martes, 24 de marzo de 2026

Estudio-vida de Ezequiel, semana 9, sábado, mensaje 20

ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL

Mensaje 20
LOS ATRIOS EXTERIOR E INTERIOR

SEMANA 9 - SÁBADO
Lectura Bíblica: Ez 40-42

Leer y orar: “Jesús les respondió: En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros mismos.” (Juan 6:53)


El Número Treinta

El número treinta, utilizado en relación con las cámaras, está compuesto de cinco veces seis o tres veces diez. Si treinta está compuesto por cinco veces seis, entonces tenemos al hombre (seis) multiplicado por la responsabilidad (cinco).

Si treinta está compuesto por tres veces diez, entonces tenemos al Dios Triuno en resurrección (tres) que cumple todos los requisitos (diez). El Cristo que disfrutamos es el número treinta. Él no es solo cinco o seis o tres. Como el número treinta, Él incluye seis, cinco, tres y diez.

En Él tenemos al hombre, al Dios Triuno, la resurrección, la responsabilidad y el cumplimiento de todos los requisitos. El número diez también representa conclusión y perfección. Esto indica que en Cristo tenemos plenitud y perfección. ¡Alabado sea el Señor, pues tenemos un Cristo tan rico para nuestro disfrute!

El número treinta aquí corresponde a los treinta lados de los pilares. Esto indica que nuestro disfrute de Cristo depende de que Él sea las columnas de soporte o pilares. En la medida en que Él carga, sostiene y sustenta, es la medida en que podemos disfrutar de Él.

Además, las treinta cámaras corresponden a las treinta ventanas. Si el Espíritu todo-inclusivo no fuera el número treinta, no podríamos tener el rico disfrute de Cristo como el número treinta.


La Anchura del Pavimento

Si consultamos el diagrama del plano, veremos que la anchura del pavimento es igual a la longitud de la puerta. Esto significa que el Cristo que disfrutamos es el Cristo a quien experimentamos. Cuánto podemos disfrutar de Cristo depende de cuánto lo experimentamos.

Si nuestra experiencia de Cristo mide cincuenta codos, entonces nuestro disfrute de Cristo también medirá cincuenta codos. ¿Cuánto somos capaces de disfrutar de Cristo? Esto depende de cuánto experimentamos a Cristo.

Cuanto más pasamos por Cristo, más experimentamos a Cristo, y cuanto más experimentamos a Cristo, más disfrutamos a Cristo. No podemos disfrutar a Cristo si tenemos a Cristo solo doctrinalmente.

Esto significa que no podemos disfrutar de un Cristo que no hemos experimentado. Solo podemos disfrutar al Cristo a quien hemos experimentado. La anchura de nuestro disfrute de Cristo siempre es igual a la longitud de nuestra experiencia de Cristo.


Conectado a la Puerta

El pavimento está conectado a la puerta, pues está a ambos lados de la puerta. Esto indica que el disfrute de Cristo está conectado a la experiencia de Cristo. Si no tenemos la experiencia de Cristo, no podemos tener el disfrute de Cristo. Nuevamente vemos que el disfrute de Cristo depende de la experiencia de Cristo.


Los Lugares para Cocer

En el atrio exterior, en las cuatro esquinas, están los lugares para cocer. Esto indica que, por la gracia de Dios, la preparación de Cristo para el disfrute de los demás se está extendiendo por todos los rincones, haciéndose disponible en todas partes.

En cada “esquina” hay una “cocina” donde Cristo está siendo “cocinado” para nuestro disfrute. Dondequiera que estemos, hay una cocina para nosotros. Damos gracias al Señor que las iglesias locales se están extendiendo por todos los rincones de este país. Todos los rincones del país necesitan una “cocina” para preparar a Cristo para el disfrute de las personas.

La medida de las cámaras de esquina es treinta por cuarenta. Hasta ahora hemos visto cuatro treintas: treinta lados de los pilares, treinta ventanas, treinta cámaras y treinta codos. Todos estos treinta están relacionados y corresponden a nuestra experiencia. Necesitamos pasar por Cristo y luego tenemos que disfrutar de un Cristo que ha sido “cocinado”.

Aquí tenemos un nuevo número ─ cuarenta. Cuarenta es el número de pruebas y tentaciones. El pueblo de Israel estuvo en el desierto durante cuarenta años, y el Señor Jesús estuvo en el desierto cuarenta días, a fin de ser probado y aprobado.

Esto indica que, sin sufrimiento, prueba y juicio, Cristo no podría haber sido “cocinado”, preparado, para ser nuestro disfrute. Para nuestro disfrute, Cristo fue “cocinado”. Su sufrimiento bajo el proceso de “cocción” fue para nuestro disfrute de Él al comerle.

Sin los sufrimientos y pruebas del Señor, Él no podría haber sido preparado para que lo disfrutáramos. En cierto sentido, cuando las hermanas preparan los alimentos en la cocina, la comida “sufre”.

Mientras el Señor Jesús estuvo en la tierra y, especialmente, mientras moría en la cruz, Él estaba bajo el sufrimiento, el “cocinado” por causa de nuestro disfrute de Él al comerle.


El Atrio Interior

Del atrio exterior necesitamos pasar al atrio interior.


Otro Conjunto de Escaleras

A medida que entramos en el atrio interior, también ascendemos más alto. En la entrada al atrio interior, hay otro conjunto de escaleras, que consiste no en siete escalones, sino en ocho.

Afuera, en la calle, hay siete escalones que llevan hasta la puerta del atrio exterior, y ahora vemos que hay ocho escalones que nos llevan a la puerta interior del atrio interior. De esto vemos que entrar en el atrio interior significa que, cuanto más peregrinamos hacia adentro, más elevados nos volvemos.

Cuando avanzamos hacia adentro, también subimos más alto. Cuando pasamos por la puerta hacia el atrio interior, estamos quince escalones más altos que las personas que están fuera del muro.

El número siete significa conclusión, y el número ocho significa resurrección. Esto indica que, si queremos entrar en el atrio interior, necesitamos estar en resurrección. Toda la vida natural y el hombre natural deben ser rechazados y crucificados. Como indican los ocho escalones, necesitamos estar absolutamente en resurrección.

En el atrio interior repetimos nuestra experiencia de Cristo. Experimentamos a Cristo nuevamente, pasando por otra puerta. Experimentamos al mismo Cristo, pero experimentamos más de Él. Esto nos introduce en el atrio interior.


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Himno: "Prisionero tuyo me hace, oh mi Señor"

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Estudio-Vida de Ezequiel, semana 9, viernes, mensaje 20

ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL

Mensaje 20
LOS ATRIOS EXTERIOR E INTERIOR

SEMANA 9 - VIERNES
Lectura Bíblica: Ez 40:17-47; 46:21-22

Leer y orar: “Les dijo, pues, Jesús: Yo soy el pan de la vida; el que viene a mí jamás tendrá hambre; y el que cree en mí jamás tendrá sed.” (Juan 6:35)


LOS ATRIOS EXTERIOR E INTERIOR

En el mensaje anterior, abarcamos muchos de los detalles relacionados con las puertas. Ellas se dividen en cuatro secciones: el atrio exterior, el pasaje, el atrio exterior y el pórtico. Cada puerta tiene seis codos de altura y diez codos de ancho. Seis es el número de la humanidad del Señor, por el cual Él cumplió todas las exigencias de los Diez Mandamientos. Esto indica que el número seis cumple el número diez; es decir, el hombre Jesús cumple los Diez Mandamientos.

Como hemos señalado, las dimensiones de las cámaras de guardia coinciden con las dimensiones de la sección transversal del muro de seis codos por seis. Esto indica que, para nosotros, las cámaras de guardia son el propio Cristo como Dios mezclándose con el hombre.

El pasaje, teniendo el número ocho, indica un nuevo comienzo en resurrección. El pórtico, la sección final de la puerta, tiene los números dos, seis y ocho, indicando que el Señor como un hombre, está en plena resurrección.

Todos los números usados en Ezequiel, en lo que respecta al edificio de Dios, son muy significativos. Los números tres, cinco y múltiplos de cinco, se usan con frecuencia. Por ejemplo, el uso extenso es del número treinta, el cual tipifica al Dios Triuno en resurrección teniendo la responsabilidad total.

Cuando Ezequiel vio las visiones en el capítulo uno, tenía treinta años de edad. Hay treinta pilares de sustentación, treinta cámaras en el atrio exterior, y treinta cámaras laterales alrededor del templo. En Ezequiel, el número treinta indica tanto madurez, la cual es capaz de soportar algo, como también el disfrute y la expresión de Cristo.

