lunes, 31 de marzo de 2025

La administración de la iglesia y el ministerio de la palabra, semana 3, capítulo 3, lunes

A ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO TRES - NO HACER UNA OBRA DE
DEMOLICIÓN EN EL SERVICIO DE LA IGLESIA

SEMANA 3 - LUNES

Lectura Bíblica: 1 Co 12:25-31

Leer y orar: "para que no haya división en el cuerpo; por el contrario, cooperen los miembros, con igual cuidado, en favor unos de otros." (1 Co 12:25)

LA EDIFICACIÓN SE DESTINA AL APOYO MUTUO
Y A SUPLIR UNOS A OTROS

Nuestro problema es que nos consideramos muy listos y capaces, al punto de no necesitar unos de otros; sin embargo, siempre estamos pisando a los demás. Esto es indicación de discordia con un elemento de demolición. Esto no es edificación.

Los que de hecho edifican la iglesia perciben que no pueden actuar de forma independiente ni vivir aparte de los demás. Sienten que necesitan unos de otros. Cuando ministra la palabra, este hermano sabe que necesita que los demás oren por él a fin de proporcionarle apoyo en su espíritu. Este espíritu parece haber desaparecido de nuestro medio.

Los que ministran la palabra no parecen necesitar las oraciones de los demás y los que los escuchan no poseen tal espíritu de apoyo; solo oyen a quienes les hablan y hacen comparaciones. Tal espíritu es intolerable.

Cuando la semilla de la discordia en nuestro medio produce frutos, entonces la iglesia, nuestro servicio y la obra entrarán en colapso y se desmoronarán, aunque seamos muy espirituales. Nuestros esfuerzos no han llevado a las personas a estar en unanimidad con la iglesia. En vez de eso, parece que solo hemos causado disensión.

Cuanto más ayudamos a las personas, más parecen estar en desacuerdo con la iglesia y dispersas. Hay demolición, y no edificación. En particular, los hermanos que trabajan con los jóvenes no tienen un sentimiento de dependencia unos de otros.

Debemos todos tener una sola alma a fin de orar, suplir y apoyar a quien libera el mensaje. Si los que sirven al Señor están siempre en discordia en vez de estar en unanimidad, el enemigo, los santos e incluso los niños lo percibirán.

LA EDIFICACIÓN ES LA SUMISIÓN

La verdadera edificación depende de la sumisión. Someterse es estar sujeto a los demás. Cuando estamos dispuestos a someternos, tenemos edificación. La sumisión está fuera de cuestión si solo una persona hace la obra. Sin embargo, si trabajamos juntos, no debemos preocuparnos solo por nuestra obra.

Por ejemplo, la sumisión no es un tema antes del matrimonio entre un hermano y una hermana, pero después de casarse necesitan aprender a someterse. Solo cuando hay sumisión puede haber edificación. Cuando se casan, el propósito de la pareja es constituir una familia. La fundación de esta construcción depende de la sumisión.

La énfasis de la edificación no está en la obediencia, sino en la sumisión. Si la mujer no se somete al marido y el marido no se somete a la mujer, faltará edificación en la familia. Necesitamos creer que los presbíteros en una iglesia local no son descuidados en sus decisiones ni autoritarios en su actitud.

Aunque puedan sentirse débiles e insuficientes, cargan una gran responsabilidad y cuidan la iglesia con temor y temblor. Si todos los presbíteros tienen esta actitud y espíritu, sus decisiones serán merecedoras de nuestra sumisión.

APRENDER LA LECCIÓN DE LA EDIFICACIÓN
E INTRODUCIR A OTROS EN EL EDIFICIO

Quien discute sobre qué libro debe estudiar la iglesia y pone en duda la decisión de los presbíteros al respecto no tiene espíritu ni actitud de sumisión. Sin sumisión, no existe edificación.

La edificación de la iglesia mediante nuestra administración y ministerio de la palabra depende de nuestra persona. Si aprendemos la lección, seremos quebrantados y conoceremos la edificación de Dios, y los que conducimos serán piedras vivas edificadas como casa espiritual.

Si nosotros mismos no somos edificados, no tendremos cómo edificar a los demás. La obra de nuestras manos no resultará en edificación. Cuantas más personas salvemos por la predicación del evangelio y enseñemos, más opiniones serán introducidas en la iglesia. A pesar de aumentar la cantidad de piedras, no habrá edificación.

La obra de Satanás es de demolición. Él ha hecho esto por dos mil años. La mayor parte de la obra de evangelización en el cristianismo atrae a las personas a creer mediante ganancias materiales. Esto es pobre y superficial, y demuestra que se ha perdido el poder del evangelio.

Cuando una iglesia está llena de disensión, su condición será de debilitamiento. Desde que vinimos a Taiwán en 1949, la iglesia en Taipéi se ha mantenido llena de frescura, sin ningún factor causante de disensión. Satanás ahora intenta realizar una obra de demolición. Cuando estamos en unanimidad, tenemos la autoridad del Espíritu Santo.

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domingo, 30 de marzo de 2025

La administración de la iglesia y el ministerio de la palabra, semana 3, capítulo 3, domingo

 A ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA

Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO TRES - NO HACER UNA OBRA DE
DEMOLICIÓN EN EL SERVICIO DE LA IGLESIA

SEMANA 3 - DOMINGO
Lectura Bíblica: Ap 3:14-22; Hch 15:6, 13, 20, 22; 21:20

Leer y orar: "Yo reprendo y disciplino a todos los que amo. Sé, pues, celoso y arrepiéntete." (Ap 3:19)


LA DEMOLICIÓN LLEVA A LA DISENSIÓN Y CAUSA DAÑO A LA AUTORIDAD EN LA IGLESIA

Necesitamos examinar nuestro corazón y considerar si nuestra obra en los últimos seis meses nos ha llevado a la unanimidad o a la disensión. Estar en unanimidad es edificar; estar en disensión es demoler la edificación.

Los hermanos responsables están en disensión si cambian la decisión de los ancianos sin darse cuenta de que, en realidad, están demoliendo la edificación. Si solo siete de las veintiocho reuniones de grupos en las casas están en esa condición, la iglesia en Taipéi estará en discordia y dividida.

No estamos aquí para establecer la autoridad de los ancianos como si fueran "papas", pero necesitamos preguntarnos si realmente existe autoridad administrativa en la iglesia. ¿En manos de quién debe estar esta autoridad?

Si está en manos de los mil hermanos que se reúnen regularmente, nos volveremos como la iglesia en Laodicea (Ap 3:14-22). Si esa autoridad está en manos de un "papa", seremos como la Iglesia Católica Romana.

La administración de una iglesia está en manos de los ancianos. Ellos deben aprender a estar sujetos a Dios y temerle. Deben administrar la iglesia con temor y temblor, y aprender a ser fuertes. Deben temer cometer errores y ser débiles e indecisos. Si una reunión de grupo necesita ser interrumpida, los ancianos deben tomar esa decisión sin titubear; de lo contrario, los grupos de reuniones en las casas restantes se convertirán en pequeñas iglesias locales.

Si nadie en una iglesia local ha sido quebrantado, teme a Dios o reconoce la autoridad en la iglesia en su ministerio, la iglesia está en discordia. Sus muchas actividades resultarán en mayor demolición. Prácticamente sería mejor tener menos actividades.

Si alguno de los hermanos responsables en la iglesia en Taipéi tiene una opinión diferente a la decisión de los ancianos, habrá una obra de deconstrucción en la iglesia. Una situación de disensión como esa causará la muerte. Si los responsables de los grupos en las casas son así, los miembros de los grupos también manifestarán opiniones opuestas.

Este tipo de tendencia puede compararse al cuerpo cuando contrae una infección: esto puede matar al propio cuerpo. Se trata de disensión y destrucción de la edificación. Mediante el esquema sutil de Satanás, nuestro esfuerzo puede, de hecho, convertirse en una obra de demolición.

Algunos han hecho grandes sacrificios por el Señor y por la iglesia. Por un lado, no debemos vanagloriarnos del sacrificio que hemos hecho; por otro, una vez que hemos hecho tal sacrificio, no debemos permitir que el esquema de Satanás entre en nuestro medio. Si servimos en medio de la discordia, no podremos avanzar. El esquema más astuto de Satanás es realizar una obra de disensión y división entre nosotros.

