viernes, 28 de febrero de 2025

Cómo ser útil para el Señor, semana 2, capítulo 3, viernes

CÓMO SER ÚTIL PARA EL SEÑOR

CAPÍTULO TRES

SEMANA 2 - VIERNES

Lectura Bíblica: Mt 13:32; 25:1-13; Juan 7:38; 1 Co 18:1

Leer y orar: "El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva." (Jn 7:38)



SER USADO POR EL SEÑOR 
Y EL DESBORDAMIENTO DE VIDA

TRABAJAR PARA EL SEÑOR
SEGÚN EL DESBORDAMIENTO DE VIDA

Muchos hijos de Dios piensan a menudo que trabajar para el Señor es ser usados por Él. Es cierto que ser usados por el Señor es trabajar para Él, pero ¿qué significa trabajar para Él? Hoy, gracias a la misericordia del Señor, hemos visto claramente que trabajar para el Señor no tiene que ver con cuántas cosas realizamos para Él, sino con cuánto de la vida del Señor desborda de nosotros y es infundido a otros por medio de nosotros.

El hermano Watchman Nee dijo muchas veces: “La obra auténtica es el desbordamiento de vida”. Sin duda, nuestra obra contiene un elemento de realización de ciertas cosas. Sin embargo, no trabajamos para realizar cosas. Por el contrario, trabajamos para dejar que la vida del Señor desborde, infundiendo y ministrando la vida del Señor a los demás, es decir, infundiendo al mismo Señor en los demás.

Tomemos como ejemplo la predicación del evangelio. Nuestro trabajo para el Señor en este sentido es, por un lado, conducir a las personas a la salvación y, por otro, ministrar la vida del Señor a los pecadores.

En cuanto al perfeccionamiento de los cristianos, por un lado, necesitamos alimentarlos, pero, por otro, nuestra verdadera intención es impartir cada vez más la vida del Señor a ellos. En nuestra comunión con los hermanos o en nuestras salidas para visitarlos, parece que estamos ayudando y perfeccionando a las personas.

En realidad, si la comunión y las visitas están a la altura, debe haber un desbordamiento de la vida del Señor y la impartición de esa vida a los hermanos. Incluso si hablamos palabras de consuelo y ánimo, debe haber el desbordamiento de la vida del Señor para los hermanos. Juan 7:38 muestra que la intención del Señor es que nosotros, que tenemos la vida del Señor, dejemos fluir de nuestro interior ríos de agua viva para ministrar a las necesidades de muchos.

La razón por la que la Iglesia Católica y las iglesias protestantes se han convertido en un gran árbol (Mt 13:32) es que tienen muchas realizaciones e iniciativas, pero les falta la vida en su interior.

En la Iglesia Católica hay muchas obras y proyectos, pero difícilmente hay algo del elemento de vida. Lo mismo sucede con muchas denominaciones protestantes. Tienen iniciativas como misiones evangelísticas, escuelas y hospitales. Sin embargo, en todas estas obras a gran escala, es difícil que las personas reciban algo del elemento de vida. Muchas veces, lo mismo ocurre incluso entre nosotros. Frecuentemente, nuestras actividades, servicios y obras no tienen mucho que ver con el elemento de vida.


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EL DESBORDAMIENTO DE VIDA NO

DEPENDE DE LA ELOCUENCIA O DE LOS DONES

El mensaje desde el púlpito puede ser convincente e inspirador, pero no necesariamente expresa la vida de Cristo a las personas. Una exposición de las Escrituras puede ser interesante y satisfactoria para las personas, pero no necesariamente infundirles la vida de Cristo.

En contraste, cierto hermano puede levantarse en la reunión para dar un pequeño testimonio. Puede faltarle elocuencia y fluidez en su discurso, y quizá la impresión que da es que es incapaz de tocar la emoción de las personas. No obstante, después de su discurso, los oyentes tienen la sensación de que algo inexplicable, algo espiritual, les ha sucedido. Es como si el Señor viniera a ellos para tocar sus partes más profundas, aunque no sean conscientes de ello. Ese es el desbordamiento de vida hacia los demás.

A veces, cuando cierto hermano se levanta en la reunión para hablar, su voz es fuerte y clara, y sus palabras fluyen fácilmente. Es capaz de captar la atención del público y hacer que todos asientan con la cabeza en señal de aprecio. Sin embargo, una vez que termina su discurso, no queda nada. Este tipo de mensaje es como la música que no inspira. Es simplemente como el bronce que suena o el címbalo que retiñe (1 Co 18:1). Una vez terminados los sonidos, no queda nada, y quienes los escucharon no recibieron ninguna vida.

A veces puedes visitar a una persona. Mientras estás sentado frente a ella, tal vez no diga una palabra, pero sientes que algo ha entrado en ti y ha tocado tus sentimientos. Si vives según la carne, la sensación que esta persona te da puede tocar y condenar tu carne. Si amas los pecados y el mundo, la sensación que esta persona te da puede tocar un pecado específico o un aspecto particular del mundo e incluso condenarlo.

En contraste, puedes encontrarte con cierta persona que habla mucho, pero ninguna de sus palabras entra en ti ni afecta tus sentimientos. Parece que todo lo que dice es en vano e inútil.

La primera persona no habló mucho para exhortarte, pero, gracias a un simple contacto contigo, tocó tu problema. En cambio, la segunda persona habló mucho y citó muchos versículos, pero nada tuvo efecto en ti. La diferencia entre ambas es que una es capaz de infundir vida en los demás, aunque su hablar no sea fluido, y la otra es incapaz de hacer que la vida desborde, aunque sus palabras sean muchas. Por lo tanto, necesitamos ver que la obra auténtica es el desbordamiento e infusión de vida.

Normalmente es más triste tener hambre espiritual que hambre física. En algunas iglesias locales, las personas se sienten infelices en su espíritu cuando asisten a las reuniones, mientras que en otras sienten la presencia del Espíritu cuando las frecuentan. Todo esto depende de si hay un desbordamiento de vida. Si intentamos convencer a los demás simplemente con doctrinas, será inútil. Las personas solo pueden comprender las cosas espirituales cuando estas cosas tocan la vida. Por lo tanto, cuando abordamos asuntos espirituales, la pregunta es: ¿Estamos tocando algo relacionado con la doctrina o con la vida?

Una vez, alguien preguntó a un hermano: “¿Puede una persona salva seguir en tinieblas?”. El hermano respondió: “¿Estás en la luz hoy?”. Esa persona hizo una pregunta en su mente, pero el hermano le respondió en la vida para tocar su sentimiento interior. Por esta razón, incluso cuando conversamos con otros, hay diferencia entre estar en la doctrina y estar en la vida.


PAGAR EL PRECIO A FIN DE
PERMITIR QUE DIOS OPERE EN NOSOTROS

Una vez alguien me dijo: "No podemos decir que las cinco vírgenes de Mateo 25 están salvas". Entonces le pregunté: "¿Acaso todos los sabios son salvos? ¿Eres tú sabio?" (ver versículos 1 al 13).

Debemos ver que el constante debate sobre doctrinas es inútil. Podemos resolver los problemas de las personas solo tocándolas en el aspecto de la vida. Solo por el desbordamiento de la vida podemos tocar el ser interior de las personas y, una vez que las tocamos de esta manera, algo espiritual entra en ellas.

Por lo tanto, ser usado por Dios es trabajar para Él, lo que, a su vez, es hacer que la vida de Dios desborde, infundir la vida divina y al mismo Dios en los demás. Sin embargo, antes de poder impartir Dios a los demás, nosotros mismos debemos tener a Dios y tener vida.

Jamás podremos dejar fluir lo que no tenemos, lo que no hemos experimentado o lo que no hemos recibido. Solo podemos dejar fluir lo que primero hemos recibido para nosotros. Por lo tanto, una persona que pretende trabajar para Dios debe, en primer lugar, dejar que Dios opere en ella. Solo quien ha dejado que Dios opere en su vida estará apto para trabajar para Dios.

Esto sucede porque la persona solo podrá experimentar a Dios cuando le permita operar en ella. Al hacerlo, la vida de Dios entrará en ella por medio de sus experiencias y, entonces, podrá dejar fluir a los demás la vida que ha recibido.

Por esta razón, necesitamos pagar un precio. Dejar que Dios opere en nosotros es pagar un precio. Quien no esté dispuesto a pagar este precio solo podrá predicar doctrinas, pero no podrá impartir vida a los demás.

