miércoles, 30 de abril de 2025

La administración de la iglesia y el ministerio de la palabra, semana 7, capítulo 10, miércoles

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO DIEZ: LA ELECCIÓN DEL MATERIAL
PARA EL MINISTERIO DE LA PALABRA

SEMANA 7 - MIÉRCOLES
Lectura bíblica: Ro 12:3-8; 1 Ti 4:6-16; 2 Ti 3:16-17

Leer y orar: "Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios;" (1 P 4:11)


EL MINISTERIO DE LA PALABRA
ES PARA QUE LAS PERSONAS RECIBAN
EL SUMINISTRO DE VIDA

Un ministro de la palabra debe estar atento al material que utiliza. La elección del material es importante e involucra muchos detalles. Los que ministran la palabra deben comprender que el ministerio de la palabra tiene por objetivo dar vida.

El ejercicio del ministerio de la palabra debe también presentar soluciones para los problemas de las personas y generar en ellas un sentimiento de necesidad. No debe darles solamente material para reflexión. Al ejercer el ministerio de la palabra necesitamos suplir a las personas con vida, solucionar sus problemas y generar en ellas un sentimiento de necesidad. Debemos seguir estos principios al elegir el material para el ministerio de la palabra.

Se han producido más libros sobre temas relativos al cristianismo que sobre cualquier otro asunto. El número de libros publicados sobre exposición bíblica es especialmente grande. Si algún ministro de la palabra piensa que no necesita usar material extraído de publicaciones de terceros, es orgulloso y necio.

Un ministro de la palabra también puede ser tentado a creer que necesita solamente material extraído de libros publicados en el cristianismo. Un ministro que piensa así ha perdido su ministerio de la palabra. Un ministro de la palabra no debe depender exclusivamente del material encontrado en libros.


EL MATERIAL BÁSICO PARA EL MINISTERIO
DE LA PALABRA ESTÁ COMPUESTO DE LECCIONES
APRENDIDAS PERSONALMENTE Y DE
ENCARGOS RECIBIDOS DEL SEÑOR

El material básico para el ministerio de la palabra debe estar compuesto por las lecciones que una persona ha aprendido y por los encargos que ha recibido del Señor. Queremos predicar un mensaje que esté basado en una lección que aprendimos y en un encargo recibido. Podemos consultar a otras personas para conocer sus perspectivas, explicaciones e ilustraciones relativas a la lección que aprendimos y al encargo recibido.

Leer libros de consulta regularmente ayuda a ampliar nuestro conocimiento, pero si un ministro de la palabra compila sus mensajes a partir de libros de consulta, sin haber aprendido ninguna lección ni haber recibido ningún encargo, su mensaje será degradado e inútil. El ministerio de la palabra está basado en las lecciones que ya aprendimos y en los encargos que ya recibimos.

Si un ministro de la palabra no aprende ninguna lección y nunca recibe ningún encargo de parte del Señor, no debe hablar desde el púlpito.

Por esta razón, los que ministran la palabra necesitan continuamente aprender lecciones mediante la obra del Señor en las cosas grandes y pequeñas. También necesita aprender a recibir encargos. Debe recibir un encargo de predicar el evangelio y dar determinado mensaje. Siempre debe recibir encargos.

Aunque los hermanos amen al Señor con todo fervor, falta edificación entre nosotros. Por eso hay la necesidad de recibir encargos a fin de conducirlos a un profundo sentimiento de que necesitan edificación. Debemos recibir un encargo de parte del Señor y liberarlo mediante el ministerio de la palabra.

NO SER ORGULLOSOS,
SINO GUARDAR EL CORAZÓN

No debemos ser orgullosos en el ministerio de la palabra. Es necedad sentir orgullo al prepararnos, pensando que nuestro material es mejor que el de los demás. Aunque de hecho lo sea, al consultar a otros, nuestro conocimiento será ampliado y nuestra percepción de la palabra será profundizada.

De este modo, a medida que elegimos material para el ministerio de la palabra, debemos verificar y asegurarnos de que las lecciones aprendidas y el encargo recibido sean nuestra base; por otro lado, debemos guardar el corazón para no sentir orgullo.

Lo que una persona habla es degradado y pecaminoso si necesita investigar libros por no tener nada que hablar. La liberación de la palabra que no está basada en la experiencia personal ni en un encargo recibido del Señor es una ofensa a Dios. Hablar con tal negligencia es pecado.

Todo mensaje necesita estar basado en la experiencia personal y liberado a partir de un encargo. Esta es la base fundamental para la liberación de la palabra. Al liberarla no debemos enorgullecernos. Debemos estar abiertos a usar libros de consulta y recibir ayuda de otros. Por ejemplo, si leímos un libro hace muchos años sobre cierto tema, no hará ningún mal leerlo de nuevo. Nuestro corazón y actitud en el momento son de consultar otras fuentes de material y recibir la ayuda de otras personas. Sin embargo, no debemos recopilar material de manera indiscriminada. Esta es la actitud correcta y el corazón correcto.

ELEGIR MATERIAL QUE ESTÉ VIVO,
Y NO QUE SEA NUEVO O INUSUAL

Al prepararnos para ministrar la palabra, debemos buscar material vivo, y no muerto. Si quien ministra la palabra quiere ser diferente de los demás, será tentado a elegir material nuevo e inusual, pero también muerto. Por causa de eso, sus mensajes serán frívolos y no tendrán el sabor de la vida.

Por eso, al preparar un mensaje, necesitamos evitar la idea de ser originales usando material nuevo e inusual. En lugar de eso, debemos esforzarnos por liberar mensajes vivos y llenos del suministro de vida.

Por ejemplo, a pesar de que otros ya hayan hablado sobre regeneración muchas veces, debemos continuar hablando de ese tema. La regeneración es un tema antiguo, sin nada nuevo o inusual, sin embargo, si nuestro material está vivo, nuestra palabra estará llena de suministro y sabor.

Si nuestra única preocupación es contar historias y descuidar el suministro de vida, somos meros contadores de historias. Aunque los santos puedan reír, nuestra palabra es una ofensa al Señor.

Disfrute más: Himno 398

lunes, 28 de abril de 2025

La administración de la iglesia y el ministerio de la palabra, semana 7, capítulo 9, martes

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO NUEVE: EL SIGNIFICADO DE LA EDIFICACIÓN ESTÁ EN LA EDIFICACIÓN DE LA AUTORIDAD DE DIOS SOBRE EL HOMBRE

SEMANA 7 - MARTES
Lectura Bíblica: 1 Cr 11:5,7; Neh 4:7-8, 17; 6:1-9

Leer y orar: "Pero hágase todo decentemente y con orden." (1 Corintios 14:40)

CONOCER LAS ARDIDES DEL ENEMIGO

El Antiguo Testamento dice que la ciudad de David era su fortaleza (1 Cr 11:5,7). Por lo tanto, cuando Nehemías prosiguió con la restauración de la ciudad, aparecieron los enemigos (Neh 4:7-8) y los que edificaban hacían la obra con una mano y sostenían la arma con la otra (v. 17). Esta figura es obvia. Tipifica que los que edifican la iglesia deben trabajar en la obra de edificación y luchar al mismo tiempo. La autoridad es protección para la iglesia.

Necesitamos luchar por ella. Para luchar por la autoridad de la iglesia, debemos aprender la lección. Cuando conducimos a los hermanos a amar al Señor y vivir por Él, capacitándolos para obtener la continua presencia de Dios, no encontramos mucha oposición. Sin embargo, a medida que conducimos la iglesia a tener un orden adecuado y a someterse a la autoridad de Dios, el enemigo ataca.

El libro de Nehemías nos muestra que la primera ardid del enemigo no es un ataque frontal. Él ataca por los flancos. Todos los involucrados en la obra de edificación necesitan aprender a combatir en la batalla espiritual. Necesitamos, en primer lugar, saber lidiar con las ardides del enemigo.

Pablo dice que necesitamos estar firmes contra las asechanzas del diablo (Ef 6:11). No ignoramos sus ardides. Siempre que edificamos el orden en la iglesia, Satanás utiliza medios hábiles para destruir nuestra obra. Él hará una propuesta atractiva por medio de un amado hermano. Si la aceptamos, toda la edificación será destruida.

Las asechanzas del enemigo pueden verse con frecuencia en la iglesia. Él realiza una obra extremadamente traicionera, que busca dañar el orden en la iglesia a fin de demoler los muros de la ciudad. En la batalla espiritual es más importante comprender las asechanzas o ardides del enemigo que empuñar una espada para luchar contra él.

Eso es lo que hizo Nehemías. Primero comprendió las ardides del enemigo. Entonces, cuando el enemigo dijo: "Ven, encontrémonos", la respuesta de Nehemías fue: "Nada de lo que dices ha sucedido; tú, de tu propio corazón, lo inventas" (Neh 6:1-9). Nehemías logró ver a través de las ardides del enemigo.

