lunes, 7 de abril de 2025

La administración de la iglesia y el ministerio de la palabra, semana 4, capítulo 5, lunes

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA  
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA  

CAPÍTULO CINCO:  
LA UNIDAD EN JUAN 17  

SEMANA 4 - LUNES  
Lectura Bíblica: Jn 12:23-24; 13:31-32; 14:20-24; 17; 20:22;  
Hch 1:3, 14; Ef 4:11-13  

Leer y orar: "Respondió Jesús: El que me ama, guardará mi palabra; y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él." (Jn 14:23)


EL PROCESO DE LA UNIDAD

Juan 17 es la oración del Señor en la cual Él pide al Padre que cumpla todo lo que fue dicho en los capítulos catorce al dieciséis. En el capítulo catorce, el Señor habló acerca del Consolador que había de venir; en el quince habló de la vid, mostrando que nuestra relación con Él se asemeja a la unión de la vid con los pámpanos; y en el dieciséis dijo que el factor singular e incomparable de esa unión es el Espíritu Santo. El Espíritu Santo viene no solo para convencernos del pecado a fin de unirnos al Señor en amor, sino también para transmitirnos todo lo que el Padre y el Hijo tienen.  

Juan 17:1 empieza con "Estas cosas habló Jesús", donde "estas cosas" se refiere al contenido de los capítulos catorce al dieciséis. Después de decir lo que dijo en esos capítulos, el Señor oró al Padre: "Padre, ha llegado la hora. Glorifica a Tu Hijo, para que el Hijo Te glorifique a Ti" (v. 1). El Señor había profetizado que sería glorificado y que el Padre sería glorificado en Él (12:23; 13:31-32).  

En 12:24 dijo que moriría como grano de trigo para que la cáscara de Su humanidad se rompiera y la vida divina en Su interior fuera impartida a muchas personas para ser expresada por medio de ellas. Como esa vida divina es el elemento divino de Dios Padre, el Padre es glorificado en el Hijo mediante la glorificación del Hijo.  

La frase "voy a Ti" en 17:11 confirma las palabras del Señor en el capítulo catorce, que Él iría al Padre y que Su ida era Su venida. Consecuentemente, la oración del Señor en el capítulo diecisiete revela el significado de lo dicho en los capítulos catorce al dieciséis. El Señor deseaba que todos los creyentes fueran uno así como los tres del Dios Triuno —el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo— son uno.  

Juan 14:20-24 dice: "En aquel día vosotros conoceréis que Yo estoy en Mi Padre, y vosotros en Mí, y Yo en vosotros. El que tiene Mis mandamientos y los guarda, ése es el que Me ama; y el que Me ama será amado por Mi Padre, y Yo lo amaré y Me manifestaré a él. Le dijo Judas, no el Iscariote: Señor, ¿qué ha pasado, que Te has de manifestar a nosotros, y no al mundo? Respondió Jesús y le dijo: Si alguno Me ama, guardará Mi palabra; y Mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada con él. El que no Me ama no guarda Mis palabras; y la palabra que oís no es Mía, sino del Padre que Me envió".  

Estos versículos muestran cómo llega a existir la unidad. Por Su muerte y resurrección, Su ida, el Señor entró en Dios y en Él también introdujo al hombre, haciendo de Dios la habitación del hombre y del hombre la morada de Dios. Así es como llegó a existir la unidad.  

Esa unidad es consecuencia de la edificación, el resultado de que el Señor haya ido a preparar lugar. La preparación de un lugar es la edificación; y esa obra de preparación es la obra de la edificación, que tiene como resultado la unidad.


LA UNIDAD ES MEDIANTE LA EDIFICACIÓN  

En una casa física todos los materiales están unidos como uno solo porque fueron edificados. Esto también se aplica al edificio espiritual. Si un hermano no vive la edificación, será difícil que sea uno con los hermanos de la iglesia. Una piedra o una tabla necesita pasar por el proceso de edificación para llegar a ser parte de la casa.  

Efesios 4:11-13 nos muestra que Dios dio apóstoles, profetas, evangelistas y pastores y maestros como dones para el perfeccionamiento de los santos para la edificación del Cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y al pleno conocimiento del Hijo de Dios. La unidad es el resultado de la edificación, y no es mera cuestión de tener los mismos puntos de vista y opiniones. La unidad es cuestión de ser edificados.  

Antes de que el Espíritu Santo descendiera en el día de Pentecostés, las ciento veinte personas en el aposento alto eran unánimes. Todos perseveraban unánimes en oración (Hch 1:14). Su unidad no surgió de modo instantáneo. Antes de orar en unanimidad, los discípulos habían recibido el Espíritu Santo (Jn 20:22).  

Esto se convirtió en el factor de su unidad, capacitándolos para orar con un solo ánimo. Ellos también estuvieron bajo la dirección del Señor Jesús durante tres años y medio y por Él fueron enseñados durante cuarenta días después de Su resurrección (Hch 1:3).  

La dimensión de la edificación determina la dimensión de nuestra unidad. Por ejemplo, aunque los hermanos de la iglesia en Taipéi no tengan opiniones que imponer ni discutan, no podemos afirmar que eso sea unidad. La genuina unidad proviene de ser edificados. Tal vez no haya unidad ni entre los que sirven.  

La ausencia de contiendas no significa necesariamente que seamos uno. Una cosa es no discutir; otra muy diferente es ser uno. Para tener unidad, necesitamos ser edificados por Dios. Por este motivo, no podemos apartarnos de la iglesia, no podemos apartarnos de los hermanos con quienes debemos ser edificados.  

Una pieza de madera puede ser buen material de construcción, pero si no es edificada como parte de la casa, será inútil. No basta con ser buen material. Solamente cuando los materiales son edificados como parte de la casa puede existir la genuina unidad.

Disfrute más: Himno S-81

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