viernes, 20 de junio de 2025

El Peregrino, semana 1, sábado, capítulo 4

EL PEREGRINO - EL VIAJE
DEL CRISTIANO A LA CIUDAD CELESTIAL

CAPÍTULO 4

SEMANA 1 - SÁBADO

Leer y orar: "Entrad por la puerta estrecha (ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella), porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan." (Mt 7:13,14)


Cristiano llega a la puerta estrecha;
pide el cumplimiento de la promesa evangélica,
llama, y es recibido con amabilidad

Poco tiempo después, Cristiano llegó felizmente al pie de la anhelada puerta estrecha, sobre la cual estaba escrito este dístico: "Llamad, y se os abrirá" (Mateo 7:7).

Llamó repetidas veces, diciendo: ¿Se me permitirá entrar ahora? ¿El que está dentro querrá recibirme, a mí, miserable pecador, a pesar de haber sido rebelde y no tener ningún mérito? ¡Oh! si logro entrar, cantaré eternamente sus alabanzas en las alturas.

Finalmente se acercó a la puerta una persona llamada Buena Voluntad, y preguntó: ¿Quién eres? ¿De dónde vienes? ¿Qué deseas?

Cristiano – Señor, soy un pobre pecador, cansado y cargado. Vengo de la ciudad de la Destrucción, y me dirijo al monte Sion para escapar de la ira venidera. Me han dicho, honorable hombre, que para seguir mi camino debo entrar por esta puerta, y deseo saber si me das permiso para entrar.

Buena Voluntad – ¡Claro que sí! con mucho gusto. – y, diciendo esto, le abrió la puerta. Cuando Cristiano iba entrando, Buena Voluntad lo empujó con fuerza hacia dentro.

Cristiano – ¿Qué significa esto?

Buena Voluntad – Aquí cerca hay un castillo, cuyo gobernador es Belcebú, que junto con sus soldados, dispara continuamente flechas contra los que se acercan a esta puerta, para matarlos antes de que entren.

Cristiano – Me alegra tanto como me estremezco al saber que estuve en tal peligro.

Buena Voluntad – Ahora que ya estás libre y tranquilo, respóndeme: ¿Quién te envió aquí?

Cristiano – El señor Evangelista, quien me dijo: Ve allí y llama a la puerta; allí te dirán lo que debes hacer.

Buena Voluntad – Tienes abierta una puerta que nadie podrá cerrarte.

Cristiano – ¡Qué afortunado soy! Comienzo a cosechar el fruto de mi osadía.

Buena Voluntad – Entonces, ¿viniste solo?

Cristiano – Vine; porque ninguno de mis vecinos comprendió, como yo, el peligro en que se encontraba.

Buena Voluntad – Pero, ¿alguien supo de tu partida?

Cristiano – Primero, mi esposa y mis hijos, que no querían dejarme partir; y al clamor de ellos acudieron varios vecinos que también me llamaban a gritos; pero yo me tapé los oídos y seguí mi camino.

Buena Voluntad – ¿Y nadie te siguió para aconsejarte que volvieras a casa?

Cristiano – Me siguieron Obstinado y Flexible, pero cuando se convencieron de la inutilidad de sus esfuerzos, me dejaron – el primero, cubriéndome de insultos y el segundo poco después.

Buena Voluntad – ¿Y por qué no vino contigo el segundo?

Cristiano – Cuando llegamos al Pantano de la Desconfianza, ambos caímos en el lodo, y tal fue el susto de mi vecino que no se atrevió a exponerse a otros peligros. Salió del pantano por el lado más cercano a su casa, diciéndome que me dejaba la plena posesión del bendito país. Luego siguió las pisadas de Obstinado y yo continué mi camino hacia esta puerta.

Buena Voluntad – ¡Qué desdichado es ese vecino tuyo! La gloria celestial tiene para él tan poco valor que no le parece digno arriesgarse a algunos peligros para alcanzarla.

Cristiano – Señor, es verdad lo que dije de Flexible; pero si comparamos su proceder con el mío… no sé cuál de los dos será peor. Yo también me desvié de este camino para seguir el de la muerte, porque escuché los argumentos carnales de un sujeto llamado Sabio-Según-el-Mundo.

Buena Voluntad – ¡¿Qué dices?! ¿Te encontraste con él? ¿Y luego? Seguramente te aconsejó que buscaras en manos del señor Legalidad tu alivio y descanso, ¿verdad? ¡Qué par de impostores son! ¿Y seguiste su consejo?

Cristiano – Lo seguí, hasta donde pude. Iba en busca del tal señor Legalidad; pero cuando llegué al pie de la montaña cercana a su casa, tuve miedo de que se me viniera encima, y me detuve.

Buena Voluntad – ¡Ah! Es incalculable el número de muertes que esa montaña tiene a su cuenta. ¡Y cuántas causará aún! Dichoso tú, que escapaste de ser aplastado por ella.

Cristiano – Cierto, cierto, ¿quién sabe qué habría sido de mí, si en aquel momento de incertidumbre y temor, no se me hubiera aparecido el Evangelista? Si no fuera por él, nunca habría llegado aquí. Pero, por dicha, aquí estoy tal como soy, y ciertamente más digno de haber sido aplastado por la montaña que de estar hablando contigo. Gran favor me hiciste al abrirme la puerta, después de todo lo que te conté.

Buena Voluntad – No levantamos dificultades a nadie, cualquiera que haya sido su vida anterior. A nadie echamos fuera (Juan 6:37). Voy a darte ahora algunas indicaciones acerca del camino que debes seguir. Mira allá adelante. ¿Ves un camino estrecho? Por ahí has de ir. Por él pasaron los Patriarcas, los Profetas, Cristo y los Apóstoles: es un camino tan recto como una línea.

Cristiano – Entonces, ¿no tiene vueltas ni desvíos por donde se pierda un forastero?

Buena Voluntad – Sí, tiene muchas encrucijadas y atajos bastante anchos; pero la regla para distinguir el camino verdadero es esta: siempre recto y estrecho (Mateo 7:14).

Según observé en mi sueño, le preguntó después:

Cristiano – ¿No podré ser aliviado del peso de esta carga que llevo sobre los hombros? Si nadie me ayuda, no podré seguir adelante.

Buena Voluntad – No te desanimes. Sigue llevando tu carga con alegría, hasta que llegues al lugar donde serás libre de ella, pues por sí sola caerá de tus hombros.

Cristiano comenzó a ceñirse, preparándose para la marcha. Buena Voluntad le avisó que pronto encontraría la casa del Intérprete, donde debía llamar y escuchar cosas muy útiles y excelentes; y se despidió cariñosamente de Cristiano, deseándole un próspero viaje y la compañía del Señor.


Disfrute más:

Himno 221

"Unión con Cristo - Identificados con Su Muerte y Resurrección"

https://hinario.org/detail.php?id=562

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