Por lo tanto, en la obra de edificación necesitamos conocer a las personas, los asuntos y las ardides del enemigo. Nuestro conocimiento acerca de las asechanzas del enemigo depende de conocer a las personas y los asuntos. Si no conocemos a las personas y los asuntos. Si no conocemos a las personas y sus asuntos, el enemigo puede esconderse en ellos.

Si Nehemías hubiera aceptado las sugerencias del enemigo, habría caído víctima de sus trampas. Si no conocemos cierto asunto o tema, no sabremos cuáles son las asechanzas del enemigo y será fácil caer víctimas de sus estratagemas. El enemigo desea destruir la autoridad y el orden de Dios en la iglesia.

Por ejemplo, surgió cierta vez un problema respecto al tamaño que debería tener el cáliz de la mesa del Señor, si debería usarse solo un cáliz grande o varios cálices individuales pequeños. Este problema es en realidad una cuestión de autoridad, y no del tamaño del cáliz.

En principio, los ancianos de nuestro distrito o de nuestra iglesia deben tener la autoridad administrativa para determinar el tamaño del cáliz. La autoridad administrativa respecto a este problema pertenece a los ancianos, y no a los responsables de las reuniones de grupos.

Este no es un asunto de menor importancia, sino un principio fundamental. Si queremos edificar y administrar la iglesia, la determinación del tipo de cáliz no dependerá de discernir la verdad, sino de la decisión de los ancianos. Debemos obedecer a la autoridad representativa de los ancianos.

Aunque la iglesia en una ciudad utilice un cáliz grande, si el distrito quiere utilizar cálices pequeños, la decisión seguirá dependiendo de los ancianos. Es un asunto administrativo.

No hay necesidad de debatir respecto al tamaño del cáliz para la reunión de la mesa del Señor ni respecto a qué utilizar para el baptisterio aparte de la decisión de los ancianos. Este tipo de discusión solo lleva al caos y al desorden. Esto indica falta de conocimiento respecto a la cuestión de la autoridad. En otras palabras, no habrá edificación en este aspecto fundamental.

Rigurosamente, podemos expresar nuestra opinión en cualquier lugar que no sea la iglesia. Si queremos seguir el camino de los gentiles y practicar la democracia, perderemos la presencia y la protección de Dios. Necesitamos conocer la obra de edificación de Dios y necesitamos conocer la presencia y la autoridad de Dios. En conocer la presencia y la autoridad de Dios.

En cuestiones relativas a la iglesia, los que sirven al Señor no deben hablar libremente. Expresar nuestras opiniones convierte a la iglesia en un club de debates. Esto no quiere decir que no debemos expresar nuestras consideraciones, sino que necesitamos estar conscientes de la autoridad de Dios.

Un hermano responsable de una reunión de grupo debe tratar los problemas mediante el canal apropiado. Puede compartir con los ancianos y ponerlos al tanto de sus sentimientos y percepciones. El problema debe ser llevado a los ancianos. Los ancianos no deben rechazar de manera precipitada la perspectiva compartida por el hermano. Más bien, deben llevar los sentimientos del hermano a la presencia del Señor y ver cómo el Señor los guía. Esto es apropiado.

El hermano responsable debe entonces seguir la decisión de los ancianos sin emitir ningún juicio personal. Los ancianos pueden elegir seguir el entendimiento del hermano. También pueden llegar a entender que toda la iglesia debería seguir el mismo camino. Esta es una iglesia apropiada.


EDIFICAR LA AUTORIDAD APROPIADA EN LA IGLESIA

La iglesia debe funcionar de este modo, y la administración de cualquier país también debería funcionar así. Las nuevas medidas a tomar no se originan en peleas. Para que una nueva medida sea transformada en ley, el órgano legislativo de un país necesita funcionar de forma apropiada y ordenada.

Las riñas no son eficaces. Necesitamos aprender esta lección. Cuando se nos presenta un problema, no debemos expresar innumerables opiniones diferentes. No hay necesidad de iniciar disputas en la iglesia. Por el contrario, debemos edificar la autoridad, el muro, a fin de proteger a todos los santos en la iglesia. Debemos aprender esta lección si queremos trabajar con seriedad.

La ardid de Satanás es causar daños a la edificación de Dios. Por esta razón no debemos alentar un ambiente de libre expresión de opiniones personales. Un ambiente así traerá daños a la iglesia. No debemos alentar actividades carnales ni la expresión de opiniones humanas en la iglesia.

Debemos recibir el obrar del Señor y permitir que Él se edifique en nosotros. Los que ya aprendieron la lección delante del Señor y fueron perfeccionados saben que hay orden en la iglesia. Esto no significa que son la autoridad, sino que mantienen la posición.

Si no hemos aprendido la lección ni hemos sido edificados por el Señor, nuestra obra no será para edificación. Los que sean salvos por medio de nosotros no sabrán conducirse, porque nosotros no fuimos edificados por Dios. Los que instruimos tampoco sabrán comportarse. No seremos capaces de edificar porque no hemos pasado por el proceso de edificación. Como consecuencia, el Señor no tendrá camino en nosotros.

El cristianismo actual es caótico. Hay muchas oportunidades para los que siguen rumbo al caos. Incluso pueden abrir una congregación como mejor les parezca. Sin embargo, los que desean hacer la obra de edificación de Dios necesitan aprender lecciones muy importantes y ver a través de las ardides del enemigo.

Esto no es una cuestión relacionada con la verdad. Nuestra opinión puede estar correcta, pero aun así podemos no andar conforme al orden establecido, no obedecer a la autoridad y no ser trabajados. Puesto que no aprendimos la lección, no conocemos la iglesia.

Un hermano responsable de una reunión de grupo no tiene autoridad para decidir algo referente a la administración de la iglesia. Si las iglesias en Taiwán utilizan cálices grandes para la mesa del Señor, es una necedad que una reunión de grupo cambie a cálices pequeños. Esto prueba que aún no aprendimos las lecciones y aún no conocemos la iglesia ni la edificación. Esto demuestra que somos presuntuosos e insolentes.

Necesitamos aprender esta lección solemne y entonces podremos hacer una obra igualmente seria. Esta obra será valiosa porque será la edificación. Edificar la autoridad no significa edificar nuestra autoridad, sino edificar el orden de Dios en la iglesia.

Cuando alguien entre en contacto con esta autoridad, percibirá que esta es de hecho la iglesia y el orden de Dios está presente aquí. Dios tendrá camino y nosotros también. Durante siglos muchas personas siguieron el camino del cristianismo institucionalizado. Este, sin embargo, no es el camino de Dios. Que el Señor nos conceda gracia para que conozcamos Su edificación con relación a la administración de la iglesia y al ministerio de la palabra.

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La administración de la iglesia y el ministerio de la palabra, semana 7, capítulo 9, lunes

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO NUEVE: EL SIGNIFICADO DE LA EDIFICACIÓN ESTÁ EN LA EDIFICACIÓN DE LA AUTORIDAD DE DIOS SOBRE EL HOMBRE

SEMANA 7 - LUNES
Lectura Bíblica: 1 Cr 11:5,7; Neh 4:7-8, 17; Ef 6:11

Leer y orar: "Revestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo;" (Ef 6:11)

EL TEMPLO Y LA CIUDAD SON IGUALMENTE CRUCIALES

Nuestra obra es hacer que las personas sepan lo que significa tener la compenetración de Dios y el hombre, y lo que significa estar bajo la autoridad divina. Sin la compenetración y la autoridad de Dios, no puede haber ninguna edificación. Sin el templo, no hay habitación; sin la ciudad, no hay protección.

En otras palabras, si conocemos la presencia de Dios sin conocer Su autoridad, no tenemos la ciudad ni el templo. La presencia de Dios finalmente se perderá, porque no hay protección. Tenemos que tener la presencia de Dios así como Su autoridad para tener protección.

La edificación siempre implica combate. Efesios 2 habla de edificación, y el capítulo seis habla de batalla espiritual. La batalla está relacionada con la ciudad, y no con el templo. La batalla es por la autoridad de Dios, y no por Su presencia.

Cuando Nehemías regresó a fin de edificar la ciudad, encontró guerra (Neh 4:7-8). Parece que el enemigo no deseaba frustrar la edificación del templo tanto como la de la ciudad. Esto es porque la ciudad implica la autoridad de Dios. El enemigo sabe muy bien que si no hay ciudad, el templo podrá ser fácilmente destruido; por eso su combate se dirige a lo que respecta a la autoridad y el orden. Si no existe ciudad, el templo no tiene protección.

Satanás sabe que la presencia de Dios puede ser fácilmente destruida cuando no hay orden, cuando no hay autoridad, en la iglesia. Todo obrero del Señor necesita comprender el significado de edificar la iglesia. Edificarla es edificar la autoridad de Dios en ella.

