sábado, 28 de marzo de 2026

Estudio-Vida de Ezequiel, semana 10, martes, mensaje 21

ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL

Mensaje 21
EL ALTAR

SEMANA 10 - MARTES
Lectura Bíblica: Ez 40

Leer y orar: “En verdad, en verdad te digo que, cuando eras más joven, te ceñías a ti mismo y andabas por donde querías; pero cuando seas viejo, extenderás las manos, y otro te ceñirá y te llevará adonde no quieres.” (Juan 21:18)


La muerte es una terminación para el hombre

Como hemos señalado, el hombre también estaba en la cruz. Cuando el Señor Jesús murió, el hombre también murió, y esa muerte significó la terminación del hombre. Todas las cosas negativas relacionadas con el hombre fueron terminadas en la cruz. ¡Alabado sea el Señor que todos nosotros fuimos terminados en la cruz!

Por la muerte todo-inclusiva del Señor Jesús en la cruz, todas las riquezas de Dios fueron liberadas. La muerte de Cristo en la cruz fue una liberación maravillosa para Dios y una terminación maravillosa para nosotros.

Todos nosotros necesitamos esta visión del altar. Necesitamos ver que, no importa cuál sea nuestra edad, todos nosotros fuimos terminados en la cruz al mismo tiempo. Las riquezas de Dios fueron liberadas allí, y todas las cosas negativas también fueron terminadas allí. Por lo tanto, la muerte todo-inclusiva de Cristo en la cruz fue nuestra terminación y la liberación de Dios.

La mezcla de Dios con el hombre comenzó cuando el Señor Jesús nació en Belén. Por Su encarnación, Dios vino al hombre. Pero la mezcla del hombre con Dios comenzó en la cruz y fue totalmente realizada en la resurrección.

A través de la muerte y resurrección del Señor, fuimos puestos en Dios y mezclados con Dios. Por lo tanto, por medio de la encarnación Dios vino al hombre y, por la muerte y resurrección, el hombre fue puesto en Dios. Todo lo que somos y tenemos fue terminado en la cruz, en el altar. A través de la cruz, la vida divina fue liberada, y entonces esa vida nos fue dada por medio de la resurrección de Cristo.

Si enterramos un grano de trigo y una pequeña piedra, algo vivo crecerá del grano de trigo, pero la piedra permanecerá enterrada. A través de Su muerte en la cruz, el Señor Jesús como el grano de trigo fue liberado, pero nosotros, una “piedra” muerta, fuimos terminados. Aunque fuimos terminados de esta manera, la vida divina fue transmitida dentro de nosotros para hacernos personas maravillosas.

Originalmente, no éramos maravillosos. Antes de ser salvos, estábamos fuera del muro del complejo del templo, y nos amábamos mucho. Después de ser salvos y de pasar por la puerta al atrio exterior, ya no nos amábamos tanto; sin embargo, todavía teníamos cierta cantidad de autocompasión.

Sin embargo, después de entrar en el atrio interior, ya no nos amamos a nosotros mismos ni tenemos compasión de nosotros; más bien, odiamos el ego. A medida que avanzamos aún más y llegamos al altar, vemos que el ego es horrible, el cual amábamos cuando estábamos fuera del muro, despreciable en el atrio exterior, y odiado en el atrio interior, ya había sido terminado. Una vez que el ego ha sido terminado, no hay necesidad de amarlo, tener compasión de él o incluso odiarlo. Más bien, simplemente debemos olvidar el ego y dejarlo en el altar.

Hemos señalado que, puesto que la cruz, el altar, ocupa un lugar central en nuestra relación con Dios, no podemos evitarla. De hecho, tan pronto como entramos por la puerta, comenzamos a percibir algo acerca de la cruz. La cruz está implícita en la puerta que tipifica al Señor Jesús, quien cumplió todas las exigencias de los Diez Mandamientos y luego murió en la cruz para satisfacer las justas exigencias de la ley de Dios.

La cruz también está implícita en el comer de los sacrificios, los cuales pasaron por la muerte. Este comer ocurre en el pavimento. Además, las cocinas y las mesas donde los sacrificios son inmolados, ambos implican la cruz. Esto indica que en todo el edificio santo de Dios, podemos ver la cruz — en la puerta principal, en el pavimento, en las cocinas de las esquinas y en las mesas, en el atrio interior.

La cruz, por lo tanto, no es solo el centro, sino también la circunferencia. La cruz se extiende en todas las direcciones y en todos los rincones. Después de haber sido salvos, nos encontraremos con la cruz por todas partes. Aparte de la cruz, es imposible contactar a Cristo, o tener experiencias espirituales cristianas.

