EL MINISTERIO
CELESTIAL DE CRISTO
Leer y orar: “Pero levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que te conviene hacer” (Hch 9:6)
Ya hemos considerado al Señor como Soberano y Cabeza. Como Soberano, Él tiene toda la tierra bajo Su control. Él dirige los asuntos de las naciones con miras a la expansión del evangelio y a la reunión del pueblo de Dios. Esta soberanía implica Su mover en la tierra. Él realiza un gran mover.
Cuando Lo consideramos como Cabeza, además de Su mover podemos percibir que la cuestión de la vida también entra en escena. Bajo el liderazgo de Cristo como Cabeza, una obra admirable es llevada a cabo en vida.
No conocemos los detalles del ministerio celestial de Cristo, como Soberano, que se ejecuta en la tierra, pero, cuando llegamos a Su ministerio como Cabeza, vemos una excelente obra en vida, por la vida y con la vida.
DOS ASPECTOS DEL ENCABEZAMIENTO DE CRISTO
En Efesios cuatro podemos ver dos categorías de esta excelente obra de vida. La primera es la concesión de dones por Cristo para el perfeccionamiento de los santos (vs. 8-12). “Y Él mismo dio a unos como apóstoles, a otros como profetas, a otros como evangelistas y a otros como pastores y maestros, con miras al perfeccionamiento de los santos”.
La segunda categoría es llevar a todos los santos a crecer para funcionar. Por medio de este crecimiento y funcionamiento el Cuerpo es edificado de manera directa. “Sino que, siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en Aquel que es la cabeza, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien ajustado y unido por el auxilio de toda coyuntura, según la justa cooperación de cada parte, efectúa su propio aumento para la edificación de sí mismo en amor” (vs. 15-16).
La Cabeza trabaja para estas dos categorías. Es el encabezamiento de Cristo lo que produce los dones, para que los miembros crezcan y funcionen. Esta es una obra admirable en vida.
El modo de operar de la cristiandad es totalmente contrario a esto. Se establecen seminarios, se contratan profesores para enseñar la Biblia, teología, historia de la iglesia, hebreo y griego, y luego se espera que los alumnos estén perfeccionados como predicadores, ministros, pastores y todo lo demás.
Su confianza está depositada en un sistema educacional. La historia ya ha demostrado que el Cuerpo de Cristo no puede ser edificado de esta manera. Pablo no se formó en un seminario. Fue exclusivamente bajo el encabezamiento de Cristo que él fue levantado para ser el apóstol más productivo de todos.
LA ADMIRABLE OBRA PARA GANAR A PABLO
¿Cómo ejerció Cristo Su encabezamiento a fin de ganar a Pablo como don para el Cuerpo? Debes recordar que Esteban sufrió el martirio justo delante de los ojos del joven llamado Saulo de Tarso (Hch 7:58).
La muerte de Esteban no fue un hecho aislado o individual. En aquel tiempo todo el Cuerpo de Cristo estaba bajo persecución. Saulo era uno de los cabecillas que “asolaba la iglesia” (8:13).
La Cabeza del Cuerpo permitió aquella persecución a fin de mostrar a Saulo lo que es el Cuerpo de Cristo. Saulo vio al Cuerpo sufrir mientras perseguía a los miembros que invocaban el nombre del Señor. Después de eso, inició alegremente su viaje a Damasco con la intención de prender a otros miembros. Este fue el conjunto de circunstancias que la Cabeza preparó para Su futuro apóstol.
De repente Jesús entra en escena, procediendo no de la tierra, sino de los cielos. ¡Este Jesús era ahora “la Cabeza sobre todas las cosas […] a la iglesia, la cual es Su cuerpo”! Saulo quedó impactado al oír la voz que decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (9:4).
Sí, él quedó impactado por ser confrontado por Jesús; sin embargo, quedó aún más impactado al darse cuenta de que los creyentes a quienes él perseguía eran los miembros del Cuerpo de Cristo. En el mismo momento de su conversión, bajo el liderazgo de la Cabeza, Cristo, Saulo tomó conocimiento del Cuerpo.
