ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL
Leer y orar: “Tú, pues, hijo de hombre, muestra a la casa de Israel este templo, para que se avergüencen de sus iniquidades; y midan el modelo. Y si se avergüenzan de todo lo que han hecho, hazles saber el diseño de la casa, su disposición, sus salidas, sus entradas y todas sus formas; todos sus estatutos, todos sus decretos y todas sus leyes; escríbelo delante de ellos para que guarden todo su diseño y todos sus estatutos, y los cumplan” (Ez 43:10-11)
LA PROSTITUCIÓN Y LOS CADÁVERES DEL PUEBLO
En el versículo 7b, el Señor dijo a Ezequiel que el pueblo le había ofendido con sus prostituciones y con sus cadáveres. Aquí, el Señor no reprendió a la casa de Israel por su comportamiento y conducta, sino por su prostitución y sus cadáveres.
La prostitución es fornicación. No importa cuán amable y hermosa pueda ser una esposa ni cuántas buenas cosas haga; si ama a otro hombre que no sea su marido, eso es prostitución.
En principio, esta era la situación de la iglesia en Éfeso en Apocalipsis 2. El Señor dijo que habían hecho muchas buenas obras, pero que habían perdido el primer amor (v. 4). Él estaba diciendo que, además de Él, amaban algunas otras cosas. Eso es prostitución.
No importa cuán bueno, puro o santo algo pueda ser, si amamos esa cosa más que al propio Señor, eso es prostitución. Muy pocos cristianos hoy se preocupan simplemente por el Señor mismo. En cambio, muchos se preocupan por otras cosas, incluyendo cosas que son buenas y fundamentales, espirituales y santas. Eso es prostitución.
Los cadáveres son cosas muertas. Ezequiel 43:7b habla de “los cadáveres de sus reyes en sus lugares altos”. En la interpretación de esta parte del versículo, después de lugares altos podemos añadir de Sión para indicar que estos lugares altos aquí pueden referirse a los lugares altos en el monte Sión.
Según la costumbre, los cuerpos (cadáveres) de los reyes eran enterrados junto al templo. Por eso el Señor dijo que el límite de los cadáveres estaba cerca de Su límite y que las lápidas de sus sepulcros estaban cerca de Su umbral en el templo (v. 8).
De un lado estaba el santuario del Señor; del otro, la sepultura de los cuerpos de los reyes. Así, estos no eran los cadáveres de personas de clases más bajas, sino de reyes, personas de alta posición.
Después de describir estas abominaciones, el Señor dijo a Ezequiel cómo instruir al pueblo: “Tú, pues, hijo de hombre, muestra a la casa de Israel este templo, para que se avergüencen de sus iniquidades” (v. 10a).
El Señor no encargó a Ezequiel enseñar al pueblo de Dios la ley y los Diez Mandamientos como había ordenado a Moisés. Más bien, le dijo que mostrara la casa de Dios al pueblo.
Aquí, el Señor parecía decir: “De ahora en adelante, no es cuestión de la dispensación de la ley, sino de la dispensación de Mi casa. Simplemente guardar la ley no es suficiente. Deben guardar el diseño, las disposiciones, las ordenanzas, los estatutos, las leyes, las entradas y las salidas relacionados con la casa. Deben comportarse no solo conforme a los Diez Mandamientos, sino también conforme a Mi casa”.
Según el versículo 10, Dios quería que Ezequiel mostrara el templo a la casa de Israel para que el pueblo se avergonzara de sus iniquidades. El templo de Dios es un modelo, y si el pueblo se examinaba a la luz de ese modelo, conocería sus deficiencias.
Era la intención de Dios evaluar la vida y la conducta del pueblo de Israel por Su casa, Su morada, como modelo y norma. La vida del pueblo de Dios debe corresponder al templo de Dios. Mostrar el templo al pueblo de Dios expone sus pecados y fallas y hace que se avergüencen de sus iniquidades.
La mayoría de los creyentes hoy sienten que los reglamentos morales y los principios espirituales son suficientes como reglas de comportamiento y conducta. Pocos perciben que nuestro comportamiento y conducta deben ser evaluados no solo conforme a los reglamentos morales y principios espirituales, sino también conforme a la iglesia, la casa de Dios.
Las enseñanzas comunes, o inferiores, en el cristianismo de hoy dicen a los creyentes cómo comportarse, es decir, qué hacer y qué no hacer. Se dan muchas reglas de conducta a los creyentes. También hay enseñanzas más elevadas que los animan a ser espirituales. Estas enseñanzas son un poco mejores en relación con las enseñanzas acerca de la conducta.
El Señor no dijo a Ezequiel que mostrara la ley o los principios espirituales a la casa de Israel. Más bien, el Señor le encargó mostrar Su casa a la casa de Israel. Debido a que la casa debía ser Su reglamentación, el Señor le encargó mostrarles “el diseño de la casa, su disposición, sus salidas y sus entradas, todos sus estatutos, todas sus ordenanzas y todas sus leyes” (v. 11).
Nuestra principal preocupación hoy no debe ser cómo nos comportamos ni siquiera cómo llegar a ser espirituales. Nuestra preocupación debe ser cómo conformarnos a la casa de Dios, es decir, la manera en que nos conducimos en la casa de Dios.
El Señor no ordenó a Ezequiel que mostrara la ley, los Diez Mandamientos, a la casa de Israel; tampoco le ordenó mostrar los principios espirituales. Por el contrario, le encargó mostrar Su casa a la casa de Israel.
Supongamos que cierto joven es salvo. Antes de ser salvo, trataba muy mal a sus padres y a su hermana. Ahora que es salvo, aprende a tratarlos con respeto y a comportarse bien y correctamente con su padre, madre y hermana.
Más tarde, aprende a ser espiritual y a hacer cosas como considerarse muerto. Es bueno en su comportamiento y, en ciertos aspectos, incluso es espiritual; sin embargo, es totalmente independiente.
Es tan independiente que no está dispuesto a orar con otros. Esta persona, extremadamente independiente, no sabe nada acerca de la casa de Dios. No le importa en absoluto la iglesia. Todo lo que hace es para sí mismo individualmente; nada es para la iglesia, el Cuerpo, la expresión corporativa de Cristo.
Si este tipo de persona es medido por la casa, se dará cuenta de que le falta en todos los aspectos. Por ejemplo, verá que no tiene ventanas, es decir, el Espíritu que da vida. Necesita tener ventanas por medio de invocar el nombre del Señor Jesús. Cuanto más invoque el nombre del Señor, más ventanas tendrá.
Este hermano también necesita ser evaluado y comparado con las puertas de la casa. Esto puede llevarlo a darse cuenta de que tiene muchas puertas por las cuales puede salir de la vida de la iglesia. En cuanto a la vida de la iglesia, puede ir y venir como quiera, viniendo un día y saliendo al otro. Aunque tiene muchas puertas, el templo no tiene muchas puertas. No tiene ventanas, pero tiene muchas puertas, muchas maneras de dejar la vida de la iglesia.
🌿Disfruta más:
Himno: "Libre de Adán, del yo, edífícame, Señor"
https://hinario.org/detail.php?tab=1&mainmp3=admin/Uploaded-mp3-Files/0840.voz_piano.mp3&id=919
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