Las palmeras en las columnas representan victoria y poder eterno. Debido a que las columnas deben soportar el peso del techo y apoyar todo el edificio, ellas necesitan estar en victoria y ser eternas. Cristo es la columna que sostiene y lleva el edificio de Dios con una vida victoriosa y eterna.

Vimos también que la puerta tiene treinta ventanas para dejar entrar luz y aire. Estas ventanas están cubiertas con una celosía o malla, para mantener fuera las cosas negativas. Todo esto precisamente es la obra del Espíritu que da vida: Él trae la luz y el aire, pero continuamente impide las cosas negativas.

En este mensaje, continuaremos viendo que en el templo en Ezequiel existen dos atrios: el atrio exterior y el atrio interior. Primero consideraremos lo que es el atrio exterior y, luego, el atrio interior.


EL ATRIO EXTERIOR

Si queremos entrar en el templo, el cual Ezequiel vio en su visión, es necesario primero subir los siete escalones y, luego, pasar por la puerta espaciosa. Esto nos llevaría al atrio exterior del templo.


El Pavimento

La primera cosa a la que necesitamos prestar atención en el atrio exterior es el pavimento. Hay pavimento alrededor del muro en los tres lados del atrio exterior: al este, sur y norte.


Las Cámaras

Hay seis secciones diferentes, o áreas, de pavimento, y en cada sección hay cinco cámaras. Esto significa que hay treinta cámaras. Aquí, el número treinta se compone de cinco por seis.

Además de las treinta cámaras en el pavimento, existen cuatro pequeños atrios, uno en cada esquina del atrio exterior. Estos cuatro atrios en las cuatro esquinas son lugares para cocer los sacrificios.

En términos modernos, estos son cocinas, lugares para cocer alimentos. Estas cocinas son usadas no por los sacerdotes, sino por el pueblo. Considerando que los sacerdotes comen en el atrio interior, las personas comen en el atrio exterior.

Fuera de estas cocinas, estos lugares de cocción, hay algunas cámaras. Estas cámaras son para comer, así como en nuestras casas, el espacio conectado a la cocina es el comedor, un lugar para comer la comida preparada en la cocina.

En Ezequiel, las cámaras conectadas a las cocinas son comedores para que las personas disfruten los sacrificios. Esto indica que estas cámaras son lugares para disfrutar de Cristo. A partir de esto, podemos ver que lo principal en el atrio exterior es el disfrute de Cristo como las ofrendas y sacrificios.

Después de pasar por la puerta, llegamos al atrio exterior y entramos en las cámaras para comer, para disfrutar, a Cristo, quien es la realidad de todas las ofrendas.

Ezequiel nos dice que estas cámaras para comer están construidas sobre el pavimento (40:17). En los tiempos antiguos, el pavimento de un atrio era hecho con piedras. Esto indica que siempre que estemos a punto de disfrutar a Cristo, necesitamos estar en un pavimento hecho de piedras. El pavimento de piedra nos separa del polvo de la tierra. De otro modo, nuestros pies estarían en la tierra. Como creyentes en Cristo, tenemos el pavimento de las piedras que nos separa de la suciedad.

Aunque todavía estamos en la tierra y en el mundo, estamos separados de cualquier tipo de suciedad. Originalmente, como la vieja creación, éramos barro, siendo iguales a la tierra en naturaleza. Salimos de la tierra y éramos uno con la tierra.

Pero, cuando fuimos salvos, convertidos y regenerados, nos convertimos en piedras, que son para el pavimento. Ahora, si pretendemos disfrutar a Cristo, necesitamos estar sobre las piedras de nuestra regeneración.

Sin embargo, en su situación diaria, muchos cristianos genuinos no permanecen sobre estas piedras. Después del trabajo, participan en ciertas diversiones y actividades mundanas. Son cristianos genuinos, pero tienen los pies en la suciedad; no tienen un pavimento de piedra bajo sus pies.

Con nosotros en la vida de la iglesia en la restauración del Señor, nuestra situación debe ser muy diferente. Cuando llegamos a casa después de un día de trabajo o de la escuela, podemos descansar o cenar. Luego, ejercitar nuestro espíritu para invocar al Señor, reunirnos para disfrutar al Señor.

Esto indica que estamos de pie sobre un pavimento de piedra. Además, en nuestra experiencia, el pavimento en el que estamos de pie se convierte en un lugar, una “cámara”, para disfrutar de Cristo.

Muchos de nosotros podemos testificar que día a día estamos en las cámaras disfrutando a Cristo. Esto es especialmente cierto en el Día del Señor. Al contactar al Señor al inicio de la mañana, colocamos nuestros pies en las piedras y nos preparamos para entrar en las cámaras. Entonces, en las reuniones de la iglesia podemos disfrutar a Cristo al comerlo.


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lunes, 23 de marzo de 2026

Estudio-vida de Ezequiel, semana 9, jueves, mensaje 19

ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL

Mensaje 19
LA VISIÓN DEL EDIFICIO SANTO DE DIOS

SEMANA 9 - JUEVES
Lectura bíblica: Ez 40:10-14, 16

Leer y orar: “a fin de que podáis comprender, con todos los santos, cuál es la anchura, y la longitud, y la altura, y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Ef 3:18-19)


El Pasaje

Del atrio, vamos al pasaje, el cual tiene muchos detalles.


Las Cámaras de Guardia

Ezequiel 40:10 dice que, en ese pasaje, hay seis pequeñas cámaras. Algunas de las mejores traducciones usan la palabra cuarto de guardia. Estos son los cuartos donde los guardias permanecen para proteger el templo.

Cada uno de estos cuartos tiene seis codos cuadrados y es, por lo tanto, igual en tamaño a una sección transversal del muro. Esto indica que el Señor Jesús, en Su persona y obra, es la verdadera guardia de la gloria y santidad de Dios.

Si no hubiera muro, los pecadores serían capaces de entrar en el templo, y esto sería un insulto a la gloria y a la santidad de Dios. Considerando que el muro separa a los pecadores de Dios, la puerta lleva a las personas dentro de Dios y dentro de Su edificación.

A fin de ser la puerta, el Señor Jesús tuvo que cumplir todas las exigencias de los Diez Mandamientos. Él era un hombre recto y adecuado, capaz de cumplir los Diez Mandamientos, y ahora Él es la guardia de la gloria y santidad de Dios.

Solo aquellos que están calificados y que corresponden a la gloria y a la santidad de Dios pueden entrar en el templo. Si queremos ser calificados de esta manera, necesitamos pasar por la puerta. Al pasar por Cristo como la puerta, estamos calificados para entrar en el edificio de Dios, que está lleno de la gloria y santidad de Dios.

Las seis cámaras de guardia están divididas en dos grupos de tres. Nuevamente tenemos el número tres tipificando al Dios Triuno, que se hizo hombre y fue “partido” en dos. Esto indica que las cámaras de guardia son una persona, el propio Cristo.


Las Fronteras

Entre las tres cámaras de guardia hay dos espacios de cinco codos cada uno. Nuevamente tenemos diez codos compuestos por dos grupos de cinco codos. Esto nos muestra una vez más que Cristo tiene la responsabilidad de cumplir todas las exigencias de los Diez Mandamientos.

Además, una vez más tenemos el número dos, que significa testimonio. De un lado hay dos espacios de cinco codos cada uno, y del otro también hay dos espacios de cinco codos. Esto indica que Cristo tiene plena responsabilidad por los Diez Mandamientos y que esto se convierte en un testimonio. El Señor Jesús, como el Dios Triuno, se hizo hombre y murió en la cruz para cumplir todas las responsabilidades de los Diez Mandamientos.

De las cámaras de guardia vamos a las fronteras. En lugar de fronteras, la versión King James usa la palabra “espacio”; otras versiones utilizan la palabra “plataforma”. Fuera de cada una de las cámaras de guardia hay una frontera, un espacio, el cual es de un codo de ancho. Estos están en dos grupos de tres, tipificando al Dios Triuno en resurrección.

Necesitamos recordar que el pasaje es de diez codos. Sin embargo, hay un sentido en el cual podemos decir que el pasaje tiene ocho codos de ancho. Si deducimos un codo de la frontera alrededor de la cámara de guardia de cada lado, esto deja el pasaje con solo ocho codos de ancho.

Ocho es el número de la resurrección. El primer día de la semana, el día en que el Señor Jesús resucitó, es también el octavo día. Así, el octavo día es el día de la resurrección y significa un nuevo comienzo. Cuando pasamos por Cristo, pasamos a través de la resurrección y tenemos un nuevo comienzo.


