los ancianos, algunos hermanos más jóvenes pueden ser más aptos en cuanto a habilidades personales y capacidad intelectual. Eso, sin embargo, no significa que puedan servir como ancianos.
Las calificaciones para ser anciano no dependen de habilidades ni de capacidad intelectual, sino de que sea quebrantado y sumiso. Es posible que en nuestra obra como ancianos, terminemos generando santos inclinados a la disensión y a la rebelión.
Nuestro servicio puede llevar a las personas a la salvación y hacer de ellas personas espirituales que amen al Señor con celo, pero que no estén edificadas.
Por favor, permítanme decirles algo solemne: desde el inicio del año he estado sintiendo que Satanás quiere que hagamos una obra a la vez espiritual y llena de celo, pero también demoledora y carente de sumisión mutua.
Muchos jóvenes han sido envenenados en cuanto a estos aspectos. Necesitamos proclamar una advertencia: los que desean servir al Señor necesitan tomar el camino de la edificación. Si hay conocimiento, pero falta edificación, el camino para la rebelión está abierto.
Si hay "espiritualidad", pero no hay edificación, ese es el camino de Satanás. En los dos mil años de historia de la iglesia, nadie fue usado por Dios sin estar dispuesto a colocarse bajo Su mano y ser sumiso.
Dios no quiere realizar una obra hoy solamente de salvar pecadores y perfeccionar a los santos. Su obra primordial es edificar una habitación. Jamás debemos pensar que la edificación no es esencial o que sea fácilmente "fabricada".
Dios necesita trabajar mucho a fin de edificar a una persona aislada. Él quiere que entremos en la gloria. Quiere que seamos edificados juntamente con otros como Su gloriosa habitación. Sin estar coordinados y edificados con otros, no podremos entrar en la gloria.
Si podemos vivir y trabajar de forma coordinada, Dios añadirá otras personas que también sean aptas para vivir y trabajar de ese modo. Si Dios no puede realizar Su edificación en nosotros hoy, Él lo hará más tarde. Los que entran en la gloria de Dios necesitan ser edificados por Él.
Para ser edificados, es crucial ser capaces de coordinarnos con otros. Para estar coordinados, necesitamos ser quebrantados. Tal vez nos consideremos piedras excelentes, sin embargo no conseguimos ser edificados juntos.
De modo semejante, podemos considerar a alguien que es capaz de coordinarse con otros como una piedra fea. Eso solo muestra que lo que de hecho importa es que alguien sea capaz de ser edificado junto a otros y no su grado de "espiritualidad".
No es fácil para Dios encontrar un grupo de personas dispuestas a someterse mutuamente y a ser edificadas por Él juntas. Dios quiere derramar Su bendición, sin embargo no es nada fácil encontrar vasos así.
El Señor afirmó que si dos o tres están reunidos en armonía, Él estaría con ellos y sus oraciones serían respondidas (Mt 18:19-20). En otras palabras, las bendiciones de Dios están dondequiera que la edificación se manifieste.
Si diez por ciento de los que sirven en Taipéi están unánimes, la bendición de Dios acompañará su servicio. Por otro lado, si no existen discusiones en una ciudad, pero tampoco existe edificación, la bendición de Dios no se hará presente.
La bendición de Dios se basa en la unanimidad, en la armonía de espíritu unos con otros, en la verdadera coordinación entre nosotros y en la unidad genuina. Por ejemplo, si cinco hermanos y cuatro hermanas se reúnen, los hermanos deben ser sumisos unos para con los otros exactamente como las hermanas.
Si un hermano escoge un himno, todos deben cantar juntos con regocijo. Este tipo de condición y de espíritu traerá la bendición de Dios sobre ustedes.
Hay también mucho orgullo en nuestro medio. Es doloroso oír preguntas como: "¿Por qué él es anciano y yo no? ¿Por qué él lidera toda la iglesia y yo solo un grupo en las casas?". Eso es orgullo.
El orgullo es fuente de sospechas y nos lleva a pensar que los ancianos tienen alta consideración por otros, pero no por nosotros. Eso es vergonzoso.
Si esa es nuestra condición, podremos predicar mensajes maravillosos, sin embargo nuestra obra no traerá resultados. La cuestión principal es nuestra persona, y no la forma en que hablamos. La habilidad de predicar mejor que Pablo no hará nuestra obra más eficaz. Todo depende del estado de nuestra persona.
Una persona orgullosa generará otros orgullosos. Producimos frutos de acuerdo con nuestra especie. Cosechamos lo que sembramos. Quien ministra la palabra con orgullo no debe esperar cosechar frutos de humildad.
Quien administra la iglesia con orgullo no debe esperar cosechar una iglesia humilde. Si administramos la iglesia de forma orgullosa, ella puede levantarse para condenarnos e incluso rechazarnos. La presencia de tal condición en nuestro medio nos da una pesada carga.
Necesitamos percibir lo que Dios realiza en el universo hoy. Alguien puede decir orgullosamente: "¡Vean! Todas estas personas fueron salvas por mi medio". Podemos haber conducido a muchos a la salvación, pero pueden estar todos enfermos, porque nosotros estamos enfermos.
De ese modo causamos daño a la iglesia y no tenemos cómo evitar que nuestra enfermedad se propague. Los que aman al Señor no elogiarán nuestra obra. Si esperamos ser igualmente amados y alabados por quien ama y alaba al Señor, cosecharemos el fruto de nuestro esfuerzo algún día.
En Mateo 7:22-23, el Señor dijo: "Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Entonces les declararé: Nunca os conocí. Apartaos de mí, los que practicáis la iniquidad".
En esos versículos "nunca os conocí" significa "nunca os aprobé". El Señor no aprobaba lo que ellos hacían. Por lo tanto, siempre debemos preguntarnos si nuestra predicación del evangelio y nuestra administración de la iglesia son o no para la edificación.
Tal vez pensemos que somos competentes para administrar la iglesia, pero después de tres años la iglesia estará en rebelión. Que el Señor tenga misericordia de nosotros y percibamos que el espíritu de Babel es rebelión, y eso es intolerable.
Si podemos acoger con humildad Su misericordia, seremos bendecidos. Que el Señor tenga misericordia de nosotros y nos libre del espíritu de Babel para que nos volvamos humildes y sumisos.
La semilla del orgullo en el interior de todos nosotros es el mayor problema para el Señor en Su obra de edificación. Ella es la fuente de nuestra falta de edificación.
Si queremos ser edificados, necesitamos someternos a los otros y acogerlos. La sumisión requiere humildad y el acogimiento requiere mansedumbre. Quien no es sumiso ni acogedor es orgulloso, sintiendo que puede hacer todo por sí mismo.
Disfrute más: Himno 152
"Ya que por Tu senda estrecha
Sólo debo caminar,
Oh Señor, rompe mi orgullo,
Para en obediencia andar.
No por más poder te pido,
Sino en Tu muerte estar,
Y que en mí la Cruz opere
Tan profunda realidad."
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