viernes, 11 de julio de 2025

El Peregrino, semana 4, sábado, capítulo 13

EL PEREGRINO

EL VIAJE DEL CRISTIANO
A LA CIUDAD CELESTIAL

CAPÍTULO 13

SEMANA 4 - SÁBADO

Leer y orar: "El necio no tiene placer en la inteligencia,
sino en que se descubra su interior." (Prov 18:2)


Peregrinos en la Feria de la Vanidad (4)
Cristiano y Esperanza encuentran a Interés-Propio

Cristiano – ¿No será indiscreción preguntar quiénes son esos parientes suyos?

Interés-Propio – Son casi todos los habitantes de la ciudad, pero principalmente el señor Volteacasaca, el señor Contemporizador [conivente], y el señor Buenas-Palabras, de cuyos ascendientes tomó su nombre la ciudad, los señores Mimo, Dos Caras, Cualquier Cosa, lo peor de la feligresía, y el señor Dos Lenguas, que era hermano de mi madre por línea paterna, porque, realmente, para decir toda la verdad, yo soy hidalgo [noble] de muy buena estirpe, a pesar de que mi abuelo no pasaba de ser un barquero que miraba para un lado y remaba para otro, ocupación con la que adquirí casi toda mi fortuna.

Cristiano – ¿Está casado usted?

Interés-Propio – Sí. Mi esposa es una dama muy virtuosa, hija de una señora también virtuosa, la señora Impostura [fraude]; pertenece, por tanto, a una familia muy respetable, habiendo llegado a un grado tan alto de fina educación que sabe perfectamente cómo se vive con un príncipe o con un aldeano.

Es verdad que discrepamos un tanto de otras personas en nuestras opiniones religiosas, pero solo en dos pequeños puntos:

  1. Nunca nos empeñamos contra viento y marea;

  2. Somos más celosos de la religión cuando esta se nos presenta con zapatos de plata; y nos gusta mucho acompañarla en público, a la luz del sol, cuando todos la ven y aplauden.

Cristiano se volvió hacia su compañero Esperanza, y le dijo en voz baja:

– Si no me equivoco, este sujeto es un tal Interés-Propio, natural de Buenas-Palabras. Si es así, llevamos en nuestra compañía al bribón más consumado de estos alrededores.

– Ciertamente no tendrá vergüenza en confesarlo – replicó Esperanza.

Cristiano se acercó otra vez, y le dijo:

– Caballero, habla como gran conocedor del mundo, y, si no estoy mal informado, parece que ya adivino quién es. ¿No se llama usted Interés-Propio, de Buenas-Palabras?

Interés-Propio – No, señor, ese no es mi nombre, aunque así me llamen algunas personas, y, aunque me resigno a aceptarlo como insulto, como hicieron antes que yo otros hombres no menos respetables.

Cristiano – ¿Y qué motivo dio usted para que le pusieran semejante apodo?

Interés-Propio – Ninguno, absolutamente; y solo puedo atribuirlo al hecho de haber tenido la suerte de estar siempre de acuerdo con las opiniones del tiempo presente, cualesquiera que sean, con lo que me he dado perfectamente bien. Esto lo considero una gran bendición, y no creo justo que media docena de malintencionados me censuren.

Cristiano – Pues ya había conjeturado que era ese sujeto de quien he oído hablar, y temo mucho que ese apodo le venga mejor y con más justicia de lo que usted y yo suponemos.

Interés-Propio – Contra esa opinión no tengo nada que decir: verán, sin embargo, que soy un compañero decente, si me permiten seguir yendo con ustedes.

Cristiano – Si queréis acompañarnos tendréis que remar contra el viento y contra la marea, lo que, según veo, no está en vuestro credo. Tendréis que reconocer la religión tanto en sus galas [ropas finas] como en sus andrajos [harapos], y acompañarla tanto cuando sufre persecuciones como cuando pasea por las calles con aplauso general.