La obra de Satanás no consiste en hacer que todos discutan entre sí; más bien, consiste en realizar una obra de demolición mediante los buenos deseos y buenas intenciones de las personas. Este es su artificio. Aparentemente, la sugerencia del hermano responsable de estudiar otro libro de la Biblia es para el bien de los santos, cuando en realidad no lo es.

Sin embargo, si realmente hemos aprendido la lección, veremos que aunque la organización del servicio en la iglesia es flexible y no rígida, es necesario que haya armonía y un solo mover en la iglesia. Esto evitará que la iglesia caiga en las artimañas de Satanás.


LA AUTORIDAD DEL ESPÍRITU SANTO EN LA BIBLIA

Toda iglesia, grande o pequeña, necesita honrar la autoridad del Espíritu Santo. Por ejemplo, aunque miles de judíos creyeron en la iglesia en Jerusalén (Hch 21:20), no hubo una asamblea para votar sobre las diferentes cuestiones planteadas en el capítulo 15.

En lugar de eso, los apóstoles y los ancianos se reunieron en la presencia de Dios y, después de que algunos compartieron su experiencia y entendimiento, Santiago se puso de pie y habló (vs. 6, 22, 13). Esta es la autoridad del Espíritu Santo en la Biblia.

Después de reunirse, escribieron una carta a los creyentes gentiles (v. 20). No discutieron ni la iglesia organizó una asamblea para que los creyentes expresaran sus opiniones mediante el voto; en lugar de eso, los apóstoles y los ancianos se reunieron ante Dios para decidir la cuestión. Una vez que tomaron una decisión respecto al problema de la circuncisión, no se expresó ninguna otra opinión.


NO PLANTAR LA SEMILLA DE LA MUERTE O DE LA DISENSIÓN

Los que han aprendido la lección dirán amén cuando los ancianos decidan que los grupos de reuniones deben estudiar el Evangelio de Juan. Los que consideren que este libro es demasiado largo deben recibir ayuda de aquellos que han aprendido esta lección, para que se sujeten a la iglesia y respeten la autoridad de la iglesia.

Primero, necesitamos ayudar a los santos a aceptar lo que ha sido planeado por los ancianos antes de sugerir que se estudie un libro más corto. Ayudar a los santos en este sentido es maravilloso y contiene el elemento de edificar en unanimidad.

Si, por una motivación impura, algún responsable pone en duda la decisión de los ancianos y comparte sus sentimientos con otros responsables, el factor causante de muerte se esparcirá. Tal vez no difame a los ancianos ni se oponga a ellos, pero en su hablar puede diseminar la idea de que la iglesia es una dictadura. Esto causará disensión. La semilla de la discordia plantada en los santos puede crecer y, al final, llevarlos a una disensión con la iglesia. Esto es demoler la obra de Dios.

Incluso al predicar el evangelio e instruir a los santos puede existir un factor de demolición. Esto puede compararse con beber una taza de té que contenga la bacteria de la tuberculosis. Después de beberlo, contraeremos la enfermedad.

Es muy grave si un hermano, que antes no tenía el corazón inclinado a la disensión, comienza a manifestar un elemento de disensión en su servicio después de ser instruido por nosotros. La iglesia en una ciudad estará acabada si los santos divergen entre sí. Necesitamos estar alertas ante este gran peligro.

El esquema más astuto de Satanás es plantar la semilla de la disensión por medio de los que sirven. Cuando lo hace, la obra del Señor se interrumpe y surge la discordia en el servicio de la iglesia. Una persona que contrae tuberculosis puede tener una apariencia saludable, pero en un año todo su ser colapsará.

Disfruta más: Himno 293


1 Al andar con Jesús,       
Su Palabra y Su luz.       
¡Oh qué gloria, qué paz, qué placer!   
Al cumplir Su querer,       
Viene a morar Él        
Con quien Le obedece y cree en Él.    

    Hay que creer, 
    Siempre obedecer, 
    Si contentos en Cristo 
    Anhelamos crecer. 

2 Cuando en sombras esté, 
Y las nubes se ven, 
Su sonrisa las disipará. 
No habrá espanto o pesar, 
Miedo no he de tener, 
Si en Él puedo creer y obedecer. 

    Hay que creer, 
    Siempre obedecer, 
    Si contentos en Cristo 
    Anhelamos crecer. 

3 Sea en carga o labor, 
Ricamente el Señor, 
Retribuye con gracia y merced, 
Al perder o en cruz, 
Bendición da Jesús 
A quien cree y obedece a Él. 

    Hay que creer, 
    Siempre obedecer, 
    Si contentos en Cristo 
    Anhelamos crecer. 

4 Sólo ha de probar 
Su amor singular, 
Quien ofrece todo en el altar. 
Pues el gozo y favor 
Que concede el Señor, 
Al que cree y obedece vendrán. 

    Hay que creer, 
    Siempre obedecer, 
    Si contentos en Cristo 
    Anhelamos crecer. 

5 Y contigo, oh Señor, 
Comunión de amor, 
Para siempre voy a mantener 
Lo que digas, cumplir, 
Y Tus pasos seguir, 
Sólo en Ti creer y obedecer. 

    Hay que creer, 
    Siempre obedecer, 
    Si contentos en Cristo 
    Anhelamos crecer.

sábado, 29 de marzo de 2025

La Administración de la Iglesia y el Ministerio de la Palabra, semana 2, capítulo 3, sábado

 LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO TRES - NO HACER UNA OBRA DE
DEMOLICIÓN EN EL SERVICIO DE LA IGLESIA

SEMANA 2 - SÁBADO
Lectura Bíblica: Mt 24:2; 1 Co 3:10-15

Leer y orar: "Manifiesta se tornará la obra de cada uno; pues el Día la demostrará, porque está siendo revelada por el fuego; y cuál sea la obra de cada uno, el mismo fuego lo probará." (1 Co 3:13)



LA NECESIDAD DE QUE NUESTRO SERVICIO
PRODUZCA LA EDIFICACIÓN

La edificación de la iglesia se lleva a cabo mediante la administración de la iglesia y el ministerio de la palabra, y ambos dependen de la condición de nuestra persona. Nuestra administración de la iglesia tal vez no resulte en mucha edificación. Es posible también que nuestro ministerio de la palabra no resulte en mucha edificación.

Incluso el hecho de conducir personas a la salvación y ayudar a los santos en su perfeccionamiento puede no resultar en mucha edificación de la iglesia. Nuestra obra puede ser eficaz, pero cuanto más la realizamos, menos elemento de edificación existe.

En otras palabras, la eficacia de nuestra obra es inversamente proporcional a la edificación de la iglesia. Ella corresponde a la demolición de la obra de edificación de Dios, y no a la edificación.

En circunstancias normales, cuanto más realizamos la obra, más edificamos. Nuestra obra debería corresponder a nuestra edificación. Por ejemplo, cuando algunos predican el evangelio, no solo salvan pecadores, sino también edifican la iglesia; cuando instruyen a los santos, no solo los ayudan, sino también edifican la iglesia.

Necesitamos prestar atención a este hecho peculiar: podemos hacer una obra sin producir la edificación. Si estamos en la luz, veremos que es posible salvar pecadores e instruir a los santos sin edificar la iglesia. Muchas obras en el cristianismo en realidad demuelen la obra de edificación de Dios.

La más grave demolición de la edificación de Dios en la iglesia no resulta de la persecución ni de la oposición de los incrédulos. Proviene, sin embargo, de las muchas obras hechas con celo en el cristianismo. Estas obras no proceden de malas intenciones, ideas perversas o errores; más bien, tienen el buen propósito de salvar pecadores e instruir a los santos, sin embargo no resultan en la edificación de la iglesia.

EL PLAN DE SATANÁS DE REALIZAR
UNA OBRA DE DEMOLICIÓN EN
EL SERVICIO DE LA IGLESIA

¿Qué significa que nuestra obra destruya la edificación de Dios? Un buen ejemplo de esto ocurre cuando cierto hermano, responsable de una reunión de grupo, altera la propuesta de los presbíteros de estudiar un libro específico de la Biblia. Cambiar el libro a estudiar puede ser instructivo para los que participan en su reunión, sin embargo, la forma en que lo hizo derrumba la edificación divina de la iglesia. No ayudará en nada a los santos a conocer su carne, lidiar con las opiniones propias o aprender a someterse a los demás.

Su forma de actuar solo generará personas llenas de puntos de vista y opiniones, que gustan de corregir a los demás y no de someterse a ellos. A pesar de que este hermano tenga buenas intenciones y no critique ni juzgue a los demás, la destrucción causada es grave para la iglesia.

