EL MINISTERIO
CELESTIAL DE CRISTO
AUTORIDAD Y DOMINIO
Cuando Cristo ya estaba listo para ascender a los cielos, se reunió con los discípulos en un monte y les dijo: “Toda autoridad Me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo” (Mt 28:16-19).
La comisión que el Señor dio a los discípulos de predicar el evangelio fue un reflejo de la autoridad que había recibido en el cielo y en la tierra (ver también Mc 16:19-20). Con esa autoridad Él los encargó de hacer discípulos de las naciones. Su primera comisión a los discípulos fue que fueran con Su autoridad.
Puedo testificarles que, cuando quedó claro para mí que debía iniciar la obra en los Estados Unidos, tenía la firme convicción de que estaría allí con la autoridad de Cristo. Yo era un hombre humilde venido de China, sin prestigio ni apoyo financiero; sin embargo, llegué a los Estados Unidos con la convicción de que la autoridad de Cristo estaba conmigo.
Para que Cristo tuviera Su evangelio predicado hasta los confines de la tierra, Su liderazgo era necesario. Como el Soberano de los reyes de la tierra, toda la tierra está bajo Su dominio.
Él ordenó los acontecimientos mundiales y las actividades humanas diarias para que el evangelio se difundiera.
UN EJEMPLO DEL DOMINIO DE CRISTO
Permítanme ilustrar este aspecto de manera subjetiva para ustedes. Hace más de cincuenta años, en China, un grupo de jóvenes fue levantado por el Señor.
Éramos una generación joven, esforzándonos por obtener educación moderna para rescatar y construir nuestro país. Los líderes tanto del partido nacionalista como del comunista tenían todos nuestra misma edad. Estábamos todos en la universidad al mismo tiempo, buscando adquirir seriamente conocimientos científicos, políticos y económicos.
Yo, por ejemplo, comencé a estudiar inglés justo después de la Primera Guerra Mundial, terminada en 1918. Algunos de esa generación fueron cautivados por el comunismo; nosotros fuimos cautivados por Cristo.
Llegamos a amar al Señor y Su Palabra. Estudiamos la Biblia, así como la literatura espiritual clásica, la historia de la iglesia y las biografías de los gigantes espirituales desde el siglo II hasta nuestros días.
Con nuestra investigación llegamos a conocer la cristiandad, y el Señor nos abrió los ojos para obtener algo de luz acerca de Su Palabra. La primera reunión, o iglesia, fue establecida en 1922. No fue nada fácil al principio, pero el Señor nos estableció y extendió Su restauración.
Después de la Segunda Guerra Mundial la restauración prevaleció en China. Había entre cuatrocientas y seiscientas iglesias esparcidas por las treinta y tres provincias. Ni pensábamos en venir a Occidente.
Teníamos una gran obra delante de nosotros: una nación con setecientos millones de habitantes y una sola lengua. Nuestra única comisión era por este pueblo; no obstante, teníamos conciencia de que todo lo que el Señor nos había mostrado sería llevado a Occidente algún día.
Entendíamos que el mover del Señor funciona como la circulación sanguínea. Primero, el Señor envió a algunos de Occidente con el evangelio a China. Luego, en aquel mundo pagano, Él nos levantó y nos abrió el entendimiento para la Biblia.
Reconocimos que nuestra comprensión superaba con mucho lo que los misioneros nos habían traído. Llegaría el día, creíamos, en que la circulación sanguínea que comenzó en Occidente fluiría de regreso llevando algo de Oriente.
Pensábamos que esto sucedería por medio de otras personas y no por nosotros. Ya teníamos mucho trabajo en nuestras manos. Sin embargo, poco tiempo después, en 1948 y 1949, toda la situación en China cambió.
Nos sentimos perturbados y confundidos con este giro total de los acontecimientos. Se tomó la decisión de que yo dejara China continental. No sabía adónde ir y terminé dirigiéndome a Taiwán.
Aquella pequeña isla, primitiva en todos los aspectos, me dejó totalmente desanimado y decepcionado. Yo trabajaba en Shanghái, la ciudad más grande del Lejano Oriente, entonces con seis millones de habitantes.
Taiwán parecía insignificante y atrasada. Sin embargo, cierto día, viajé en tren por la isla. El Señor me constriñó y me dijo: “No pienses que este lugar es demasiado pequeño. Voy a usar esta isla. Por tanto, ¡a trabajar!”.
