Leer y orar: "Yo les he dado a conocer Tu nombre y lo daré a conocer, para que el amor con que me amaste esté en ellos, y Yo en ellos." (Juan 17:26)
EN CUANTO A NOSOTROS MISMOS
Y PUROS EN CUANTO A LOS DEMÁS
En el servicio que prestamos no existe tal cosa como posición o estatus, ni debemos codiciar eso. No debemos esperar obtener alta consideración ni siquiera ser apreciados. Debemos, más bien, estar preparados para ser maltratados, sin ninguna muestra de aprecio por nuestros esfuerzos. Nuestra recompensa no proviene de los hombres.
Sin embargo, esa no es nuestra situación real. Antiguamente dejamos muy claro que nuestro camino era opuesto al del mundo. Dejamos claro que ese no era el camino para quien anhelaba gloria. No debemos decir que los que sirven al Señor deben ser respetados para atraer a otros al servicio del Señor. Un ambiente así demuestra que estamos en estado de degradación. Incluso si fuésemos respetados, otros se levantarían continuamente para servir al Señor; no pueden ser detenidos.
Necesitamos tener conciencia de que todo pertenece a Dios y Él asume toda la responsabilidad. Él nos condujo por este camino. Esta es Su obra. No podemos estimular a otros para eso ni controlarlos. Es vergonzoso utilizar recursos financieros con el fin de mantener a otros bajo control o incluso controlar a los siervos del Señor.
El Señor quiere que toda obra dependa de Él. La forma como somos tratados por los demás es secundaria y no debe molestarnos. Los que sirven al Señor necesitan estar preparados para poner todo en Sus manos y vivir solamente para Él. Dios es totalmente responsable por nuestras necesidades. Vivimos por fe, incluso cuando necesitamos hacer tiendas como Pablo (Hch 18:3; 20:34).
Necesitamos ser humildes y puros mientras servimos. Ser humilde es ponernos a un lado y someternos al arreglo de Dios. Ser puro es reconocer que todo viene de Dios y no tenemos otras motivaciones ni expectativas. Tomamos este camino ya sea que las personas nos elogien o se opongan a nosotros. Cuando somos apreciados, seguimos este camino; cuando no lo somos, aún así lo seguimos. Lo seguimos si están de acuerdo o no. Seguirle es algo totalmente entre nosotros y Dios; nada tiene que ver con ninguna otra persona o cosa. Quien sirve al Señor debe ser así.
Al llegar al final de su ministerio, Pablo dijo: "Todos los de Asia me abandonaron", y también: "En mi primera defensa, nadie estuvo a mi favor; más bien, todos me abandonaron" (2 Ti 1:15; 4:16). Parece que él quería decir que muchos recibieron su ministerio, pero ninguno permaneció con él en su primera defensa. No obstante, el Señor permaneció con él y lo capacitó de tal forma que por medio de él "la predicación fuese plenamente cumplida" (v. 17). En el desempeño de nuestro servicio no debemos desear obtener la compasión de los demás. Nuestro camino depende del Señor.
Todos los que sirven al Señor necesitan ser humildes en cuanto a sí mismos y puros en cuanto a los demás. No deben anhelar la aprobación de los hermanos ni esperar una posición elevada, un trato excelente, elogios o reacciones positivas. Necesitamos ser puros en la meta de buscar solamente a Dios. También necesitamos ser humildes y someternos a los demás y a nuestras circunstancias.
Servimos al Señor y a los que Le aman. Si Él pudo incluso lavar los pies de los discípulos, ¿a quién no podemos servir? Si el Señor pudo ir al Hades, ¿dónde no podemos servir? Sea en una ciudad grande o pequeña, ya sea como ancianos que administran la iglesia o simplemente limpiando los baños, necesitamos dedicarnos al servicio.
Solamente de esta manera podemos realizar la obra de edificación. Este tipo de servicio producirá un resultado orgánico de edificación. De otro modo, nuestro servicio generará solamente "gigantes". Por favor, no olviden que sólo cosechamos lo que sembramos.
Satanás realiza una obra sutil para hacernos individualistas y para que vivamos en desacuerdo, a pesar de no discutir entre nosotros. De ese modo, trabajamos con una mano y demolimos con la otra. En una situación así es difícil tener la bendición; es difícil que nuestra obra produzca algún resultado orgánico.
La bendición de Dios está en actuar en común acuerdo y en unidad. La genuina unidad viene con la edificación. Si estamos edificados, podemos estar con los hermanos de cualquier ciudad en cualquier circunstancia. Sea como anciano o barriendo el suelo, servimos con acciones de gracias y alabanza. Somos flexibles en nuestra coordinación con los demás.
Si aprendemos esta lección delante de Dios, nuestro servicio como ancianos resultará en la edificación de la iglesia y nuestra limpieza del salón de reuniones también resultará en la edificación de la iglesia. Así, no importa qué libro de la Biblia quieran estudiar los ancianos, sea el Evangelio de Juan o las Epístolas a los Tesalonicenses, no tendremos preferencias personales. Desde que seamos edificados, no importa dónde somos colocados o qué se nos pide que hagamos, estamos en la edificación. Todo depende de si somos o no edificados por el Señor, y no de si somos o no solicitados a ministrar la palabra.
Los que sirven a tiempo completo no obtienen su sustento predicando; más bien, son los que sacrifican su futuro para servir al Señor. Que seamos los que están en el corazón del Señor y aprenden a recibir Su quebrantamiento. Que podamos decir como la hermana M. E. Barber: "Señor, no tengo otro deseo además de Ti".
EL AMOR FRATERNAL GENUINO ES LA EDIFICACIÓN
Otra razón para la falta de edificación entre los que sirven es la falta de amor los unos por los otros. Esa falta de amor mutuo me hace sufrir. No existe amor genuino entre nosotros y en verdad no nos importamos mucho unos a otros. Parece que estamos satisfechos con el mero hecho de entendernos unos a otros. Es como si fuésemos simples colegas. Sin el amor fraternal, sin embargo, perderemos nuestro testimonio y la bendición del Señor.
Debe existir amor extraordinario entre los que sirven. Este es un punto crucial abordado en Juan 13-17. La palabra del Señor para nosotros y Su oración fue que nos amemos unos a otros (13:34; 15:12, 17). Tal amor entre nosotros proviene de nuestra unidad con el Señor, y no es algo común. Significa amarnos unos a otros en la vida divina y en el amor del Señor (17:26). Solamente ese amor puede edificarnos juntos.
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"Lloro yo, pues se han llevado a mi Señor"
¿Dónde está mi Jesús,El Amado,A quien mi alma anhela ya?Jesús, mi amor, sólo a Ti quiero amar.
¿Dónde está mi Jesús,El Amado?¿Dónde lo pusiste, di,Y yo lo tomaré de aquí?
He hallado a mi Jesús,El Amado,A quien mi alma anhela ya.Jesús, mi amor, sólo a Ti quiero amar.
“Subo a mi Padre,Y al Padre de ustedes;Subo a mi Dios,Y al Dios de ustedes. Ve, diles a mis hermanos”.
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