Disfruta más: Himno 236

jueves, 27 de febrero de 2025

Cómo ser útil para el Señor, semana 2, capítulo 2, jueves

CÓMO SER ÚTIL PARA EL SEÑOR

CAPÍTULO DOS

SEMANA 2 - JUEVES

Lectura Bíblica: Mt 19:16-22; 25:8-9; Lc 14:26-36; Jn 20:15-17; 21:15, 18

Leer y orar: "Nadie puede servir a dos señores; porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas." (Mt 6:24)

EL RESULTADO DE PAGAR EL PRECIO

¿En qué resulta pagar el precio? El resultado es que, al entregarte a ti mismo y todo lo que tienes a Dios, Dios y todo lo que Él tiene se mezclan contigo. Pagar el precio no es solo para que recibas una recompensa y seas arrebatado en el futuro. Por el contrario, es para que tú y todo lo que tienes seáis llevados, y para que Dios y todo lo que Él tiene sean añadidos y mezclados contigo.

Los que son arrebatados primero son los que están llenos de Dios. Los que entran en el reino para recibir una recompensa son los que están llenos de Cristo. Los que participan en la resurrección extraordinaria son los que viven en el poder de la resurrección de Cristo hoy. Hablando estrictamente, no son los que no pagan un precio quienes entrarán en el reino. Por el contrario, solo los que han pagado un precio y, con ello, están llenos de Cristo podrán entrar en el reino.

No es el precio en sí mismo lo que te califica para entrar en el reino, ni es el precio en sí mismo lo que te da la calificación para ser rey. Por el contrario, es el Cristo del cual estás lleno quien te lleva al reino y te califica para ser rey.

Si quieres estar lleno de Cristo, necesitas pagar un precio. El elemento de Dios no puede entrar en ti a menos que tu elemento salga. Si te falta Dios, no puedes madurar precozmente. Si te falta Cristo, perderás tu calificación para ser rey. Por lo tanto, el resultado de pagar el precio no es que entrarás en el reino para recibir una recompensa, sino que recibirás más de Dios y de Cristo. Sin embargo, los que están llenos de Dios y llenos de Cristo madurarán y serán arrebatados primero, y solo ellos entrarán en el reino y reinarán en el trono.

Si, todo el día, los hijos solo piensan en recibir los bienes de sus padres, pero no aman a sus padres, son tan insensatos como los ladrones. Si no pagamos el precio, no amamos a Dios ni buscamos al Señor, sino que todo el día solo pensamos en ser arrebatados y recibir una recompensa, entonces simplemente estamos soñando despiertos.

Por el contrario, si los hijos no se preocupan por los bienes de sus padres, sino que solo saben amar y agradar a sus padres todo el tiempo, al final, todo lo que los padres tienen será de ellos. No debemos considerar la recompensa, el arrebatamiento y el reino como los objetivos de nuestra búsqueda.

Madame Guyon dijo que nos volvemos caídos si buscamos la recompensa solo por la recompensa en sí. El objetivo de todas nuestras búsquedas debe ser Dios y Cristo, y debemos pagar cualquier precio para ganarlo. Si lo buscáramos con tal sencillez de corazón, ¿cómo no podríamos madurar precozmente? ¿Cómo no podríamos recibir la recompensa?

Si has leído la biografía de George Müller, verás que, en todas las cuestiones, él buscó la dirección de Dios y trató de percibir el sentimiento de Dios a través de la comunión. Escribió un libro titulado Narrative of the Lord's Dealings with George Müller (Narrativas sobre cómo el Señor trató con George Müller).

Müller buscaba al Señor en comunión en todas las cuestiones de la vida, fueran grandes o pequeñas. Algo bastante impresionante es que, después de su muerte, las personas intentaron hacer un inventario de sus bienes, pero no encontraron nada, porque él se había entregado a sí mismo y todo lo que tenía por amor a Cristo.

A los ojos de los hombres, él estaba paupérrimo después de su muerte, a diferencia de muchas personas hoy, que dejan una gran herencia tras su muerte para la contienda de sus hijos. Sin embargo, a los ojos divinos, Müller era según el corazón de Dios y agradaba a Dios.

Hemos dicho repetidamente que el objetivo de pagar el precio es que ganemos a Dios y lo tengamos añadido a nosotros y mezclado con nosotros, reemplazando así todo lo que es nuestro. Las personas que desean esto, de buen grado, rechazan su vida y disposición natural y aceptan la vida y la naturaleza de Dios.

Viven y caminan no según su propia sabiduría, sino según la sabiduría de Dios, y dejan sus bienes, parientes, fama y posición, y desean solamente que Dios entre en ellas para ser todo lo que tienen. Esto es a lo que la Biblia se refiere cuando dice que debemos dejarlo todo, seguir al Señor y perder todas las cosas para ganar a Cristo. Esto es lo que significa pagar el precio, y este es el resultado de pagar el precio.

Solo las personas que pagan el precio ven a Dios operando en ellas tanto el querer como el hacer, ven a Cristo siendo engrandecido en ellas todo el tiempo, ya sea por la vida o por la muerte, y pueden decir que, para ellas, el vivir es Cristo. Están llenas de Cristo, llenas de Dios, y pueden ser usadas por Dios.

En resumen, el primer requisito para que nuestro ser sea usado por Dios es la visitación divina, que no es de nosotros, sino de Dios. La visitación de Dios es Su venida a nosotros para visitarnos. Este es el inicio del proceso de Dios en usarnos. Cada vez que tenemos un deseo de servir a Dios, sabemos con certeza que Él nos ha alcanzado y visitado. Sin embargo, el simple hecho de tener este deseo no nos capacita para ser usados por Dios, porque, de nuestra parte, todavía debemos pagar el precio.

Un día, Dios vino a Isaías y, en consecuencia, Isaías decidió ir y trabajar para Dios (Is 6:1-8). Sin embargo, en ese momento, él no pudo ser usado por Dios; todavía tenía que pagar un precio. El resultado de pagar el precio es que, al renunciar a todo lo que tenemos, aceptamos todo lo que Dios tiene. Solo personas así pueden ser usadas por Dios. Por lo tanto, pagar el precio es el requisito y el factor básicos para que seamos útiles para Dios.

Disfrute más: Himno 307

miércoles, 26 de febrero de 2025

Cómo ser útil para el Señor, semana 2, capítulo 2, miércoles

CÓMO SER ÚTIL PARA EL SEÑOR

CAPÍTULO DOS

SEMANA 2 - MIÉRCOLES

Lectura Bíblica: Mt 6:24; 19:16-22; 25:8-9; Lc 14:26-36; Jn 20:15-17; 21:15, 18; Hch 2:44-45; 4:32; 1 Co 9:24, 26; Gá 2:2; Fil 3:8; 2 Ti 4:7; Ap 3:18

Leer y orar: "Hermanos, en cuanto a mí, no considero haberlo alcanzado; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús." (Fil 3:13-14)

EL OBJETIVO DE PAGAR EL PRECIO

El objetivo de pagar el precio es dar a Dios la oportunidad de realizar en nosotros lo que Él pretende hacer. El significado de pagar el precio es que permitimos a Dios tener un lugar en nosotros para entrar en nosotros, ser nuestra vida y hasta mezclarse totalmente con nosotros sin ningún impedimento, limitación o dificultad.

Nuestra manera de vivir, preferencias, inclinaciones, futuro e intereses deben ser renunciados a cambio de Cristo, pues Él desea ocupar el lugar de todo lo que tenemos. Necesitamos entregar todo lo que tenemos. Si entregamos más, recibiremos más. Si entregamos menos, recibiremos menos. Si no entregamos nada, no recibiremos nada. Si entregamos todo, recibiremos todo.

Debemos pagar el precio y negarnos a nosotros mismos, renunciando a la familia, la carrera y el futuro, dejando de lado todo lo que ocupa el lugar de Dios. De este modo, Dios vendrá a nosotros para ser nuestra vida, poder, naturaleza y contenido. Si alguien cree en el Señor, pero no está dispuesto a pagar el precio para ganar a Cristo, entonces la salvación que recibe consistirá solo en el perdón de los pecados y en recibir la vida eterna.

El aspecto de la salvación que incluye el perdón de los pecados y el recibir la vida eterna fue preparado por Dios para ti, y todo lo que necesitas hacer es recibirlo. Sin embargo, para que Dios se mezcle contigo, debes renunciar a todo lo que tienes. Por esta razón, Mateo dice que necesitamos comprar el aceite (25:8-9) y Apocalipsis dice explícitamente que necesitamos comprar oro, vestiduras blancas y colirio (3:18).

El término "comprar" en estos pasajes fue dicho por el mismo Señor. Pablo no usó el término "comprar", sino que dijo: "He perdido todas las cosas (...) para ganar" (Fil 3:8). En principio, tanto perder como comprar implican pagar un precio. El tamaño de tu pérdida determina cuánto entra Cristo en ti. Si estás apegado a lo que ya tienes, no hay manera de ganar a Cristo.

Los primeros cristianos vendieron todo lo que tenían por amor al Señor (Hch 2:44-45; 4:32). Antes, estaban bajo la usurpación de esas cosas, y Dios no tenía oportunidad, espacio ni camino en ellos. Sin embargo, finalmente, se dieron cuenta de que todas esas cosas no debían ser los objetivos de su búsqueda, sino que el mismo Dios debía ser su único objetivo.