Los presbíteros pueden decidir que toda la iglesia estudiará el Evangelio de Juan, sin embargo, un hermano responsable puede concluir que ese libro es demasiado grande y cambiarlo por 1 Tesalonicenses. Esta buena intención demuestra que aún no ha aprendido la lección de ser quebrantado; no puede dejar de lado sus opiniones y tampoco sabe someterse a los demás al servir a la iglesia.

La iglesia no puede ser edificada si veintiún responsables dicen: "Los presbíteros no están necesariamente acertados en su manera de hacer las cosas. Sus decisiones no siempre son correctas". Si adoptamos esta actitud, las cosas se descontrolarán.

Quizás esos hermanos responsables no estarían satisfechos ni siquiera si el apóstol Pablo fuera uno de los presbíteros. Si los presbíteros toman decisiones correctas o incorrectas no es nuestro problema. Nuestra necesidad es someternos a ellos.

Es difícil creer que una persona que no se somete a los presbíteros pueda generar personas quebrantadas, que se nieguen a sí mismas, se pongan bajo las manos de Dios y se sometan a los demás. Lo mejor que pueden hacer es producir personas con puntos de vista y opiniones propias, que destruyen en lugar de edificar la iglesia.

Edificar es poner una piedra sobre otra. En cambio, la palabra del Señor en Mateo 24 nos muestra la demolición: "En verdad os digo: De ningún modo quedará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada" (v. 2).

Cuando se derriba, ninguna piedra queda sobre otra; cuando se edifica, cada piedra está sobre otra. Las personas pueden elogiar nuestra obra, pero necesitamos ver si no destruye la iglesia. El plan de Satanás es derribar.

Toda nuestra obra en Taiwán fue de edificación; sin embargo, en los últimos seis meses hubo mucha demolición. Este es el plan del enemigo, y muchos de nosotros fuimos usados por él para realizar esta obra de demolición.

No queremos hacer este tipo de obra. Ningún hermano lo hace con mala intención. Sin embargo, por no haber aprendido la lección, somos usados por Satanás de manera inconsciente en nuestro servicio de derribar. Tal vez pensemos que estamos edificando, pero nuestra obra ha sido de destruir la iglesia.

Satanás derrumba mediante nuestra obra. Esto causa que nuestro servicio y el testimonio de la iglesia sufran un gran perjuicio.

Desfrute más: Himno 382

viernes, 28 de marzo de 2025

Administración de la iglesia y el ministerio de la Palabra, semana 2, capítulo 2, viernes

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO DOS
SEMANA 2 - JUEVES

Lectura Bíblica: Éx 17:8-13

Leer y orar: "Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol." (Éx 17:12)

Preservar la conciencia del Cuerpo y
ser edificados en nuestro servicio

Los hermanos necesitan aprender la lección de ser quebrantados, amables con los demás y respetar sus funciones. Nuestro Señor es grande y Su obra tiene muchos aspectos. Por eso necesitamos ser fieles a lo que Él nos ha confiado y aprender a trabajar de forma coordinada con los demás, respetando lo que hacen. A menos que hablen herejías, no debemos interferir, intervenir ni criticar. Solo así podemos preservar la conciencia del Cuerpo y generar edificación entre nosotros.

Las semillas de este tipo de problema ya han sido sembradas entre nosotros y han producido situaciones negativas. Como servimos juntos al Señor en Su obra y la compartimos, necesitamos levantarnos y condenar tales situaciones. Estas cuestiones están íntimamente relacionadas con nosotros y mostrarán cuánto hemos sido transformados delante del Señor y qué lecciones de vida hemos aprendido. Si crecemos en vida, somos quebrantados y aprendemos algunas lecciones, estaremos a salvo en cuanto a todas estas cuestiones.

Cuando los ancianos sugirieron estudiar el Evangelio de Juan y el hermano responsable de la reunión en casa dijo que ese libro era demasiado extenso, insistiendo en que los ancianos aceptaran su manera de hacer las cosas, el sentimiento de coordinación se debilitó. Cuando esto ocurre, no podemos esperar que la edificación del Cuerpo sea fuerte. Si este hermano continúa oponiéndose a las propuestas de los ancianos, los hermanos en su reunión terminarán levantándose para oponerse a él, porque él dio el ejemplo de oponerse a los demás e imponer su propia opinión.

Si continúa con su actitud, ¿cómo podrá guiar a los demás en su grupo de casa a tener un servicio fuerte en coordinación y buena edificación? Todos necesitamos aprender una lección importante. En la coordinación del Cuerpo, todos necesitan funcionar y respetar lo que hacen los demás. No debemos criticar a los demás, sino unirnos a sus esfuerzos para que el Cuerpo de Cristo sea suplido y no dañado. De este modo, el sentimiento de coordinación será placentero y la edificación del Cuerpo será fortalecida.

Disfrute más: Himno 407

"Funcionar"

1 Como miembros del Cuerpo 
Cristo hay que expresar, 
Cada uno funcionando 
Su plenitud mostrar; 
No siendo expectadores, 
Mas todos en función, 
Nadie trayendo muerte, 
Mas gracia y bendición. 

2 Jamás independientes 
Debemos proceder, 
Mas siempre coordinados, 
Para un equipo ser; 
Negando preferencias, 
Siguiendo el fluir, 
Sin leves distracciones, 
Al Espíritu oír. 

3 En Cristo enfocados, 
No otro centro habrá; 
En comunión tan dulce, 
De Sus riquezas dad; 
Él es nuestra Cabeza, 
Su Cuerpo debe hacer 
Que en la reunión en todo 
Se manifieste Él. 

4 Todos edificados, 
Sin crítica en amor, 
Para perfeccionarnos 
En mutua comunión; 
Dejando al viejo hombre, 
El ego hay que negar; 
Por gracia entrenados 
Del Cuerpo disfrutar.

jueves, 27 de marzo de 2025

Administración de la iglesia y el ministerio de la Palabra, semana 2, capítulo 2, jueves

ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO DOS
SEMANA 2 - JUEVES

Lectura Bíblica: 1 Co 6:7

Leer y orar: "Y al que quiera ponerte pleito y quitarte la túnica, déjale también la capa." (Mt 5:40)


No insistir en la propia manera

Los ancianos entendieron que cierta reunión debía estudiar el Evangelio de Juan. Uno de los hermanos responsables por aquel grupo, sin embargo, sintió que Juan sería demasiado largo y quiso estudiar 1 Tesalonicenses. Pensó que esto ayudaría a quienes no estaban acostumbrados a leer la Biblia. Como insistiera, los ancianos terminaron por estar de acuerdo, aunque su carga por 1 Tesalonicenses no fuera adecuada.

En realidad, este hermano no tenía una carga legítima. Simplemente pensó que los santos tendrían temor de un libro con veintiún capítulos y permitió que su opinión atropellara los sentimientos de los demás. A menos que realmente hubiera sido encargado de 1 Tesalonicenses, no debería haberlo presentado en la reunión.

Ninguno de nosotros debe hacer cosas para las cuales no hemos sido encargados ni debemos abandonar aquellas para las cuales sí hemos sido encargados; más bien, necesitamos servir de acuerdo con nuestra carga. Hacer lo contrario viola un principio espiritual. Este hermano responsable aún no había aprendido la lección en asuntos espirituales y actuó de manera inexperta en su comportamiento.

Si nuestra comunión está relacionada con una carga espiritual, no debe haber problema en proponer un cambio, y no debemos criticar la carga. Sin embargo, si lo único que queremos es cambiar la forma en que los demás hacen las cosas, no debemos llevar eso adelante.

Necesitamos respetar la manera de
los hermanos 
con quienes servimos

Los ancianos no forzarán a un grupo a estudiar cierto libro o a hablar ciertas cosas, pero no debemos cambiar al azar lo que ellos nos han comisionado. En realidad, está bien estudiar Juan o 1 Tesalonicenses, pues no importa de hecho qué libro será estudiado. Es posible ministrar a los hermanos con 1 Tesalonicenses o con el Evangelio de Juan. En nuestro servicio, siempre debemos evitar cambiar la forma en que otros hacen las cosas.

Necesitamos entender que cuando cambiamos la manera de otros de realizar las cosas, tal vez ellos no lo acepten, porque entienden que no es apropiado cambiar; y, en caso de que lo acepten, no será de forma agradable. Debido a este tipo de problema, nuestro servicio en la administración de la iglesia y en el ministerio de la palabra no es fuerte.

