Leer y orar: “De allí partieron para Beer; este es el pozo del cual dijo el Señor a Moisés: Reúne al pueblo, y les daré agua. Entonces cantó Israel este cántico: ¡Brota, oh pozo! ¡Cantadle!” (Números 21:16,17)
Como responsables del ministerio de la palabra en las iglesias, necesitamos aprender a tener un punto principal y al mismo tiempo ser capaces de suministrar la palabra en todos los aspectos. Nadie puede decir que lo único que sabe hacer es predicar el evangelio. Debemos descubrir cómo guiar a los responsables de las reuniones en los hogares y en los grupos pequeños. Necesitamos buscar tener una palabra para ellos y una palabra para suplir todas las necesidades de los santos.
Estamos centrados en el ministerio de la palabra. Podemos hablar de Cristo, el Hijo de Dios, la cruz, cómo tratar con la carne y otros temas que suplen a los santos. Sin embargo, también necesitamos palabras que cuiden de los que sirven. Aunque la palabra en una iglesia pueda tener a Cristo, el Hijo de Dios, la cruz y cómo tratar con la carne como centro de atención, existe la necesidad también de hablar sobre otros aspectos.
Por ejemplo, si comemos filete en la mañana y en la noche, tarde o temprano tendremos problemas. Así como los seres humanos necesitan ser nutridos de diferentes elementos, todos necesitamos toda clase de alimento. Y no solo eso, como también los chinos del norte aprecian el ajo, y los occidentales gustan del café. Algunos prefieren salsa de soya y otros vinagre en sus comidas. Necesitamos aprender a suplir las diversas necesidades de los santos; de lo contrario, conocerán solo una verdad y perderán el equilibrio. Así la iglesia sufrirá gran pérdida.
Cuando los hermanos son fuertes en un aspecto, pero débiles en otros, es difícil que la iglesia se desarrolle. Podemos hablar del mismo punto si ministramos a más de una iglesia. Si yo me quedo en Tainan por dos meses, puedo concentrarme en servir a los santos el tema de cómo tratar con la carne. Si luego voy a Taichung por los dos meses siguientes, puedo servir a los santos lo mismo. Eso es aceptable, porque toda iglesia necesita aprender a tratar con la carne. No obstante, no será aceptable quedarse en una sola ciudad y hablar todos los años acerca de tratar con la carne. Eso hará que la iglesia se vuelva desequilibrada.
Por tanto, los que ministran la palabra necesitan aprender a ser versátiles. Esto se compara con un militar capaz de encargarse de cuestiones financieras y un financista capaz de encargarse también de asuntos educacionales. Un economista que solo se especializa en su área y no sabe nada acerca de asuntos militares no puede liderar un ejército. El general Tseng Kuo-fan era escritor, pero fue capaz de derrocar el comando rebelde conocido como “Reino Celestial de la Paz”. Él combinó tácticas militares con su experiencia política y de ese modo tuvo éxito y alcanzó la victoria. Por eso, nadie debe decir que solo puede hablar acerca de la cruz y especializarse en tratar con la carne.
Los que enfatizan el tema de tratar con la carne deben aprender a predicar el evangelio y enseñar a los hermanos a proceder en las reuniones. Necesitamos ser multifacéticos; de lo contrario, la iglesia quedará desequilibrada. Una buena ama de casa sabe preparar varios platillos. Aunque la zanahoria hace muy bien, ella no sirve solo zanahoria todos los días. De modo semejante, nosotros tampoco debemos hablar de cómo tratar con la carne en todas las reuniones. Debemos hablar de oración en la reunión de oración, de adoración en la Cena del Señor, de servicio en la reunión de comunión y de responsabilidad en un grupo pequeño de santos que tienen muchas cargas en el servicio. En todas esas diversas reuniones, el ministerio de la palabra es suplementario. El centro de atención puede ser cómo tratar con la carne y conocer a Cristo, pero aún es necesario suplir la palabra en otros aspectos.
La iglesia no debe recibir mensajes suplementarios sin que reciba mensajes centrales. Necesitamos cuidar de ambos. Este principio se aplica a la Biblia. Ninguno de sus libros abarca un solo tema. Por ejemplo, aunque Romanos se concentra en la justificación por la fe, también trae un saludo al inicio, una bendición al final y muchos otros aspectos de la verdad, como presentar el cuerpo y acoger a los santos. Estos aspectos no tienen que ver con la justificación por la fe, el mensaje central, pero están ligados a ella. Efesios es profundo, pero incluye temas relacionados con honrar a los padres, sumisión a los esposos, amor a la esposa, no dejar que el sol se ponga sobre la ira y no robar más (6:1; 5:22, 25, 33; 4:26, 28). Este libro se concentra en la iglesia como el Cuerpo de Cristo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todas las cosas (1:23), sin embargo hay muchos otros temas suplementarios.