Por esta razón, odiaron todas esas cosas y las perdieron. El joven rico en los Evangelios amaba al Señor y quería seguirlo, pero al final, se retiró triste (Mt 19:16-22). ¿Por qué? Porque no tenía la intención de vender sus bienes. Como estaba dominado por todas esas cosas, Cristo no tenía lugar en él.

Cada vez que una persona se deja dominar por la reputación, el futuro, la posición, el poder y los parientes, no hay manera de que Cristo tenga primacía en ella. El Señor dijo que nadie puede servir a dos señores (6:24). Esto significa que nadie puede tener dos amores. Esta cuestión no puede ser solucionada simplemente por la fe.

Así, al final del Evangelio de Juan, un libro que muchas veces se refiere a la fe (1:12; 3:15-16, 18, 36; 6:40; 20:31), se menciona el tema del amor. Muchos lectores de la Biblia reconocen que Juan 21 fue añadido por el autor como una reflexión posterior. Este Evangelio, sin duda, termina en el capítulo veinte, pero el escritor añadió otro capítulo, el capítulo veintiuno, que es de otra naturaleza.

Los primeros veinte capítulos de Juan hablan sobre la fe, pero el último habla sobre el amor (vs. 15-17). Pedro y Juan no tenían ningún problema con la cuestión de la fe. Sin embargo, a menos que dejaran los barcos de pesca y redes, no podían ganar a Cristo. Hoy, hay tantos cristianos que están en Juan 20, pero ¿cuántos están en el capítulo veintiuno?

Expresiones como "más que estos" (21:15) y "cuando seas viejo" (v. 18) indican que se nos exige pagar un precio para que Cristo tenga la oportunidad de llenarnos ricamente de Sí mismo.

Aunque en Juan 20 Pedro ya estaba salvo, en su interior no tenía mucho lugar para Cristo. Había recibido la vida eterna en abundancia, pero no había sido suficientemente lleno de Cristo. Por esta razón, el Señor preguntó: "¿Me amas más que estos?" (21:15). Tener más amor por el Señor era algo que le exigía pagar un precio.

Si solo tenemos fe, aún no podemos decir que para nosotros el vivir es Cristo, aún no podemos conocer el poder de la resurrección de Cristo y aún no podemos decir que es Dios quien efectúa en nosotros tanto el querer como el hacer. El Señor dijo que quien no renuncia a todo no puede ser Su discípulo (Lc 14:26-36). Si bastara simplemente tener fe, entonces Pablo no habría tenido necesidad de correr la carrera (1 Co 9:24, 26; Gá 2:2; 2 Ti 4:7), ni habría deseado recibir el galardón futuro (Fil 3:14).

Disfruta más: Himno 183

martes, 25 de febrero de 2025

Cómo ser útil para el Señor, semana 2, capítulo 2, martes

CÓMO SER ÚTIL PARA EL SEÑOR

CAPÍTULO DOS

SEMANA 2 - MARTES

Lectura Bíblica: 1 Co 3:8, 14-15; 9:18, 24-25; Fil 1:21a; 2:12, 13; 3:8-10; 1; Heb 10:35

Leer y orar: "Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo." (Lc 14:33)


EL SIGNIFICADO DE PAGAR UN PRECIO

Pagar un precio es dejar de lado todo lo que no es Dios a fin de recibir la segunda parte de la salvación divina. Debemos abandonar todo lo que está fuera de Dios, incluyendo el "yo", la carne, el ser natural, la disposición, la familia, la religión, las riquezas, la reputación, la posición y el futuro.

La suma de todas estas cosas tiene que ver con “todos vuestros bienes” mencionado por el Señor en Lucas 14:33 y con “todas las cosas” mencionado por el apóstol en Filipenses 3:8. El Señor dijo que necesitamos renunciar a todos los bienes para seguirlo, y el apóstol dijo que necesitamos perder todas las cosas para ganar a Cristo.

Debemos hacer esto porque Dios en Cristo pretende obrar en nosotros mismo para que podamos estar unidos a Él y mezclados con Él. Necesitamos abandonar y dejar de lado todo lo que está fuera de Dios, sin importar si estas cosas son buenas o malas, si pertenecen al pasado o al futuro.

De esta manera, el precio que debemos pagar tiene muchos aspectos, como el precio exigido en Mateo 5 al 7, 13, 24 y 25, el precio en Filipenses 3 y el precio en Apocalipsis 3:18. Además, también está el precio relacionado con la recompensa y el castigo (1 Co 3:8, 14-15; 9:18, 24-25; Heb 10:35). Todos estos precios implican un principio: el precio que debemos pagar es perder todo lo que está fuera de Dios.

Debemos dejar de lado todo lo que no está de acuerdo con Dios y que se opone a Dios, toma Su lugar y Lo reemplaza. De lo contrario, no le daremos la oportunidad adecuada ni la base suficiente para obrar libremente en nosotros. En consecuencia, no experimentaremos a Dios en abundancia.

No pienses que renunciar a todo, como dijo el Señor, es demasiado. Tampoco pienses que es extremadamente difícil abandonar todas las cosas, como dijo el apóstol. El Señor y el apóstol dijeron tales cosas porque, para experimentar y obtener a Dios, debemos renunciar a todo lo que no sea Dios, es decir, debemos abandonar todas las cosas. Esto no es simplemente una condición; es una necesidad.

Si vivimos por nuestra cuenta, Dios no podrá estar en nosotros con vida. Si confiamos en innumerables personas, cosas y asuntos, y no nos entregamos totalmente a Dios, Él no podrá ser todo en nuestro interior. Si la familia, el cónyuge y los hijos son más preciosos para nosotros que Dios, entonces Dios no podrá ser todo en nosotros. Si la educación, la fama, la posición y el futuro son más amados por nosotros que Dios, entonces Dios no podrá ser nuestro gozo y nuestro elemento interior.

Supongamos que, aunque creemos en Dios, vivimos según las cosas que están fuera de Dios, y estas cosas lo son todo para nosotros. Aunque no hay duda de que estamos eternamente salvos, la intención de Dios de obrar en nosotros para mezclarnos totalmente con Él en unidad es completamente imposible e inviable. Cuando vivimos de esta manera, no solo dejamos de cumplir lo que se nos exige, sino que también la intención de Dios no puede cumplirse en nosotros. No pagamos el precio que es el requisito para que Dios obre en nosotros y se mezcle con nosotros.

Algunos pueden decir que, al hablar de pagar el precio, despreciamos la eficacia de la salvación del Señor. Los que dicen esto no perciben que lo que dicen no está de acuerdo con la verdad. La parte de la salvación que concierne al perdón de los pecados y a recibir la vida eterna puede obtenerse solo por la fe. Sin embargo, debemos pagar un precio si queremos que Dios entre en nosotros y se mezcle con nosotros, para obrar en nosotros tanto el querer como el hacer (Fil 2:13) y capacitarnos para vivir a Cristo (1:21a), permitiendo siempre que Cristo sea engrandecido en nuestro cuerpo (v. 20b).

No podemos llegar a este nivel simplemente por la fe. Es imposible encontrar un versículo en toda la Biblia que diga que podemos obtener este resultado solo por la fe. Pablo dijo explícitamente que, dado que Dios obra en nosotros tanto el querer como el hacer, debemos obedecer con temor y temblor (2:12). También dijo que, si deseamos vivir a Cristo, no nos importa vivir o morir.

No solo eso, si queremos ganar a Cristo y conocerlo a Él y el poder de Su resurrección, necesitamos perder todas las cosas y considerarlas como basura (3:8-10). ¿No es esto pagar un precio? La segunda parte de la salvación de Dios requiere que paguemos un precio. Esto es tanto un requisito como un hecho.

Disfruta más: Himno 275

lunes, 24 de febrero de 2025

Cómo ser útil para el Señor, semana 2, capítulo 2, lunes

CÓMO SER ÚTIL PARA EL SEÑOR

CAPÍTULO DOS

SEMANA 2 - LUNES

Lectura Bíblica: Mt 5 - 7

Leer y orar: "Viendo Jesús las multitudes, subió al monte; y sentándose, se le acercaron sus discípulos;" (Mt 5:1)

LOS DOS ASPECTOS DEL PRECIO

El precio que debemos pagar tiene dos aspectos. Uno de ellos se refiere a nuestro sentimiento interior y el otro tiene que ver con la luz de la verdad que el Señor nos ha dado. Normalmente, lo que sentimos en nuestro interior está, principalmente, relacionado con cuestiones triviales.

Las cosas importantes, valiosas y profundas se encuentran, en la mayoría de los casos, en la verdad. Este último aspecto se ve sobre todo en el Evangelio de Mateo. Mateo es un libro que habla del reino. El reino tiene un doble significado en relación con nosotros. Por un lado, implica el gobierno de los cielos y, por otro, exige que paguemos un precio. Casi todo el libro de Mateo trata sobre el requisito de pagar un precio. Sin embargo, los capítulos más importantes son el 5 al 7, el 13, el 24 y el 25.