Los Pilares

A continuación, necesitamos considerar los pilares, los cuales son difíciles de ubicar. Ezequiel 40:14 dice que la distancia hasta los pilares es de sesenta codos y que cada pilar (columna) tiene dos lados. Cada pilar, cada columna, tiene dos lados, y cada lado es de dos codos. En los lados del pasaje hay quince lados de dos codos cada uno. Por lo tanto, hay treinta codos de ancho en ambos lados del pasaje, totalizando sesenta codos.

Quince está compuesto por tres veces cinco, tipificando al Dios Triuno en resurrección sosteniendo toda la responsabilidad. El número dos, que indica testimonio, también está presente. El número treinta corresponde a las cámaras de todos los pisos para el disfrute de Cristo.

Las columnas, las cuales sostienen el techo de la estructura, indican que necesitamos ser acogidos por la fuerza sustentadora de Cristo a fin de entrar en el disfrute de Cristo. La fuerza sustentadora viene del número treinta, y el disfrute de Cristo también. Esto indica que podemos disfrutar solo aquello que Cristo puede sostener.

Como veremos en un mensaje posterior, la expresión de Cristo, como se ve en las cámaras laterales del templo, también está representada por el número treinta. Por lo tanto, la expresión de Cristo, el disfrute de Cristo y el soporte de Cristo son todos tipificados por el número treinta. Podemos expresar solo lo que podemos disfrutar, y podemos disfrutar solo lo que Cristo puede sostener.


Las Palmeras

En ambos lados de cada columna hay una palmera (v. 16). En la Biblia, las palmeras tipifican victoria, incluso victoria eterna. Cristo, la guardia de la santidad y gloria de Dios, es el Eterno, el Victorioso, que sostiene, lleva, apoya y es prevaleciente.


El Pórtico

De los pilares vamos al pórtico, donde se usa el número ocho. En la porción anterior, principalmente se utilizan los números cinco, seis y diez, pero con el pórtico se usa el número ocho. Esto indica que ahora estamos en resurrección, en un nuevo comienzo.


LAS VENTANAS

Las ventanas son para dejar entrar luz y aire. Estas no son ventanas estrechas, sino ventanas enrejadas, con tiras de material sobre ellas para proteger el edificio de cosas negativas. Sin embargo, las ventanas se mantienen abiertas para el aire y la luz.

Estas ventanas enrejadas tipifican el Espíritu que da vida. Hay un total de treinta ventanas, quince de un lado y quince del otro. La puerta está llena de ventanas. Esto indica que Cristo está lleno del Espíritu que da vida.

El Espíritu que da vida trae aire y luz e impide la entrada de todas las cosas negativas. La palabra hebrea para enrejado implica la idea de ser biselado. Esto significa que el lado exterior de la ventana es estrecho, pero el lado interior es más ancho (40:16). El Espíritu que da vida actúa siempre hacia el interior. Exteriormente, Él no es grande, pero interiormente es muy amplio.


SE EXPANDE DE MANERA AMPLIA

Aunque Ezequiel menciona la altura del muro, no menciona la altura de la puerta. La omisión de esta dimensión es bastante significativa. Todo el complejo del templo no da la impresión de altura, sino de expansión de manera amplia. Incluso la altura del muro es de solo seis codos. Según el diseño, el complejo del templo es de quinientos codos cuadrados. Así, la altura no es grande, sin embargo la expansión es muy grande.

El concepto humano es que se debe subir cada vez más alto hasta alcanzar los cielos. Este fue el concepto en la construcción de la torre de Babel. Sin embargo, la intención de Dios es estar con el hombre en la tierra. El deseo de Dios es venir a la tierra y expandir Su testimonio. Así, Dios vino a la tierra como un hombre para expandir Su testimonio sobre toda la tierra.

En este mensaje, vimos que las puertas tipifican a Cristo como el Dios Triuno. Cristo se hizo un hombre que era recto, perfecto y completo. Cristo soportó la responsabilidad y cumplió todas las exigencias de los Diez Mandamientos, a fin de abrir el camino para que entremos en Dios y en Sus intereses. Además, Cristo es el testimonio de Dios, y como el Resucitado, el Espíritu vivificante que da vida, Él es un testigo vivo de la victoria eterna.

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domingo, 22 de marzo de 2026

Estudio-vida de Ezequiel, semana 9, miércoles, mensaje 19

ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL

Mensaje 19
LA VISIÓN DEL EDIFICIO SANTO DE DIOS

SEMANA 9 - MIÉRCOLES
Lectura bíblica: Ez 40–43

Leer y orar: “Respondió Jesús: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre sino por mí.” (Juan 14:6)


LA PUERTA

Alabado sea el Señor, pues Él no es solamente el muro, sino también la puerta. Como el muro, Él nos excluye y nos condena, pero como la puerta, Él nos introduce en el edificio de Dios. Si hoy estamos en la esfera del edificio de Dios, es porque Cristo, como la puerta, nos ha introducido en él.

Cristo es nuestra puerta, nuestra entrada. En Juan 14:6, el Señor Jesús nos dice que Él es el camino al Padre. Fuera de Él, nadie puede venir al Padre. Cristo es la puerta de entrada para que entremos en Dios y en los intereses de Dios, el edificio de Dios y el reino de Dios.

Podemos percibir que Cristo es la puerta, la entrada, pero puede que no conozcamos a Cristo como la puerta de una manera detallada. Sin embargo, Ezequiel vio los detalles acerca de Cristo como la puerta.


Las Medidas

La profundidad de la puerta, desde su frente hasta la parte posterior, es de cincuenta codos. El ancho de la puerta, de lado a lado, es de veinticinco codos. Estos números son ambos múltiplos de cinco, el número de la responsabilidad.


Una Escalera de Siete Peldaños

Delante de la puerta, hay una escalera de siete peldaños. Los peldaños de subida son bastante altos, indicando que, para entrar en el edificio, necesitamos subir. Siempre que una persona cree en el Señor Jesús, tiene la sensación de estar subiendo.

Sin embargo, cuando participamos en ciertas diversiones mundanas, tenemos la sensación de estar descendiendo. Siempre que nos acercamos al Señor Jesús, sentimos que estamos en una escalera que sube.


Compuesta de Cuatro Secciones

La puerta está compuesta de cuatro secciones: el atrio exterior, el pasaje, el atrio interior y el pórtico. Hay tres atrios: el atrio exterior, el atrio interior, y un pasaje entre estos dos que puede considerarse como un corredor.

La parte central, el pasaje, también es llamada atrio, pero para ayudar a nuestro entendimiento, podemos usar la palabra pasaje. Así, tenemos aquí el atrio exterior, el pasaje, el atrio interior y el pórtico. El pórtico es, en cierta forma, semejante a una antesala para el templo.

Al pasar por el atrio exterior, el pasaje, el atrio interior y el pórtico, la persona puede entrar en el templo. Luego, la persona debe subir otro tramo de escaleras. Este ascenso es aún mayor, siendo de ocho peldaños en lugar de siete.


La Entrada de la Puerta

Al referirnos a la figura 2, que es un dibujo detallado de la puerta, podemos ver que dentro de la puerta está su entrada, que mide exactamente diez codos. Es significativo que la abertura de la entrada sea de diez codos de ancho.

En la Biblia, el número diez se refiere primeramente a los Diez Mandamientos. Todo lo que los Diez Mandamientos exigen, la entrada de la puerta lo cumple. El ancho de la entrada es exactamente la extensión de los Diez Mandamientos. Esto indica que el Señor Jesús cumplió todas las exigencias de los Diez Mandamientos.

Cuando somos confrontados con los Diez Mandamientos, somos excluidos por ellos. Sin embargo, el Señor Jesús fue capaz de cumplir cada mandamiento, y Él llegó a ser la puerta para que entremos en el edificio de Dios. Considerando que la entrada (o abertura) de la puerta es de diez codos de ancho, la puerta en sí es de trece codos.

A ambos lados del portón, el muro mide un codo y medio. Al sumar ambos, tenemos tres codos. Tres es el número del Dios Triuno y también el número de la resurrección. Aquí el tres está dividido, con uno y medio en cada lado. Les pido que recuerden que en el tabernáculo, las tablas permanentes eran de un codo y medio de ancho cada una y que dos tablas forman una unidad de tres codos.

Todos estos números son significativos. Indican que el Señor Jesús, quien cumple todos los requisitos de los Diez Mandamientos, es el Dios Triuno que se hizo hombre, fue condenado a muerte y resucitó. En Su muerte, Cristo fue “partido” en dos partes y luego resucitó.


El Atrio

Después de la puerta viene el atrio, que mide seis codos por diez. Al reunir todos estos números, podemos ver que Cristo era el Dios Triuno (el número tres), que se hizo hombre teniendo el número seis. Él fue “partido” en Su muerte y resucitó, cumpliendo todas las exigencias de los Diez Mandamientos. De esta manera, Él abrió la puerta.