Interés-Propio – No quiera imponerse ni subyugarme para apoderarse de mi fe; déjeme libertad de proceder como yo quiera, y bajo esta única condición lo acompañaré.

Cristiano – ¡Ni un paso más! Si no os conformáis con lo que nosotros hacemos, dejadnos.

Interés-Propio – Nunca renegé de mis principios, por otra parte, inocentes y provechosos. Si no consienten que los acompañe, haré como antes de encontrarlos: iré solo hasta encontrar quien guste de mi compañía.

Vi entonces, en mi sueño, que Cristiano y Esperanza lo abandonaron, manteniéndose ambos a cierta distancia delante de él. Uno de ellos, mirando hacia atrás, vio a tres hombres que siguieron a Interés-Propio, quien los saludó respetuosamente cuando se acercaron, recibiendo a cambio afectuosas salutaciones. Eran estos tres recién llegados los señores Apego-al-Mundo, Amor-al-Dinero y Avaricia, antiguos conocidos de Interés-Propio, que junto con ellos frecuentaba la escuela del señor Codicia, en la ciudad de Amor-al-Ganancia.

Ese sabio profesor les había enseñado el arte de adquirir, tanto por violencia, fraude, adulación y mentira, como bajo el pretexto de religión, y los cuatro habían aprovechado las lecciones, hasta el punto de que cualquiera de ellos podría encargarse de regir la escuela.

Después de saludarse mutuamente, como ya dije, Amor-al-Dinero preguntó a Interés-Propio quiénes eran los que iban delante, pues todavía alcanzaba a ver a lo lejos a Cristiano y Esperanza.

Interés-Propio – Son dos habitantes de un país lejano, que van peregrinando a su modo.

Amor-al-Dinero – Qué pena que no se hayan demorado un poco más, para poder gozar de su buena compañía, porque todos somos peregrinos.

Interés-Propio – Es verdad; pero aquellos son tan rígidos, aman tanto sus ideas y tienen tan poca consideración por las de otros, que, por más piadoso que sea, a nadie le agradan si no piensa como ellos, y pronto se apartan de su compañía.

Avaricia – Eso es malo; pero hay muchos ejemplos de personas demasiado justas, cuya rigidez los hace juzgar y condenar a todos, excepto a sí mismos. ¿Cuáles eran, entonces, los puntos en que discrepaban sus opiniones?

Interés-Propio – Aseguran, en su inflexibilidad, que deben seguir su camino con todos los demás, mientras yo quiero esperar el viento y la marea; ellos no dudan en arriesgar todo por Dios, y yo deseo aprovechar todas las ocasiones para asegurar la mía y mis bienes; ellos se empeñan en sostener sus ideas, aunque estén en oposición a todo el mundo, y yo sigo los preceptos de la religión mientras y hasta donde permiten los tiempos y mi propia seguridad; ellos estiman la religión, aunque sea pobre y desgraciada, yo la estimo cuando anda con esplendor y con aplauso.

Apego-al-Mundo – Tenéis mucha, mucha razón. Por mi parte, considero muy necio aquel que, pudiendo guardar lo que tiene, es tan tonto que lo deja perder. Seamos sabios como serpientes y cosechemos la hierba a tiempo. La abeja permanece inmóvil durante el invierno, y solo aparece cuando puede reunir el provecho con placer.

Dios manda el sol y la lluvia, alternativamente. Si ellos quieren andar a la lluvia, démosles, y vayamos nosotros con el buen tiempo. Por mi parte, prefiero la religión que sea compatible con la posesión y con los dones de Dios. Pues si Dios nos concedió las cosas buenas de la vida, ¿quién será tan falto de razón que pueda imaginar que el Señor no quiere que las conservemos y guardemos por causa de él?

Abraham y Salomón enriquecieron en su religión. Job nos dice que el hombre bueno atesorará oro como polvo. Pero, ciertamente, sería con esos que van allá adelante, si efectivamente son como decís.


Disfrute más:

Consagración – "Disposición para Sufrir por el Señor"

https://hinario.org/detail.php?id=548

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