Los capítulos 5 al 7 de Mateo, que consisten en la enseñanza dada en el monte, tratan sobre la realidad del reino. El capítulo 13, que consiste en las parábolas pronunciadas junto al mar, trata sobre la apariencia del reino. Los capítulos 24 y 25, que consisten en las profecías dichas en el monte de los Olivos, tratan sobre la manifestación del reino.

Tanto la realidad como la manifestación del reino fueron dichas en un monte. Esto sucedió porque solo los que "suben a la montaña" pueden participar de la realidad del reino hoy y entrar en la manifestación del reino en el futuro. Aunque una multitud siguió al Señor, solo una pequeña parte de ella escuchó el anuncio acerca de la realidad y la manifestación del reino. Los que escucharon fueron los que siguieron al Señor hasta el monte y se acercaron a Él. En otras palabras, fueron los que pagaron un precio y tuvieron comunión con el Señor.

La palabra acerca de la apariencia del reino fue dada junto al mar, lo que significa el mundo usurpado y corrompido por Satanás. Los que están en el mundo solo pueden escuchar la palabra acerca de la apariencia del reino. No pueden ver la realidad ni la manifestación del reino porque no han pagado el precio, subiendo a la montaña y viniendo al Señor.

Aunque las enseñanzas incluidas en estas tres secciones de Mateo son diferentes en términos de contenido, tienen un punto en común: el requisito de que se debe pagar un precio. En Mateo 5 al 7, el precio exigido es que todo nuestro ser y toda nuestra vida humana sean completamente entregados al Señor, para que podamos alcanzar la justicia suprema, entrar por la puerta estrecha y andar en el camino angosto.

Mateo 13 requiere que seamos libres del gran árbol y de la levadura, y que seamos el trigo y el grano de mostaza. Requiere que seamos molidos y pisoteados para proveer vida a los demás. El capítulo 13 también requiere que seamos el tesoro (incluyendo las piedras preciosas) y la perla. En otras palabras, este capítulo requiere que pasemos por el fuego del Espíritu Santo y por la presión de los sufrimientos para ser valiosos delante del Señor.

En los capítulos 24 y 25, el precio que se nos exige pagar tiene dos aspectos: el aspecto de la vida y el aspecto de la obra. El aspecto de la vida es que necesitamos comprar el aceite, y el aspecto de la obra es que necesitamos ser fieles. Comprar el aceite, el aspecto de la vida, es dejar las cosas exteriores de la vida diaria y ocuparse solo del Espíritu que habita en nosotros. Ser fiel en el aspecto de la obra es usar el don que hemos recibido para suplir a los demás.

LA RELACIÓN ENTRE PAGAR EL PRECIO
Y RECIBIR LA SALVACIÓN

Todos sabemos que la salvación de Dios consta de dos partes. En la primera, recibimos el perdón de los pecados y la vida eterna por la fe, y en la segunda, Dios quiere obrar en nosotros para que seamos mezclados con Él y nos convirtamos en uno con Él. El requisito previo para recibir la primera parte de la salvación de Dios es la fe.

Hablando estrictamente, el requisito previo para recibir la segunda parte de la salvación de Dios es pagar un precio. Dado que la salvación de Dios consta de estas dos partes, hay dos requisitos para recibirlas. Para recibir el perdón de los pecados y obtener la vida eterna, basta simplemente con tener fe. Sin embargo, si queremos que Dios obre en nosotros y se mezcle con nosotros, debemos cumplir el segundo requisito: pagar un precio.

Disfrute más: Himno 177

domingo, 23 de febrero de 2025

Cómo ser útil para el Señor, semana 2, capítulo 2, domingo

CÓMO SER ÚTIL PARA EL SEÑOR

CAPÍTULO DOS

SEMANA 2 - DOMINGO

Lectura Bíblica: Stg 1:19-24

Leer y orar: “Sabéis estas cosas, mis amados hermanos. Todo hombre, pues, sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.” (Stg 1:19)



CONOCER Y MANTENER LA DEBIDA POSICIÓN

En la vida de la iglesia, nadie es solo más joven o solo más anciano; por el contrario, todos son más jóvenes y más ancianos también. A pesar de ello, todos aún necesitan saber cuál es su posición y mantenerla. En el trabajo, en la iglesia e incluso cuando todos están reunidos, los más jóvenes deben comportarse como tales y los más ancianos deben comportarse como tales. Cada uno debe mantener la debida posición con firmeza y pagar el precio para aprender esto.

Todo asunto en el universo tiene ciertos principios. Por ejemplo, nadie que pierde la debida posición puede ser bendecido. Cualquiera que abandone su posición ciertamente perderá la bendición que, por derecho, le pertenece.

En la familia, cuanto más los hijos se comportan debidamente como hijos, más firmemente ocupan la posición de hijos, y cuanto más los padres se comportan debidamente como padres, más firmemente ocupan la posición de padres. Lo mismo ocurre en la iglesia: cuanto más los santos se desarrollan de modo normal, más firmemente mantienen la posición.

La Biblia dice que los más jóvenes deben ser sumisos a los más ancianos (1 Pe 5:5) y los más ancianos deben cuidar de los más jóvenes (cf. vs. 1-3). Todos debemos saber cuál es nuestra posición sin esperar que los demás den órdenes o depender de que ellos tomen las medidas necesarias. Debemos siempre mantener nuestra posición, pagando el precio para aprender esta lección.

Toda persona debería saber claramente cuál es su posición. Por ejemplo, quien realmente ha aprendido esta lección y sabe cuál es su posición no tendría valor para decir nada sobre la comida que se le pone delante, independientemente de cuánto esté mala esa comida. Aunque la comida estuviera envenenada, todo lo que haría sería abstenerse de comerla.

No puede decir lo que le agrada porque no está en la posición de decir nada, ni el momento es oportuno para ello. Quien realmente ha aprendido esta lección hará todo el esfuerzo para hablar en el momento oportuno. Sin embargo, si el momento no es oportuno, guardará silencio.

Quien realmente ha aprendido esta lección siempre mantiene su posición. Cuando el momento es oportuno para discutir algo en una reunión, habla. No obstante, fuera de la reunión, terminada la discusión, se niega a hablar. Saber cuál es nuestra posición y mantenerla es pagar el precio para aprender esta lección.

Debemos siempre aprender a pagar el precio, pues solo entonces podemos ser útiles en la mano del Señor. Cuando nos reunimos, la posición de los más jóvenes y la posición de los más ancianos deben estar claramente definidas. Cuanto más clara esté esta situación, más bendiciones habrá.

En la iglesia, cuanto más visible sea el orden, más fuerte será la iglesia. Los más jóvenes no deben sentirse avergonzados, y los más ancianos no deben sentirse orgullosos. No debemos pensar que quienes nos corrigen nos están maltratando.

Debemos darnos cuenta de que el hecho de que los más jóvenes puedan escuchar a los más ancianos es algo sumamente glorioso y dulce. Nuestra posición es obedecer a los mayores, ya sea que tengan razón o no. No estamos en la posición de decir algo delante de ellos. Una vez que digamos algo de manera desenfrenada, perderemos la bendición.

Noé cometió un grave error cuando se embriagó y se desnudó. Sin embargo, cuando Cam, padre de Canaán, habló sobre lo ocurrido, perdió la bendición (Gn 9:20-27). Cuando hay habladurías en la iglesia, se pierde la bendición. No pienses que hablar poco no es nada; en verdad, una pequeña chispa puede provocar un gran incendio. En la vida diaria, necesitamos aprender la lección de saber cuál es nuestra posición. Para ello, es necesario pagar un precio considerable.

Disfruta más: Himno 264

sábado, 22 de febrero de 2025

Cómo ser útil para el Señor, semana 1, capítulo 2, sábado

CÓMO SER ÚTIL PARA EL SEÑOR

CAPÍTULO DOS

SEMANA 1 - SÁBADO

Lectura Bíblica: Mt 5:1; 8:23; 9:10; 13:12, 10, 36; 16:13; 17:1-2; 24:1-3; Jue 7:4-8

Leer y orar: “Viendo Jesús a las multitudes, subió al monte, y cuando se sentó, se le acercaron sus discípulos;" (Mt 5:1)


APRENDER A PAGAR EL PRECIO EN LA VIDA DIARIA

LA VERDADERA BÚSQUEDA OCURRE EN LA VIDA DIARIA


En algún momento, todos tomamos la decisión de buscar crecimiento espiritual y ser útiles para el Señor. Sin embargo, buscar por decisión propia muchas veces puede terminar siendo una formalidad y, por lo tanto, volverse incompatible con la realidad. La verdadera búsqueda debe realizarse en todos los aspectos de la vida diaria.

