domingo, 14 de diciembre de 2025

El ministerio celestial de Cristo, semana 2, domingo, capítulo 3

EL MINISTERIO
CELESTIAL DE CRISTO

Capítulo 3
CRISTO EN LA EDIFICACIÓN DE LA IGLESIA

SEMANA 2 - DOMINGO
Lectura bíblica: Hch 7:55-56; 9:4-5; 10-17; Ef 1:22; 4:8, 11-12, 15-16

Leer y orar: “Y sometió todas las cosas bajo Sus pies, y lo dio por Cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es Su Cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.” (Ef 1:22-23)



CRISTO COMO LA CABEZA

Además de Su soberanía sobre las naciones, Cristo también ejerce Su encabe­zamiento. Como Cabeza sobre todas las cosas para la iglesia, Él obra con el fin de conquistar a Sus escogidos.


Conquistó a Saulo

Consideremos solamente uno de los vasos escogidos, Saulo de Tarso. Cuando leemos Hechos 9, podemos percibir cuánto hizo Cristo para conquistarlo. Él vino personalmente con el propósito de ganarlo. Y todavía tenía más que decirle por medio de Ananías (vs. 10-17).

Aunque Su intención en Hechos 9 ya era conquistar a Saulo, Sus palabras a Ananías fueron más detalladas. Observe cuán ocupado estuvo el Señor en ganar a un solo vaso escogido. Él se apareció a Saulo mientras éste viajaba a Damasco.

Luego le dio la visión de que Ananías aparecería para restaurarle la vista. Después de eso se apareció a Ananías en una visión y habló con él acerca de ir a visitar a Saulo, de quien dijo: “Este es para Mí un instrumento escogido para llevar Mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque Yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por Mi nombre” (Hch 9:15-16).

¿Por qué el Señor haría tanto esfuerzo por una sola persona? El propósito de ganar a Saulo era la edificación del Cuerpo de Cristo. Había necesidad de ese instrumento. Sí, estaban Pedro, Jacobo y Juan; sin embargo, ellos solos no bastaban. El Señor todavía necesitaba a alguien como Saulo. Por esta razón, Él mismo entró en escena para conquistar ese vaso en particular.



Nos conquistó

No considere su salvación como algo insignificante. Se concretó porque el Señor Jesús ejerció Su soberanía. Él preparó que usted naciera en el país en que nació. El lugar de su nacimiento no fue accidental, sino bajo Su administración.

Usted nació en el país correcto, en la ciudad correcta, en la familia correcta y en el tiempo correcto. Él lo condujo a Sí mismo. Tal vez usted estaba en Suiza, en Alemania, en Francia, en España, en Dinamarca, en Noruega o en Inglaterra.

Un día, Él preparó la situación para que usted estuviera en cierto lugar, y entonces se arrepintió, creyó y fue salvo. Si usted hubiera estado en Moscú, quizá no habría tenido la oportunidad de ser salvo y ahora estar reunido en este lugar. ¡Usted sólo fue salvo bajo la acción soberana del Rey!

¿Cree usted que el Señor ya terminó Su obra en usted? ¡No! Usted fue salvo por Su soberanía. Ahora entra en escena Su encabe­zamiento. Piense en cómo llegaron a participar de estas reuniones.

Vinieron de todos los rincones de Europa, y algunos incluso me acompañaron desde los Estados Unidos. ¿Quién los condujo hasta aquí? No tenemos ningún tipo de entretenimiento ni hermosa música, sino solamente reuniones de dos horas y media con un chino hablando.

Para alguien de afuera, lo que los atrae es simplemente incomprensible. Aun así, algunos de ustedes habrían llorado si no hubieran podido venir. ¿Cómo se explica esto? Es que ustedes se encuentran bajo la dirección de Cristo, que no sólo está sobre ustedes como Su soberanía, sino también dentro de ustedes. Él es la Cabeza sobre todas las cosas para la iglesia (Ef 1:22). Quien los reunió aquí fue el Señor.


Edifica Su Cuerpo

Nuestro amado Señor trabaja; no está meramente sentado en los cielos. Cuando Esteban fue apedreado hasta la muerte, Jesús estaba de pie a la diestra de Dios (Hch 7:55-56), velando y cuidando de Sus miembros. Perseguir a un creyente era lo mismo que perseguirlo a Él. Él habló a Saulo: “Saulo, Saulo, ¿por qué Me persigues? [...] Yo soy Jesús, a quien tú persigues” (9:4-5).