Aunque nos encontramos con la cruz en toda nuestra vida cristiana, experimentamos la cruz de una manera particular cuando llegamos al altar en el centro del edificio de Dios. Ir al altar en el centro es darnos cuenta de que todo lo que somos y tenemos fue terminado en la cruz.

Aquí tenemos una experiencia definitiva de la cruz y no solo un conocimiento superficial acerca de la cruz. En nuestra comunión con el Señor, somos llevados a un punto en el que tocamos la cruz de una manera definitiva y sentimos que Dios ya no nos permitirá vivir en nuestro hombre natural.

Esto nos lleva a tener un gran avance y una sumisión absoluta a la cruz. Como resultado, sabremos qué es la vida natural y qué significa que la vieja creación sea despojada. Esta es la experiencia de la cruz como el centro. Me entristece saber que, aunque muchos de nosotros ya hemos oído mensajes sobre la cruz, pocos realmente viven una vida crucificada.

Por ejemplo, no podemos vivir una vida crucificada en nuestra vida conyugal. Si un hermano casado y su esposa discuten el uno con el otro, esto indica que no están viviendo una vida crucificada. Si estuvieran viviendo una vida crucificada, no se estarían acusando mutuamente ni defendiéndose.

Aquellos que viven una vida crucificada no se defienden cuando son atacados o criticados. Ellos experimentan la terminación de su vida adámica y de la vieja creación por medio de la muerte de cruz y disfrutan las riquezas de Dios y Su elemento divino, los cuales fueron liberados por medio de la cruz.

Cuando algunas personas, especialmente los jóvenes, oyen esta palabra acerca del altar, se asustan y piensan que es mejor no amar al Señor ni buscarle. Piensan que es adecuado simplemente entrar por la puerta, al atrio exterior y disfrutar de Cristo en el pavimento; piensan que no hay necesidad de ir más allá de la puerta interior, que conduce al atrio interior en dirección al altar. Temen que sea peligroso acercarse al altar y convertirse en un holocausto.

Necesitamos darnos cuenta de que, puesto que el Señor ha tenido misericordia de nosotros, no podemos escapar de Él. No fuimos salvos por nuestra propia voluntad. Más bien, mientras estábamos vagando en el mundo, sin ninguna intención de entrar por la puerta, el Señor nos llevó hasta ella. Aparte de nuestra propia elección, creímos en Cristo. Esto es completamente una cuestión de la elección de Dios, de Su misericordia y de Su búsqueda cuidadosa.

El principio es el mismo con respecto a nuestro amor y búsqueda del Señor. Si no creemos en el Señor, lo amamos y lo buscamos, nos sentimos incómodos e insatisfechos. Sin embargo, cuanto más amamos al Señor y lo buscamos, más somos satisfechos. Esto también es una cuestión de la misericordia del Señor.

Debido a Su misericordia hacia nosotros y a Su obrar en nuestro interior, no tenemos otra opción que avanzar; no podemos retroceder. Si no avanzamos hacia el altar, sino que intentamos volver al atrio exterior, nos sentiremos incómodos. Por lo tanto, necesitamos avanzar cada vez más hasta llegar al altar.

Finalmente, todos aquellos que son espirituales y que buscan al Señor terminarán en el altar, donde serán terminados, incluso destruidos, por el Señor. Aparentemente sin razón, el Señor los despoja y los priva de todo.

Dios lleva a muerte todo lo que somos y todo lo que tenemos. Madame Guyon experimentó esto y pudo decir que Dios le dio la cruz. Debido a que amamos al Señor y lo buscamos, tarde o temprano conoceremos la cruz, la cual nos despojará y nos privará y llevará todo a la muerte. Seremos forzados a pasar por la muerte, aunque no estemos dispuestos a hacerlo.

No experimentamos la cruz de manera completa una sola vez; la experimentamos repetidamente. Aquellos que buscan al Señor encontrarán la cruz en cada dirección. En un momento, encontrarán la cruz a través de sus hijos. En otra ocasión, encontrarán la cruz a través de su cónyuge o por motivo de enfermedad.

En otros momentos, experimentarán la cruz a través de la iglesia o a través de los colaboradores. La razón por la cual la cruz está en todas partes es que tenemos que pasar por la cruz para poder contactar a Dios. Gracias al Señor, Dios nos da la cruz y la cruz nos da a Dios. Los que aman a Dios son los que más lo experimentan, y son los que más pasan por la cruz.


🌿Disfrute más:

Himno: Alabanza al Señor - "Su muerte"

https://hinario.org/detail.php?id=1166

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