Aun en el mundo, cuando las personas trabajan juntas, no es fácil cambiar la manera en que otros hacen las cosas. Si de verdad tenemos cierta habilidad, esta se manifestará incluso cuando trabajemos según la manera de los demás. Si tenemos contenido espiritual, podemos ministrar a los santos por medio de 1 Tesalonicenses o del Evangelio de Juan. No importa cuál sea el libro, debemos ser capaces de ministrar su contenido espiritual. Lo que debemos temer es no tener contenido espiritual para ministrar; si lo tenemos, somos capaces de ministrar y desarrollar cualquier libro de la Biblia.

Por lo tanto, cambiar la forma en que los demás hacen las cosas indica que aún no hemos aprendido muchas lecciones espirituales. También indica que aún somos inexpertos en nuestra manera de comportarnos. Algunos hermanos llevan a los santos a servir con fervor, con la esperanza de que pasen más tiempo aprendiendo a mantener comunión con el Señor y a conocer el Espíritu que habita en ellos. No debemos intentar cambiar su práctica. Debemos, en cambio, elogiarlos, diciendo que es bueno amar al Señor y ser fervoroso.

Sin embargo, nuestro elogio no debe ser falso; más bien, debe ser un suplemento positivo a su obra. Necesitamos mantener siempre una actitud de respeto, cooperación y coordinación con los demás. Debemos servir de acuerdo con nuestra porción y honrar la de los demás, porque ambas han sido confiadas por el Señor. Todos deben tener la humildad de no considerar su porción más elevada que la de otros.

Debemos cuidar los sentimientos de los demás. A menos que hablen herejías y causen problemas para la obra y la iglesia, debemos siempre respetarlos, ser amables y serviciales con ellos y estar abiertos para recibir su ayuda. Que el Señor nos conceda gracia para percibir que esto es una cuestión de vida y que implica ser quebrantados y humildes.

Aquellos que logran alcanzar un objetivo sin forzar a los demás a hacer todo a su manera son realmente humildes. Puesto que amamos al Señor, deseamos vivir para Él y edificar la iglesia. Estos objetivos son correctos, pero existen muchas maneras de alcanzarlos. Por ejemplo, predicar el evangelio junto con un hermano es un buen objetivo que puede ser realizado de acuerdo con su manera o con la nuestra.

Somos bendecidos cuando no forzamos a los demás a hacer las cosas a nuestra manera. Si tenemos contenido espiritual, podemos ministrar según su manera, y si él tiene contenido espiritual, podrá ministrar según la nuestra. Ambas formas son aceptables; no existe la necesidad de aferrarse a una de ellas.

Disfrute más: Himno 224

"Crecí en Cristo; no más haré
Cosas de las cuales ya me avergoncé;
En santidad frutos daré,
Vida eterna compartiré.
¡Gloria sea a Dios!"

miércoles, 26 de marzo de 2025

Administración de la iglesia y el ministerio de la Palabra, semana 2, capítulo 2, miércoles

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA

Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA


CAPÍTULO DOS

SEMANA 2 - MIÉRCOLES


Lectura Bíblica: 1 Co 12:12-27


Leer y orar: "Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? Y tú, ¿por qué menosprecias al tuyo? Pues todos compareceremos ante el tribunal de Dios... Así que cada uno de nosotros dará cuenta de sí mismo a Dios." (Ro 14:10, 12)


La necesidad de comunión y de coordinación en el Cuerpo y en la vida

Si perdemos el principio de la coordinación y la dependencia en el Cuerpo, no seremos fuertes en la administración de la iglesia y en el ministerio de la palabra. Si perdemos este principio, dejaremos de recibir mucha bendición.

Nuestra coordinación no debe volverse mecánica, y no debemos trabajar solo cuando nos toca según el turno. Debemos tener el sentir de que no podemos hacer nada sin los demás, de que realmente necesitamos unos a otros.

Si nos reunimos y dividimos el trabajo, y cada uno hace solo su parte, nuestra situación es similar a la división de tareas en una organización pública o una gran institución. Esta falta de aprecio por la coordinación entre los miembros del Cuerpo debe ser eliminada.

¿Qué significa ver el Cuerpo? La mayor señal de que hemos visto el Cuerpo es que no podemos ser independientes. Sentimos necesidad del Cuerpo, sentimos la falta de los hermanos. Sin embargo, en este momento, nuestra coordinación puede compararse al trabajo en cualquier organización. Parece que nos movemos como una máquina y nos falta el sentido de la comunión de vida.


La falta de coordinación produce el criticismo

Si nos falta coordinación con los demás, siempre criticamos lo que hacen. Aunque no expresemos nuestras críticas, estamos llenos de ellas y desaprobamos lo que realizan. Personas así son mezquinas y dignas de lástima.

En nuestro servicio nunca debemos esperar que los demás sean como nosotros ni que seamos como ellos. Sin embargo, debido a nuestra falta de coordinación en el servicio y dependencia mutua, casi siempre nos pisamos unos a otros. O no caminamos o pisamos a los demás cuando decidimos caminar. O no trabajamos o hacemos el trabajo de los demás. O no nos importa o criticamos el trabajo que otros hacen.

Cuando un asunto está en manos de otra persona, no somos capaces de hacer nada. Pero cuando surge una oportunidad, actuamos a nuestra manera y descartamos la ayuda de los demás.

Aunque esta situación no sea visible entre nosotros ahora, lo será en el futuro, porque no estamos dispuestos a someternos unos a otros. Este es un proceder insensato.


No exigir que los demás sean como nosotros, sino respetar lo que hacen

No debemos exigir que los demás sean como nosotros en todo. No debemos discutir la manera en que predican, visitan a las personas o viven.

Aunque su manera de vivir no nos agrade, no podemos establecer estándares para ellos ni estamos calificados para juzgarlos. Solo el Señor es el criterio y el Juez.

Debemos aprender a respetar lo que hacen los demás. Cuando hablamos de ser fervientes, debemos respetar el silencio de los demás; cuando hablamos de estar tranquilos y unidos al Señor, no debemos criticar a los que están ocupados.

Si todos fueran exactamente como nosotros, no existiría el Cuerpo. Solo habría un miembro. Eso no es la iglesia. Si todos fueran como nosotros, solo existiríamos nosotros y no la iglesia. La iglesia está compuesta por muchas personas.

Esto puede compararse con el cuerpo humano y sus diferentes miembros. Las manos parecen manos, los pies parecen pies, los oídos parecen oídos y los ojos parecen ojos. Incluso el miembro que parece menos adecuado es necesario para el cuerpo.

Por eso, debemos aprender a no pisar a los demás. Cuando llega nuestro turno de realizar una obra, no debemos criticar lo que han hecho. Es una bendición respetar el trabajo de los demás y añadir el nuestro al de ellos. Debemos ser positivos al hablar con ellos y no negativos. Es una falta de sabiduría decir que están equivocados. Mientras estos factores negativos existan entre nosotros, la administración de la iglesia tendrá problemas y el ministerio de la palabra no será fortalecido.

Muchos santos de varios lugares sirven juntos en la iglesia. Tienen distintos temperamentos e historial familiar, así como historial espiritual y formación variada. Por lo tanto, no podemos esperar que todos sean como nosotros. Debemos aprender a no pisar a los demás. Cuando damos un paso, no podemos pisar a los demás. Debemos evitar especialmente pisar a los demás cuando ministramos la palabra.

Por ejemplo, al hablar sobre la oración, no debemos criticar a los que hablan sobre la meditación, porque los santos pueden necesitar ambas cosas. Debemos limitarnos a hablar de forma positiva sobre la oración sin criticar lo que otros dicen sobre la meditación.

Cuando servimos juntos, debemos evitar por completo criticar a los demás en el ministerio de la palabra. Algunos pueden hablar sobre la oración y otros sobre la meditación; algunos pueden hablar sobre ser fervientes y otros sobre estar en el Lugar Santísimo. Ninguna de estas enseñanzas es herética; son solo énfasis diferentes.

Criticar a los demás muestra cuán mezquinos somos y puede causar divisiones. Si esta es nuestra manera de trabajar, no habrá edificación entre nosotros. Al contrario, habrá destrucción.