Puedes disfrutar de la vista de las montañas y los ríos en tus viajes mientras buscas. Puedes conversar con un amigo sobre todo tipo de temas mientras pagas el precio. Deberíamos pagar el precio y seguir al Señor en cada aspecto de la vida diaria.

No sabemos si el Señor alguna vez presidió una reunión formal mientras estuvo en la tierra, porque Él no se aferró a las formalidades. Por el contrario, llevó a los discípulos a seguir con la vida diaria. Incluso mientras viajaban, ellos seguían a Jesús (Mt 5:1; 8:23; 9:10; 13:12, 10, 36; 16:13; 17:1-2; 24:1-3). En el Antiguo Testamento, Gedeón y sus seguidores fueron probados en la vida diaria en la manera en que bebían el agua (Jue 7:4-8). Este debe ser el principio de la búsqueda espiritual.

No debemos orar solo cuando entramos en una sala, ni predicar y trabajar solo cuando entramos en el lugar de reuniones y subimos al púlpito. Si oramos, predicamos o trabajamos únicamente en esos momentos, estaremos simplemente cumpliendo formalidades religiosas.

Podemos buscar a Dios en cualquier momento, ya sea en el monte o junto al mar, en la carretera o en casa. Es en la vida diaria donde las personas pueden notar si realmente buscamos al Señor y si verdaderamente podemos ser usados por Él.

Si no podemos trabajar para el Señor en la vida diaria, ciertamente no podremos trabajar para Él en horarios establecidos. El verdadero obrero es aquel que puede brindar ayuda y provisión espiritual a los demás en cada uno de sus movimientos y acciones en el curso de la vida cotidiana. Solo esto es realidad.


Nuestra vida debe ser genuina y no religiosa. Todas las personas y circunstancias con las que entramos en contacto a diario, en todo momento y lugar, son oportunidades para pagar el precio y buscar ser útiles para el Señor.


UN PRECIO BÁSICO QUE DEBE PAGARSE

Un precio básico que necesitamos aprender a pagar en la búsqueda diaria es que los más jóvenes deben recibir ayuda de los mayores, y estos, a su vez, deben hacer todo lo posible por ayudar a los más jóvenes. Para que seamos manifestados ante el Señor como aquellos que verdaderamente buscan el crecimiento espiritual, debemos prestar atención a estos dos aspectos. Por un lado, debemos hacer todo lo posible por recibir ayuda de quien pueda brindárnosla, y por otro, debemos hacer todo lo posible por ayudar a quien lo necesite. La verdadera búsqueda es esto.

Sin embargo, lo que suele ocurrir es que los jóvenes buscan a los jóvenes y los mayores buscan a los mayores. Esto no es ni buscar ni pagar el precio. Lo más probable es que esto ocurra por preferencia personal. Buscar siempre a aquellos de nuestra misma edad para conversar íntimamente no es pagar el precio, sino que tiene que ver con una preferencia personal.

Deberías poner fin a esta práctica de pasar tiempo solo con aquellos cuyos gustos y temperamento son iguales a los tuyos. Es debido a la falta de disposición para pagar el precio que los jóvenes no buscan a los mayores. Y es también debido a esta falta de disposición que los mayores no buscan a los jóvenes. Este tipo de situación es, en la mayoría de los casos, producto de estar en la carne y no estar dispuesto a negar el “yo”.

En el primer capítulo de Cantares, la que busca sigue al Señor, pero aún tiene que apacentar los cabritos (v. 8). Si descuidamos a los más jóvenes, no somos muy útiles para el Señor. Los mayores deberían procurar ayudar a los jóvenes, sintiendo la responsabilidad de hacerlo. Los jóvenes deberían buscar a los mayores, sintiendo la necesidad de recibir ayuda. En esto consiste el verdadero servicio.

No debemos esperar el momento de la reunión para servir. Por el contrario, debemos servir mientras trabajamos en la oficina, hacemos las tareas del hogar e incluso cuando estamos fuera de casa, viajando en nuestro tiempo libre. Esto puede compararse con una madre que no puede olvidar a sus hijos, ya sea que esté en casa o fuera de ella, en el trabajo, atendiendo algún asunto o realizando actividades recreativas. Las verdaderas lecciones de búsqueda se aprenden en la vida diaria, y el verdadero momento de servir ocurre en los momentos regulares.

Disfruta más: Himno S-73


jueves, 20 de febrero de 2025

Cómo ser útil para el Señor, semana 1, capítulo 1, viernes

CÓMO SER ÚTIL PARA EL SEÑOR

CAPÍTULO UNO

SEMANA 1 - VIERNES

Lectura Bíblica: Gn 22:1-2; Flp 3:5-6, 8, 10, 13

Leer y orar: “Hermanos, en cuanto a mí, no considero haberlo alcanzado; pero una cosa hago: olvidando lo que queda atrás y extendiéndome a lo que está delante, (Flp 3:13)

EL PRECIO EN FILIPENSES:
RENUNCIAR A TODAS LAS COSAS
PARA GANAR A CRISTO

El precio en Filipenses 3 es diferente del precio en los Evangelios. El precio en los Evangelios se refiere a todo lo que tenemos, mientras que el precio en Filipenses 3 se refiere, sobre todo, a todas las cosas que nos capacitan para servir al Señor. Por ejemplo, todas las cosas en Filipenses 3 denotan nuestras habilidades en el servicio (v. 8). Tal vez tengamos la habilidad de servir, predicar, testificar y visitar a los santos. Tal vez también tengamos elocuencia y experiencia. Todas estas cosas están incluidas en el precio que se nos exige en Filipenses 3.

La revelación en Filipenses 3 es que debemos seguir la experiencia de Cristo y el poder de Su resurrección (v. 10). Por lo tanto, necesitamos pagar el precio, renunciando a todo lo que tenemos: nuestra teología, elocuencia, doctrinas, conocimiento y experiencia, a cambio de Cristo, de la experiencia de Cristo y de ganar a Cristo. Pablo renunció a todas las cosas para ganar a Cristo (v. 8). En otras palabras, él renunció a todas sus habilidades en el servicio de Dios para ganar a Cristo como su habilidad.

Necesitamos dejar de lado nuestra habilidad, elocuencia, doctrinas y mensajes, y dejar que Cristo sea nuestra habilidad, elocuencia y mensaje. Solo pagando el precio de esta manera podremos ganar a Cristo.

Utilicemos el ejemplo de visitar a los santos como ilustración. Una vez que salimos frecuentemente a visitar a los santos, poco a poco aprendemos algo acerca de esta cuestión. Pronto, podemos pensar que somos experimentados en el asunto. Sin embargo, si no renunciamos a nuestra experiencia en esta cuestión por causa de Cristo, no podremos experimentarlo a través de las visitas. Una vez que deseamos conservar nuestra habilidad, Cristo no tiene oportunidad de manifestarse. Sin embargo, si vamos a visitar a los santos dejando de lado nuestra experiencia, ya no dependeremos de nuestra habilidad. Consideramos la habilidad de visitar a los santos, que era una ganancia para nosotros, como pérdida por causa de Cristo. Aunque tengamos la habilidad, renunciamos a ella y la consideramos como basura. En cambio, ganamos a Cristo y lo experimentamos.

El precio en Filipenses 3 no es un precio experimentado en la etapa inicial de la vida cristiana. El precio experimentado en la etapa inicial de un cristiano es el precio de los Evangelios. El precio de Filipenses viene después del precio de los Evangelios. Quien no ha pagado el precio de los Evangelios no puede pagar el precio de Filipenses 3.

El precio de los Evangelios no requiere ninguna calificación: es el precio inicial; en cambio, el precio de Filipenses 3 requiere ciertas calificaciones. Solo después de pagar el precio de los Evangelios una persona puede servir en Hechos, y solo después de servir en Hechos puede tener la experiencia y la calificación para pagar el precio de Filipenses 3.

Después de pagar el precio de los Evangelios, la persona tendrá innumerables experiencias en el servicio de Dios. Sin embargo, si se detiene allí, aferrándose a esas experiencias en lugar de renunciar a ellas, no tendrá ninguna experiencia nueva y será incapaz de tener más experiencias de Cristo. Por esta razón, Pablo dijo que debemos olvidar lo que queda atrás y extendernos a lo que está delante (Flp 3:13).

Independientemente de cuán buenas hayan sido, nuestras experiencias del pasado son cosas que quedan atrás y necesitan ser olvidadas (cf. vs. 5-6). Si predicamos la palabra una vez y tres mil almas fueron salvas, no obstante, debemos renunciar a esa experiencia y considerarla como basura para ganar al Cristo vivo.