Si la iglesia en una ciudad tiene sólo fervor, cordialidad y amor mutuo, pero no tiene orden ni autoridad, esa iglesia está equivocada. No tiene protección. Aunque pueda estar muy bien hoy, la falta de protección puede llevarla al colapso mañana.

Amarse unos a otros no significa necesariamente la presencia de Dios, pues eso puede provenir del afecto del hombre natural y no tener en sí la compenetración de Dios. Incluso si tenemos la compenetración de Dios, si no poseemos Su autoridad, no habrá protección. Es necesario establecer autoridad en la iglesia.

Una iglesia estará muy debilitada si los hermanos tienen opiniones divergentes cuando surja alguna situación. En vez de haber edificación en ella, habrá sólo un montón de piedras. Una iglesia fuerte está llena de la presencia de Dios y de Su autoridad, teniendo así tanto el templo como la ciudad.

Es difícil encontrar la autoridad de Dios en el cristianismo institucionalizado. La mayoría de los grupos están llenos de opiniones humanas. Se exaltan afirmando que son democráticos, sin embargo están llenos de opiniones humanas y de la falta de la autoridad de Dios. Esta era la situación de la iglesia en Laodicea. Esta es la razón por la que diáconos discuten con ancianos y ancianos discuten con pastores.

Nuestra intención no es criticar a otros, sino desvelar la verdad de que, si no llevamos la autoridad de Dios en consideración y enfatizamos la opinión de los hombres, el resultado será una interminable discusión.

La iglesia de Dios es un templo y una ciudad. En la iglesia de Dios están el templo y la ciudad: la presencia de Dios y Su autoridad. Necesitamos considerar qué tipo de obra realizamos. ¿Será que estamos edificando la iglesia o el cristianismo institucionalizado? Tenemos que saber primero si estamos o no bajo la autoridad de Dios y si mantenemos o no nuestra posición en el orden planeado por Él.

Pocas personas entienden que edificar la iglesia es edificar la presencia y la autoridad de Dios. A partir de este momento, sin embargo, necesitamos saber que edificar el Cuerpo de Cristo es edificar la compenetración de Dios con el hombre y edificar la autoridad de Dios sobre el hombre. Necesitamos realizar esta obra.

PERMITIR QUE DIOS SEA
EDIFICADO EN NUESTRO ÍNTIMO

Ser edificados en Dios significa permitir que Él opere en nosotros y se compenetre con nosotros en todo. Si somos edificados por Dios y estamos sujetos a Su autoridad, podemos entonces ayudar a otros realizando una obra de edificación en ellos.

Cuando trabajamos en otras personas, primeramente añadimos a Dios a ellas para que tengan Su presencia en el andar y vivir práctico. De este modo se convierten en el templo de Dios.

Necesitamos entonces realizar otra obra en ellas, para que conozcan la autoridad de Dios. Esto corresponde a edificar el muro en ellas. De esta forma tendrán la presencia y la autoridad de Dios. Serán personas edificadas no importa a dónde vayan. Sabrán lo que es tener la presencia de Dios, Su compenetración, y también conocerán Su autoridad y orden. Ellas habrán sido edificadas.

Algunos pueden ser fervorosos, pero no tienen el templo de Dios ni Su ciudad. Pueden tener cierta medida de Su presencia, pero no comprenden Su autoridad. Hay cierta medida de la restauración de Esdras, sin embargo no hay nada de la restauración de Nehemías. 

Pero hay otros que tienen tanto el templo como la ciudad. Tienen la presencia y la autoridad de Dios. En todo tienen la compenetración de Dios y están bajo Su autoridad. Mantienen el orden y están bajo autoridad. También reinan, porque tienen la autoridad divina. En otras palabras, poseen la ciudad de Dios. Teniendo la ciudad de Dios en nosotros, tenemos protección para nuestra condición espiritual.

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domingo, 27 de abril de 2025

La administración de la iglesia y el ministerio de la palabra, semana 7, capítulo 9, domingo

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO NUEVE: EL SIGNIFICADO DE LA EDIFICACIÓN
ESTÁ EN LA EDIFICACIÓN DE LA AUTORIDAD
DE DIOS SOBRE EL HOMBRE

SEMANA 7 - DOMINGO
Lectura bíblica: Gn 11:1-9; Mt 8:5-13; Jud 9

Leer y orar: "Nunca más habrá maldición. El trono de Dios y del Cordero estará en ella, y sus siervos le servirán," (Ap 22:3)


LA EDIFICACIÓN DE LA CIUDAD DE DIOS

Hay distinción entre el templo y la ciudad. El templo enfatiza la habitación, la morada. La ciudad está relacionada con la administración. Por lo tanto, el templo se refiere a Su presencia y la ciudad a Su autoridad soberana, a Su poder. Cuando la Nueva Jerusalén entre en escena, estos dos aspectos estarán combinados. La Nueva Jerusalén es una ciudad, lo cual es cuestión de autoridad, y también es el tabernáculo de Dios con los hombres, lo cual se refiere al aspecto de la morada.

Por eso en la Nueva Jerusalén vemos tanto la presencia de Dios como Su autoridad. Aunque ambos aspectos están combinados, el énfasis en la ciudad está en la autoridad. Por eso el centro de la Nueva Jerusalén es el trono de Dios y del Cordero, lo cual se refiere al poder soberano de Dios, a Su autoridad (Ap 22:3).


LA EDIFICACIÓN DE LA CIUDAD ES LA EDIFICACIÓN DE
LA AUTORIDAD DE DIOS SOBRE EL HOMBRE

Edificar el templo es edificar la morada de Dios para que Él tenga base en el ser humano, habite en él y esté mezclado con él. Edificar la ciudad es edificar el poder soberano de Dios, Su autoridad sobre el hombre.

Primero necesitamos edificar la presencia de Dios en el hombre. Este es el paso inicial. Luego necesitamos edificar el poder soberano, la autoridad divina, sobre el hombre. Este es el paso final.

Por esta razón, primero tenemos la iglesia, la casa de Dios, Su templo, y luego tenemos la manifestación de la Nueva Jerusalén. En la obra de edificación siempre edificamos primero el templo y luego la ciudad. La presencia de Dios viene antes que Su autoridad. Primero edificamos la mezcla de Dios con el hombre, luego edificamos Su autoridad sobre el hombre.

Aunque el templo es el centro, la protección se encuentra en la ciudad. Una persona que solo tenga el elemento del templo, y no el de la ciudad, está sin protección. Si solo existe la restauración del templo, sin la ciudad, el templo estará desprotegido. Por esta razón, después de que el templo fue restaurado por Esdras, Nehemías aún necesitó restaurar la ciudad. No hubo combates durante la restauración del templo, porque la protección no era un problema; pero sí hubo amenaza de guerra cuando se restauraba la ciudad, porque la ciudad estaba relacionada con la protección.

La presencia de Dios no implica la existencia de batallas, pero la autoridad de Dios sí está relacionada con el combate. La obra de Satanás en las personas es destruir la autoridad de Dios, no Su presencia. El propósito primordial de Dios es Su autoridad, no solo Su presencia. La manifestación extrema en la Biblia es una ciudad con el trono de Dios en el centro. Esto significa que el objetivo primordial de Dios es realizar algo donde Él reine y establezca Su trono.

Cuando estamos mezclados con Dios y tenemos Su presencia en nosotros, podemos ser unidos a otras personas como el templo de Dios. Los que están mezclados con Dios y tienen Su presencia interior pueden unirse para ser el templo de Dios. Sin embargo, esto no nos convierte en la ciudad de Dios. Necesitamos ser edificados hasta estar bajo la autoridad de Dios, teniendo Su poder soberano sobre nosotros. Solo entonces podemos unirnos para ser una ciudad. Si solo estamos mezclados con Dios, Él solo puede tener una morada. Para que reine entre nosotros, necesitamos tener Su autoridad sobre nosotros.

Así, el significado de la edificación es edificar la presencia de Dios en las personas y Su reino sobre ellas, es decir, edificar la mezcla de Dios en ellas y Su dominio sobre ellas. Si no existe ni templo ni ciudad en la tierra, Dios estará restringido a los cielos y solo podrá reinar en los cielos. Solo cuando hay un templo en la tierra Dios puede habitar en ella, y solo cuando existe una ciudad en la tierra Su voluntad puede cumplirse y Su reino ejercerse aquí.

En otras palabras, cuando hayamos sido edificados interiormente por Dios y tengamos Su presencia, seremos unidos con otros que también fueron edificados por Dios y, por lo tanto, también tienen Su presencia, para convertirnos en Su templo. Luego, cuando tengamos la autoridad de Dios y Su reino sobre nosotros, podremos unirnos con los que también están bajo Su autoridad para convertirnos en una ciudad.