Debemos simplemente trabajar de manera positiva y aprender a recibir ayuda de otras personas. Debemos entender que nadie puede hacer nuestra parte. Ni siquiera el apóstol Pablo podía hacer lo que nosotros somos capaces de hacer. Pero también debemos admitir que no podemos sustituir a los demás.

Cada persona tiene su función. Cuando ministramos la palabra, mantenemos comunión y oramos, no debemos criticar a los demás. Especialmente cuando oramos con otras personas, debemos evitar orar de manera contradictoria.

Disfrute más: Himno 426


"¡Fluir! ¡Fluir! Con el

Señor trabajar,

En el Espíritu, como nos dice Su hablar;

No en el ego ni

independientemente actuar,

Sino en la obra, en plena armonía, servir."

martes, 25 de marzo de 2025

Administración de la iglesia y el ministerio de la Palabra, semana 2, capítulo 2, martes

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO DOS
SEMANA 2 - MARTES

Lectura Bíblica: 1 Co 9:16-27

Leer y orar: "Me hice débil para con los débiles, a fin de ganar a los débiles; me he hecho todo para todos, para que de todos modos salve a algunos." (2 Co 9:22)


EL SEGUNDO PROBLEMA:
FALTAR EL SENTIMIENTO DE COORDINACIÓN

Otro problema entre nosotros es que, a pesar de la capacidad de los que sirven, ellos no poseen sentimiento de coordinación en el espíritu al reunirse para servir. Parece como si cada uno pudiera servir sin los demás. Consecuentemente pocos entre nosotros tienen espíritu de aprendiz y de alguien que sabe que necesita ayuda.

Los que de hecho poseen espíritu de coordinación deben tener un sentimiento claro de que no pueden hacer nada sin la ayuda y la coordinación con otros. Nuestra coordinación hoy es apenas formal. Ellos realizan su parte sin la ayuda de nadie. Puede ser que no haya discusiones entre nosotros, pero tampoco existe mucha interdependencia en el espíritu. Esto muestra cuánto nuestro espíritu de servicio es inadecuado.

Esa es la situación de los que trabajan con los jóvenes y los niños. La coordinación es formal; todos hacen lo que deben hacer cuando es su turno en la escala. Eso es cooperación, y no coordinación.

Coordinación significa que no podemos hacer nada sin los otros. Existe el sentimiento de que necesitamos de los otros, y los otros, de nosotros. Los que trabajan con los jóvenes deben ser así; todo el servicio de la iglesia debe ser de esa forma. Es normal que los diáconos y los ancianos necesiten unos de otros, y los santos sientan que sin ellos nada pueden hacer.

Hoy tenemos reglas y reglamentos. Los ancianos hacen las cosas que les son pertinentes y los diáconos hacen lo que les es pertinente. Todos trabajan según la escala. Sin embargo no tenemos un sentimiento profundo de que no podemos proseguir en nuestro servicio sin los ancianos y los diáconos.

Algunos no solo no sienten la necesidad de ancianos y diáconos, sino que incluso piensan que los ancianos y los diáconos son innecesarios. Eso es peligroso.

La mayor forma de orgullo

Los que viven en la casa de los obreros son brillantes y capaces. Parecen ser independientes y no necesitar de los otros. Eso es muy peligroso, porque es la mayor forma de orgullo que existe.

Si cuatro hermanos viven en la casa de los obreros, deben depender unos de otros, y esa dependencia debe ser notoria. Lamentablemente no es esa la atmósfera que nos envuelve.

Por ejemplo, si es mi turno de predicar el evangelio, o hago todo o no hago nada. Desde una perspectiva humana eso puede ser considerado coordinación, sin embargo ese tipo de coordinación es según las reglas y los reglamentos. No existe la percepción de que se necesita uno del otro en espíritu. Algunos pueden pensar que la coordinación sea innecesaria e incluso perturbadora, y es mejor no haber coordinación.

Los que no necesitan de coordinación son secos, sin bendiciones e inútiles. El hecho de ser inteligentes, capaces y no necesitar de la ayuda unos de otros es un gran peligro. Esa situación es triste y lamentable. Lo más terrible es que esa situación está encubierta, no siendo muy aparente. Ella puede ser comparada a la lepra. Si se manifiesta, será más fácil lidiar con ella.

Eso revela que nos falta la comunión del Cuerpo. Cuando nos encontramos, raramente tenemos comunión plena. Por ejemplo, cuando los santos de otra ciudad visitan Taipéi, nosotros nos reunimos. Después de la reunión, sin embargo, todos seguimos nuestro propio camino, separados, sin experimentar comunión.

Esa no era nuestra situación en los primeros seis años en Taiwán. En ese período, siempre que teníamos una conferencia, nos reuníamos y teníamos mucha comunión.

Ahora todos somos capaces, brillantes y muy bien instruidos. No necesitamos más unos de otros; no necesitamos más mantener comunión. Esa es la mayor forma de orgullo posible. Es la cosa más ofensiva para el Señor y Su Cuerpo. Debemos ministrar a los otros con toda humildad y restringir nuestra inteligencia y habilidad de coordinación.

Disfrute más: Himno 476

"La justicia sustentamos
Restringiendo el 'yo',
Teniendo paz con los hombres
y gozo con Dios"

lunes, 24 de marzo de 2025

Administración de la iglesia y el ministerio de la Palabra, semana 2, capítulo 2, lunes

 LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO DOS
SEMANA 2 - LUNES

Lectura Bíblica: Mt 5:38-42

Leer y orar: "Y a cualquiera que te obligue a llevar carga por una milla, ve con él dos." (Mt 5:41)


Cada uno recibe una carga
y sirve al Señor de acuerdo con la carga

Todos los que sirven al Señor necesitan recibir carga y tener carga. Esto se aplica también a las hermanas, aunque no estén involucradas en la administración de la iglesia o en la predicación de mensajes. Si ellas comparten juntas y visitan a las personas solo porque es hora de hacerlo, hacen todo por obligación.

Ellas deben buscar saber qué produjo su compartir y sus visitas. Deben conocer la condición de las hermanas bajo su cuidado. No deben decir: "Mientras el Señor obre en ellas, estarán bien. Pero si el Señor no obra en ellas, no hay nada que podamos hacer". Necesitamos recibir una carga genuina.

Aunque muchas hermanas tienen el deseo de servir al Señor, pocas se han levantado para servirle en los últimos tiempos. Los hermanos, sin embargo, continúan sirviendo como siempre. Debemos notar que la situación de las hermanas no está bien y recibir la carga de animarlas.

También necesitamos analizar los resultados de nuestra predicación del evangelio. Necesitamos considerar por qué tantos aún no están salvos, a pesar de que hay tantos pecadores. Algunos deben levantarse para recibir la carga de predicar el evangelio hasta que alguien sea salvo. Necesitamos tener carga.

El problema es que gradualmente nos inclinamos hacia la responsabilidad en el servicio, y nos falta carga. Como la mayoría de nuestras oraciones son sin carga, las reuniones de oración no producen efectos.

Si alguien es salvo cuando predicamos el evangelio, agradecemos y alabamos al Señor. Pero si nadie es salvo, quedamos en paz. Cuando predicamos mensajes, quedamos en paz incluso cuando no producen ningún efecto. Lo mismo se aplica a la administración de la iglesia y a las visitas a los hermanos; quedamos en paz aunque no haya resultado.

Puesto que esa es nuestra condición, nuestra oración es por obligación, y no brota de la carga. Si oramos con carga, nuestra reunión de oración será diferente. Algunos llorarán con intensidad y pesar, sintiendo que no podrán seguir de la misma manera. Percibirán que la predicación del evangelio, la administración de la iglesia y la condición de las reuniones son insatisfactorias. Este tipo de oración brota de la carga.

Algunos dicen que es fácil perder la carga después de cierto tiempo. Sin embargo, los que recibieron misericordia reciben cargas de forma continua. Es un problema muy serio si nuestra carga desaparece después de haber trabajado por algún tiempo. No obstante, un cristiano puede continuar trabajando por obligación, incluso si no tiene carga, porque su conciencia lo incomoda si se detiene.

Siempre que nuestro servicio se convierte en cuestión de cumplir una obligación, nuestro servicio ya se ha degradado. El servicio genuino nunca es cuestión de obligación, sino de carga; la carga siempre va más allá de la obligación.