🌿Disfrute más:

Himno: La Iglesia - "Su Edificación"

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Estudio-vida de Ezequiel, semana 9, martes, mensaje 19

ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL

Mensaje 19
LA VISIÓN DEL EDIFICIO SANTO DE DIOS

SEMANA 9 - MARTES
Lectura bíblica: Lc 2:48-51

Leer y orar: “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro espíritu, alma y cuerpo sea guardado íntegro e irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” (1 Ts 5:23)


EL EDIFICIO SANTO DE DIOS

El templo santo es el lugar donde Dios está, la habitación de Dios. Si queremos buscar a Dios, contactar a Dios, tener comunión con Dios y servir a Dios, debemos darnos cuenta de que Dios tiene Su habitación.

Por un lado, Dios es omnipresente; por otro, Dios tiene Su lugar particular. Si queremos encontrarle, debemos conocer Su ubicación exacta, Su habitación definitiva. Así, es necesario considerar la visión del edificio de Dios en Ezequiel, pues esta visión describe el lugar donde Dios habita ─ Su templo santo.

Consideraremos primeramente un bosquejo general, o plano, del edificio de Dios. Por favor consulte la figura 1¹, que es el plano gráfico que muestra el templo y sus atrios interiores y exteriores.

El edificio es cuadrado, con cada uno de los cuatro lados teniendo quinientos codos de medida. Tres de los cuatro lados tienen una entrada. Hay puertas en el este, sur y norte, todas ellas llevan al atrio exterior alrededor de los muros.

En el atrio exterior, hay seis pavimentos hechos de piedra. Cada uno de los pavimentos tiene cinco cámaras construidas como lugares para que las personas coman y disfruten los sacrificios y las ofrendas. Esto significa que las treinta cámaras son lugares para disfrutar a Cristo.

Dentro del atrio exterior existe un atrio interior, que también tiene puertas en tres lados, en el este, sur y norte. Esto hace un total de seis puertas: tres para el atrio exterior y tres para el atrio interior.

A este respecto, debemos darnos cuenta de que el edificio que Ezequiel vio tiene dos muros: el muro fuera del atrio exterior y el muro exterior del atrio interior. En cada uno de los muros existen tres puertas. La medida y el modelo de los muros y las puertas son exactamente los mismos.

Dentro del atrio interior está el altar. Este altar es el centro de todo el complejo del edificio de Dios. El altar es un tipo de la cruz. Por lo tanto, el altar en el centro del complejo indica que la cruz de Cristo está en el centro de la economía de Dios y de los intereses de Dios.

En Ezequiel 40─48, una sección sobre el edificio de Dios, se abordan tres cosas principales: el templo sagrado, la ciudad santa y la tierra santa. El templo, la ciudad y la tierra son todos santos.

Es significativo que Ezequiel comience no desde el lado exterior, sino desde el interior. Este es el camino de la economía de Dios. En Su economía, Dios siempre comienza desde el interior, y no desde el exterior.

Vemos una indicación de esto en 1 Tesalonicenses 5:23, que habla de nuestro “espíritu, alma y cuerpo”, no del cuerpo, alma y espíritu. Esto revela que Dios comienza desde el interior, desde nuestro espíritu, no desde fuera.

La economía de Dios siempre comienza desde dentro, mientras que los movimientos humanos siempre comienzan desde el exterior. A la luz de esto, necesitamos aprender, en la vida de la iglesia, a no comenzar nada de manera exterior, sino siempre comenzar algo desde el interior. Esto es aplicar lo que se revela aquí acerca del edificio de Dios: primero el templo, luego la ciudad y después la tierra.

EL MURO

El primer elemento que necesitamos ver respecto al templo es el muro. El templo tiene un muro en todos los cuatro lados. El muro es para separación, separando lo que es de Dios y lo que no puede pertenecer a Él. Él separa lo que debe pertenecer a Dios y lo que nunca debe pertenecer a Él. El muro es, por lo tanto, una línea de separación.

La medida del muro indica que tipifica al propio Cristo como una línea de separación. Todo lo que está dentro de Cristo pertenece a los intereses de Dios y al edificio de Dios, pero lo que está fuera de Cristo está excluido de los intereses de Dios y del edificio de Dios.

En una ciudad de millones de personas, podemos saber quién es de Dios y quién no lo es por medio de Cristo como la línea de separación. Quien está en Cristo pertenece a Dios, y quien está fuera de Cristo está separado de Dios. En otras palabras, quien pertenece a Cristo está dentro del muro, y quien está fuera de Cristo está fuera del muro.

La medida del muro es bastante inusual. No creo que a lo largo de todos los siglos de la historia humana haya existido tal muro. Este muro es de seis codos de altura y seis codos de espesor. Si pudiéramos mirar una sección transversal del muro, estaríamos mirando un cuadrado de seis codos por seis codos.

El número seis se refiere al hombre, que fue creado en el sexto día. Como el muro es de seis codos de altura y seis codos de espesor, y puesto que seis es el número del hombre, podemos decir que el muro tipifica al Señor Jesús como un cuadrado, en la posición vertical, hombre perfecto y completo. Como un cuadrado, recto, perfecto y completo, e incluso como un hombre resucitado, Cristo es la línea de separación.

Porque Él es cuadrado y recto, está plenamente calificado. En Él no hay ninguna imperfección; con Él no hay nada faltante ni nada torcido. Antes bien, con Él todo es recto, plano, perfecto y completo. Nuevamente digo: este hombre es la línea de separación.

Si solo el Señor Jesús fuese tal hombre, nosotros seríamos excluidos. No somos cuadrados, planos ni rectos. Seguramente, no somos perfectos ni completos. A pesar de ser tan limitados, no debemos intentar imitar a Cristo.

Es imposible para cualquier ser humano caído imitar a Cristo, Aquel que es cuadrado, recto, perfecto y completo. Cuando venimos al Señor Jesús y nos comparamos con Él, somos expuestos y condenados. Por ejemplo, en Lucas 2, vemos que cuando el Señor Jesús era un muchacho de doce años, no importaba cuánto estaba por Su Padre, Él aún obedecía a Sus padres.

Jóvenes, ustedes no son obedientes a sus padres mientras están buscando los intereses del Padre, pero el Señor Jesús fue obediente. De este único ejemplo, podemos darnos cuenta de que la historia de la vida del Señor Jesús es un factor que nos condena.


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¹ Lamentablemente no disponemos de las imágenes en este material.


🌿Disfrute más:

Himno: La Manifestación Suprema - "La Ciudad Santa"

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Estudio-vida de Ezequiel, semana 9, lunes, mensaje 19

ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL

Mensaje 19
LA VISIÓN DEL EDIFICIO SANTO DE DIOS

SEMANA 9 - LUNES
Lectura bíblica: Nm 4:9; Ez 40:2-4; Jn 3:14

Leer y orar: “Y me llevó en espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la santa ciudad, Jerusalén, que descendía del cielo, de parte de Dios” (Ap 21:10)


EL LUGAR PARA VER LA VISIÓN

Ahora necesitamos considerar el lugar para ver la visión. Ezequiel no vio la visión del edificio de Dios en la tierra del cautiverio. Más bien, fue llevado de regreso a la tierra santa, la tierra de Israel (Ez 40:2). Puesto que esta tierra tipifica a Cristo, ser traído de regreso a la tierra de Israel es ser traído de regreso a Cristo.

Además de ser traído de regreso a la tierra de Israel, Ezequiel fue llevado a un monte alto, lo cual representa un lugar de resurrección y ascensión. Cuando volvemos a Cristo, podemos sentir en nuestro espíritu que estamos en un lugar elevado, es decir, en el Cristo resucitado y ascendido.

Además, Ezequiel fue llevado de regreso a Jerusalén. Muchos de nosotros podemos testificar que, mientras estábamos en el cautiverio de las denominaciones, no podíamos ver la visión de la edificación de la iglesia. Sin embargo, cuando volvimos a la tierra santa, a la vida de la iglesia, pudimos ver la visión de la edificación de la iglesia.

A fin de ver algo adecuadamente, necesitamos la posición correcta, la base correcta y el ángulo correcto. Si estamos equivocados, ya sea en la posición o en la base, no seremos capaces de ver. Por ejemplo, si queremos ver Los Ángeles, debemos estar en la posición correcta y tener la ubicación correcta. Si deseamos ver el edificio de Dios, necesitamos estar en el monte en Jerusalén. Ezequiel no fue la única persona que vio la visión del edificio de Dios.