Por esta razón, necesitamos permitir que Dios opere en nosotros para que seamos edificados. Si hay algún aspecto en el que no estamos mezclados con Dios, no seremos Su templo. Si no permitimos que Él reine en nosotros en algún aspecto, no seremos Su ciudad. Necesitamos dejar que Él nos edifique.

Después de ser edificados, sabremos si el ser interior de alguien con quien entramos en contacto está desolado o si tiene la presencia del Señor. También sabremos si ha sido edificado y tiene el templo de Dios en él. Quizá ame al Señor sinceramente, pero solo detectamos desolación en su interior. No tiene la presencia del Señor al tratar diversos asuntos. A lo sumo, podemos percibir que es celoso, activo y decidido, pero no conseguimos identificar el templo en él. No conseguimos contactar la presencia de Dios en él. Por lo tanto, no puede servir de manera coordinada con otros cristianos.

Para ayudar a una persona en esta condición, necesitamos realizar una obra de edificación para edificar a Dios en su interior. En otras palabras, necesitamos edificar la presencia de Dios en su interior para que tenga, en cierta medida, el templo, la presencia y la mezcla de Dios.

Con esta pequeña medida de la presencia y la mezcla de Dios, también somos edificados en ella. Con esta pequeña medida de la presencia y la mezcla de Dios, ella también puede unirse a nosotros. Con esta pequeña medida de la presencia y la mezcla de Dios, ella está edificada y no aislada. Cuanto más trabajemos en esta persona, más crecerán la presencia y la mezcla de Dios en su interior. El templo de Dios en ella crecerá y su unión con otros aumentará. Cuanto más sea edificada de este modo, más será salva de ser independiente. Cuanto más sea edificada así, más será salva de ser individualista y aprenderá a unirse con otros para ser edificados juntos.

Después de trabajar en una persona por un tiempo, ella tendrá algo de edificación en sí misma y finalmente tendrá el templo de Dios en ella. Sin embargo, todavía no tendrá la ciudad de Dios; todavía no conocerá la autoridad de Dios, Su poder soberano. La ciudad es totalmente una cuestión de autoridad.

Cuando la ciudad y la torre de Babel fueron construidas en la tierra, el hombre subvirtió la autoridad de Dios (Gn 11:3-4). Cuando edificamos el templo de Dios en el interior de una persona, también tenemos que edificar en ella la ciudad de Dios: Su poder soberano, Su autoridad. Entonces ella aprenderá no solo a tener la presencia de Dios, sino también a estar bajo Su autoridad en todo.

¿Qué significa estar bajo la autoridad de Dios? ¿Qué es autoridad? Necesitamos ver que no solo existe autoridad y orden en la iglesia, sino también entender que el universo entero es una cuestión de autoridad. Por ejemplo, cuando el arcángel Miguel contendió con el diablo respecto al cuerpo de Moisés, no se atrevió a emitir juicio infamante contra el diablo. Solo dijo: "¡El Señor te reprenda!" (Jud 9). Esto es cuestión de autoridad.

En Mateo 8, el centurión dijo al Señor Jesús: "Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a este: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace" (v. 9). Esto también es cuestión de autoridad. Todo el universo es cuestión de autoridad, de orden. Hay orden en nuestro hogar. El orden implica autoridad. Esto se aplica aún más en la iglesia.

Desde el inicio de Génesis, el universo estaba en caos porque se perdió el orden. En el Nuevo Testamento, comenzando en el Evangelio de Mateo, Dios realiza una obra de restauración. A medida que Él lleva a cabo esta obra, hay cada vez más orden. Cuando llegamos al final de Apocalipsis, todo está en perfecto orden. Por tanto, cuando se manifieste la ciudad, todo estará bajo autoridad. La obra de edificación que realizamos comienza con la edificación de Dios mezclado con el hombre y culmina en la edificación de la autoridad de Dios sobre el hombre. Cuanto más mezclado esté alguien con Dios y más autoridad divina tenga sobre sí, más será unido a otros. Tener solo buena conducta no es suficiente en la iglesia, porque la iglesia es una cuestión de ser edificados bajo la autoridad de Dios.


Disfrute más: Himno 384

sábado, 26 de abril de 2025

La administración de la iglesia y el ministerio de la palabra, semana 6, capítulo 9, sábado

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO NUEVE: EL SIGNIFICADO DE LA EDIFICACIÓN
ESTÁ EN LA EDIFICACIÓN DE LA AUTORIDAD
DE DIOS SOBRE EL HOMBRE

SEMANA 6 - SÁBADO
Lectura bíblica: 1 R 8:10-11; 1 Co 6:19

Leer y orar: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros?” (1 Co 6:19)


LA EDIFICACIÓN DEL TEMPLO ES LA EDIFICACIÓN
DE LA MEZCLA DE DIOS CON EL HOMBRE

Edificar la iglesia, el Cuerpo de Cristo, es una expresión general en la Biblia. Una expresión más específica y mejor definida es la edificación del templo y de la ciudad. El énfasis del templo está en la presencia de Dios, en la mezcla de Dios y del hombre. Por esta razón, edificar el templo es edificar la mezcla de Dios con el hombre.

Para comenzar, 1 Corintios 6:19 dice: “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que está en vosotros?”. Somos el santuario o templo de Dios, y el Espíritu de Dios habita en nosotros. Esta es la mezcla de Dios con el hombre. El templo tiene que ver con la mezcla de Dios con el hombre. Después de que el templo fue construido, la gloria del Señor llenó todo el templo (1 R 8:10-11). Este templo representa al pueblo de Israel como morada de Dios; Dios habitó entre ellos.

En la administración de la iglesia y en el ministerio de la palabra estamos edificando la iglesia. Estamos edificando la mezcla de Dios con el hombre en las personas. El propósito de la administración de la iglesia es producir la mezcla de Dios con el ser humano. El propósito de nuestro ministerio de la palabra también es producir tal mezcla. Si producimos la mezcla de Dios con el hombre, edificamos el templo.

Este principio puede aplicarse a muchas situaciones. Tal vez dos hermanos vivan juntos, pero no se lleven bien. No discuten y son educados, pero no hay edificación entre ellos. Yo pregunto: “¿Está la presencia de Dios con ellos? ¿Está allí el templo de Dios?”. Si no hay edificación entre ellos, no tienen la presencia de Dios ni el templo de Dios con ellos. Son personas independientes, y ninguno se interesa por los asuntos del otro. Son simplemente dos hermanos que sirven al Señor juntos y viven en la misma casa. No tienen la presencia de Dios, Su templo.

Si ya hemos sido edificados y hemos aprendido la lección de la edificación, percibiremos que a estos hermanos les falta mezcla. Ambos tienen una gran cantidad de ego y, por lo tanto, no hay mucha mezcla con el Señor. Por esta razón, nuestra tarea es edificarlos, de modo que Cristo sea más mezclado con ellos. Necesitamos prestar más atención a qué parte de su ser no les permite mezclarse con Dios. Si permiten que estas partes sean tratadas, serán mezclados con Dios y, así, el templo de Dios estará en ellos. La extensión de nuestra unión con los demás depende de cuánto hemos sido mezclados con Dios. Esta es la edificación y el templo de Dios con Su presencia.

Siempre que prestamos verdadera ayuda espiritual a las personas, las capacitamos para que sean más mezcladas con Dios. Cuanto más estén mezcladas con Dios, más estarán unidas a otros miembros del Cuerpo de Cristo. Aquellos a quienes les falta el elemento de Dios no pueden ser uno con otros creyentes. Por tanto, los hermanos que hablan desde el púlpito deben asegurarse de que sus palabras resulten en que Dios sea más mezclado con los santos.

Si trabajamos con los jóvenes, los mensajes que predicamos deben llevarlos a ser más mezclados con Dios. Si nuestros mensajes no producen este resultado, nuestra obra no será de edificación. No edificaremos el templo. La obra que edifica el templo es la que permite a Dios obtener morada para Sí mismo. Permite que Dios habite en lo íntimo del ser humano. Nuestra obra debe llevar a Dios a habitar aún más en el hombre y ser mezclado con él.

Aprecie más: Himno 374

viernes, 25 de abril de 2025

Administración de la iglesia y el ministerio de la palabra, semana 6, capítulo 9, viernes

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO NUEVE: EL SIGNIFICADO DE LA EDIFICACIÓN
ESTÁ EN LA EDIFICACIÓN DE LA AUTORIDAD
DE DIOS SOBRE EL HOMBRE

SEMANA 6 - VIERNES
Lectura Bíblica: 1 R 8:12-21; Efesios 2:22; 4:11-15; Hebreos 11:10

Leer y orar: "Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios." (Heb 11:9-10)


La mayoría de las personas piensa que la edificación nos capacita para actuar en coordinación unos con otros de modo que dejemos de ser individuos separados y pasemos a ser un solo Cuerpo colectivo. Sin embargo, el verdadero significado de la edificación es edificar a Cristo en la persona de los creyentes. Cuando Cristo ya ha sido edificado en los creyentes, ellos se convierten en Su Cuerpo.

