miércoles, 14 de mayo de 2025

La administración de la iglesia y el ministerio de la palabra, semana 9, capítulo 12, miércoles

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO DOCE:
LA PALABRA SIRVE PARA SUMINISTRAR
Y LA ADMINISTRACIÓN SIRVE PARA EDIFICAR

SEMANA 9 - MIÉRCOLES
Lectura Bíblica: Hch 8:1; 11:22; 1 Co 1:2; 1 Co 10:17; 2 Co 1:1; Ef 2:22; 4:11-12; 1 P 2:5; Ap 14:15; 22:7, 12

Leer y orar: "A la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos, con todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro: gracia y paz a vosotros, de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo." (1 Co 1:2, 3)

LA IGLESIA EDIFICADA
APRESURA EL REGRESO DEL SEÑOR

La bendición de Dios está en el Cuerpo, en Su morada. Esta es la era de la gracia. Dios concede gracia a todos los creyentes, incluso a los católicos. Él hace salir Su sol sobre malos y buenos, y envía lluvia sobre justos e injustos (Mt 5:45); eso es gracia. Sin embargo, no podemos afirmar que los creyentes que están en el catolicismo pueden satisfacer el deseo y la necesidad del corazón de Dios en esta era.

Siguiendo el mismo principio, podemos salvar a muchas personas y perfeccionarlas para que sean espirituales, pero eso no puede satisfacer el deseo del corazón de Dios. El deseo de Su corazón es obtener un Cuerpo edificado en la era presente. Eso es lo que Él está realizando.

Si los escogidos de Dios aún no están edificados, necesitan serlo algún día. No existen creyentes dispersos en el nuevo cielo y la nueva tierra. Más bien, todos están edificados juntos como una ciudad, cuyos cimientos y muros son piedras preciosas, y cuyas puertas son perlas. No debemos esperar al futuro para ser edificados.

Quizás no sepamos cómo ser edificados, pero Dios quiere que Sus creyentes lo sean. Él nos dice claramente que después de ser salvos debemos ser edificados. Somos la casa edificada por Dios (Ef 2:22; 1 P 2:5). Dios concede diferentes dones para la edificación del Cuerpo (Ef 4:11-12). Si sinceramente deseamos los dones, debemos desear el don de edificar la iglesia.

Dios desea una morada, un Cuerpo, sin embargo ha encontrado muchas dificultades en los últimos dos mil años. No es difícil llevar a las personas a la salvación ni ayudarlas a ser espirituales. No obstante, es realmente difícil edificar a un grupo de personas como un solo Cuerpo espiritual, una morada corporativa. Por esa razón no ha habido mucha edificación en la historia de la iglesia.

El hermano T. Austin-Sparks me preguntó una vez cuál era mi percepción acerca de la segunda venida del Señor. Le respondí que mi percepción interior era que el regreso del Señor aún no estaba cercano. Según Apocalipsis 14:15, la mies de la tierra necesita madurar para ser cosechada. La mies madura y su inminente siega se refieren a la cosecha del Señor de Sus creyentes maduros en Su venida.

Sin embargo, el pueblo de Dios, Su mies, no está maduro. Hay solamente brotes tiernos. El Señor de la mies no puede regresar cuando aún no hay nada que cosechar. Este asunto involucra el arrebatamiento de los creyentes y la madurez de vida. Si la iglesia persigue la edificación con empeño, los creyentes madurarán más pronto, y el Señor de la mies podrá regresar para segarla. Quien cultiva arroz sabe que todos desean cosechar pronto si el arroz ya está maduro. Pero si los campos aún están verdes, no hay manera de hacer la cosecha.

Hace dos mil años el Señor dijo: "He aquí, vengo pronto" (Ap 22:7, 12). Él desea regresar, pero la mies de la tierra no está madura. ¿Cómo podría regresar antes de que la mies madure? Apocalipsis 14:15 no depende de un cronograma, depende de la vida. Cuanto más rápido madure nuestra vida, más pronto vendrá Él. Si necesitamos más tiempo para madurar en vida, Él regresará más tarde.

Desde el punto de vista de la madurez en vida, la iglesia está llena de campos aún verdes e incluso desolados. Puesto que no hay edificación, los que han sido iluminados llorarán por la situación de desolación, pues no podrán regocijarse. Lo que nos entristece aún más es la condición de la iglesia con respecto a la edificación. Lloramos día tras día por ese motivo, porque nadie habla acerca de la edificación de la iglesia y no hay mucha edificación entre nosotros.

Por supuesto, debemos prestar atención a la propagación de la obra, pero debemos dar aún mayor atención a la edificación. De otro modo, el Señor no tendrá camino y nuestra obra no tendrá camino. Si no tenemos camino, los santos tampoco lo tendrán.

Ha llegado el momento en que necesitamos con urgencia la edificación. Al participar en la obra del Señor, en todo lo que hagamos, sea en la administración de la iglesia, en el ministerio de la palabra o en la visitación de los santos, debemos aferrarnos al principio de que nuestra obra debe resultar en la edificación de los creyentes. Debemos ser capaces de edificarlos uno por uno como parte del Cuerpo de Cristo, un vaso corporativo de Dios en la tierra.

Dios desea un vaso corporativo, no individual. Si nuestro deseo es meramente perfeccionar a las personas para su espiritualidad individual, no queda mucho por aprender. Pero si deseamos participar en la obra de edificación, hay muchas lecciones por aprender y necesitamos ser corregidos en muchas áreas. La administración de la iglesia necesita ser corregida, el ministerio de la palabra necesita corrección y la forma en que visitamos a las personas en sus necesidades necesita ser corregida. Necesitamos aprender lecciones con diligencia. No hay mucho del elemento de edificación en nuestra administración de la iglesia y ministerio de la palabra.

De ahora en adelante, la administración en todas las iglesias debe concentrarse en las personas, no en asuntos administrativos. Debemos concentrarnos en todos los creyentes, no en individuos específicos, para que lleguen a ser un vaso corporativo. Estamos siendo edificados en coordinación con otros y aprendiendo a administrar y ayudar a los demás. Aprenderemos a suplir la falta de algunos y a eliminar el exceso de otros, o a añadir a los que tienen poca utilidad y ayudar a los que ya son útiles a desarrollarse aún más en su servicio.

También aprenderemos a ayudar a otros a actuar de forma coordinada, de modo que no haya individuos espirituales que ejerzan su función en el Cuerpo de manera individualista. En lugar de eso, todos los creyentes deben estar unidos como uno solo a fin de ejercer sus funciones de forma coordinada unos con otros. Haciendo esto, prepararemos un excelente camino para el regreso del Señor.


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