En el libro de Apocalipsis, el apóstol Juan nos dijo que fue llevado en espíritu a un monte grande y alto para ver la ciudad santa, la nueva Jerusalén (21:10). La razón por la cual necesitamos estar en un monte (que tipifica resurrección y ascensión) es que el edificio de Dios es algo en la resurrección y ascensión de Cristo, y necesitamos estar en una posición elevada para ver la visión del edificio de Dios.

Algunas personas se han ofendido a causa de mi ministerio sobre el edificio de Dios. La razón por la que se ofenden es que, en relación con los asuntos espirituales, son como niños pequeños que juegan con juguetes. Si tocas sus “juguetes”, se ofenden.

Si les dices que necesitan crecer en la vida espiritual y dejar sus juguetes, pueden molestarse mucho. Que el Señor tenga misericordia de nosotros para que podamos crecer y también subir. No solo necesitamos crecer, también necesitamos subir a una posición elevada con la base más elevada y obtener el mejor ángulo para ver el edificio de Dios.

Si Ezequiel hubiera permanecido en Babilonia, en el cautiverio, no habría podido ver el edificio. Del mismo modo, si hubiera estado en una llanura y no en la cima del monte, no habría podido ver la visión del edificio de Dios.

Por lo tanto, si queremos ver esta visión, necesitamos crecer y subir. Esto significa que necesitamos madurez en vida y necesitamos estar en lo alto del monte. Entonces seremos capaces de ver el edificio de Dios.


LA VISIÓN DE UN HOMBRE

Antes de que Ezequiel viera la visión del edificio, vio la visión de un hombre. A diferencia del hombre en el capítulo uno, este hombre no se parecía al electro, sino al bronce (Ez 40:3).

En el capítulo uno, en la visión de la gloria del Señor, el Señor Jesús en el trono como hombre se parecía al electro. Pero en el capítulo cuarenta, Él no está en el trono; está junto a la puerta del edificio, midiendo.

En la Biblia, medir significa juzgar y tomar posesión. Cuando una hermana compra una tela, primero la mide. Mientras está midiendo la tela, está evaluando su calidad. En su medición, juzga. Del mismo modo, la medición en el capítulo cuarenta está relacionada con juzgar. Aquí el Señor Jesús no está en el trono, sino en la puerta, con apariencia de bronce para medir y tomar posesión.

Cuando el Señor viene a medir algo, primero juzga ese algo. En tipología, el bronce o cobre tipifica el juicio. Cuando el Señor Jesús estaba en la cruz, fue comparado con una serpiente de bronce (Nm 4:9; Jn 3:14).

En el Antiguo Testamento, el altar del holocausto estaba recubierto de bronce. Ambos ejemplos indican que el bronce (cobre) tipifica el juicio. Una vez que algo ha sido juzgado, es capaz de soportar. Después de que una determinada cosa ha sido juzgada, puede soportar cualquier tipo de prueba o examen. También puede soportar más juicio.

El Señor Jesús es tal persona. Él pasó por el juicio de Dios, y ahora se ha convertido en una prueba para otros. Por haber sido capaz de soportar todo tipo de pruebas, exámenes y juicios, Él está plenamente calificado para medir todo, incluido el edificio de Dios. Por Su juicio, Él mide lo que pertenece al edificio de Dios.


EZEQUIEL ES ENCARGADO DE VER, OÍR Y PONER
EN SU CORAZÓN LO QUE LE ES MOSTRADO

Ezequiel 40:4 dice: “Y me dijo el hombre: Hijo de hombre, mira con tus ojos, oye con tus oídos, y pon en tu corazón todo lo que yo te muestre; porque para esto has sido traído aquí; anuncia, pues, a la casa de Israel todo lo que estás viendo”.

Mientras Dios le mostraba la visión de Su edificio a Ezequiel, el profeta necesitaba tener una visión aguda y oír atentamente. Además, a fin de absorber las cosas que le serían mostradas, tenía que poner su corazón en ellas. Entonces pudo declarar al pueblo de Dios todo lo que había visto y oído.


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sábado, 21 de marzo de 2026

Estudio-vida de Ezequiel, semana 9, domingo, mensaje 19

ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL

Mensaje 19
LA VISIÓN DEL EDIFICIO SANTO DE DIOS

SEMANA 9 - DOMINGO
Lectura bíblica: Ez 40:1─27

Leer y orar: “Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: A los diez de este mes, cada uno tomará para sí un cordero, según la casa de los padres, un cordero por familia.” (Éx 12:3)


En los mensajes anteriores vimos la apariencia de la gloria del Señor, el juicio de Dios por el fuego y la restauración del Señor por la vida. Ahora llegamos a la última parte de Ezequiel (caps. 40─48), que se refiere al edificio santo de Dios. Las tres secciones anteriores son para la última sección; es decir, la gloria del Señor, el juicio de Dios y la restauración del Señor, son todos para el edificio santo de Dios.

Podemos incluso decir que la cuestión de la gloria del Señor, el juicio de Dios y la restauración del Señor son el edificio de Dios. El propósito eterno de Dios es tener un edificio. Todo lo que Dios hace entre Su pueblo en la tierra es para Su edificio.


LA FECHA DE LA VISIÓN

Al comienzo de esta sección (40:1), se nos dice el tiempo de la visión ─ el año, el mes y el día. Si comparamos el año aquí mencionado con el mencionado al comienzo del primer capítulo, veremos que hay una diferencia de veinte años.

La visión de la apariencia de la gloria del Señor, que Ezequiel vio en el capítulo uno, fue vista en el quinto año del cautiverio. La visión de la edificación de la casa de Dios, que él vio en el capítulo cuarenta, fue en el vigésimo quinto año del cautiverio.

Hay una diferencia de veinte años, lo cual no es un corto período de tiempo. Necesitamos recordar que, cuando Ezequiel vio la primera visión, él tenía treinta años de edad, la edad en que un sacerdote comenzaba a ministrar. Cuando vio la última visión, él tenía cincuenta años, la edad para la jubilación de un sacerdote. Esto es muy significativo, pues indica que para ver el edificio de Dios, Ezequiel necesitaba más madurez en vida.

Cuando vio la primera visión, él aún era bastante joven, con solo 30 años de edad. Pero cuando vio la visión del edificio de Dios, él estaba en la edad de jubilarse, indicando que alcanzó la madurez aún en vida y podía ver el edificio del Señor. Para tener la visión del edificio de Dios, es necesario tener madurez en vida.

Debido a su inmadurez en la vida divina, muy pocos cristianos hoy han visto algo respecto al edificio del Señor. Espiritualmente hablando, muchos están muy por debajo de la edad de treinta años y, por lo tanto, ni siquiera están calificados para ser aprendices. De esta manera, no les es posible ver la visión del edificio de Dios.

Es significativo que los años se cuentan en períodos de cinco años. La primera visión fue vista en el quinto año, y la última fue vista en el vigésimo quinto año. Veinticinco es cinco veces cinco. En la Biblia, el número cinco representa al hombre más Dios.

Cuatro es el número de la criatura, el hombre, y uno es el número para el Creador, Dios. Cinco significa tener responsabilidad. Por lo tanto, cinco, que está compuesto de cuatro más uno, significa que el hombre como criatura más Dios como el Creador, juntos, asumen la responsabilidad.

El número veinticinco significa no solo madurez, sino también la plena calificación para asumir responsabilidad. Este año también es llamado el año decimocuarto. El vigésimo quinto año fue contado desde el tiempo del cautiverio, mientras que el decimocuarto año fue contado desde el tiempo de la destrucción de Jerusalén. Ezequiel 40:1 dice: “Después de que la ciudad fue derribada.”

En la Biblia, el número catorce está compuesto principalmente de siete por dos. Siete es el número de conclusión, y dos es el número de testimonio. Por lo tanto, siete por dos denota un testimonio de conclusión. Esto indica que durante catorce años, la destrucción de la ciudad de Jerusalén había sido un fuerte testimonio para el pueblo. Originalmente, las personas no creían que la ciudad sería destruida. Sin embargo, Ezequiel profetizó acerca de la destrucción de la ciudad de Jerusalén, y su profecía se cumplió.

Catorce años después de la destrucción de Jerusalén, Ezequiel vio otras visiones. Esto significa que el testimonio de la destrucción de la ciudad fue suficiente. Permaneció durante catorce años, y después de esos catorce años, el pueblo en el cautiverio se dio cuenta de que esto era un fuerte testimonio.

Además, se nos dice que Ezequiel vio las visiones al comienzo del año, en el primer mes. El primer mes indica un nuevo comienzo. Esto indica que, con nosotros en nuestra experiencia, el edificio de Dios debe tener un nuevo comienzo. Cuando vemos algo acerca de la edificación de la iglesia, ese es un nuevo comienzo en nuestra vida.