En Efesios 4:11-12, Pablo dice que Dios concedió diversos dones a la iglesia para la edificación del Cuerpo de Cristo, la edificación de la iglesia. En 1 Corintios 3 se refiere a la edificación del Cuerpo como la edificación de la morada de Dios. El Cuerpo y la morada son exactamente lo mismo. Pablo nos dice que debemos usar oro, plata y piedras preciosas para la edificación. Si edificamos con madera, heno y hojarasca, nuestra obra será consumida (vv. 12-15).

El versículo 12 del capítulo tres nos muestra que el material de la edificación es oro, plata y piedras preciosas. El oro representa la naturaleza divina de Dios Padre, la plata representa la redención de Cristo, el Hijo, y las piedras preciosas representan la obra transformadora del Espíritu. Esto nos enseña que el material que se debe usar en la edificación es el Dios Triuno: el Padre, el Hijo y el Espíritu. En otras palabras, el edificio se construye con la naturaleza divina del Padre, la redención del Hijo y la obra transformadora del Espíritu. Este versículo, sin embargo, no nos dice qué estamos edificando. Por ejemplo, ladrillo, piedra o madera se refieren al material usado en la construcción, pero casa, aula o auditorio se refieren al edificio en sí.

De acuerdo con la Biblia, existen dos aspectos de la edificación de Dios en el universo: uno se refiere a una morada y el otro, a una ciudad. Todo lo relacionado con la edificación está vinculado con la morada o con la ciudad. Ya sea que Dios o el hombre construyan, solo existen estos dos aspectos de la edificación: la morada y la ciudad. Morada, templo y palacio se refieren todos a la misma cosa.

Un templo es una morada, y un palacio también. Con la excepción de la torre de Babel, toda construcción mencionada en la Biblia se refiere a una morada o a una ciudad. Hoy Dios está edificando una morada. La iglesia es Su morada, Su casa. Cuando ese edificio esté terminado, será una ciudad: la Nueva Jerusalén. Según Efesios 2:22, Dios edifica una morada, y según Hebreos 11:10, Dios edifica una ciudad con fundamentos.

LA EDIFICACIÓN DEL TEMPLO DE DIOS

En el Antiguo Testamento, el templo santo tipifica la morada de Dios, y la ciudad santa tipifica la Nueva Jerusalén. Cuando el pueblo de Israel entró en Canaán, desde su punto de vista obtuvieron la bendición de una tierra que fluía leche y miel. Pero desde el punto de vista divino, estaban construyendo un templo y una ciudad para Dios (1 R 8:12-21). Los israelitas tomaron el templo santo y la ciudad santa, Jerusalén, como su centro.

Cuando el pueblo de Israel llegó a Canaán, su trabajo era edificar el templo y la ciudad. Toda la relación de Dios con Su pueblo en el Antiguo Testamento estaba relacionada con el templo y la ciudad. Por eso, los salmistas hablaban con frecuencia del templo santo y de la ciudad santa. Ese es el asunto central entre Dios y Su pueblo.

Satanás, el enemigo de Dios, hizo todo lo que pudo para destruir la relación de Dios con Su pueblo. Lo hizo destruyendo el templo santo y la ciudad santa. Después de la destrucción del templo y de la ciudad santa, hubo una restauración entre el pueblo de Israel. El edificio necesitaba ser restaurado. El templo santo y la ciudad santa debían ser edificados. Esto muestra que la edificación del Cuerpo de Cristo es, por un lado, la edificación del templo de Dios y, por otro, la edificación de la ciudad de Dios.

Por un lado, el Cuerpo de Cristo es la casa, la morada y el templo de Dios; por otro, es la iglesia y la esposa de Cristo. En Apocalipsis 21 encontramos una ciudad: la Nueva Jerusalén. La ciudad santa es la esposa. Por tanto, la iglesia está relacionada con el templo y con la ciudad. Edificar la iglesia es edificar el templo y la ciudad de Dios.

Disfrute más: Himno 349

jueves, 24 de abril de 2025

La administración de la iglesia y el ministerio de la palabra, semana 6, capítulo 8, jueves

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO OCHO:
LA EDIFICACIÓN DE LA IGLESIA REQUIERE
CONOCIMIENTO DE DIFERENTES ASUNTOS

SEMANA 6 - JUEVES
Lectura bíblica: Gn 40:20-22; Job 1:4, 13,18-19; Mt 14:6-10

Leer y orar: "No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él;" (1 Juan 2:15)


ESTAR ALERTAS CONTRA EL SENTIMIENTO
DE SUPERIORIDAD NACIONAL Y LOS
HÁBITOS MUNDANOS

La edificación de la iglesia no depende de reconocer que lo que proviene de occidente siempre es bueno. Aunque el ochenta por ciento de las cosas que proceden de occidente sean buenas, al menos el veinte por ciento de las cosas en oriente también son buenas. No debemos pensar que las personas de occidente están cien por ciento en lo correcto. De lo contrario, las iglesias en oriente y occidente no serán edificadas juntas.

Hace dos días, un hermano de occidente dijo que varios siervos de la casa de los obreros estuvieron en una fiesta de cumpleaños con su familia. Él los invitó a alegrarse con ellos en el cumpleaños de su hijo. No debemos traer hábitos del mundo a nuestro medio. Desde que tomamos el camino de la restauración del Señor, no celebramos cumpleaños en los últimos treinta años.

No somos perfectos, pero algunos misioneros de occidente necesitan ser reprendidos. Vinieron al oriente con el fin de hacer la obra del Señor, sin embargo también perjudican esa obra. Celebrar el cumpleaños de los hijos e incluso invitar a los que sirven a participar es una actitud carnal que traerá daño a la obra del Señor.

Esto puede animar a los que viven en la casa de los obreros a celebrar el cumpleaños de sus hijos. Esto es intolerable. Permitimos que los hermanos de occidente nos influyan en lugar de influenciarlos a ellos. Los que laboran por el Señor deben tener mucho cuidado.

Siempre que recibamos una invitación, debemos saber quién está involucrado y cuál es el propósito de la reunión. Predicamos la verdad en cuanto a no amar al mundo y deseamos que los demás no amen al mundo. En los últimos treinta años nuestros colaboradores no celebraron los cumpleaños de sus hijos ni siquiera de sus padres.

Necesitamos aprender esta lección a fin de edificar la iglesia. De otro modo, nuestro esfuerzo será como un proverbio chino que dice que "molemos granos de soya sin producir ningún tofú". Nuestros esfuerzos serán en vano. Por esa razón, no debemos enorgullecernos ni humillarnos en exceso al conocer el origen de cierto asunto.

Antes de invitar a determinado hermano de occidente a hablar, consideramos el hecho de que él agradeció en público a los que le enviaron tarjetas de Navidad. A pesar de que recibí ayuda espiritual de ese hermano, en este aspecto él es quien necesitaba ayuda. Si la Navidad es condenada por Dios, aunque las personas nos envíen tarjetas, no debemos agradecerles. Este ejemplo demuestra que no todo lo que proviene de occidente está correcto. Ellos necesitan nuestra ayuda en muchos asuntos.

A pesar de no tener ninguna luz respecto a la base de la iglesia, se rehúsan a recibir ayuda respecto a ese asunto. Incluso debaten y discuten repetidamente sobre la base de la iglesia. Esto revela un sentimiento de superioridad nacional. Para que las iglesias en oriente y occidente sean edificadas juntas, los hermanos de occidente necesitan estar abiertos respecto a la cuestión de la base de la iglesia.

No estuvimos jugando en los últimos treinta años. Entregamos la vida para seguir este camino. No debemos considerar ningún asunto de la iglesia de forma superficial. Debemos, sí, estar desesperados respecto a algunos asuntos y dejar otros de lado. Respetamos los ministerios espirituales de occidente, sin embargo no estamos de acuerdo con que todo lo que proviene de allí esté correcto.

Las iglesias están delante de nosotros. Aceptamos a los hermanos de occidente que están con nosotros y debemos permitir que sirvan al Señor. Sin embargo necesitamos aprender a conocer a las personas y a discernir los asuntos. Necesitamos saber también lo que podemos y lo que no podemos aceptar. Necesitamos discernir incluso los asuntos que involucran a un joven o a una joven. Debemos alentar lo que es conveniente y restringir lo que no lo es. La mera predicación del evangelio para la salvación de los pecadores y la instrucción de los creyentes no puede edificar la genuina iglesia del Señor. Necesitamos conducir a otros a Cristo y ayudarles a establecerse y ser edificados en la iglesia.