Disfrute más: Himno 422

"...Las pruebas de la vida aquí,
Con los Suyos Él viene a compartir;
Su pueblo lo tiene junto a sí,
Y va su carga a llevar."

domingo, 23 de marzo de 2025

Administración de la iglesia y el ministerio de la Palabra, semana 2, capítulo 2, domingo

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO DOS
SEMANA 2 - DOMINGO

Lectura Bíblica: Gá 4:12-20

Leer y orar: "Hijitos míos, por quienes, de nuevo, sufro dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros; quisiera estar presente ahora con vosotros y cambiar mi tono, porque estoy perplejo en cuanto a vosotros." (Gá 4:19, 20)

Discernir entre el servicio de responsabilidad
y el servicio de carga

Los ancianos en todas las iglesias necesitan ir a la presencia del Señor a fin de recibir carga y ver si todas las reuniones de casa en su ciudad marchan de modo satisfactorio. Necesitamos prestar atención a la condición de las reuniones. ¿Son fuertes o débiles, vivas o muertas, ricas o pobres? No podemos permanecer inalterados.

Tal vez los responsables de las reuniones de casa estén en paz; sin embargo, los ancianos no deben estar en paz. Los ancianos deben actuar de forma coordinada, juntos, y no individualmente. Deben tener carga colectiva para causar total transformación en la condición de las reuniones de casa. Necesitan orar por los santos hasta con lágrimas y buscar al Señor para saber las palabras adecuadas que deberán decir.

En seguida deben hablar en las reuniones de acuerdo con su carga hasta que los santos se inquieten por dentro y no queden más satisfechos con la situación actual.

Cuando los ancianos hablan de esta forma, no hablan de acuerdo con su organización, sino según su carga. Ellos deben tener carga y no solo tener responsabilidad.

Como ancianos, no debemos solo compartir y conversar sobre las condiciones de las diferentes reuniones de casa, visitarlas y presentar informes de evaluación en la próxima reunión de ancianos. No hay carga alguna en esa práctica; eso será ineficaz y no traerá ningún beneficio.

Si tenemos una empresa con muchos empleados, su ganancia anual no será influenciada por conversaciones, informes y evaluaciones. Eso no cumple la carga. Si tenemos carga verdadera, iremos a establecer una meta de ganancia anual, trabajar en la dirección de alcanzarla y ser determinados en lograrla.

Tanto en la administración de la iglesia como en el ministerio de la palabra, los hermanos son loables en cuanto al grado de responsabilidad. No obstante, les falta carga. Sin carga, toda nuestra actividad será muerta e ineficaz; pero con carga, seremos vivos y prósperos. Ese resultado no está relacionado con nuestro método, sino con nuestra persona.

Servir con carga permitiendo que el ego sea negado

Los niños jamás serán exitosos en los estudios si estudian solamente para los exámenes. Si tienen carga, sus estudios sufrirán un cambio. Un hermano puede dar un mensaje solo por obligación, porque es su turno de compartir. Sin embargo, dar mensajes no es cuestión de obligación, sino de carga.

Podemos hablar por seis meses seguidos, no obstante, los que nos escuchan pueden no recibir nada y nuestra palabra habrá sido en vano. Si tenemos carga, percibimos que nuestros mensajes son ineficaces. Deben "incomodar" a las personas de modo que no tengan paz y se sientan estimuladas a amar y servir al Señor.

En esa situación nuestro ser será tocado por Dios. No existe necesidad de que nuestro ego sea negado si damos mensajes por obligación. Sin embargo, si damos mensajes a partir de una carga, nuestro ego necesita ser crucificado.

Trabajar de nueve a seis como empleado es cuestión de obligación y no requiere ningún tipo de ajuste. No obstante, trabajaríamos de modo diferente si tuviésemos nuestro propio negocio. Nuestra pereza sería eliminada porque tendríamos que levantarnos temprano para el trabajo.

La actitud de un camarero o de un dependiente hacia los clientes tal vez no necesite corrección. Pero una persona que dirige su propio negocio se adapta para jamás ofender a los clientes. En vez de ser transformados, algunos hermanos parecen tener más problemas al servir por obligación y no por carga.

Si existe carga, nuestro "yo" disminuye y es eliminado. Él no crecerá porque existen cosas que nuestra carga no nos permite hacer, y existen áreas que demandarán disciplina antes de compartir nuestra carga. Por ese motivo tener carga es lo que más nos trae transformación.

Un joven que no tiene la carga de cuidar de la familia puede no preocuparse con la manera en que vive. Sin embargo, después de casarse y tener hijos, sabrá lo que significa ser diligente y disciplinado. Un hijo puede gastar el dinero de los padres libremente, sin ningún dominio propio. Pero, cuando crezca y viva por su cuenta, sus gastos serán planeados. Será más cuidadoso al hacer compras.

Gastar el dinero de los padres es una cosa; gastar el propio dinero es una carga. Parece que los hermanos en las iglesias sirven por obligación, como empleados. No parecen tener mucha carga. Un servicio de ese tipo es peligroso y nos llevará a perder la presencia del Señor.

Disfrute más: Himno 427

« La unidad de la iglesia
Esto preservará;
Probando nuestros motivos,
Nuestra meta ajustará. »

sábado, 22 de marzo de 2025

Administración de la iglesia y el ministerio de la Palabra, semana 1, capítulo 2, sábado

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO DOS
SEMANA 1 - SÁBADO

Lectura Bíblica: 1 S 2:12-17; Mt 25:14-30

Leer y orar: "Y llegando también el que había recibido dos talentos, dijo: Señor, dos talentos me entregaste; aquí tienes, he ganado otros dos talentos sobre ellos. Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor." (Mt 25:22-23)


Estar desesperados por la situación de las personas
a fin de predicar la palabra eficazmente

En cada una de las cincuenta y dos semanas del año hay reunión de predicación de mensaje el domingo en la iglesia en Taipéi. ¿Acaso los que ministran la palabra ayunan y oran antes de predicarla? Es obvio que no existe reglamento que exija que hagan esto, pues sería inútil.

Los hermanos necesitan comprender que conducir la palabra de Dios equivale a conducir el alma de los hombres. Los santos vienen a las reuniones semana tras semana a fin de escucharnos, por lo tanto eso debe pesar sobre nosotros. Si pasados tres meses no hay cambio en su vida, no debemos estar tranquilos.

Puede compararse esta situación con la de un comerciante que no puede dormir tranquilamente cuando pasa dos semanas sin hacer negocios y no puede comer cuando no tiene ganancia por tres meses seguidos. Estará tremendamente afligido y preocupado.

Muchos que tienen negocios vienen hasta mí. Aunque solo se sientan sin decir nada, puedo sentir el peso dentro de ellos y percibir que tienen dificultades en los negocios. ¿Acaso los que transmiten la palabra están afligidos por las almas que no han cambiado después de tres meses? El propietario de una tienda que no tiene clientes no podría seguir trabajando como si todo estuviera bien. Él analizaría la situación y encontraría una forma de cambiarla. ¿Cómo pueden los que ministran la palabra continuar como siempre cuando no obtienen ningún beneficio? No podemos pensar que simplemente hablar desde el púlpito semana tras semana es suficiente.

Cuando el hermano Nee inició su obra en Foochow [capital de la provincia de Fujian, en el sureste de China], él ayunaba y oraba todos los sábados por la reunión de predicación del evangelio el domingo. Él meditaba delante del Señor qué hablar y cómo hablar. Él consideraba qué palabra necesitaban escuchar los pecadores. Como ayunaba y oraba con pesado encargo, sus palabras eran siempre muy eficaces y más tarde fueron publicadas en forma de mensajes.

Muchos que son usados por el Señor tienen encargo en su ministerio de la palabra. Cuando Peace Wang era joven, tuvo una obra de avivamiento exitosa. Ella siempre se arrodillaba en la presencia del Señor y pasaba largo tiempo llorando y afligiéndose por los pecadores. Así, cuando se levantaba para hablar, sus palabras eran siempre vivas y eficaces.

Servir con encargo

Tenemos nuestro servicio bien organizado, sin embargo nos falta encargo. Tener encargo significa tener una meta que alcanzar. Si aún no alcanzamos la meta o somos incapaces de producir los resultados esperados, debemos preocuparnos. Si somos capaces de servir aun sin alcanzar ningún resultado, es porque no tenemos encargo. Mantener esta actitud indica falta de encargo. Nuestro ministerio de la palabra nunca debe llegar a este punto. Por consiguiente, los que ministran la palabra necesitan tener serio encargo delante del Señor, no teniendo sosiego para descansar o comer, y hasta inquietando a los demás para que tampoco tengan paz.