El registro también habla del décimo día. De acuerdo con Éxodo 12:3, el décimo día del primer mes fue el día en que el pueblo de Israel preparó el cordero para la Pascua. Esto ciertamente apunta a Cristo, nuestra Pascua, para nuestra redención.

De esto vemos que, siempre que tenemos un nuevo comienzo en nuestra vida cristiana, este debe basarse en Cristo y Su redención. En nosotros mismos, por lo que somos y lo que podemos hacer, jamás podemos tener un nuevo comienzo. No estamos calificados para tener un nuevo comienzo, ni tenemos mérito para tener un nuevo comienzo. Cualquier nuevo comienzo que podamos tener en nuestra vida espiritual está siempre basado en Cristo, el Cordero Pascual y Su redención. Solo por Cristo y Su redención podemos tener un nuevo comienzo en nuestra vida cristiana.


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viernes, 20 de marzo de 2026

Estudio-vida de Ezequiel, semana 8, sábado, mensaje 18

ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL

Mensaje 18
LOS HUESOS SECOS, LOS DOS PEDAZOS DE MADERA Y EL EJÉRCITO

SEMANA 8 - SÁBADO
Lectura bíblica: Ez 37

Leer y orar: “Profeticé como él me había ordenado, y el espíritu entró en ellos, y vivieron y se pusieron en pie, un ejército en gran manera numeroso” (Ez 37:10)


LA MANERA DE LA VIDA

Los cristianos hoy hablan mucho acerca del Cuerpo, la iglesia y la casa de Dios, pero la mayoría no ve la manera práctica de tener el Cuerpo, la iglesia y la casa de Dios. Ezequiel 37 revela claramente que el único camino, la única manera, es el camino de la vida.

Los dos pedazos de madera secos pueden crecer juntos, no por los dones o las enseñanzas, sino por la vida. El Señor no le dijo a Ezequiel que ejercitara ciertos dones o que enseñara. El Señor encargó a Ezequiel que profetizara, que pronunciara o expresara algunas palabras por Dios.

Cuando Ezequiel profetizó algo para los muertos por Dios, Él sopló sobre ellos y ellos recibieron el aliento. Cuando el aliento entró en ellos, este se convirtió en vida para ellos. Luego, por la manera de la vida, los dos pedazos de madera secos pudieron crecer juntos.

Podemos llegar a ser uno no por medio de los dones o enseñanzas, sino por la vida. ¡Oh, todos necesitamos el soplo del viento! Por lo tanto, necesitamos recibir el aliento, y el aliento se convertirá en nosotros en el Espíritu que da vida. Así, podremos crecer en vida.

La vida es maravillosa. Ella resuelve muchos problemas. Nuestro cuerpo físico puede superar muchos problemas simplemente por estar vivo. Esto es una ilustración de que lo que necesitamos en la vida de la iglesia es la vida, no dones o enseñanzas.

Por la vida, las ramas muertas pueden ser reavivadas y crecer unas en otras. Entonces, estas ramas tendrán la unidad que resulta del crecimiento en vida. Si prestamos atención a los dones o a las enseñanzas, estaremos divididos.

Todos necesitamos algo mejor, algo más elevado, y ese algo mejor y más elevado es la vida. Primero viene el soplo del viento, seguido por el aliento y por el Espíritu que da vida. Esto hace que los huesos secos sean reavivados y se vuelvan uno. Por último, los huesos se convierten en un ejército que combate por el Señor. De la misma manera, las ramas secas son reavivadas y crecen juntas. Por el crecimiento en vida, ellas son una y ya no tienen divisiones.

A lo largo de los años, aquí en la iglesia en Los Ángeles, hemos prestado atención no a los dones o enseñanzas, sino a la vida. Si hubiéramos prestado atención a los dones y enseñanzas, nos habríamos dividido repetidamente. Pero porque nos preocupamos por la manera de la vida del Señor, somos uno.


UNIDAD POR LA VIDA

Alabamos al Señor por la unidad en Su restauración. Aunque venimos de muchos orígenes diferentes, somos uno. No somos uno por medio de los dones o enseñanzas, sino por la vida.

Entre nosotros hay muchos exministros, pastores, misioneros y maestros de la Biblia, pero todos estos ahora son uno en vida. Porque tenemos vida, y estamos en la vida, somos uno. Ahora somos un ejército que combate y somos una habitación para el Señor.

Cuando los santos migran para la propagación de la vida de la iglesia, ellos son un ejército que lucha la batalla. No podremos tener migraciones apropiadas si no tenemos unidad. Es muy bueno que, en las migraciones, los santos vengan de diferentes partes del país para ser uno en una determinada ciudad. Ellos se reúnen para ser uno no en enseñanzas o dones, sino en la vida. Porque somos uno en vida, somos tanto el ejército como la habitación del Señor.

El ejército está formado con huesos secos que fueron reavivados, y la habitación con ramas secas que fueron vivificadas y unidas. Ahora, nadie está seco. Cada parte del ejército y de la habitación está llena de vida y está viviendo en unidad. Esto es la restauración del Señor.


JUICIO ADICIONAL

Siguiendo el capítulo treinta y siete, hay dos capítulos más que hablan del juicio adicional. Estos capítulos indican que, si continuamos con el Señor en unidad como un ejército y como una habitación para el Señor en la tierra, Él se encargará de todos nuestros enemigos.

No debemos pensar que, una vez que somos un ejército, no tendremos enemigos. Tampoco debemos pensar que, una vez que somos uno como la habitación del Señor, no tendremos batallas. Aún hay un enemigo, pero el Señor tratará con él.

En el capítulo treinta y cinco existe Edom, el enemigo interior, y en los capítulos treinta y ocho y treinta y nueve, existe el enemigo exterior. Tenemos que juzgar a Edom, el viejo hombre, el enemigo dentro de nosotros; sin embargo, el Señor se encargará de los enemigos que están afuera.

Podemos estar seguros de que, mientras somos uno, el Señor luchará la batalla por nosotros. Él tratará con nuestro enemigo, que también es Su enemigo. Alabamos al Señor, pues podemos estar en la vida de la iglesia en paz y seguridad.

A medida que tratemos con el enemigo interior, el Señor tratará con el enemigo exterior, y una vida de iglesia fuerte será edificada para ser “un ejército en gran manera numeroso” y el santuario del Señor en la tierra.

Solo cuando Dios juzgue a todos los enemigos, Su pueblo podrá habitar pacíficamente sin temor. Cuando el pueblo esté en tal condición pacífica, la edificación de la habitación del Señor será completada, y el Señor tendrá un lugar de descanso entre Su pueblo.


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Estudio-vida de Ezequiel, semana 8, viernes, mensaje 18

ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL

Mensaje 18
LOS HUESOS SECOS, LOS DOS PEDAZOS DE MADERA Y EL EJÉRCITO

SEMANA 8 - VIERNES
Lectura bíblica:
Ez 37:8-10, 16-17; 1 Co 15:45b

Leer y orar: “Venid, cantemos al Señor con júbilo; aclamemos la Roca de nuestra salvación.” (Sal 95:1)


EL VIENTO, EL SOPLO Y EL ESPÍRITU

En Ezequiel 37, tres cosas están relacionadas con el profetizar: el viento, el soplo y el Espíritu. En inglés, estas son tres palabras diferentes; sin embargo, en el texto hebreo son la misma palabra, "ruach". El versículo 9 usa la palabra viento y la palabra soplo, pero en el texto hebreo ambas son la misma palabra, ruach. En el versículo 14, está el Espíritu, pero esto también es una traducción de ruach. Es difícil para los traductores decidir cómo traducir ruach en estos versículos. La traducción se basa tanto en el contexto como en el entendimiento del traductor.

Si aplicamos esta cuestión a nuestra experiencia espiritual, podemos decir que cuando Dios sopla sobre nosotros, esto es el viento; cuando respiramos el viento, es el soplo (respiración); y cuando el soplo entra en nosotros, es el Espíritu.

Primeramente viene el viento y, en seguida, el soplo y luego el Espíritu. Cuando Ezequiel profetizó, Dios sopló el viento, el pueblo recibió el soplo y el soplo se convirtió en el Espíritu, el Espíritu que da vida (1 Co 15:45b).


UN RUIDO Y UN TEMBLOR

En este capítulo, Ezequiel profetizó dos veces, en el versículo 7 y nuevamente en el versículo 10. El versículo 7 dice: “Entonces profeticé como me fue ordenado; mientras yo profetizaba, hubo un ruido, un estruendo de huesos que chocaban contra huesos y se juntaban, cada hueso con su hueso.” Aquí vemos que, cuando Ezequiel profetizó, hubo un ruido y un estruendo.