Disfrute más: Himno 222

miércoles, 23 de abril de 2025

La administración de la iglesia y el ministerio de la palabra, semana 6, capítulo 8, miércoles.

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO OCHO:
LA EDIFICACIÓN DE LA IGLESIA REQUIERE
CONOCIMIENTO DE DIFERENTES ASUNTOS

SEMANA 6 - MIÉRCOLES
Lectura bíblica: 1 Cr 29:9; Pr 3:9; Mr 12:43-44; 2 Co 9:7

Leer y orar: “Habla a los hijos de Israel, que tomen para mí ofrenda; de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón, tomaréis mi ofrenda.” (Éxodo 25:2)


CÓMO CONOCER LOS ASUNTOS

En nuestros contactos con las personas necesitamos discernir los asuntos. Aunque no debemos entrometernos en lo que no nos concierne, tampoco debemos descuidar los asuntos que nos implican. Por lo tanto, necesitamos aprender a discernir los hechos. Sin embargo, nuestro aprendizaje debe ser gradual, no apresurado. Al aprender a conocer las situaciones, varios puntos requieren nuestra atención.

Primero, detrás de cada situación hay una persona. Cuando la persona está bien, casi siempre la situación también lo está. Por esta razón, siempre debemos saber quién está en el origen de cada situación. Necesitamos conocer al causante, al patrocinador, de la situación. Si hay un problema en el origen, habrá problemas, aunque la situación parezca correcta. Necesitamos llegar al fondo de cada asunto.

Segundo, necesitamos conocer la motivación que hay detrás del asunto. Alguien puede donar diez mil dólares solo para recibir la aprobación de los demás. Otro puede hacer la misma ofrenda simplemente porque fue censurado por no dar. En ambas situaciones, la motivación está equivocada. Debemos prestar atención a la motivación de los demás.

Esto no significa que todo lo demás esté correcto si la motivación está bien. También necesitamos saber si la naturaleza del asunto es correcta. Por ejemplo, un hermano que desea algo inadecuado puede recibir ayuda de otro hermano. Aunque el hermano que lo ayuda esté motivado por el amor, el objeto de su ayuda no es apropiado.

Tercero, aunque la naturaleza sea correcta, necesitamos saber si la manera de ejecutar el asunto es la correcta. Por ejemplo, un hermano que quiera hacer una ofrenda de diez mil dólares puede simplemente traer el dinero a nosotros. Debemos ayudarle a entender que esa no es la manera adecuada de hacer la ofrenda. Debe colocar el dinero en la caja de ofrendas. Debemos enseñarle a orar para conocer las necesidades de la iglesia. Entonces verá que su ofrenda no es para una persona ni para un propósito individual. Podemos enseñarle esto compartiendo con él. Cuando se ponga delante del Señor, la iglesia será edificada. Por un lado, no debemos pensar que una ofrenda de diez mil dólares es algo maravilloso; por otro, no debemos rechazarla a la ligera. Tenemos que aprender la mejor manera de tratar este asunto y estar atentos a los resultados.

Cuarto, necesitamos saber cuál será el resultado de cada situación. La forma en que algo se realiza puede ser buena, pero la consecuencia no. Si el efecto causado no es bueno, no se debe volver a tocar el asunto. Aquí hay un breve bosquejo. La administración de la iglesia, el ministerio de la palabra y la visita a los santos deben realizarse según estas consideraciones. Si las ponemos en práctica, será fácil discernir los asuntos.

Cuando los discernimos de esta manera, edificamos en lugar de dañar la iglesia. Por tanto, necesitamos aprender a conocer la fuente y la naturaleza de los asuntos de tal manera que encontremos la manera adecuada de tratarlos para la edificación de la iglesia.

Si existe un problema con quien ofrenda, debemos ayudarle en lo que respecta a su persona. Si tiene una motivación incorrecta, debemos ayudarle. Si hay un problema con la manera en que algo se hace, con su resultado o sus efectos, no debemos ignorarlo ni tratarlo con ligereza, porque puede afectar la edificación de la iglesia. Debemos ayudar al hermano con la corrección, la ayuda y la enseñanza necesarias. Esto traerá edificación a la iglesia.

Si tratamos los asuntos con ligereza o negligencia, perderemos la oportunidad de edificar la iglesia. Necesitamos comprender cada asunto que llega a nosotros y aprovechar la oportunidad para instruir y enseñar a los involucrados. Esto también edificará la iglesia. Si los santos pueden recibir nuestra ayuda en cuanto a las ofrendas materiales, serán edificados de manera genuina. También serán edificados como parte de la iglesia.

En nuestra obra y servicio, necesitamos darnos cuenta de que ser orgullosos no tiene sentido y considerarnos inferiores es aún peor. No tiene valor pensar que siempre tenemos la razón; ni lo tiene pensar que siempre estamos equivocados. Ambas actitudes son erróneas e indignas. Siempre que nos enfrentemos a una persona o a un asunto, necesitamos aprender a conocer las fortalezas y debilidades de la persona, así como la fuente y naturaleza del asunto. De este modo, sabremos cómo ayudar a la persona a ser edificada en la iglesia; también sabremos cómo tratar la situación. Eso es edificar.

Disfrute más: Himno 214

martes, 22 de abril de 2025

La administración de la iglesia y el ministerio de la palabra, semana 6, capítulo 8, martes

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO OCHO:
LA EDIFICACIÓN DE LA IGLESIA REQUIERE
CONOCIMIENTO DE DIFERENTES CUESTIONES

SEMANA 6 - MARTES
Lectura Bíblica: Gl 6

Leer y orar: "No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama a los demás, ha cumplido la ley." (Ro 13:8)


RECIBIR LA AYUDA DE DIOS Y NO DEL HOMBRE

No debemos quedar en deuda con los demás. Debemos recibir nuestra ayuda de Dios y no del hombre. Los últimos cien años de obra cristiana aquí no trajeron edificación para la iglesia; más bien, trajeron daño y causaron demolición en la iglesia. Los misioneros de occidente necesitan aprender la lección de ayudar a las personas delante del Señor sin convertirlas en sus beneficiarios. Las personas deben sentir que recibieron la ayuda de Dios y no del hombre.

No es edificante para los hermanos occidentales producir en las personas el sentimiento de ser beneficiarios. Al hacerlo, se hacen superiores a los demás. Esto jamás traerá edificación para la iglesia. La iglesia fue corrompida. Cuando ayudamos en secreto, nuestra ayuda de hecho beneficia a los demás.

NO CONSIDERAR A LOS DEMÁS SUPERIORES
Y A NOSOTROS MISMOS INFERIORES

Los hermanos de occidente tenían buenas intenciones, pero necesitaban considerar sus actitudes. Eran impropias porque no eran constructivas. Muchos entre los hermanos se asociaron con ellos por largo tiempo, porque consideraban que todo lo que venía de occidente era bueno y útil.

Nunca pensamos que debíamos haberlos ayudado en ese aspecto, porque nos considerábamos inferiores. No debemos tener alta consideración por nosotros mismos ni debemos considerarnos inferiores. Sí necesitamos el suministro de occidente en muchas áreas, pero eso no significa que todo lo que viene de allí está correcto. Eso depende de nuestra habilidad de discernir las cosas.

Recibimos ayuda de los hermanos occidentales, pero ellos también necesitan recibir nuestra ayuda. Debemos ser humildes y recibir la ayuda de ellos, sin embargo eso no quiere decir que todo lo que poseen nos es conveniente. Los criticamos porque tenemos la esperanza de que todos aprendamos la lección.

Cuando los ancianos deciden estudiar cierto libro de la Biblia, no insistirían en otro libro si fueran experimentados en cuestiones espirituales y en el comportamiento. Esos hermanos tenían competencia en su área médica, pero en la administración de la iglesia y en cuanto a cuestiones espirituales, eran como niños aprendiendo a hablar.

Suministrar las necesidades de la iglesia no depende de cuál libro de la Biblia estudiamos. Podemos suplir las necesidades espirituales de los santos mediante cualquier libro de la Biblia. Esos hermanos no eran los responsables en la iglesia, pero dieron a los santos una impresión negativa. Antes de proporcionar suministro, corrigieron a otros; antes de exhibir sus capacidades, criticaron a otros. Eso indica falta de aprendizaje en cuestiones espirituales y falta de habilidad en tratar con los demás. Esa falta perjudica la obra de edificación de la iglesia. Por eso necesitamos aprender a conocer a las personas y a discernir las cuestiones que se presentan delante de nosotros.

Cuando aprendemos a servir al Señor, necesitamos ser capaces de discernir las situaciones. No debemos pensar que todo lo que viene de occidente es bueno. Ya hemos invitado hermanos de occidente albergando gran expectativa, sin embargo el resultado de la visita nos dejó aprehensivos. De su lado, su conducta fue inconveniente; del nuestro, no sabíamos cómo expresarnos. Tuvimos muchas "comidas occidentales", pero los hermanos de occidente se rehusaron a tener "comidas chinas". Eso es orgullo.