La Cabeza es Una con el Cuerpo
Saulo, obviamente, no discutió. Él no dijo: “Señor, yo no Te perseguí. No perseguí a nadie en los cielos. Aquellos a quienes intenté prender están en la tierra”. ¿Por qué Saulo no discutió? Creo que, mientras el Señor le decía: “Yo soy Jesús, a quien tú persigues” (v. 5), el Espíritu del Cuerpo conmovía a Saulo.
La conversión de Pedro fue mucho más simple que la de Pablo. Pedro se encontraba junto a su hermano, pescando, cuando el Señor los llamó: “Venid en pos de Mí, y Yo os haré pescadores de hombres” (Mt 4:18-20). El pescador galileo no dudó en seguirlo. Le gustó la idea de convertirse en pescador de hombres, en lugar de quedarse simplemente pescando peces.
El caso de Pablo fue mucho más profundo. La manera en que el Señor lo abordó, haciéndole aquella pregunta corta, con toda seguridad lo hizo pensar. A pesar de que fueron pocas las palabras que el Señor le dirigió, estas debieron ocupar los pensamientos de Saulo durante todos los días que siguieron al acontecimiento, cuando no podía ver.
Sin duda él no pudo pasar aquellos tres días durmiendo. Debe de haber quedado extremadamente perturbado por aquel encuentro tremendo. Debe de haberse preguntado: “¿Por qué aquella voz dijo: ‘¿Por qué Me persigues?’. ¿Qué quiso decir con Me?”. El Espíritu del Cuerpo debe de haberle dicho: “Me significa el Cristo ampliado, el Cristo aumentado, el Cristo corporativo, el Cristo que incluye a Pedro, a Jacobo y a Esteban”.
Cuando Saulo preguntó: “¿Quién eres Tú, Señor?”, la respuesta fue: “Yo soy Jesús”. Pero ¿cómo podría ser Jesús? ¿No estaba Jesús muerto y sepultado? ¿Cómo ahora podía descender de los cielos?
Revelar Su voluntad por medio del Cuerpo
Saulo también debe de haber pensado en las palabras del Señor: “Pero levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que te conviene hacer” (Hch 9:6). ¿Por qué el Señor le dio una respuesta tan indirecta a su pregunta: “¿Qué haré, Señor?” [22:10].
Una vez más, la Cabeza le mostraba el principio del Cuerpo. Saulo no debía conocer la voluntad del Señor por sí mismo. Él tomaría parte en el Cuerpo y, por lo tanto, necesitaba ser entrenado a reconocer el Cuerpo.
Tendría que aprender a confiar en sus hermanos, los otros miembros. La Cabeza había sido perseguida por Saulo mediante el Cuerpo. Ahora él aprendería a respetar el Cuerpo. En lugar de decirle lo que debía hacer de forma directa, el Señor le enviaría a Ananías, un humilde discípulo, a fin de restaurarle la vista y darle a conocer Su voluntad.
No sería uno de los líderes, como Pedro, quien iría a él, sino un desconocido. De este modo el Señor subyugaría a Saulo y haría de él un apóstol eficaz.
Para mostrar el gran contraste de su caso con el de Pedro, observa la manera simple en que Pedro se convirtió en apóstol. En primer lugar, el Señor lo vio y lo llamó para ser pescador de hombres.
Luego, quizá uno o dos años más tarde, simplemente lo envió junto con los otros once, quienes a partir de entonces se convirtieron en apóstoles (Mt 10:1-5). ¡Cuánta necedad de la Iglesia Católica al haber exaltado a este simple apóstol!
Mientras oraba en Damasco, Saulo tuvo una visión en la que Ananías vendría y lo sanaría de la ceguera. No sabíamos nada acerca de este humilde discípulo antes de esa ocasión, pero la Cabeza lo conocía y le avisó a Saulo que él iría.
Entonces la Cabeza ordenó a Ananías: “Levántate y ve a la calle que se llama Derecha, y en casa de Judas busca a Saulo, de sobrenombre Tarso; porque he aquí, él está orando y ha visto en visión a un hombre llamado Ananías, que entra y le pone las manos encima, para que recobre la vista” (Hch 9:10-12). ¿Te das cuenta de cómo Cristo estaba ocupado, yendo y viniendo entre Ananías y Saulo? Él desempeñaba Su ministerio celestial.
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