EL MINISTERIO
CELESTIAL DE CRISTO
Leer y orar: “…reteniendo la Cabeza, de la cual todo el cuerpo, bien suministrado y bien unido por sus coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que procede de Dios.” (Col 2:19)
RECIPROCIDAD PARA LA EDIFICACIÓN DEL CUERPO
Ahora que ya hemos cubierto algunas de las cosas maravillosas ocurridas en el libro de Hechos, ilustrando el mover del Señor en vida con el propósito de ganar a las personas mediante la predicación del evangelio, avancemos y veamos cómo se produce la edificación del Cuerpo.
Son las Epístolas las que tratan este asunto. En lugar de realizarse por un mover, la edificación del Cuerpo surge por medio del crecimiento en vida. Para esta obra más excelente y profunda, existe la necesidad de una reciprocidad más excelente.
Retener la Cabeza
Cristo es la Cabeza y nosotros, los miembros. Colosenses 2:19 nos recuerda que necesitamos retener la Cabeza, “de la cual todo el cuerpo, bien suministrado y bien unido por sus coyunturas y ligamentos, crece con el crecimiento que procede de Dios”.
Retener la Cabeza significa que existe comunicación directa entre nosotros y Él. No existe separación entre Él y todos Sus miembros. Los miembros reaccionan a todo lo que la Cabeza ministra. El resultado de esa reacción es el crecimiento en vida.
Cuando retenemos la Cabeza, hay un crecimiento interno y no un mover externo. En esa comunicación íntima entre la Cabeza y los miembros, todas Sus riquezas son ministradas al interior de los miembros, y todas las cosas negativas son consumidas por el suministro de vida que procede de la Cabeza.
La manera en que crecemos es retener la Cabeza. El crecimiento no viene del estudio de la Biblia ni de la comprensión de la doctrina. Ese conocimiento no ayuda mucho a nuestro crecimiento. La Cabeza es la fuente de vida. Cuando la retenemos, es decir, cuando nos mantenemos íntimamente conectados a Él, Sus riquezas y el suministro de vida penetran en nuestro ser y se convierten en nuestro crecimiento en vida.
Crecer en Aquel que es la Cabeza
“Antes bien, siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en Aquel que es la cabeza, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien ajustado y unido por el auxilio de toda coyuntura, según la justa cooperación de cada parte, produce el crecimiento del cuerpo para la edificación de sí mismo en amor” (Ef 4:15-16).
Estos versículos dan un paso más allá de Colosenses 2:19. No debemos solo retener la Cabeza, sino también crecer en Él en todo. Retener la Cabeza es algo cercano e íntimo; sin embargo, crecer en Él es una reciprocidad más profunda y excelente. Las palabras son inadecuadas para transmitir el significado de este “crecer en Él”, pero quizá algunos ejemplos puedan ayudarnos a captar la idea.
En el matrimonio
La vida matrimonial fue ordenada por Dios y debe ser “honrosa entre todos” (He 13:4). Con toda seguridad a las hermanas les agrada tener un esposo, y a los hermanos, una esposa. Si aún no estás casado, sin duda piensas en cuán maravilloso debe ser esto. ¡El matrimonio ciertamente es algo maravilloso!
No obstante, como alguien casado desde hace más de cincuenta años, debo decir que la vida matrimonial no es tan fácil. Si aún no te has casado, no estás al tanto de todos los problemas que pueden surgir. ¿Cuál es la causa de los problemas? En la mayoría de los casos es porque tu matrimonio aún no está en la Cabeza.
Puede ser que desees crecer en el Señor en todo lo demás; sin embargo, en el asunto del matrimonio te reservas. En lo profundo, quizá albergues la intención de mantener tu matrimonio fuera del Señor.
Algunas hermanas sufren mucho en la vida matrimonial debido a esto. Tienes reservas que quizá nunca hayan sido puestas en palabras respecto a crecer en el Señor en el matrimonio. Así, en este aspecto, no hay reciprocidad en ti hacia Él mientras ministra en los cielos.
En las compras y en otras debilidades
Las hermanas en particular parecen gustar de ir de compras. Por eso casi siempre tienen un problema en la reciprocidad hacia el Señor en este asunto. Muy temprano pueden tener un tiempo maravilloso de oración y de deleite en el Señor.