Puede compararse esto a la ciudad de Jerusalén que no tuvo paz cuando el Señor Jesús nació (Mt 2:1-18). Los que hablan por el Señor necesitan estar sensibles para inquietar a los santos hasta el punto de que no tengan paz interior. Cuando no tengan paz, nosotros podremos tener paz. Los santos no pueden amar al mundo en paz. Los santos no pueden amar al mundo y amar al Señor. No pueden ser tibios. Los que sirven al Señor necesitan tener este tipo de encargo.

Muchos son empleados de grandes empresas. Trabajan un número cierto de horas todos los días y simplemente hacen las tareas que les fueron asignadas. No cometen grandes errores y no les importa si la empresa tiene ganancia o no. Son empleados sin encargo; sirven sin encargo. Si no ganamos nada en el primer día de nuestro negocio propio, debemos preocuparnos por nuestro sustento. Si los que sirven, sea en el servicio de niños o de jóvenes, tienen esta conciencia, serán exitosos.

Reclamar que fracasamos por ser débiles demuestra falta de encargo. Todos los que sirven deben tener encargo hasta el punto de sentirse responsables si la obra no es exitosa. Debe ser como un empresario que piensa en su negocio incluso mientras duerme.

Disfrute más: Himno 398

viernes, 21 de marzo de 2025

Administración de la iglesia y el ministerio de la Palabra, semana 1, capítulo 2, viernes

A ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO DOS
SEMANA 1 - VIERNES

Lectura Bíblica: Rm 12:6-9

Leer y orar: "Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres," (Col 3:23)

PROBLEMAS EN LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EN EL MINISTERIO DE LA PALABRA

EL PRIMER PROBLEMA: NO TENER ENCARGO

El mayor problema en la administración de la iglesia y en el ministerio de la palabra es no tener encargo o, se puede decir, no recibir un encargo o no dar la debida atención al encargo recibido.

Es posible que los presbíteros administren la iglesia sin tener encargo. Los que ministran la palabra también pueden hacer esto sin encargo. La liberación de cierto encargo cuando ministramos la palabra no depende de saber hablar bien. Si nuestro único deseo es hablar bien para provocar ciertas emociones en las personas, nuestro hablar habrá sido sin encargo.

De modo semejante, la habilidad de administrar la iglesia no libera el encargo. No se trata de nuestra capacidad de administrar, sino de que nuestra administración sea eficaz y pueda tocar a las personas.

Por ejemplo, cuando las personas vienen a la reunión, puede haber la necesidad de transmitir la palabra. Necesitamos buscar al Señor con respecto a qué hablar y al resultado de nuestro hablar. No es cuestión de hablar bien o no, de la logística de la presentación o de que los santos sean tocados, sino de lo que será producido en ellos.

Si algunos de los presentes aún no son salvos, debemos tener el encargo por la conducción de su alma por la gracia de Dios, a fin de plantar en ella la semilla de la salvación al hablar la palabra. Nuestro encargo entonces es la salvación, y no la predicación de una palabra dinámica.

Si ya son salvos, pero no aman al Señor como deberían, nuestro encargo debe ser llevarlos a amar al Señor. Si aman al Señor, pero no están dispuestos a rendirse a Él y a recibir de Él disciplina personal, nuestro encargo debe ser conducirlos a rendirse prontamente al Señor y dejar que Él trate con ellos. Esto es el ministerio de la palabra con encargo.

De lo contrario, el mensaje de la reunión del domingo puede caer en la situación de los dichos cultos dominicales. Cada semana alguien es designado para predicar un mensaje a fin de dar continuidad a las reuniones. Después de la reunión, todos van a casa, almuerzan, descansan y regresan en la noche para la reunión de la fracción del pan. Este es un culto dominical.

En esa situación los que ministran la palabra necesitan tener encargo. Necesitamos conocer la condición de los que vienen a oír el mensaje. Tal vez ellos mismos no consigan percibir su condición, pero nosotros necesitamos tener percepción total y muy clara con relación a su condición.

Tal vez consigan sentarse y oír tranquilamente la palabra, semana tras semana, pero nosotros no podemos hablar pacíficamente semana tras semana. Necesitamos recibir el encargo a fin de "perturbarlos" e "incomodarlos" de modo tal que, cuando vengan a la reunión sintiéndose tranquilos, salgan perturbados internamente.

Si no nos importa que nuestra predicación no produzca ningún efecto en los que la oyen, es porque no tenemos encargo. Esa situación indica que quien habla y quien oye están en una rutina. Esta es la condición del cristianismo degradado, donde la congregación oye de forma rutinaria al pastor, y él, a su vez, predica de forma rutinaria a la congregación año tras año. No es así como debe ser nuestra práctica.

El ministerio de la palabra debe iluminar a los que oyen. Cuando ministramos la palabra cada domingo, debemos "incomodar" a las personas a tal punto que no tengan más paz. Eso es lo que significa tener encargo.

Si los oyentes son indiferentes, aunque oigan tranquilamente, quien ministra la palabra no debe quedarse tranquilo. Debe, antes, colocarse delante del Señor y dejar que Él le quite la paz, al punto de perder el sueño y no comer, hasta que haya recibido un encargo del Señor. Solo entonces sus mensajes permitirán que el Espíritu Santo obre en los oyentes. Solamente este tipo de hablar es el hablar de Dios.

Los que ministran la palabra necesitan tener encargo; no solo doctrinas, arreglo lógico y ejemplos. Ministrar la palabra de ese modo es inadmisible; es una ofensa a Dios y un pecado a Sus ojos.

Recibir el encargo para hablar la palabra de Dios
en el ministerio de la palabra

En Isaías 13:1, la Versión Unión China [Chinese Union Version] afirma que los profetas recibían inspiración cuando hablaban en nombre de Dios. La palabra hebrea para inspiración, sin embargo, significa encargo, [o peso - VRC].

El hombre necesita recibir un encargo. No podemos descuidar nuestra responsabilidad y pensar que Dios no nos dio encargo. Las Epístolas de Pablo demuestran claramente que él recibía encargos. Cuando alguien en la iglesia en Corinto cometió el pecado de la fornicación, Pablo no condenó simplemente el pecado o dejó de orar por quien pecó. Él recibió de Dios el encargo de asumir la responsabilidad y la comisión en favor de la iglesia (1 Co 5:1-13). Pablo no predicó doctrinas en sus epístolas; en vez de eso, tenía encargo de compartir ciertos asuntos de modo que conseguía tocar el sentimiento de las personas.

Existe el peligro de que el ministerio de la palabra en la iglesia en Taipéi se torne igual a las predicaciones de sermones en los cultos dominicales. Cuando ministramos la palabra de Dios, nuestra atención debe estar concentrada en el hablar de Dios, y no en el tópico de lo que iremos a hablar.

Para que Dios hable, quien ministra la palabra necesita recibir un encargo. Las personas pueden hasta reaccionar de forma negativa o ser profundamente tocadas cuando oigan un mensaje transmitido con encargo, sin embargo, no pueden negar que es el hablar de Dios. Ese tipo de mensaje puede ayudar a las personas y resolver sus problemas.

Un mensaje que suena agradable, pero está desprovisto del hablar de Dios, no puede tocar a las personas ni hacer que se vuelvan a su interior, o aún satisfacer a los hambrientos y sedientos, pues no son las palabras que Dios quiere transmitir, aunque sean extraídas de la Biblia.

Por lo tanto, no debemos hablar de modo tan cómodo o de poco valor. No podemos simplemente hablar porque preparamos un mensaje. Quien ministra la palabra debe llevar la condición de las personas delante de Dios. Él tiene la responsabilidad de conocer sus necesidades, estar sensible a su condición y saber lo que Dios quiere hablar.

La ayuda que recibimos en un entrenamiento no puede sustituir el encargo dentro de nosotros. El peligro es que el encargo haya sido sustituido de manera que estemos desprovistos de revelación y encargo espiritual.