Es necesario discernir las situaciones para obtener la edificación de la iglesia. Si siempre apreciamos las cosas de occidente y mostramos desprecio por las de oriente, la iglesia jamás será edificada. El Señor no es solamente Señor de los judíos; también es Señor de los gentiles. De igual modo, el Señor es de los occidentales y también de los chinos.

Él no da luz y entendimiento solamente para occidente. Por esa razón, aunque no debemos ser orgullosos, tampoco debemos sentirnos inferiores. Debemos estudiar si una situación es correcta o equivocada, si es o no útil. No debemos pensar que todo lo que procede de occidente es bueno y, por lo tanto, debe ser recibido. Antes, debemos aprender a conocer a las personas y a discernir las cuestiones.

A medida que edificamos la iglesia del Señor, necesitamos aprender a discernir las cuestiones. No debemos tratar nada de forma ligera. Debemos considerar y evaluar cuidadosamente las cuestiones que involucran a nosotros y a los santos. Necesitamos considerar la fuente de cada tema y sus consecuencias antes de tomar cualquier decisión.

Necesitamos aprender esa lección. Todo médico tiene que considerar con todo cuidado la medicación que deberá recetarse a un paciente. No podemos ser precipitados y negligentes o inmaduros e imprudentes; más bien, tenemos que ser siempre cuidadosos y precavidos.

Necesitamos pasar tiempo en la presencia del Señor a fin de ponderar con todo cuidado cómo tratar con los demás. Una vez que estamos edificando la iglesia, necesitamos aprender a discernir los hechos. Eso se aplica a la administración de la iglesia, al ministerio de la palabra y a los contactos con los demás.

Disfrute más: Himno 384

https://hinario.org/detail.php?id=919

lunes, 21 de abril de 2025

La administración de la iglesia y el ministerio de la palabra, semana 6, capítulo 8, lunes

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO OCHO:
LA EDIFICACIÓN DE LA IGLESIA REQUIERE
CONOCIMIENTO DE DIFERENTES CUESTIONES

SEMANA 6 - LUNES
Lectura bíblica: Mt 6:2-4; Lc 21:3; 2 Co 9:7

Leer y orar: “Mas tú, cuando des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha” (Mt 6:3)


LA IMPORTANCIA DE CONOCER DIFERENTES CUESTIONES

En este capítulo consideraremos las diversas cuestiones que necesitamos conocer. Para la edificación de la iglesia, necesitamos conocer a las personas y muchas cuestiones. Si solo queremos ser personas celosas que predican el evangelio para salvar a los pecadores y hablan la verdad para perfeccionar a los santos, no hay necesidad de adquirir conocimiento respecto a muchas cuestiones.

Sin embargo, si queremos edificar la iglesia, necesitamos conocer a las personas y muchas cuestiones. Debemos conocer a aquellos con quienes tenemos contacto y a los que desean servir al Señor. Debemos conocer sus motivaciones, saber si su carne ya ha sido crucificada, y también conocer su espíritu. Además, debemos conocer la naturaleza, el resultado, la relación y el impacto que causan estas cuestiones.

Hay muchos aspectos de las cosas que necesitamos conocer. Por ejemplo, un hermano que ama al Señor puede decir que Él lo movió a ofrendar veinte mil dólares a la iglesia. Por un lado, debemos dar gracias al Señor y regocijarnos porque ese hermano está dispuesto a ser usado por el Señor de esta manera. Por otro lado, necesitamos tener conciencia de que esta cuestión no es simple.

Necesitamos tener entendimiento respecto a la cuestión de ofrendar, es decir, debemos comprender la motivación, naturaleza, método y propósito de la ofrenda de ese hermano. También debemos conocer los posibles resultados e influencias de su ofrenda. Si solo damos gracias al Señor y la aceptamos, nuestra obra no será para edificación de la iglesia, sino para su demolición.

Debemos buscar ser iluminados por el Señor mediante la oración y la consideración para examinar la historia y los antecedentes de la persona que hace la ofrenda. Debemos tomar en cuenta su reputación y posición en la sociedad, además del origen del dinero que ofrenda. También debemos considerar sus intenciones delante del Señor y el espíritu de su ofrenda.

Cuando los ancianos reciben una gran suma de dinero como ofrenda para la iglesia, deben dedicar tiempo a comprender cómo se obtuvo esa cantidad. Además, deben considerar seriamente los posibles efectos, directos o indirectos, de aceptarla. En otras palabras, los ancianos necesitan tener conocimiento básico acerca de esta cuestión específica.

Supongamos que otro hermano dice que desea ofrendar cincuenta mil dólares para ayudar a los hermanos necesitados. Aunque eso es algo bueno, no es tan simple. No debemos simplemente dar gracias al Señor por ese hermano, pensando que esa es una ofrenda oportuna para ayudar a los santos necesitados. No debemos pensar que, solo por distribuir cincuenta mil dólares entre los pobres de la iglesia, la iglesia será edificada. Por el contrario, debemos considerar si esa ofrenda no podría llevar a la iglesia a desmoronarse.

Esto puede compararse con una cirugía que lleva a la persona a perder la vida en lugar de curarla, o con un alimento que lleva a la persona a enfermarse en lugar de nutrirla. Para edificar la iglesia, no podemos ser simplistas hasta ese punto. Necesitamos aprender a tener una comprensión total de la situación que estamos enfrentando. Solo así podremos determinar lo que debemos hacer y cómo hacerlo.

Discernir las cuestiones se relaciona no solo con la administración de la iglesia, sino incluso con el ministerio de la palabra. Podemos predicar mensajes que desanimen en lugar de animar si nos falta conocimiento sobre determinado asunto. Por eso, si queremos aprender a edificar la iglesia, necesitamos aprender a discernir las situaciones.

Debemos aprender a conocer todas las cuestiones directa o indirectamente relacionadas con la iglesia, siempre que sean algo que podamos investigar y contactar. Nuestra capacidad para administrar la iglesia depende de nuestra habilidad para conocer a las personas y las cuestiones. Nuestra habilidad para predicar la palabra y trabajar para el Señor depende de si conocemos o no a las personas y las cuestiones.

Incluso nuestra capacidad de visitar y ayudar a las personas depende de dicho conocimiento. Algunos hermanos responsables actúan de manera impropia en la administración de la iglesia porque les falta conocimiento respecto a las diversas cuestiones.

Algunos mensajes pueden instruir a los santos, pero resultar en demolición y no en edificación de la iglesia. Esto es resultado de un conocimiento inadecuado en cuanto a las cuestiones. La falta de conocimiento también puede llevarnos a demoler la iglesia mientras tratamos de edificarla.


CUIDAR A LOS SANTOS NECESITADOS

Dos hermanos del occidente, uno de los cuales era médico, estuvieron con nosotros por un tiempo, pero su obra no nos trajo muchos beneficios. Tenían el deseo de servir con los santos, pero sentimos que no obtuvieron mucho provecho ni trajeron mucho provecho a los hermanos.

La falta de fruto no se relacionaba con la enseñanza, sino con la edificación de la iglesia. En cuanto a la edificación de la iglesia, sentimos que recibirlos en el servicio resultaría en una gran pérdida. Como siervos del Señor, no debemos chismear ni ser descuidados en nuestras conversaciones sobre este asunto. Sin embargo, el hecho es que el contacto con esos dos hermanos dio origen a muchos problemas en lugar de edificar la iglesia.

Según nuestro discernimiento, los problemas podrían surgir porque no conocíamos completamente qué tipo de personas eran. Tampoco estábamos seguros de lo que serían capaces de hacer o cuál sería el resultado de su obra. Las personas que entraron en contacto con ellos estaban confundidas e inseguras.

Ayudaron a muchos santos con sus conocimientos médicos, sin cobrar nada, e incluso pagaron gastos hospitalarios para algunos. Sin embargo, toda la obra que realizaron resultó en demolición de la iglesia, no en edificación.

Un día, mi esposa y yo fuimos a visitar al hermano que era médico. En el camino vimos a una hermana cuya hija había contraído tuberculosis y ya había sido operada por él dos veces. Ella sentía que fue por la misericordia de Dios que el hermano solo le cobrara la mitad en la primera cirugía y realizara la segunda sin cobrar nada.

Por un lado, él era amable y cuidaba de los pobres. Por otro lado, aquellos a quienes él ayudaba se sentían agradecidos con él, pero no obtenían más de Cristo. Por tanto, no era para la edificación de la iglesia. Además, aquellos a quienes él ayudaba no se sentían dignos; al contrario, se sentían inferiores a él y a los hermanos responsables.

