CAPÍTULO 3
SEMANA 1 - VIERNES
Leer y orar: "escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado; teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón" (Heb 11:25,26)
Evangelista - Entonces, ¿cómo te extraviaste tan pronto del camino que te enseñé?
Cristiano - Apenas pasé el Pantano de la Desconfianza, encontré a un hombre que me persuadió de que en el pueblo vecino hallaría a alguien que me libraría de mi carga. Me pareció excelente persona, y tantas cosas me dijo que cedí y vine hasta este lugar; pero cuando me acerqué al pie del monte, y lo vi tan alto y tan vertical sobre el camino, me detuve de repente, temiendo que se desplomara sobre mí.
Este sujeto me preguntó adónde iba, a lo que le respondí con toda sinceridad. También quiso saber si tenía familia, y así se lo afirmé, añadiendo, sin embargo, que esta pesada carga me impedía hallar en ella la satisfacción que antes me proporcionaba. Pues bien —me dijo— es necesario que, cuanto antes, te libres de este tormento, y en vez de dirigirte a esa puerta estrecha donde esperas que te indiquen cómo lograr ese arduo deseo, seguirás por un camino más directo y mejor, donde no tropezarás a cada paso, con menos dificultades que en el otro camino, como bien sabes por experiencia.
Si marchas en esta dirección, llegarás en poco tiempo a la casa de un hombre muy entendido en quitar cargas pesadas. Le creí. Y, de inmediato, abandoné el camino que tú me habías indicado, y seguí este, pero cuando llegué a este lugar donde ahora estamos, sentí miedo, estoy indeciso y no sé qué hacer.
Evangelista - Espera un momento y oye las palabras del Señor: (Cristiano lo escuchaba de pie y temblando): "Mirad que no desechéis al que habla; porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos" (Hebreos 12:25). "Mas el justo vivirá por fe; y si retrocediere, no agradará a mi alma" (Hebreos 10:38). Y aplicando estas palabras a Cristiano, dijo: Aquel hombre que se precipitaba hacia la ruina eras tú. Comenzaste a apartarte del consejo del Altísimo y a retirar tu pie del camino de la paz, al punto de exponerte a perderte. Cristiano cayó a sus pies, casi desvanecido, exclamando: ¡Ay de mí, que estoy muerto!
A estas palabras, Evangelista le extendió la mano, diciendo: "Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres" (Mateo 12:31a). "No seas incrédulo, sino creyente" (Juan 20:27). Algo más animado, Cristiano se levantó, aunque aún avergonzado y tembloroso.
Evangelista prosiguió: Presta atención a lo que voy a decirte: vas a saber quién fue el que te engañó y hacia quién te dirigías. El primero era Sabio-Según-el-Mundo, nombre muy apropiado, primero, porque sólo gusta de las doctrinas de este mundo (1 Juan 4:5), por lo cual siempre asiste a la iglesia de la ciudad de Moralidad, y le gusta esa doctrina porque lo libra de la Cruz (Gálatas 6:12); en segundo lugar, porque siendo carnal su temperamento, procura pervertir mis rectos designios. Por eso hay tres cosas en los consejos que este hombre te dio, las cuales deben ser execrandas¹ para ti:
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Haberte desviado del camino;
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Haberte intentado hacer aborrecer la Cruz;
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Haberte encaminado por esa senda que conduce a la muerte.
Debes, por tanto:
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Rechazar a quien te apartó del camino, error en que caíste, y que equivale a despreciar el consejo de Dios para seguir el del hombre. El Señor dijo: "Esforzaos a entrar por la puerta angosta" (Lucas 13:24). Hacia esa puerta te dirigías. "Porque estrecha es la puerta que conduce a la vida, y pocos son los que la hallan" (Mateo 7:13-14). Ese malvado te desvió de esa puerta, y del camino que a ella lleva, para lanzarte a la perdición. Odia, pues, su proceder, odiándote también a ti mismo por haberle prestado oído.