En la iglesia edificamos el Cuerpo de Cristo; por eso nos concentramos en ayudar a las personas a conocer al Cristo todo-inclusivo, la cruz y cómo tratar con la carne. Sin embargo, nuestra palabra debe suplir también las varias otras necesidades de los santos. A veces existe la necesidad práctica de una palabra de consuelo o sobre el sufrimiento, a pesar de no ser tan importante como el mensaje central.
Por ejemplo, después de orar en la reunión de oración por una familia que pasaba por pruebas y algunos hermanos desempleados o enfermos, usé los diez minutos restantes para hablar acerca de sufrimientos y pruebas. Eso trajo consuelo y aliento a los oyentes. Luego compartieron esas palabras con la familia de modo que la familia entera fue animada y fortalecida.
Eso muestra que el ministerio de la palabra debe ser vivo y multifacético. Jamás debemos pensar que después de predicar un mensaje el domingo nuestra carga terminó y así podemos relajarnos hasta el jueves por la noche cuando, entonces, vamos “a la cruz” una vez más al hablar. Eso es inadmisible. Necesitamos aprender a ser versátiles para atender a todas las necesidades. Puede ser que no hayamos considerado hablar sobre aflicciones, pero, al oír las oraciones de los hermanos en la reunión de oración y ver las lágrimas derramadas por el sufrimiento y tristeza de la familia, terminamos dándonos cuenta de que existe una necesidad.
Como resultado, después de la reunión de oración debemos levantarnos y compartir algo según nuestra inspiración. Esta inspiración resulta del ejercicio diario. El Espíritu de Dios no se mueve en piedras; por tanto, versículos o mensajes relacionados con el sufrimiento necesitan formar parte de nuestra constitución. Entonces, cuando sintamos en el espíritu que los hermanos necesitan esa palabra, seremos capaces de ofrecerles consuelo, fuerza e instrucción en medio de los sufrimientos. Eso requiere mucha preparación.
Nadie se convierte en actor, cantante o músico famoso de la noche a la mañana. Es preciso que se dedique con todo su ser para llegar a ser famoso o tener éxito. Un actor debe estudiar cómo hablar y reír. Necesita aprender a reír para sensibilizar a los demás. Entonces, cuando él ría en el escenario, la audiencia será tocada por el mismo sentimiento y reirá con él. Cuando llore en el escenario, la audiencia también se conmoverá hasta llorar. Sin embargo, esa habilidad no se adquiere en un mes. Él necesita gastar tiempo todos los días estudiando, practicando y aprendiendo con los mejores actores del pasado y del presente. Necesita aprender con ellos y añadir sus propias ideas a fin de producir algo nuevo. De ese modo podrá crear un estilo propio exclusivo.
No estoy animando a nadie a convertirse en un gran maestro; más bien, mi deseo es que nos esforcemos por hacer nuestra obra de manera respetable. Jamás debemos pensar que, puesto que nuestras verdades son tan valiosas, ya tenemos contenido suficiente para las próximas ciento cuatro semanas. Si pensamos de ese modo, terminaremos siendo negligentes y mecánicos. En vez de eso, debemos invertir tiempo todos los días para considerar y estudiar la condición de los hermanos y la situación de la iglesia. No debemos meramente copiar los mensajes que nos fueron transmitidos por terceros sin estudiarlos.
Si nos esforzamos en el estudio, vamos a ejercitar el espíritu, recibir carga y ministrar a las personas según sus necesidades. Cuando ejercitemos el espíritu en una reunión de matrimonio, conoceremos la necesidad de la pareja y diremos una palabra que la llene. En una reunión en memoria de alguien, sabremos si la familia necesita consuelo o aliento y, así, la supliremos de acuerdo. Este ejercicio requiere mucha preparación.
Nuestro ministerio de la palabra necesita tener un enfoque central y nosotros necesitamos ser versátiles. Necesitamos aprender a ministrar la palabra para atender a diferentes necesidades. No debemos considerar esto algo fácil de hacer. Siempre que ministremos necesitamos tener un enfoque y también estar atentos a las varias necesidades, procurando suplirlas. De otro modo nuestro ministerio será desequilibrado y la iglesia enfrentará grandes pérdidas. Como la mayoría de los colaboradores permanece en un solo lugar, cuidando de una sola ciudad, el ministerio de la palabra necesita abarcar muchos aspectos, si no, la iglesia sufrirá pérdidas.
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