Disfrute más: Himno 398

jueves, 20 de marzo de 2025

Administración de la iglesia y el ministerio de la Palabra, semana 1, capítulo 1, jueves

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO UNO
SEMANA 1 - JUEVES

Lectura Bíblica: Mt 16:21-27

Leer y orar: "El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies; ¿qué casa me edificaréis, dice el Señor, o cuál es el lugar de mi reposo?" (Hch 7:49)

LA EDIFICACIÓN DE DIOS OCURRE
CUANDO SOMOS DISCIPLINADOS

Dios quiere tomar el camino de la edificación, pero el problema que encuentra es nuestra persona. Nosotros somos el problema. Los que administran la iglesia y ministran la palabra están llenos de problemas. Nuestro modo y doctrina no son el problema; más bien, el problema son nuestras deficiencias. Hemos llegado a un punto crítico en nuestro servicio.

La iglesia en Taipéi ya está aquí desde hace ocho años, de 1949 a 1957. Si continuamos como estamos, nuestra obra no producirá resultados. Solo tendremos problemas interminables y continuas pérdidas; no habrá aumento en la bendición. Mientras los que sirven continúen según la manera tradicional, nuestra obra no tendrá futuro. Por el bien de la edificación de Dios y por el futuro de nuestra obra, que el Señor tenga misericordia de nosotros para entender que el problema no está en nuestra doctrina o práctica, sino en nosotros mismos.

Necesitamos considerar la condición de nuestra obra y nuestra situación actual delante del Señor. Esto no significa que debamos ser introspectivos. Necesitamos ser iluminados y recibir ayuda por medio de esta comunión. Necesitamos aquietarnos delante del Señor y permitir que Él brille en nosotros, nos hable, nos toque y trate con nosotros. A menos que pasemos por las manos del Señor que pueden tratar con nosotros, mucho de nuestra actividad externa será vana e insignificante.

Si Dios no trata con nosotros por completo, Su edificación no se realizará, independientemente de los métodos que utilicemos. Para que la edificación de Dios se realice de forma adecuada, Él necesita tratar profundamente con nosotros en los aspectos de la administración de la iglesia y del ministerio de la palabra.

En la administración de la iglesia los hermanos que sirven como ancianos necesitan ser disciplinados personalmente. Los que hablan en nombre de Dios también necesitan disciplina personal. De lo contrario, nuestra administración de la iglesia y ministrar no resultarán en la realidad de la edificación.

Que todos tengamos un corazón temeroso del Señor y capaz de percibir que la edificación de la iglesia depende de la persona de los que administran la iglesia y de los que ministran la palabra. Si permitimos que Dios trate con nosotros, nuestra obra causará impacto, aunque nuestro método sea inferior. De lo contrario, nuestra obra hará que la edificación se derrumbe a pesar de la metodología que utilicemos.

Actualmente Dios está preocupado por la edificación. La edificación depende de la condición de nuestra persona. Que todos nos aquietemos delante del Señor y Le concedamos permiso para brillar en nosotros y hablarnos.

Disfrute más: Himno 236

miércoles, 19 de marzo de 2025

Administración de la iglesia y el ministerio de la Palabra, semana 1, capítulo 1, miércoles

LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y EL MINISTERIO DE LA PALABRA

CAPÍTULO UNO
SEMANA 1 - MIÉRCOLES

Lectura Bíblica: Hch 7:44-50

Leer y orar: “Por tanto, mirad por vosotros y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia de Dios, la cual él ganó por su propia sangre." (Hch 20:28)

APRENDER LOS PRINCIPIOS PARA ADMINISTRAR
LA IGLESIA Y MINISTRAR LA PALABRA

Tal vez no tengamos la habilidad de hablar y ejercer el ministerio de la palabra como profetas y no todos tengamos la habilidad de administrar las iglesias como ancianos. Sin embargo, debe haber buenos ancianos y hermanos capaces de ministrar la palabra de manera eficaz entre nosotros.

En principio, quien participa en la obra de Dios debe aprender a administrar la iglesia y a ejercer el ministerio de la palabra. Aunque las hermanas, en la posición de tener la cabeza cubierta, no deban ser "ancianas", en principio deben aprender a administrar como los ancianos. Todos los que de alguna manera participan en la obra de edificación de Dios, deben aprender a administrar la iglesia y a ministrar la palabra.

Todos los que sirven deben conocer estos dos asuntos. Si no los conocemos, no estamos aptos para la obra de Dios. La administración de la iglesia y el ministerio de la palabra son dos lecciones que tenemos que aprender, porque la edificación de la iglesia depende de ellas.

El desarrollo de la iglesia requiere en primer lugar la administración de la iglesia y luego el ministerio de la palabra. La secuencia en la Biblia, sin embargo, presenta estos dos asuntos en orden inverso. Cuando la iglesia vive en normalidad, la administración de la iglesia no es tan crucial. Pero cuando la iglesia entra en degradación y desorden, existe la necesidad de la administración de la iglesia y del ministerio de la palabra.

Estos dos asuntos van juntos y es difícil decir cuál viene primero y cuál en seguida. Por lo tanto, los hermanos, en especial los que ministran la palabra y sirven como ancianos, necesitan percibir la responsabilidad que tienen.

Las condiciones de la edificación de Dios, es decir, si una iglesia es fuerte o débil, dependen de su administración realizada por los ancianos y de la palabra transmitida por el ministerio. Los ancianos y los que ministran la palabra son obreros hábiles. Y son auxiliados por otros que no tienen la misma habilidad.

Esto puede compararse a la construcción de una casa con obreros hábiles juntamente con otros no tan hábiles. Siempre que los obreros hábiles estén débiles, la administración de la iglesia y el ministerio de la palabra allí serán débiles y los colaboradores no tan hábiles quedarán confundidos y no sabrán qué hacer. Pero, siempre que los obreros con mayor habilidad estén fuertes al realizar la obra, para los demás será fácil colaborar.

Esa es la condición de la iglesia local. Cuando el ministerio de la palabra y la administración de la iglesia son fuertes, los que no tienen tanta experiencia pueden tener una bella acción coordinada. Sin embargo, cuando la administración de los ancianos y el ministerio de la palabra estén debilitados, la iglesia quedará desordenada incluso si los santos están ocupados predicando el evangelio e instruyendo a los demás con todo el celo. En ese caso la edificación no se dará, porque cuanto más "edifiquen", más se derrumbará. La edificación de la iglesia depende de la administración de la iglesia y del ministerio de la palabra. Los involucrados con la obra necesitan conocer el principio de estos dos asuntos.

LA CONDICIÓN DE LA ADMINISTRACIÓN DE LA IGLESIA
Y DEL MINISTERIO DE LA PALABRA DEPENDE DE NUESTRA PERSONA

La condición de la administración de la iglesia y del ministerio de la palabra depende de nosotros. Nosotros somos quienes determinamos la condición de estas dos cosas. La obra central de Dios es la edificación, que depende a su vez de la administración de la iglesia y del ministerio de la palabra. El tipo de persona que somos determina cómo administramos la iglesia y ministramos la palabra. Estos dos servicios no pueden ser independientes de nuestra persona.

Esto es similar al hecho de que las casas construidas por los occidentales poseen apariencia occidental, mientras las casas edificadas por los chinos poseen apariencia china. Edificamos de acuerdo con nuestra personalidad. Esto es verdad especialmente en lo que concierne a los asuntos espirituales. Por ese motivo es inadecuado estudiar solo cómo administrar la iglesia y ministrar la palabra. Antes, necesitamos entender que el camino somos nosotros mismos. La forma de administrar la iglesia está relacionada con la persona que la administra, y el tipo de persona que somos determina cómo administramos. Es inadecuado aprender simplemente de forma externa; necesitamos tratar con nosotros mismos.

Después de un largo período sin descanso, gané de parte de Dios la percepción interior de que Él está realizando una obra de edificación en esta era. En Manila, capital de Filipinas, liberé más de quince mensajes relacionados con la edificación. Cuando fui a Hong Kong, los hermanos querían que los perfeccionara en ciertos asuntos.

Destaqué para los que servían que es inadecuado simplemente estar ocupado haciendo algo. Necesitamos entender que Dios desea la edificación. En este período en Taipéi, pude percibir muchas cosas concernientes a la edificación de Dios y a los que sirven. Cuando visualizo los dos juntos, la edificación de Dios y los que sirven, me siento muy triste y sobrecargado en el interior, pues nuestra condición está lejos de la edificación de Dios.

Disfrute más: Himno 290

Estudio-vida de Ezequiel, semana 9, sábado, mensaje 20

ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL Mensaje 20 LOS ATRIOS EXTERIOR E INTERIOR SEMANA 9 - SÁBADO Lectura Bíblica: Ez 40-42 Leer y orar: “Jesús les res...