A menos que estemos dispuestos a renunciar a las experiencias del pasado, no podremos tener una experiencia nueva de Cristo y, sin esa experiencia, no tendremos nueva utilidad en el servicio. Hay algunos cuya utilidad delante del Señor es vieja: no es nueva ni viva, porque no están dispuestos a pagar el precio mencionado en Filipenses 3 y, por lo tanto, les falta la experiencia de Cristo y el poder de Su resurrección.

El precio de Filipenses 3 puede compararse con la ofrenda de Isaac en el altar hecha por Abraham (Gn 22:1-2). Abraham había recibido a Isaac como promesa de Dios, sin embargo, todavía tuvo que ofrecer a Isaac nuevamente. De igual manera, aún necesitamos ofrecer al Señor las lecciones que aprendimos delante de Él en el pasado. Este es el precio de Filipenses 3, que es un precio más alto.

El precio de los Evangelios lo paga un seguidor del Señor en la etapa inicial de su experiencia. El precio de Filipenses lo paga quien ya ha estado sirviendo al Señor de alguna manera y ya tiene un grado considerable de conocimiento del Señor, un grado considerable de espiritualidad, un grado considerable de consecución y un grado considerable de experiencia. En ese momento, el precio revelado en Filipenses 3 le exigirá renunciar a todos esos “grados considerables”, es decir, renunciar a todas las cosas.

Aunque sean buenas y sean “Isaacs”, todas esas cosas son del pasado. Por lo tanto, la persona tiene que olvidarlas y pagarlas como el precio para tener algunas experiencias nuevas. Y solo así tendrá una utilidad nueva y vigorosa en el servicio.

EL PRECIO EN APOCALIPSIS:
COMPRAR TRES COSAS

Otro texto en las Escrituras que menciona de manera muy clara el pagar el precio es Apocalipsis 3:18. En este pasaje se habla de comprar tres cosas: oro refinado por fuego, vestiduras blancas y colirio. Todas tienen que ver con un precio. Además, es el Señor quien nos pide que las compremos. El oro significa la naturaleza de Dios, el elemento de Dios.

En la iglesia en Laodicea, había mucho barro, pero muy poco oro. En otras palabras, había muchas cosas en medio de ellos que estaban fuera de Dios y muy poco del elemento de Dios. En consecuencia, el Señor aconsejó a los cristianos comprar oro. En cuanto a las vestiduras blancas, el color blanco denota pureza, la ausencia de mezcla, y las vestiduras simbolizan una manera de vivir y una conducta que expresan la pureza de Dios. Tercero, el colirio es para ungir los ojos. Cuando los ojos duelen y no se puede ver, es necesario comprar colirio para curarlos y dejarlos sanos nuevamente.

En condiciones normales, la naturaleza interior de un cristiano debería ser pura y su vida exterior debería ser blanca y brillante. Todos estos elementos requieren que compremos algo, que paguemos un precio. La intención de Dios es cumplir Su propósito eterno por medio del hombre. Así, después de que el Señor nos llama, necesitamos pagar el precio para ser útiles para Él.

Disfrute más: Himno 467

Cómo ser útil para el Señor, semana 1, capítulo 1, jueves

CÓMO SER ÚTIL PARA EL SEÑOR
CAPÍTULO UNO

SEMANA 1 - JUEVES

Lectura bíblica: Mt 4:19; 8:22; 9:9; 19:21, 27; Mc 12:42, 44; Lc 9:62; Hch 1:13-14

Leer y orar: “Así que, todo aquel de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.” (Lc 14:33)

EL PRECIO EN LOS EVANGELIOS:
DEJARLO TODO PARA SEGUIR AL SEÑOR


Los Evangelios mencionan numerosas veces cuando el Señor llamó a personas diferentes. Hablando rigurosamente, el llamado del Señor no es, principalmente, para que las personas sean salvas, sino para que Le sigan. Por ejemplo, hay versículos bíblicos como: “Venid en pos de Mí” (Mt 4:19), “Sígueme” (9:9), “Vende tus bienes (...) después ven y sígueme” (19:21), “Sígueme, y deja que los muertos sepulten a sus muertos” (8:22) y “Nadie que pone la mano en el arado y mira atrás es apto para el reino de Dios” (Lc 9:62).

Estos versículos nos revelan repetidamente cuánto es grande el precio que se debe pagar por aquellos que desean seguir al Señor. En los Evangelios, el único requisito del Señor para aquellos llamados por Él era que dejaran todos los bienes (Lc 14:33). Así fue como los primeros discípulos fueron llamados a seguir al Señor. Pedro dijo, por ejemplo: “He aquí, nosotros hemos dejado todo y te hemos seguido” (Mt 19:27). Todo significa “todas las cosas”. Si una persona con cinco mil dólares ofrece los cinco mil y otra con cincuenta mil dólares ofrece los cincuenta mil, entonces, ambas han entregado todo lo que tenían para pagar el precio. A los ojos del Señor, ambas pagaron el mismo precio.

Un día, el Señor elogió a la viuda que depositó dos monedas en el arca de las ofrendas, porque había depositado todo lo que tenía, que era incluso su sustento (Mc 12:42, 44). Por lo tanto, para nosotros, pagar un precio no significa necesariamente invertir la mayor parte, sino depositar todo lo que tenemos.

Aquel que deposita todo es quien paga el precio. El Señor nunca toma en cuenta lo que pagamos. Al contrario, lo que Él toma en cuenta es si hemos pagado todo. El “todo” exigido en los Evangelios es todo lo que tenemos, incluidos padres, cónyuge, hijos, hermanos, hermanas, casa, negocios, diploma académico, posición, fama, preferencias, ambiciones y vida. Todos estos son los precios exigidos en los Evangelios.

Muchos de nosotros, hoy en día, sin embargo, no hemos cortado la relación con nuestros parientes. Esto no significa que debamos romper visiblemente con todas las relaciones humanas. Al contrario, significa que debemos cortar todos los lazos emocionales. En resumen, el Señor desea que renunciemos a todo lo que tenemos. Este es el requisito más duro que Él tiene para nosotros.

Cada vez que toquemos al Señor, Él exigirá algo de nosotros. Siempre será así. El Señor nunca se satisface con el precio que ya hemos pagado: cada vez que nos toca, Él nos pedirá algo. Experimentamos la presencia más visible del Señor cuando Él exige algo de nosotros. De nuestra parte, la única vez que no percibimos que Él exige algo de nosotros es cuando perdemos la comunión con Él. De parte del Señor, la exigencia que Él nos hace cesará solo cuando el nuevo cielo y la nueva tierra estén establecidos.

Hoy es el tiempo de que el Señor use al hombre y lo conquiste para hacer Su obra. En consecuencia, Él continuará exigiendo algo de nosotros, y Sus exigencias serán cada vez mayores. Al principio, las exigencias del Señor son pequeñas, pero poco a poco se vuelven mayores, más profundas y más duras. Si tratamos de reprimir la sensación de que Él exige algo, sufriremos una gran pérdida, porque nuestra comunión con Él se interrumpirá. Después de mucho tiempo, el Señor ya no hará Su voluntad en nosotros y, en consecuencia, se verá forzado a recurrir a otra persona. Sin embargo, si estamos de acuerdo con Sus exigencias, si aprendemos a obedecer y estamos dispuestos a pagar el precio, nuestro sentimiento se volverá cada vez más sensible, llegando al punto de tener casi todo el día la sensación de que el Señor nos está pidiendo algo.

Si no cooperamos con Sus exigencias y no estamos dispuestos a pagar el precio, habrá dos resultados. Primero, de nuestra parte, seremos como el joven que se retiró triste (Mt 19:22). Segundo, de parte del Señor, Él no podrá manifestar nuestra utilidad para Él. Por esta razón, debemos errar intentando obedecer en lugar de desobedecer completamente, y es mejor obedecer demasiado que obedecer demasiado poco. Si respondemos a los requisitos del Señor, también habrá dos resultados. Primero, nos llenaremos de alegría y, segundo, el Señor podrá manifestar nuestra utilidad.

Debemos darnos cuenta de que el requisito básico para ser usados por el Señor es estar de acuerdo con Sus exigencias. Una persona que está de acuerdo con las exigencias del Señor puede ser usada por Él, aunque no tenga un gran conocimiento de la verdad. Ella aún puede ser usada por el Señor aunque no ore con mucha frecuencia. El poder que obtenemos cuando pagamos el precio de responder a las exigencias del Señor a menudo es mayor que a través de innumerables oraciones.

El poder que recibimos cuando pagamos el precio de responder a las exigencias del Señor a menudo es mayor que a través del derramamiento del Espíritu Santo. Las personas prestan atención al derramamiento del Espíritu Santo, pero no ven que, en el día de Pentecostés, los que recibieron el derramamiento del Espíritu Santo pagaron un alto precio. Dejaron todo para estar en el aposento alto en Jerusalén y perseveraron unánimes en oración (Hch 1:13-14).