A veces, las personas se quejan de que nuestras reuniones son muy ruidosas. Mi respuesta es que, si todos fueran huesos secos, todos se quedarían callados. No habría ni ruido ni sonido, solo tranquilidad. Todos los huesos en el valle en Ezequiel 37 estaban quietos e inmóviles. Pero, cuando Ezequiel vino y profetizó, hubo un ruido y un temblor, y todos los huesos se juntaron. No puedo explicar por qué sucedió esto.

Sabemos, sin embargo, que cuando estamos juntos en las reuniones y hacemos un ruido jubiloso (Sal 95:1), somos verdaderamente uno. Supongamos que todos llegamos a las reuniones y nos sentamos en silencio durante treinta minutos. Pronto nos volveríamos críticos unos de otros y, por fin, perderíamos nuestra unidad.

Pero, cuando clamamos alegremente al Señor Jesús, alabándole e invocando Su nombre, somos uno. Puede que no suene bien para usted, pero cuanto más hacemos ruido de esta manera, más somos uno. Si salimos de nosotros mismos invocando al Señor y alabándole, seremos uno.


EL ALIENTO VIENE

Ezequiel 37:8 dice: “Y miré, y he aquí había tendones sobre ellos, y creció la carne, y se extendió la piel sobre ellos; pero no había en ellos espíritu.” Después del ruido, del temblor y de la unión de los huesos, algo muy especial sucedió. Tendones, carne y piel crecieron sobre los huesos, cubriéndolos y haciendo que su apariencia fuera mucho mejor. Anteriormente, ellos eran solo huesos secos; ahora eran un cuerpo sin vida con las partes unidas, ligadas y conectadas. El cuerpo estaba sin vida, porque no tenía aliento.

La descripción en el versículo 8 es aplicable a nuestra experiencia. Los huesos secos deben primeramente ser unidos y, luego, el aliento entrará en ellos. Si no nos unimos, no tendremos el aliento de Dios. No debemos esperar hasta que tengamos el aliento de Dios y, entonces, unirnos. Más bien, debemos primeramente unirnos, con “un ruido” y “un temblor”, y entonces el aliento de Dios será soplado sobre nosotros.

Los versículos 9 y 10 continúan: “Entonces me dijo: Profetiza al viento, profetiza, hijo de hombre, y di al viento: Así dice el Señor Dios: Ven de los cuatro vientos, oh aliento, y sopla sobre estos muertos, para que vivan. Y profeticé como me había mandado, y entró el aliento en ellos, y vivieron y se pusieron en pie, un ejército en extremo numeroso”.

Cuando Ezequiel profetizó nuevamente, Dios envió el aliento para entrar en los cuerpos muertos, y luego ellos se levantaron sobre sus pies y se convirtieron en un “ejército en extremo numeroso” para luchar por Dios.


DOS PEDAZOS DE MADERA SECA SON UNIDOS

En los versículos 16 y 17 dijo el Señor a Ezequiel: “Tú, pues, hijo de hombre, toma un pedazo de madera y escribe en él: Para Judá y para los hijos de Israel, sus compañeros; luego toma otro pedazo de madera y escribe en él: Para José, pedazo de madera de Efraín, y para toda la casa de Israel, sus compañeros. Júntalos el uno con el otro, haz de ellos un solo pedazo, para que sean uno solo en tu mano”.

Primeramente, Ezequiel trató con los huesos secos y, luego, con los pedazos de madera secos. Una vara es algo de madera; sin embargo, está sin vida y seca. Estos dos pedazos de madera muerta simbolizan los dos reinos de Israel, el reino del sur (Judá) y el reino del norte (Israel, o Efraín). Estos dos reinos nunca podrían ser uno y, a los ojos del Señor, estaban completamente muertos y secos.

El Señor tiene una manera de hacer que estos pedazos de madera muertos sean uno, y Su camino es el camino de la vida. Su camino es hacer que estos pedazos de madera muertos vivan y, luego, ponerlos juntos para que puedan crecer juntos.

Esto es muy similar al injerto, en el cual dos ramas son unidas y, finalmente, crecen juntas. De hecho, esto es lo que se menciona aquí. Los dos pedazos de madera son como dos ramas. Anteriormente, no tenían vida, pero luego fueron vivificados. Habiendo sido vivificados, ahora son capaces de crecer juntos y convertirse en uno.

Mientras que los huesos son para la formación del ejército, los pedazos de madera son para la edificación de la casa de Dios. Los pedazos de madera estaban divididos, pero ahora son uno y son la morada de Dios. Por lo tanto, aquí tenemos tanto el ejército que lucha por Dios como la casa de Dios como Su morada.


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miércoles, 18 de marzo de 2026

Estudio-vida de Ezequiel, semana 8, jueves, mensaje 18

ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL

Mensaje 18
LOS HUESOS SECOS, LOS DOS PEDAZOS DE MADERA Y EL EJÉRCITO

SEMANA 8 - JUEVES
Lectura bíblica: Ez 37:11-13

Leer y orar: “En verdad, en verdad os digo que viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oigan vivirán.” (Jn 5:25)


ÉRAMOS COMO HUESOS MUERTOS Y SECOS

Antes de que Dios viniera a renovarnos y regenerarnos, éramos como huesos muertos y secos. Si tuviéramos solo Ezequiel 36, percibiríamos que éramos pecaminosos y sucios, pero no podríamos pensar que estábamos muertos.

Ezequiel 37 revela que no solo estábamos muertos, sino que también éramos como huesos secos. Esto indica que la salvación de Dios no es solo para aquellos que son pecadores, sino también para aquellos que están muertos.

A los ojos de Dios, cuando estábamos caídos, ya sea como pecador o como creyente desviado, estábamos muertos y sepultados en una tumba. Estábamos en la “sepultura” de varias cosas pecaminosas y entretenimientos mundanos.

Antes de ser salvos o antes de ser reavivados, todos estábamos enterrados en algún tipo de sepultura. Éramos pecadores, estábamos muertos, sepultados y secos. No teníamos sangre, ni carne, ni nervios, ni piel ─ solo huesos secos. Esto es un cuadro que muestra cómo estábamos y dónde estábamos.


ESTÁBAMOS DISPERSOS

Debido a que estábamos muertos y secos, también estábamos dispersos. Según Ezequiel 37, ningún hueso estaba unido a otro hueso. Todos los huesos estaban desarticulados y dispersos, no había unidad. Ya fuéramos un pecador no salvo o un creyente desviado, esa era nuestra situación.

Hoy, muchos cristianos están enterrados en las tumbas de las denominaciones, divisiones, grupos independientes y diferentes movimientos. Todas las denominaciones, sectas, grupos y movimientos son sepulturas. Muchos de nosotros podemos testificar que, anteriormente, estábamos en tales sepulturas, muertos, secos, dispersos, desarticulados y no conectados con nadie.


EL PUEBLO DE DIOS SALE DE SUS SEPULTURAS

Ezequiel 37:11-13 dice: “Entonces me dijo: Hijo de hombre, estos huesos son toda la casa de Israel. He aquí, dicen: Nuestros huesos se secaron, y pereció nuestra esperanza; estamos del todo exterminados. Por tanto, profetiza y diles: Así dice el Señor Dios: He aquí, yo abro vuestros sepulcros, y os haré subir de ellos, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y sabréis que yo soy el Señor, cuando abra vuestros sepulcros y os haga subir de ellos, pueblo mío.”

No solo los pecadores incrédulos necesitan ser liberados de sus sepulturas, sino que incluso muchos hermanos y hermanas necesitan ser reavivados y liberados de la muerte y de sus tumbas. Algunos santos se han vuelto caídos y desolados y ahora están atrapados en sus tumbas.

No sé por qué motivo estás muerto ni en qué tipo de sepultura estás retenido. Sin embargo, espero que el viento de Dios sople sobre ti, que la luz de Dios resplandezca en ti, que la vida de Dios opere en tu interior y rompa tu sepultura, te haga salir de ella y seas reavivado.

La Biblia revela que el Señor es el Salvador de los muertos. En Juan 5:25 el Señor Jesús dijo: “Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que la oigan vivirán.”

En Ezequiel 37, Dios está hablando no a los enfermos, sino a los muertos. Es una bendición darse cuenta de que estamos muertos y que necesitamos al Señor para vivificarnos. La palabra de Dios en este capítulo no es para hacer sana a una persona enferma, ni para transformar a una persona mala en una buena persona; la palabra de Dios aquí es hacer que una persona muerta llegue a ser una persona viva.

Espero que muchos se humillen delante del Señor y oren: “Señor, confieso que no soy solo enfermo y pecaminoso ─ admito que estoy muerto. Mi corazón y mi espíritu están muertos. Señor, estoy completamente muerto y seco. Soy como un montón de huesos muertos y secos. Oh Señor, necesito que Tu vida entre en mí. Necesito que soples el aliento de vida en mí para que pueda vivir.”