Esteban era parte de Él, así como Pedro. Todo miembro, todo creyente en Él, es parte de Él. Él cuida de todos, trabaja en cada uno, para que todos sean útiles. Él forma apóstoles, profetas, evangelistas y pastores y maestros, para que sean equipados a fin de perfeccionar a los santos, de modo que el Cuerpo sea edificado.

Aquí en Europa tenemos un buen ejemplo de cómo el Señor trabaja para edificar Su Cuerpo. Hace menos de diez años, un hermano llegó aquí sin el apoyo de ninguna misión. La restauración del Señor llegó a Europa sin ninguna organización. Sin embargo, el Señor se movió y la restauración se esparció por muchos países europeos.

Hasta hoy no existe una organización formal, pero la obra continúa avanzando. Un solo joven vino, sin ningún diploma de teología y con poca experiencia. ¡Vino sólo con el Cristo ascendido!

Ese Cristo celestial cuidaba de ese humilde miembro de Su Cuerpo desde 1960, cuando participó en una conferencia para jóvenes en Filipinas. Al mudarse a Alemania en 1971, vino bajo este ministerio celestial.


Envía a los ya perfeccionados

Todos ustedes están bajo este ministerio celestial de nuestro amado Cristo. Llegará el día en que serán enviados no por ningún hombre, sino por la Cabeza ascendida. Algunos irán a Austria, otros a Grecia y otros a Israel con el ministerio celestial del Cristo que ascendió.

Él no trabaja a un ritmo lento. La restauración está en Occidente desde hace apenas diecisiete años; sin embargo, ya se ha propagado a América del Norte, Central y del Sur, a África, Europa y Australasia. En el Lejano Oriente hay iglesias en Japón, Corea, Taiwán, Filipinas, Singapur, Malasia, Tailandia e Indonesia. Cientos de iglesias surgieron sin ningún tipo de organización. ¿De quién es esta obra? ¡Es la obra del Cristo ascendido!

Por nosotros mismos no podemos edificar la iglesia. Sin embargo, bajo Su ministerio celestial, podemos ser equipados para llegar a ser miembros útiles en Su Cuerpo.

El Cuerpo, por sí mismo, es edificado directamente a partir del suministro de la Cabeza. “Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres. [...] Y Él mismo dio a unos como apóstoles, a otros como profetas, a otros como evangelistas, y a otros como pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del Cuerpo de Cristo” (Ef 4:8, 11-12).

Cuando ascendió a los cielos, Él dio dones: apóstoles, profetas, evangelistas y pastores y maestros, que perfeccionan a los santos, para que en cada iglesia los miembros sean edificados, equipados y capacitados para funcionar.

Cuando todas las partes del Cuerpo funcionan, crecemos “en todo en Aquel que es la Cabeza, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien ajustado y unido por la ayuda de toda coyuntura, según la operación propia de cada parte, efectúa su crecimiento para la edificación de sí mismo en amor” (4:15-16).

Todos los miembros crecen en la Cabeza. Luego, a partir de la Cabeza, viene el suministro para que el Cuerpo sea edificado. Así es como las iglesias son edificadas por el suministro de la Cabeza.

La Cabeza está ocupada ministrando. Mientras estamos reunidos aquí, recibiendo lo que es ministrado de Su parte, Él ministra allá, cuidando de todos los miembros de las iglesias. La restauración del Señor no es sólo una obra cristiana más. ¡Es un reflejo de Su ministerio en los cielos!

Corresponde a lo que el Cristo ascendido hace en los cielos. Nosotros cooperamos y operamos de manera coordinada con el ministerio celestial del Cristo ascendido.


RESUMEN

Su ministerio, como ya hemos visto, es doble. Por un lado, Él administra todo el mundo como Soberano de los reyes de la tierra, para que Su evangelio sea propagado y los escogidos de Dios sean reunidos como uno solo. Por otro lado, como Cabeza del Cuerpo, Él ministra para edificar, equipar y capacitar a Sus miembros, para que ellos, a su vez, perfeccionen a los demás. Entonces enviará a algunos miembros a nuevos lugares a fin de expandir la restauración. ¡Aleluya por este ministerio celestial!


🌿 Disfrute más:

Himno: Alabanza al Señor – “Su Crecimiento”

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