En seis años, de 1949 a 1955, nuestro número pasó de menos de quinientas a veinte mil personas. En ese período, yo pasaba cerca de cuatro meses al año en Filipinas y ocho meses en Taiwán.
Luego, en 1958 fui invitado a visitar Inglaterra y Dinamarca. En el camino pasé por los Estados Unidos. Dos años después, el Señor me llevó nuevamente a los Estados Unidos. Entonces, en 1962, Él me llevó una vez más y esta vez me mantuvo allí. Poco a poco quedé impresionado.
Pasado algún tiempo, quedó claro para mí que, en lugar de regresar a Oriente, debía iniciar el ministerio en los Estados Unidos. Comenzamos a finales de 1962. No había ninguna organización que nos apoyara ni respaldo financiero, pero comenzamos.
Esta historia demuestra la soberanía del Señor. Él preparó acontecimientos internacionales para que tuviéramos que ir a los Estados Unidos, aunque eso estaba lejos de mis intenciones.
Mis pensamientos iban en la dirección opuesta. Antes del fin de la Segunda Guerra Mundial yo ya veía que Japón sería derrotado y que China y los Estados Unidos ganarían la guerra. Entonces asumí el compromiso de evangelizar el interior de Mongolia y tracé un plan para ejecutar este proyecto a través de la región noroeste.
Yo vivía en el norte de China, donde teníamos un buen número de santos que podían proveer recursos humanos. Había enfermeras, médicos, maestros y comerciantes. Los recursos financieros serían provistos por algunos hermanos prósperos de Manchuria, en el noreste de China.
Mis planes estaban bien elaborados. Los cooperadores me llamaban director general de la “Compañía Tres Nortes”. Había el norte de China, el noreste y el noroeste. China realmente ganó la guerra, pero, contrariando nuestras expectativas, los comunistas tomaron el control del país. Mi sueño de la Compañía Tres Nortes desapareció, aunque setenta santos terminaron realmente migrando al interior de Mongolia.
Hace poco escuché noticias sobre aquellos setenta hermanos. Un cooperador, uno de los ancianos de mi ciudad natal, tomó la iniciativa de aquella migración en 1943. Ahora, treinta y siete años después, él aún está vivo, aunque ya ha sido arrestado quince veces. Actualmente existe cierta libertad allí y también algunas iglesias en ese distrito. Me alegró recibir estas noticias, aunque nunca tuve oportunidad de ir allí personalmente.
Mi intención era dirigirme al noroeste; sin embargo, el Señor me envió al sudeste. Estuve a punto de dirigirme al interior de Mongolia, cerca de Siberia, pero el Señor me envió a Taiwán, a Manila, a los Estados Unidos y ahora a Europa. ¿Cómo puede ser esto? Este Jesús que está en los cielos es el Soberano de los reyes. Él gobierna todas las naciones. Su manera de gobernar es totalmente correcta. Él nos envió para difundir Su restauración y ganar más personas para Sí mismo.
¿Podrían imaginar hace quince años que el Señor se movería de esta manera en Alemania? Entre nosotros hay italianos, españoles, franceses, ingleses y también alemanes. Hace treinta y un años yo habría muerto por la Compañía Tres Nortes; sin embargo, el Señor me impidió ir allí. ¡No necesité morir! Ahora estoy en Europa, disfrutando las voces de tantas nacionalidades diferentes.
¿Quién preparó todo esto? ¡El Cristo celestial! No es obra suya ni mía. Yo soy demasiado pequeño para haber preparado algo parecido. ¡Alabamos al Señor por este reflejo de Su ministerio celestial!
En pocos años, toda Europa será saturada por la restauración. Creo que invadirá todas las principales ciudades. En poco tiempo se difundirá incluso de regreso a Jerusalén.
Desde Stuttgart seguirá hacia el sur hasta Atenas y luego cruzará el mar hasta Jerusalén. ¡Allí es donde la iglesia comenzó y en esta era regresará allí! Este es el mover del Señor, desde los cielos, reflejado en la tierra.
🌿 Disfrute más:
Himno: Servicio – “Para la Iglesia”
No hay comentarios.:
Publicar un comentario