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Detestar a aquel que procuró que te repugnara la Cruz, porque debes preferirla a todos los tesoros de Egipto (Hebreos 11:25-26). Además, el Rey de la Gloria te dijo que "el que quiera salvar su vida, la perderá" y "si alguno viene a mí y no aborrece a su padre y madre, mujer e hijos, hermanos y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo" (Marcos 8:35; Lucas 14:26-27; Juan 12:25; Mateo 10:37-39). Por eso te digo que una doctrina que intenta persuadirte de que es muerte lo que la Verdad ha dicho que es indispensable para obtener la vida eterna, es una doctrina abominable y debes detestarla.
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Aborrecer a aquel que te encaminó hacia la senda que conduce al ministerio de muerte. Ahora puedes calcular si la persona a la que te dirigías sería capaz de librarte de tu carga.
Esa persona se llama Legalidad, y es uno de los hijos de la esclava, que aún está en esclavitud, al igual que sus hijos (Gálatas 4:21-27), misteriosamente representada por el monte Sinaí, que tú temiste que se desplomara sobre ti.
Pues bien, si él y sus hijos están en la oscuridad, ¿cómo podías esperar tú que te dieran la libertad? ¡Oh, nunca! No podría Legalidad liberarte, ni librarte de tu carga. Nunca ha librado a nadie, ni podrá jamás hacerlo. No puedes ser justificado por las obras de la ley, porque por ellas ningún ser viviente puede ser aliviado de su carga.
Sabe, pues, que Sabio-Según-el-Mundo es un embaucador, y Legalidad, a pesar de su sonrisa afectada, no es más que un hipócrita, inútil para cualquier cosa. Cree que todo cuanto oíste de esos insensatos no fue más que un intento de apartarte de la salvación, desviándote del camino que se te había indicado. Así habló Evangelista, y alzando la voz, pidió al cielo que confirmara cuanto había dicho.
En ese mismo instante salieron palabras de fuego del monte al que se había acercado Cristiano, cuyos cabellos se erizaron. Las palabras que oyó fueron estas: "Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición; pues escrito está: Maldito todo el que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas" (Gálatas 3:10).
Al ver y oír esto, Cristiano no esperaba sino la muerte. Comenzó a lamentarse a gritos, y a maldecir la hora en que encontró a Sabio-Según-el-Mundo, llamándose a sí mismo necio por haber oído sus consejos destructores y perversos.
Era inmensa su vergüenza al recordar que los consejos de aquel insensato, nacidos de la carne, habían podido prevalecer sobre su pensamiento, hasta el punto de decidirse a abandonar el recto camino del Bien. Volviéndose entonces hacia Evangelista, le habló en los siguientes términos:
Cristiano - Señor, ¿habrá aún alguna esperanza para mí? ¿No podré volver atrás y tomar de nuevo el camino de la puerta estrecha? ¿No seré rechazado y expulsado de allí con oprobio? Me pesa, sobre todo, haber escuchado las palabras de ese hombre. ¿Podré, sin embargo, obtener perdón por mi pecado?
Evangelista - En verdad, tu pecado es muy grande. Te llevó a cometer dos malas acciones: apartarte del camino del bien, y entrar en veredas prohibidas. No obstante, el hombre que está en la puerta te recibirá, porque hay en él buena voluntad hacia los hombres. Sólo una cosa te advierto: cuida de no extraviarte de nuevo (para que no perezcas en el camino - Salmo 2:12). Cristiano se dispuso a partir, y habiendo besado a Evangelista, se despidió de él con una sonrisa de felicidad, diciendo: Dios esté contigo.
Y comenzó a andar apresuradamente, sin hablar con nadie en el camino, ni siquiera respondiendo a las preguntas que le dirigían.
Parecía que pisaba tierra enemiga, y sólo se consideró a salvo cuando volvió a entrar en el camino que había abandonado por consejo del vanidoso Sabio-Según-el-Mundo.
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¹ Execrandas: Detestables, abominables, dignas de repudio o maldición.
Disfrute más:
Himno 183 - "Certeza y Gozo de la Salvación"
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