Muchas personas desearían recibir el poder generado por el derramamiento del Espíritu, pero no están dispuestas a aprender la lección de pagar el precio. Por esta razón, realizan muchas obras, pero sus obras no pueden perdurar y no tienen un efecto duradero. Si el obrero quiere que su obra continúe y perdure por mucho tiempo, debe aprender la lección de pagar el precio. La permanencia de una obra depende de cuánto el obrero ha aprendido esa lección. El poder para hacer la obra del Señor está en aprender esa lección y, para ello, es necesario pagar un precio. La utilidad de una persona ante el Señor se basa en el precio que pagó ante Él.

Todos admiramos la forma en que personas como Pablo y Pedro fueron útiles para el Señor, pero olvidamos que ellos pagaron un alto precio ante el Señor. Si no somos útiles para el Señor hoy, la única razón es que no estamos dispuestos a pagar un precio, no estamos dispuestos a responder a Sus exigencias y no estamos dispuestos a renunciar a nuestra reputación, educación, posición, futuro y toda nuestra vida. Por esta razón, no sentimos la presencia del Señor, rara vez tenemos contacto con Él en la comunión y, naturalmente, tenemos poca utilidad ante Él.

Disfruta más: Himno S-1

miércoles, 19 de febrero de 2025

Cómo ser útil para el Señor, semana 1, capítulo 1, miércoles

CÓMO SER ÚTIL PARA EL SEÑOR

CAPÍTULO UNO

SEMANA 1 - MIÉRCOLES

Lectura Bíblica: Gn 8:1-5; 22:1-2; Éx 19:20; 1 R 18:42; Is 6:8; Mt 5:1; 8:19-29; 16:24-97; Lc 9:59-62; Ro 9:15-18; Ef 2:4-5, 8; Flp 3:7-8; 2 Ti 4:6-8; Ap 1:9-10; 21:10

Leer y orar: “Entonces, acercándose a Él un escriba, le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. Pero Jesús le respondió: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza." (Mt 8:19-20)

PAGAR UN PRECIO

La visitación del Señor marca el inicio del uso del hombre por Dios. Sin la visitación del Señor, no tenemos cómo ser llamados. De este modo, es responsabilidad del Señor visitarnos. No obstante, la Biblia nos revela que, aunque el Señor tiene la responsabilidad de visitarnos, también tenemos una responsabilidad: pagar un precio (Mt 8:19-29; 16:24-97; Lc 9:59-62).

Moisés y David, en el Antiguo Testamento, y Pablo y Pedro, en el Nuevo Testamento, pagaron un precio mediante la visitación del Señor. Cuando el Señor se encontró con Pablo en el camino a Damasco, no le concedió poder, revelación ni dones de inmediato. Por el contrario, el Señor le dijo que entrara en la ciudad y dejara que un pequeño discípulo llamado Ananías le dijera, en pocas palabras, lo que tenía que hacer (Hch 9:5b-6, 10-17).

Como estaba dispuesto a pagar el precio, Pablo fue grandemente usado por el Señor (Flp 3:7-8). Por un lado, el Señor siempre visita al hombre, pero, por otro lado, el hombre debe siempre pagar un precio. Por lo tanto, nuestra utilidad para el Señor comienza con Su visitación, pero también depende de nuestra disposición a pagar un precio.

El precio que se debe pagar después de responder al llamado del Señor no tiene límites. Nadie puede decir que ha pagado todo el precio y que no hay nada más que pagar. Ni siquiera el apóstol Pablo pudo decirlo. Por el contrario, siempre se olvidaba de lo que quedaba atrás y avanzaba hacia lo que tenía por delante, prosiguiendo hacia la meta, hasta que, un día, incluso renunció a su propia vida (vs. 12-14; 2 Ti 4:6-8).

Cuando escribió el capítulo cuatro de 2 Timoteo, Pablo ya había pagado casi todo el precio que podía; sin embargo, continuó avanzando. Todos hemos sido visitados por el Señor, y las visitaciones que hemos recibido han sido las mismas. No obstante, debido a las diferencias en el precio que cada uno de nosotros ha pagado, nuestra utilidad en las manos del Señor puede ser diferente de la de los demás. Como Pablo pagó un precio mayor que los demás, su utilidad también fue mayor que la de los demás.

Algunos pueden decir que el Señor tiene misericordia de quien Él quiere (Ro 9:18). Sin embargo, esta palabra fue dicha acerca de los gentiles, como Faraón, que aún no habían sido visitados por Dios (vs. 15-17). Nosotros, que hemos sido salvados por la gracia, ya hemos recibido la visitación del Señor (Ef 2:4-5, 8).

Por lo tanto, ahora la pregunta no es si hemos recibido la visitación del Señor, sino si estamos dispuestos a pagar un precio. Nuestra utilidad en las manos del Señor depende totalmente del precio que paguemos. Si pagamos un precio alto, nuestra utilidad será grande; si pagamos un precio bajo, nuestra utilidad será limitada.

A lo largo de los años, la visitación del Señor no ha sido rara, sin embargo, Él siempre gime porque el precio que estamos dispuestos a pagar es muy bajo. Esta es la razón por la que la obra del Señor, hoy, solo puede avanzar lentamente y el Señor aún no puede volver. La Biblia nos revela claramente que el Señor espera que el hombre pague un precio y sea usado por Él respondiendo a Su llamado.

En Isaías 6:8, el Señor dijo: “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?”. Tal vez no tengamos una comprensión suficientemente profunda de esta palabra. Esta palabra implica que, en el universo, el Señor tiene un gran deseo en Su corazón y espera que el hombre responda a Su llamado. Él pretende obrar en cualquier época, sin embargo, faltan personas dispuestas a pagar el precio y responder a Su llamado.

Cada vez que haya alguien en la tierra dispuesto a pagar el precio y responder al llamado del Señor, el Señor ciertamente lo usará. La amplitud de la respuesta humana determina la amplitud del uso que el Señor hará del hombre.

EL SIGNIFICADO BÍBLICO DE
“SUBIR A LA MONTAÑA”

La primera persona en la Biblia que “subió a la montaña” fue Noé. Él llegó al monte Ararat mientras estaba en el arca, pasando por el diluvio (Gn 8:1-5). El énfasis del juicio mediante el diluvio no estaba en juzgar el pecado, sino el mundo que ofendía a Dios. El hecho de que Noé subiera a la montaña simboliza que estaba siendo liberado del juicio y escapando de todas las situaciones de rebelión contra Dios.

Cuando llegó al monte, todas las situaciones de rebelión contra Dios cesaron. Por lo tanto, subir a la montaña en la Biblia para estar en la presencia de Dios indica, primero, estar libre de la rebelión. Aunque todo el mundo haya caído en un estado de rebelión contra Dios, los que fueron a la montaña con Noé escaparon de la rebelión.

Segundo, indica ascensión a los cielos mediante la muerte y resurrección. Una vez que quedó libre de la rebelión y pasó por el diluvio, un tipo de experiencia de muerte y resurrección, Noé entró en una nueva era para representar la autoridad de Dios en la tierra. El significado de que Noé subiera a la montaña es el mismo que el de todos los que subieron a la montaña después de él.

Cada vez que Dios lleva a una persona a subir una montaña, Su intención es que sea liberada de la rebelión y pase por la muerte y resurrección, a fin de llegar a una condición de representar la autoridad de Dios en la tierra. En esto se resume el significado de la experiencia del hombre de subir a la montaña.

Obtener Revelación

En la Biblia, hay otro aspecto del significado de subir a la montaña: obtener revelación. En muchos ejemplos, desde la subida de Abraham al monte Moriah (Gn 22:1-2) hasta la permanencia de Juan en la isla de Patmos (Ap 1:9; 21:10), la énfasis dada a estas experiencias en las Escrituras es el recibir la revelación.

El hecho de que sea necesario subir a la montaña para recibir revelación indica que, para recibirla, es preciso pagar un precio. En otras palabras, subir a la montaña es pagar un precio.

Si queremos recibir revelación, necesitamos sinceramente tomar la decisión de pagar un precio y acercarnos al Señor. Todos debemos aprender esta lección.

Disfrute más: Himno 65

martes, 18 de febrero de 2025

Cómo ser útil para el Señor, semana 1, capítulo 1, martes



CÓMO SER ÚTIL PARA EL SEÑOR¹

CAPÍTULO UNO

SEMANA 1 - MARTES

Lectura Bíblica: Hch 9:3-5; 22:6

Leer y orar: Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?" (Hch 9:4)


LA RELACIÓN ENTRE EL PLAN DE DIOS Y EL HOMBRE

Dios tiene un plan. Toda la obra de Dios en el universo, desde las edades pasadas hasta la eternidad futura, se lleva a cabo de acuerdo con Su plan. Este plan debe cumplirse por medio del hombre y también en el hombre. Por lo tanto, Dios desea ganar a todo Su pueblo creado y redimido para la realización de Su plan.

