miércoles, 9 de abril de 2025

La administración de la iglesia y el ministerio de la palabra, semana 4, capítulo 5, miércoles

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO CINCO:
LA UNIDAD EN JUAN 17

SEMANA 4 - MIÉRCOLES
Lectura Bíblica: Sal 101

Leer y orar: "Mis ojos pondré en los fieles de la tierra, para que estén conmigo; el que anda en camino de integridad, éste me servirá. No habitará dentro de mi casa el que hace fraude; el que habla mentiras no permanecerá ante mis ojos." (Sal 101:6-7)

DIFICULTADES Y PROBLEMAS DEBIDOS
PRINCIPALMENTE AL INDIVIDUALISMO

Hay ciertos asuntos que me hacen sufrir. Después de oír hablar a un hermano, algunos vinieron a mí y se quejaron de que él atacó a otros en su hablar. Cuando los hermanos dan mensajes, su propósito es instruir. En cuanto al contenido de los mensajes, no creo que digan alguna herejía. Tampoco hay necesidad de atacar a otras personas mientras hablan. Si somos movidos por cuestiones emocionales en nuestra actividad, no haremos la obra de edificación.

Los santos tienen la sencillez de los niños. Los hermanos deben cooperar con Dios a fin de hablar de parte de Dios, con el propósito de edificación y no de demolición. Los que ministran la palabra no deben ofrecer ayuda con una mano y transmitir gérmenes con la otra. De lo contrario, los santos serán instruidos y heridos al mismo tiempo. Esto resultará en la demolición del edificio.

Después de escuchar un mensaje dado por un joven, algunas personas vinieron a mí y me inquirieron sobre lo que él dijo. Esto indica que hay una espina en su obra que hace sentir incómodas a las personas.

Podemos entender que realizamos una obra, sin embargo no percibimos que hay una espina interfiriendo en ella. Este tipo de obra no es provechosa. Nuestros mensajes no deben atacar a las personas; deben ser positivos.

Nuestro hablar debe transmitir vida. No debe llevar a las personas a hacer comparaciones negativas ni a tener un sentimiento crítico o de juicio. La meta al hablar es la edificación. Por tanto, no debemos dar la impresión a los santos de que lo que hablamos es más elevado que lo que hablan los demás. En cambio, los santos deben percibir que nuestra palabra está en armonía con la de los demás. No deberían quedar con la sensación de que un hermano ataca a otro cuando predica. Aunque hablen desde diferentes perspectivas, ellos son uno.

Por esta razón, necesitamos esforzarnos para hablar palabras que edifican. Esto requiere que estemos quebrantados y edificados juntos. De lo contrario, no será posible hacer la obra de Dios. Este es un asunto solemne.

Aunque las iglesias estén fundamentadas en base adecuada, la situación entre ellas parece ser de gobierno autónomo. No debemos tener aromas locales distintos; más bien, debemos tener sólo el aroma de Cristo.

Por ejemplo, si vamos a la ciudad de Kaohsiung, debemos tener la sensación de que somos solamente la iglesia en Kaohsiung. Un creyente puede estar solamente en una ciudad, y debe servir para la edificación allí.

Esto, sin embargo, puede causar un nuevo problema, si la iglesia en una ciudad no está dispuesta a mantener comunión con otras. Cuando varias ciudades fueron levantadas por el Señor, los hermanos no sabían administrar la iglesia y, por tanto, dependían de otras iglesias. Por ejemplo, las iglesias en Taiwán y en Kangshan dependían de la iglesia en Kaohsiung.

Después de progresar un poco, pasaron a ocuparse de sí mismas sin depender de Kaohsiung. A pesar de no pelear, discutir ni contender con la iglesia en Kaohsiung, ellos tienen un gobierno autónomo. Los de Kaohsiung pueden incluso partir el pan con ellos, sin embargo existe un sentimiento de independencia. No hay ni siquiera edificación entre los santos individualmente.

La falta de edificación entre las iglesias resulta de la falta de edificación entre los santos. Los hermanos responsables de la obra con jóvenes no dependen unos de otros para tener vida. Esto es muy decepcionante. Ellos son inteligentes y hábiles y sienten que es más eficaz trabajar solos.

Este trabajo individual, sin embargo, no producirá resultado. A pesar de no pelear ni discutir con los demás, son incapaces de trabajar juntos y servir al Señor con un solo ánimo. Por tanto, no hay bendición.

No podemos engañar a los demás con relación a nuestra verdadera condición. Cuando otros tocan nuestro espíritu, logran percibir nuestra condición real y saben con certeza si somos o no honestos. Los responsables de la obra con los jóvenes no poseen espíritu corporativo. Pueden incluso decir que se necesitan unos a otros y que no pueden ser independientes; sin embargo, en su corazón desean no tener que trabajar con otras personas.

Si queremos tener la bendición del Señor y Su presencia, y si queremos que los demás sean perfeccionados, necesitamos aprender a ser edificados juntos. Necesitamos hacer cada obra en la posición, atmósfera y espíritu de ser edificados. Solamente así nuestro empeño producirá el resultado que Dios busca y bendice.

Si de hecho somos iluminados por Dios con esta verdad, nos postraremos en Su presencia y diremos: "No puedo vivir aparte de los demás. Necesito ser edificado independientemente de cuán espiritual yo sea".

Disfrute más: Himno 173

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