RESTAURA POR MEDIO DEL PROFETIZAR

¡Alabado sea el Señor, porque Él no nos dejó en nuestra situación, sino que vino para rescatarnos! Sin embargo, el Señor no vino directamente para ser nuestro Pastor, sino que, según Ezequiel 37, Él vino por medio del profetizar de Su palabra.

Muchos cristianos tienen una comprensión equivocada de profetizar, pensando que profetizar es solo predecir. Pero no hay ninguna predicción en Ezequiel 37. Más bien, el profetizar aquí es una cuestión de declarar algo o proclamar algo.

Esto indica que profetizar en este capítulo no significa principalmente predecir, sino proclamar, hacer algún tipo de declaración. Cuando el Señor le dijo a Ezequiel que profetizara, quiso decir que Ezequiel proclamara.

El Señor le dijo a Ezequiel que, cuando él profetizara, Él enviaría el aliento y el viento. Cuando Ezequiel profetizó, Dios dio a las personas el Espíritu. A partir de esto podemos ver claramente que el significado principal de profetizar no es predecir, sino hablar algo por el Señor.

Otros cristianos piensan que profetizar es enseñar. Pero no importa cuánto se pueda enseñar a huesos secos, estos permanecen huesos secos. Se puede enseñar a huesos secos acerca de la necesidad del viento, del aliento y del Espíritu, pero nada sucede a esos huesos.

En este capítulo, Ezequiel ni predijo algo a los huesos secos ni les enseñó. Por el contrario, cuando Ezequiel profetizó, habló algo por Dios, y Dios lo siguió. Mientras Ezequiel estaba profetizando, Dios estaba soplando sobre los huesos secos, enviando el viento, el aliento y el Espíritu.


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Estudio-Vida de Ezequiel, semana 8, miércoles, mensaje 18

ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL

Mensagem 18
LOS HUESOS SECOS, LOS DOS PEDAZOS DE MADERA Y EL EJÉRCITO

SEMANA 8 - MIÉRCOLES
Lectura bíblica: Ez 36:35, 37:1, 5-17, 21-28

Leer y orar: “Les levantaré plantación memorable, y nunca más serán consumidos por el hambre en la tierra, ni llevarán más sobre sí el oprobio de los gentiles.” (Ez 34:29)


El libro de Ezequiel tiene cuatro secciones principales, cada una conteniendo un punto crucial. La primera sección, que consiste en el capítulo 1, habla de la visión gloriosa de Dios y revela al Dios santo en Su gloria.

La segunda sección, compuesta por los capítulos dos hasta el treinta y dos, habla del juicio de Dios para tratar con todas las cosas y asuntos que no son compatibles con Su justicia, santidad y gloria. Dios juzga todo entre Israel y entre los gentiles que es incompatible con Su naturaleza.

La tercera sección, que incluye los capítulos treinta y tres hasta el treinta y nueve, se refiere a la restauración de Dios de un remanente de Su pueblo. Cuando Dios viene para juzgar, Él se acuerda de Su pacto de gracia y, así, preserva un grupo de Sus elegidos y los lleva de regreso a su propia tierra. Esto indica que la idea principal en la tercera parte de Ezequiel es la restauración del Señor.

La cuarta sección, que consiste en los capítulos cuarenta hasta el cuarenta y ocho, habla de Dios viniendo para edificar a Su pueblo amado y restaurado en Su morada. Esto significa que la última sección está dedicada a la cuestión del edificio de Dios.

En el libro de Ezequiel, hay tres capítulos que pueden ser considerados grandes capítulos en la Biblia: el capítulo uno, el capítulo treinta y siete y el capítulo cuarenta y siete. Estos capítulos ocupan una posición especial, no solo en Ezequiel, sino en la Biblia en su totalidad.

Cada uno de estos capítulos puede ser representado por una sola palabra: el capítulo uno ─ fuego; el capítulo treinta y siete ─ soplo; y el capítulo cuarenta y siete ─ agua. Ningún capítulo habla de Dios como fuego de la manera en que lo hace Ezequiel 1. Juan 4 y 7 y Apocalipsis 22 hablan acerca del agua, pero no de la manera en que lo hace Ezequiel 47.

De la misma manera, Ezequiel 37 es único en su forma de hablar del soplo de Dios. Este capítulo revela cómo el Espíritu de Dios entra en nosotros a fin de vivificarnos para que podamos llegar a ser una persona colectiva, formados en un ejército, y también edificados como la morada de Dios. Solo en este capítulo vemos el resultado de ser vivificados por el soplo de vida. A partir de esto, vemos que Ezequiel 37 ocupa una posición particular en la Biblia.

Los capítulos treinta y tres a treinta y siete de Ezequiel describen la restauración de Dios de Su pueblo desde diferentes aspectos. El capítulo treinta y cuatro enfatiza la venida del Señor como un pastor que busca a la oveja perdida y la lleva de regreso a su propia tierra.

En el capítulo treinta y seis, vemos que el Señor restaura a Su pueblo por la vida, no solamente externamente, sino también interiormente, dándoles un corazón nuevo y un espíritu nuevo y poniendo Su Espíritu dentro de ellos.

El capítulo treinta y siete revela que el Señor viene para reavivar a Sus muertos y dispersos y hacerlos uno. A partir de esto, vemos que el pueblo cautivo de Dios necesitaba ser restaurado en diferentes aspectos. Por haber sido expulsados y dispersados como ovejas, necesitaban al Señor para buscarlos como su Pastor.

Puesto que su condición interior era impura y vieja, necesitaban un corazón nuevo y un espíritu nuevo. Por haberse convertido en huesos muertos y secos, necesitaban ser reavivados y unidos.


LA PLANTACIÓN MEMORABLE
Y EL JARDÍN DEL EDÉN

Antes de comenzar a considerar el capítulo treinta y siete, quisiera decir una palabra acerca de dos asuntos: la plantación memorable (34:29) y el jardín del Edén (36:35). La plantación memorable, una planta famosa, es Cristo. Cristo no es solamente la buena tierra, que contiene muchos árboles cuyos frutos son buenos para comer; Cristo es también una plantación memorable.

En lo que se refiere a la expresión como el jardín del Edén, necesitamos ver que, finalmente, la restauración del Señor llegará al punto en que será como el jardín del Edén. Entonces, dondequiera que estemos en la restauración del Señor, estaremos en el jardín del Edén.

Frecuentemente, en las reuniones de las iglesias locales, tenemos la sensación de estar en el jardín del Edén. En el jardín del Edén tenemos a Cristo como una planta famosa, la plantación memorable. Esto significa que, en la vida de la iglesia, podemos disfrutar las riquezas de Cristo de manera especial diariamente.


UN CAPÍTULO QUE MUESTRA
CÓMO DIOS NOS RENUEVA Y NOS REGENERA

Ezequiel 34 abarca, principalmente, los aspectos exteriores de la restauración del Señor. En este capítulo, Dios viene como el Pastor que busca y encuentra a Su pueblo y los lleva de regreso a su buena tierra.

Ezequiel 36 abarca el aspecto interior de la restauración del Señor. En Su restauración, el Señor no solo nos lleva de regreso exteriormente, sino que también interiormente nos da un corazón nuevo y un espíritu nuevo y pone Su Espíritu en nuestro espíritu.

Si vemos esto, nos daremos cuenta de que la restauración del Señor no es meramente una cuestión de posición exterior y circunstancias exteriores, sino también una cuestión de naturaleza y disposición interior.

En la restauración del Señor, la cual es algo tanto exterior como interior, no solo nuestra posición, circunstancias y ambientes han cambiado, sino que también tenemos la renovación interior de nuestro corazón y nuestro espíritu, y recibimos el Espíritu de Dios.

Exteriormente hay un cambio, e interiormente hay una conversión. Sin embargo, Ezequiel 36 no nos dice de manera clara y completa cómo podemos tener una conversión, cómo podemos tener un corazón nuevo y un espíritu nuevo, y cómo podemos obtener el Espíritu de Dios.

Simplemente se nos dice de manera general que el Señor nos dará un corazón nuevo y un espíritu nuevo y pondrá Su propio Espíritu dentro de nosotros. Así, necesitamos Ezequiel 37 para mostrarnos cómo Dios nos renueva y nos regenera.


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Estudio-vida de Ezequiel, semana 9, sábado, mensaje 20

ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL Mensaje 20 LOS ATRIOS EXTERIOR E INTERIOR SEMANA 9 - SÁBADO Lectura Bíblica: Ez 40-42 Leer y orar: “Jesús les res...