Por esa razón, lo que este hermano hacía por amor en realidad traía demolición a la iglesia y no edificación. Si tuviera la carga de ayudar materialmente a los santos, podría aceptar los honorarios médicos y ser guiado por el Señor a colocar una cantidad en la caja de ofrendas. De ese modo, los hermanos recibirían la ayuda directamente de la mano de Dios; no se sentirían rebajados ante los hombres ni pensarían que la ayuda provenía de los hombres o de la iglesia. Solo sentirían que Dios los había visitado. Eso los edificaría con un carácter noble.

Si nuestra ayuda lleva a los hermanos a sentirse inferiores o en deuda con nosotros, demolimos la iglesia en lugar de edificarla. Nuestra ayuda no debe hacer que otros se sientan agradecidos con nosotros. En otras palabras, no deben sentirse inferiores a nosotros. No deben sentirse como nuestros beneficiarios.

Si causamos estos sentimientos en las personas, somos una institución de caridad y no la iglesia. Los santos no deben simplemente sentirse agradecidos con nosotros, con la iglesia o con los ancianos. Debemos guiarlos a Cristo. Solo este resultado produce la edificación de la iglesia.

Si mantenemos la actitud de dar limosnas, mostrar caridad o prestar asistencia a los santos necesitados, corromperemos la iglesia del Señor. Aunque la hermana cuyo hijo contrajo tuberculosis estaba muy agradecida al Señor y lo alababa por eso, todo su ser estaba corrompido. En su humillación, se volvió dependiente de los demás e incluso sumisa a ellos. Aquellos que reciben ayuda continua de otros no pueden ser edificados en el carácter y, por tanto, la iglesia tampoco puede ser edificada.

En este aspecto, los dos hermanos occidentales necesitaban realmente nuestra comunión. Sin embargo, no fuimos capaces de ayudarlos. Eso prueba que no tuvimos discernimiento respecto a estas cuestiones. Además, debido a esa falta, nuestra obra aquí no pudo edificar la iglesia. Cuando cuidamos a los hermanos necesitados, debemos considerar si nuestro cuidado es para su edificación o para su demolición. Esto depende de nuestra habilidad para discernir las cuestiones.

Disfrute más: Himno 152

domingo, 20 de abril de 2025

La administración de la iglesia y el ministerio de la palabra, semana 6, capítulo 7, domingo

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO SIETE:
LA EDIFICACIÓN DE LA IGLESIA REQUIERE
UNA CONSAGRACIÓN TOTAL

SEMANA 6 - DOMINGO
Lectura Bíblica: 1 Co 9; Fil 4:17

Leer y orar: "El temor del hombre pondrá lazo; mas el que confía en Jehová será exaltado" (Pr 29:25)

LA VERGÜENZA DE BUSCAR AYUDA
DE OTROS A FIN DE REDUCIR
NUESTRO SUFRIMIENTO

El camino de la consagración es un camino de sufrimiento, de sacrificio, en el cual todo lo que nos pertenece naufraga. Algunos se consagran a fin de obtener la compasión de los otros y así reducir su propio sufrimiento. Estos creyentes han perdido su consagración. Es vergonzoso buscar la ayuda de terceros con el objetivo de reducir nuestro sufrimiento.

Los que están de hecho consagrados necesitan aprender a no buscar ayuda de los otros. Preferimos sufrir delante del Señor que buscar la ayuda de terceros, y preferimos pasar hambre por tres días seguidos que permitir que otras personas sepan de nuestra necesidad. Sin embargo, esa no es nuestra realidad actual. Algunos al sufrir muy poco ya desean ser notados por los otros y recibir ayuda de ellos. Esto es indicativo de que su consagración ya no es tan fuerte como en el pasado.

El primer grupo de siervos entre nosotros no buscaba ayuda de terceros. Incluso decían a las personas que no elegirían el camino de recibir ayuda de los otros. Tenían la capacidad de hacer dinero en el mundo, pero por amor al Señor no fueron al mundo para obtenerlo. Tal era la situación y el carácter de los que servían al principio.

Desafortunadamente algunos entre nosotros ahora temen no conseguir ayuda. Parece que la vergüenza para nosotros ahora es no recibir ayuda. Pero es una gloria que los otros no cuiden de nosotros, porque servimos al Señor a tiempo completo. No es glorioso procurar obtener ayuda y compasión de los otros; al contrario, es vergüenza.

Nos volveremos deplorables parásitos si siempre esperamos la ayuda de terceros. En función de eso, algunos pueden reprendernos, afirmando que somos los parásitos de la sociedad, ya que dependemos de otros para nuestro sustento. Esto indica que nuestra consagración no es firme. Sin embargo, no quiere decir que los santos no deban amar y cuidar a los siervos del Señor.

Durante muchos años los colaboradores más antiguos mantuvieron el principio de que no nos agradamos ni nos sentimos agradecidos por la ayuda que recibimos directamente de los otros. No queremos recibir ninguna contribución directamente de las manos de los hombres.

Los que se sienten responsables por nuestro cuidado deben ofrendar en la caja de ofrendas. Queremos recibir nuestro suministro directamente de las manos de Dios. Una persona preguntó en cierta ocasión a un hermano, que servía a tiempo completo, cuánto en ofrenda había recibido esa semana. Ese tipo de pregunta es un insulto para quien sirve a tiempo completo. Debemos mirar bien a los ojos de quien la hace y decirle que eso no es asunto suyo. Su pregunta no refleja amor por los que sirven al Señor; al contrario, es una ofensa. Una persona realmente interesada debe contribuir colocando la ofrenda en la caja apropiada sin preguntar cuánto recibe un siervo del Señor. Esas son preguntas inconvenientes.

La esposa de un hermano que sirve dijo cierta vez que su esposo recibía apenas unos pocos dólares por semana. Eso llevó a otros a sentir que deberían ayudarlo a encontrar un empleo. Eso es vergonzoso. Ya que esa pareja estaba dispuesta a seguir por ese camino, no debía quejarse. Quien sirve al Señor no debe actuar de ese modo. Los que eligen seguir ese camino necesitan saber que es un camino de sufrimiento y pobreza. No deben esperar tener una vida próspera. El Señor nunca dijo que los que optaran por ese camino tendrían comida con que alimentarse y buena vida. En vez de eso dijo que debemos dejar todo para seguirlo. Debemos incluso perder la vida. Ese es el camino de la consagración.

Es glorioso cuando podemos vivir por la fe un año entero, sin que nadie demuestre preocupación por nosotros. Pero existen situaciones en que los que sirven piden la ayuda de los otros. Cuando estamos en esa condición, podemos hacer la obra del cristianismo institucionalizado, pero no la de la edificación de la iglesia. Cuando edificamos la iglesia, nuestra fama, reputación, ser y familia naufragarán. Nuestra reputación, lo que somos y lo que tenemos necesitan ser enterrados. El apóstol Pablo sufrió naufragio por el Señor; y el Señor ganó su todo.

El Señor Jesús puede llevar a las personas al naufragio. Muchas vidas ya naufragaron por causa de Él. Esto es cuestión de consagración, de pagar el precio; eso es lo que significa afirmar: "Completo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo, por su cuerpo, que es la iglesia" (Col 1:24).

EL CAMINO DE LA CONSAGRACIÓN ES
CONSIDERADO ANORMAL

Necesitamos considerar la cuestión de la consagración y considerar el precio que necesitamos pagar. Los que están en el cristianismo institucionalizado no siguen ese camino. Necesitamos estar listos para ser naufragados por Cristo. No debemos evaluar las cosas de acuerdo con nuestros pensamientos naturales. No debemos considerar nuestra profesión, matrimonio, familia o estudios según el pensamiento natural.

La situación de los primeros apóstoles, de los cristianos que tomaron parte en la vida de la iglesia primitiva y de los que siguieron al Señor a través de los siglos sin duda no puede ser considerada normal. Solamente podemos ser considerados normales si no nos consagramos y no seguimos el camino de la consagración. Todos los caminos de la consagración son con certeza anormales.

Por ejemplo, los padres de la hermana Dora Yu la enviaron a Inglaterra para estudiar medicina. Sin embargo, cuando el barco en que ella estaba llegó al puerto de Marsella, en Francia, ella dijo al capitán que necesitaba volver a China a fin de predicar el evangelio. Eso es anormal. No podemos seguir un camino normal en nuestra vida humana. Si seguimos un camino normal, no podremos seguir el camino de la consagración. Que todos veamos que el camino de servir al Señor es el camino de la consagración. No existe nada de normal en ese camino; al contrario, todo en él es anormal.

Disfrute más: Himno 213

Estudio-vida de Ezequiel, semana 9, sábado, mensaje 20

ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL Mensaje 20 LOS ATRIOS EXTERIOR E INTERIOR SEMANA 9 - SÁBADO Lectura Bíblica: Ez 40-42 Leer y orar: “Jesús les res...