Leer y orar: “Al vencedor, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en Su trono.” (Ap 3:21)
Ofrecer oraciones y derramar las respuestas
En el capítulo ocho, Cristo es nuevamente retratado como otro Ángel, ofreciendo las oraciones de los santos a Dios (vs. 3-5). En Su administración Él necesita de nuestras oraciones. Nuestra oración es la respuesta a Su ministerio celestial.
A medida que oramos, Él administra. A medida que administra, nosotros oramos. Estas oraciones Él las ofrece a Dios y luego derrama las respuestas de Dios a ellas sobre la tierra. Este es el significado del versículo 5: “Y el ángel tomó el incensario, lo llenó del fuego del altar y lo arrojó a la tierra; y hubo truenos, voces, relámpagos y un terremoto”.
El derramamiento de las respuestas de Dios a nuestras oraciones equivale a Su administración universal. Este Administrador está calificado en todos los sentidos; sin embargo, necesita de nuestras oraciones. Podemos decir que Cristo administra el universo entero por medio de nuestras oraciones.
Tomar posesión de la tierra
En el capítulo diez, se ve a otro Ángel fuerte “descendiendo del cielo, envuelto en una nube, con el arco iris sobre Su cabeza; Su rostro era como el sol, y Sus pies como columnas de fuego… Puso Su pie derecho sobre el mar y el izquierdo sobre la tierra” (vs. 1-2).
Aquí, Cristo como el otro Ángel ha dejado el trono en los cielos y está en camino de regreso a la tierra. El hecho de estar envuelto en una nube indica que en esta etapa Su venida es en secreto. Él retorna secretamente a la tierra a fin de tomar posesión de ella por completo. Un pie sobre el mar y el otro sobre la tierra simboliza Su posesión. La tierra pertenece al Señor. Toda ella es Su herencia. Él vendrá con poder para tomar posesión de ella.
Juzgar a Babilonia
En 18:1 se nos dice: “Después de estas cosas vi descender del cielo a otro ángel, que tenía gran autoridad, y la tierra fue iluminada con Su gloria”. Él ya no se encuentra envuelto en una nube. Está en el espacio abierto y muy cerca de la tierra. Él viene para ejercer Su autoridad sobre la cristiandad, la Gran Babilonia. Después de juzgar por completo esta religión perversa, Él destruirá a Satanás y establecerá el reino milenario en la tierra.
SOBERANO EN EL REINO Y POR TODA LA ETERNIDAD
En ese reino Él gobernará, con todos los vencedores como correyes (Ap 3:21; 20:4, 6). Él será el Administrador principal del reino. Después de esos mil años habrá la Nueva Jerusalén, teniendo como centro el trono de Dios y del Cordero (22:1, 3).
En ella el Cordero redentor será el Soberano por toda la eternidad, así como será por toda la eternidad el Administrador. Esta administración universal es una parte grandiosa del ministerio celestial de Cristo.
CUMPLIMIENTO POR MEDIO DE LOS MINISTERIOS
CORRESPONDIENTES EN LA TIERRA
Sin el ministerio completivo de Pablo, Cristo no tiene cómo desempeñar Su ministerio celestial. Los dos se corresponden mutuamente. Uno está en los cielos, el otro, entre los santos en la tierra. Hoy nos encontramos bajo estos dos ministerios. Incluso en este mismo instante Cristo ministra en los cielos, y el ministerio completivo de Pablo se desempeña aquí entre nosotros.
El ministerio completivo efectúa la economía divina en la preparación de un Cuerpo para Cristo. La Cabeza necesita un Cuerpo. Piense en lo que usted podría realizar si tuviera solo la cabeza sin cuerpo. ¡No podría hacer nada! Sin la iglesia, Su Cuerpo, Cristo tampoco puede hacer nada. El ministerio completivo, por lo tanto, existe para producir el Cuerpo para que la Cabeza desempeñe la administración divina en la tierra.
El ministerio completivo de Pablo, como veremos en los próximos mensajes, se centra en Cristo como el centro de la economía divina y la circunferencia del propósito de Dios. Este Cristo necesita vivir en nosotros, y nosotros necesitamos vivir en Él. Él es el Cristo todo-inclusivo. Entonces tenemos la maravillosa vida de iglesia.
Dios pasó por un proceso a fin de llegar a ser el Espíritu vivificante y entrar en nuestro espíritu. Estos dos espíritus se hacen uno cuando somos regenerados. A partir de ahí, este Espíritu todo-inclusivo se esparce de nuestro espíritu a nuestra alma, para que esta sea saturada del Dios Triuno.
Este esparcimiento de Dios en nuestro interior se llama transformación y crecimiento en vida. Por medio de este crecimiento, somos consolidados para llegar a ser un Cuerpo. Este Cuerpo no es edificado por medio de enseñanza, organización o formalidades, sino por la transformación de nuestra alma. Así crecemos juntos, no solo como un Cuerpo, sino también como el nuevo hombre universal.
Cristo tiene Su Cuerpo, y Dios tiene un nuevo hombre. Por eso Cristo puede actuar, y Dios puede llevar a cabo Su propósito eterno. De esta manera el ministerio completivo de Pablo efectúa el ministerio celestial de Cristo. Después de la serie sobre el ministerio completivo de Pablo, proseguiremos con el ministerio remendador de Juan. Con estos tres ministerios la Biblia es consumada, y los nuevos cielos y la nueva tierra, con la Nueva Jerusalén, entran en escena.
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