LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA
CON RELACIÓN A LA REUNIÓN DE LECTURA BÍBLICA
Leer y orar: "¡Oh, cuánto amo tu ley! ¡Todo el día es ella mi meditación!" (Sal 119:97)
Algunas ciudades van muy bien con relación a la administración de la iglesia y el ministerio de la palabra. De modo general, sin embargo, la administración de la iglesia es más débil que el ministerio de la palabra en todas las ciudades.
Según la función, el ministerio de la palabra es más importante que la administración de la iglesia. Por eso existe mayor necesidad del ministerio de la palabra que de la administración de la iglesia en todas las ciudades.
Los mensajes predicados el domingo son comunes y genéricos. Como no son vivos, se han vuelto rutinarios y monótonos, y no causan impacto. Por lo tanto, las iglesias deben prestar atención a la palabra ministrada en todas las reuniones, y no solo el domingo.
La palabra ministrada en las demás reuniones con frecuencia causa un impacto definido. Por ejemplo, en una ciudad la reunión de lectura bíblica ha sido conducida de forma exitosa y está llena de la presencia del Señor.
Tener un responsable de la reunión
Toda iglesia local debe esforzarse en llevar a los hermanos a apasionarse por la lectura de la Biblia, para que tengan placer en leerla. Si es posible, la iglesia en cada ciudad debe esforzarse por tener una reunión en la cual los hermanos lean la Biblia.
La reunión de lectura pública en la iglesia que citamos arriba tiene un responsable. Por un lado, los líderes piden a los santos que lean la Palabra; por otro, siempre hay un responsable de la reunión, a quien se le da al menos entre veinte a treinta minutos para hablar sobre algunos asuntos relevantes. En sus reuniones, los hermanos comparten en la primera mitad de la reunión y luego la persona responsable desarrolla el pasaje que leyeron. Esta es una característica de sus reuniones.
Recibir el suministro espiritual
Otra característica es que en el desarrollo de la palabra entre los hermanos, el énfasis no recae sobre la lógica o la exposición bíblica, sino sobre el suministro espiritual. A pesar de estudiar la Palabra, su desarrollo no se limita a simplemente leerla, sino a suministrar vida con base en la comprensión espiritual obtenida gradualmente a partir de un versículo, frase o pasaje.
Existe la tentación en una reunión de lectura bíblica de exigir que todos comprendan y memoricen los puntos clave de un resumen hecho a partir del estudio. No debemos caer en esa tentación, porque eso termina convirtiendo nuestras reuniones en una práctica sin vida.
Las reuniones de lectura bíblica, sin embargo, han caído de alguna manera en esa tentación. Al ayudar a los hermanos a leer la Palabra, no debemos explicar cómo se dividen las varias secciones ni debemos compartir con relación al bosquejo o puntos que elaboramos. Más bien, debemos compartir la luz de la vida y el suministro espiritual.
Un hermano iluminado y firme en la Palabra debe hacer una síntesis de veinte a treinta minutos. La primera parte de la reunión le da al Espíritu Santo la oportunidad de liberar las riquezas por medio de los hermanos y les da a estos la oportunidad de practicar. No obstante, las reuniones de lectura bíblica no dependen de ese compartir. No importa si ese compartir de los hermanos es rico o pobre, no afecta la reunión, porque la palabra de cierre suministrará y alimentará a todos.
Si dependemos solamente del compartir entre los hermanos, las reuniones pueden no ser consistentes y el apetito de los santos por la reunión se perderá. Dejarán de considerar la reunión de lectura bíblica como algo importante y la asistencia disminuirá.
Por ejemplo, en Taipéi el número de participantes en las reuniones de lectura bíblica disminuye gradualmente. Una de las razones puede ser el compartir improductivo. No debemos permitir que las personas sientan que la reunión de lectura bíblica es insignificante. Si llegan a la reunión con el estómago vacío y regresan a casa del mismo modo, sentirán como si la reunión fuera una pérdida de tiempo. Llegarán con gran expectativa y saldrán decepcionados.
Además, en el compartir y en la síntesis necesitamos liberarnos de los bosquejos listos. Cuando los hermanos comienzan a leer la Biblia, podemos ayudarlos con un bosquejo para que entiendan cómo están subdivididos los capítulos. Pero, a medida que la reunión prosigue, no debemos concentrarnos en el bosquejo; de lo contrario, nuestra reunión no tendrá vida.
No abarcar material en exceso
En la reunión de lectura bíblica, es mejor leer un capítulo por semana. No es recomendable abarcar demasiado material. Esto puede compararse con la alimentación. Si tragamos comida sin masticar, no podremos saborearla. Un capítulo por semana puede considerarse una lectura muy lenta. Como los santos se reúnen solamente una vez por semana, algunas iglesias los animan a leer un capítulo por día en casa.
De este modo pueden leer seis capítulos en una sola semana. Esto es muy bueno. Sin embargo, no deben abarcar los seis capítulos cuando se reúnan para compartir. En lugar de eso, es mejor abordar solo uno. Por lo tanto, sea predicando un mensaje o leyendo la Palabra juntos, nunca debemos tratar de abarcar demasiado material. Este es un principio muy importante. Basta con abordar un punto por reunión. Abordar dos o más temas puede llevar a que la reunión pierda el enfoque y así sea arruinada. Por eso no es bueno abarcar demasiado material.
Si leemos seis capítulos de la Biblia por semana, habremos leído más de trescientos capítulos en cincuenta y dos semanas, sin embargo no lograremos recordarlos todos. Sin embargo, si leemos un capítulo por semana en la reunión con comprensión y suministro, habremos leído cincuenta y dos en un año. ¡Cuán precioso será eso! Quedará bien grabado en los santos y estimulará su amor por la lectura de la Biblia, llevándolos a leerla por sí mismos. ¡Quizás hasta lean seis capítulos por día! De ese modo, formarán el hábito personal de leer la Biblia.
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