Pero justo después del desayuno quizá tomen el periódico y descubran algunas ofertas especiales. ¡Se olvidan del Señor! Necesitan ir rápidamente a las tiendas o, de lo contrario, las cosas que desean se venderán todas.
Sin embargo, Aquel que está en los cielos también está en su interior. Sus palabras para ellas son: “¡No vayas!”. Entonces responden: “Señor, solo esta vez dame un poco de libertad”.
¿No te ocurre esto a ti? En tus oraciones más temprano había reciprocidad hacia Él, pero ahora tu deseo de ir de compras anuló esa reciprocidad. Ahora el Señor quedó sin salida. Él sufrirá, y tú también sufrirás.
Si vas de compras de esta manera, te resultará difícil orar más tarde. Quizá pasen dos o tres días sin que puedas orar. En ese período no habrá reciprocidad de tu parte hacia el ministerio celestial de Cristo. Él se ha ido, y no existe comunicación entre tú y Él en esos días.
No solo las hermanas tienen esta debilidad; yo también tengo las mías. En muchas cosas ya he crecido en el Señor, pero en ciertas otras diría: “Señor, en todo este tiempo te he amado. ¿Acaso no puedo tener un pequeño descanso de este amor? ¿Qué tal si me concedes algunas horas libres?”.
Por experiencia propia sé que esto también te ocurre a ti. No necesitas venir a hablar conmigo acerca de tus debilidades. Yo ya fui joven y tuve los mismos tipos de debilidades. Mientras toleraba esas debilidades, permanecía lejos del Señor y no había crecimiento en vida.
En las cosas grandes y también en las pequeñas
Algunas veces tenemos dificultades para crecer en el Señor en los grandes aspectos de nuestra vida; sin embargo, muchas otras veces, la dificultad está en las cosas pequeñas. Tal vez pensemos que el Señor no tiene interés en las cosas pequeñas, como, por ejemplo, el estilo del cabello.
Sean asuntos grandes o pequeños, si no crecemos en Él en cada uno de ellos, nuestra reciprocidad hacia Él se verá perjudicada. Yo diría que es especialmente en las cosas pequeñas donde necesitamos crecer en Él.
Este crecimiento en Él nos mantiene en correspondencia directa con Su ministerio celestial, bajo Su encabezamiento. Tal ministerio requiere reciprocidad refinada de nuestra parte. Solo entonces creceremos.
El suministro que procede de la Cabeza
Cuando retenemos la Cabeza y crecemos en todo en Él, de Él también viene el suministro de vida para el Cuerpo. A medida que lo retenemos y crecemos en Él, las riquezas provenientes de la Cabeza fluirán por medio de nosotros.
Me gustan estas dos expresiones: “en Él” y “de Él” (implícitas en Ef 4:15-16). En ellas está, en primer lugar, el crecimiento en Él y luego el suministro de vida que procede de Él. Cuando esto es una realidad en nuestra vida, entonces estamos en reciprocidad hacia el ministerio del Señor en los cielos. De este modo las funciones se manifestarán para la edificación del Cuerpo.
ABRIR CAMINO PARA EL SEÑOR
Existe la necesidad de nuestra doble reciprocidad hacia el ministerio celestial del Señor. Entre los cristianos de nuestros días, parece haber como máximo el mover en vida para la predicación del evangelio. Hay poco crecimiento en vida para la edificación del Cuerpo. No podemos descuidar ninguno de los dos aspectos.
El Señor necesita nuestra reciprocidad hacia Él para poder moverse en nosotros y así conducir a las personas a Él. Además, espera nuestra reacción a fin de que crezcamos en Él, para que algo de Él se manifieste con el propósito de suplirnos y edificar el Cuerpo.
A medida que hay reciprocidad hacia el ministerio del Señor en estos dos aspectos, Su voluntad será realizada. Si fallamos en esta reciprocidad, el Señor no tiene medios para llevar adelante Su ministerio celestial.
Es crucial para nosotros, en la restauración, ver esto. Para la expansión del evangelio y para la edificación de Su Cuerpo mediante el crecimiento en vida, el Señor necesita tener nuestra reciprocidad en la tierra con respecto a lo que ministra en los cielos. Necesitamos orar mucho por esta reciprocidad.
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