No piense que el hecho de que Dios nos use hoy es un accidente. El uso que Dios hace de nosotros está totalmente basado en Su plan predeterminado. Todos aquellos a quienes Dios usa están dentro de la esfera de Su plan. Como el plan de Dios solo se realiza en el hombre, Dios necesita usar mucho al hombre. Así como un individuo, al ser ciudadano de un determinado país, está dentro de la esfera de utilidad de ese país y puede ser usado por él, de igual modo, nosotros, que pertenecemos al reino de Dios, estamos en la esfera en la que podemos ser usados por Él.


LA NECESIDAD DEL LLAMADO DE DIOS

Todos los que han sido salvos tienen la posición y el potencial de ser usados por Dios. Dios confirma la utilidad del hombre para Él no solo cuando lo crea y lo redime, sino también cuando lo llama.

La razón por la que Dios creó y redimió al hombre es que Él tiene la intención de usarlo. Sin embargo, con respecto al sentimiento del hombre, la creación y la redención no son suficientes para convencerlo de que Dios tiene la intención de usarlo.

Por consiguiente, Dios también debe llamar al hombre para confirmarle Su intención de usarlo. En otras palabras, tal vez sintamos que, aunque Dios nos haya creado y redimido, puede que no necesariamente nos use.

Solo cuando tenemos claridad sobre el llamado de Dios a nosotros podemos decir, con convicción, que Él tiene la intención de usarnos. Por lo tanto, para nosotros, el llamado de Dios es una confirmación de Su intención de usarnos. Ahora, la pregunta que debemos hacernos es: “¿Será que Dios nos ha llamado? ¿Y cómo sabemos que Él nos ha llamado?”


LA VISITACIÓN DE DIOS

Tal vez tengamos el concepto de que entender el llamado de Dios es un asunto difícil. En realidad, solo necesitamos preguntarnos si, desde el día en que fuimos salvos hasta ahora, hemos tenido la sensación de querer ser usados por el Señor o si hemos oído, dentro de nosotros, una voz suave y tierna que dice que el Señor desea usarnos.

Si hemos tenido esa sensación, entonces podemos saber que el Señor nos ha llamado. Para nosotros, tener un corazón dispuesto a ser usado por el Señor es el resultado de una obra extraordinaria del Señor. Esta obra es mucho más grandiosa que la obra del Señor al crearnos.

La obra del Señor al crearnos no fue tan grandiosa como Su obra de colocar en nosotros un corazón dispuesto a ser usado por Él. Su obrar en el hombre de esta manera es Su modo más grandioso de visitarlo. En otras palabras, esta obra ocurre cuando Él viene al hombre y lo visita.

¿Cómo llegamos a tener un corazón deseoso de ser usado por el Señor? Antes ni siquiera nos importaba Él; sin embargo, para nuestra sorpresa, ahora tenemos el deseo de servir para Su uso. Esto prueba que esta es la visitación del Señor y que Su gracia ha venido a nosotros.

En los últimos miles de años, Dios ha venido al hombre y lo ha visitado innumerables veces. Lamentablemente, no son muchos en la iglesia hoy los que han sentido Su visitación. Dios siempre viene al hombre; sin embargo, el hombre muchas veces lo deja de lado. No debemos pensar que, para obtener el llamado de Dios, necesitamos oír una voz como un trueno o ver una gran luz como la que vio Pablo en el camino a Damasco (Hch 9:3; 22:6).

En realidad, en principio, la voz apacible y suave dentro de nosotros no es diferente del llamado que Pablo recibió en el camino a Damasco. Podemos usar la luz del sol como ilustración. Aunque hay una diferencia entre la intensidad del calor de la luz tenue vista al amanecer y la de los rayos brillantes vistos al mediodía, el sol es el mismo.

De igual manera, aunque Dios a veces llama al hombre de modo extraordinario, la mayoría de las veces Él aparece al hombre y lo visita de manera común. La visitación de Dios al hombre es la confirmación de Su deseo de usarlo y el inicio de Su uso del hombre.

__________________________

¹ Este libro está compuesto por mensajes ministrados por el hermano Witness Lee en abril y mayo de 1955 en Baguio, Filipinas. Consta de seis capítulos que hablan sobre cómo el cristiano puede volverse útil en las manos del Señor para llevar a cabo la comisión divina en la economía de la gracia de Dios.

Disfrute más: Himno 208

miércoles, 5 de febrero de 2025

Estudio de Hechos, capítulo 28, mensaje 72, semana 33, martes

ESTUDIO DIARIO DE HECHOS
MENSAJE SETENTA Y DOS

CONCLUSIÓN (2)

SEMANA 33 – MARTES
Lectura Bíblica: 1 Co 12:13; 15:45; He 10:12, 14

Leer y orar: “Y os habéis vestido del nuevo hombre, que se va renovando hasta el pleno conocimiento, conforme a la imagen de aquel que lo creó; en el cual no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro, escita, esclavo, libre; sino que Cristo es todo y en todos” (Col 3:10-11)

EL NUEVO HOMBRE, EN EL CUAL CRISTO ES TODO

En Colosenses 3:10-11 Pablo dice: “Y os habéis vestido del nuevo hombre, que se va renovando hasta el pleno conocimiento, conforme a la imagen de aquel que lo creó; en el cual no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro, escita, esclavo, libre; sino que Cristo es todo y en todos”.

Aquí vemos no solo que no hay hombre natural en el nuevo hombre, sino que no hay posibilidad ni espacio para ninguna persona natural. En el nuevo hombre solo hay lugar para Cristo. Él es todos los miembros del nuevo hombre y está en todos los miembros. Él es todo en el nuevo hombre. De hecho, Él es el nuevo hombre, Su Cuerpo (1 Co 12:13).

Al escribir estas palabras, Pablo debió haber pensado: “No debería haber hablado a los hermanos en Jerusalén acerca de judíos y gentiles. No fui a los gentiles; fui al pueblo escogido de Dios. Todos los que fueron salvados por medio de mi ministerio son el pueblo de Dios. Él los escogió antes de la fundación del mundo. Ciertamente, no había nada de malo en ir a ellos. En el nuevo hombre no hay judío ni griego, solo Cristo”.

En Colosenses 3:10-11 Pablo es claro, categórico y absoluto. Esto debe haber sido el resultado de los dos años que estuvo bajo custodia en Cesarea. Mientras que Efesios, Filipenses y Colosenses fueron escritos durante el primer encarcelamiento de Pablo en Roma, Hebreos fue escrito después de que él fue liberado. En Hebreos, avanzó aún más.

Antes de escribir esta Epístola, él debió haber pensado: “¿Por qué hablé tan poco en Efesios sobre Cristo aboliendo todas las ordenanzas? Debería haber entrado en muchos más detalles. También, lo que hablé en Filipenses y Colosenses fue demasiado breve. Necesito escribir una Epístola más larga para mostrar que todas las cosas del judaísmo han pasado y que Cristo es superior a ellas”.

EL CRISTO REVELADO EN HEBREOS

En los trece capítulos de Hebreos, Pablo desacredita las cosas del judaísmo. Incluso desmantela cada una de las cuestiones cruciales del judaísmo. Él muestra que los judíos tienen a Dios, pero los creyentes tienen al Hombre-Dios, Jesucristo. También muestra que los ángeles son siervos. Además, muestra que Cristo es superior a Moisés, Aarón y Josué.

En Hebreos, Pablo también nos dice que ya no hay más ofrenda por el pecado. De acuerdo con la voluntad de Dios, Cristo, Aquel que es todo-inclusivo, es la única ofrenda. Así, en el universo solo hay una ofrenda que está de acuerdo con la voluntad de Dios. En Hebreos 10:9-10 dice: “Entonces, añadió: He aquí, vengo para hacer, oh Dios, tu voluntad. Quita lo primero para establecer lo segundo. En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre”.

Esto indica que todas las ofrendas del Antiguo Testamento fueron eliminadas y sustituidas por Cristo como la única ofrenda. En Hebreos 10:12 y 14 dice: “Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios (...) Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”.

En Hebreos 13:8 Pablo dice: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”. Antes de Hebreos 13:8, Cristo cambió, pues pasó por la encarnación y la resurrección. Por medio de la encarnación, Él asumió la naturaleza humana. Esto significa que cambió de ser alguien que solo tenía la naturaleza divina a alguien que ahora tiene tanto la naturaleza divina como la humana. Antes, era solo Dios, pero cambió y se convirtió en el Hombre-Dios.

Además, en Su resurrección, Él, como el último Adán, cambió para convertirse en Espíritu que da vida (1 Co 15:45). Después de pasar por el proceso de encarnación, vida humana, crucifixión, resurrección y ascensión, Él ya no cambió ni cambiará. Así, Pablo tenía la valentía de decir que Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos.

En Hebreos 13:13 continúa: “Salgamos, pues, a Él, fuera del campamento, llevando Su oprobio”. Aquí, el campamento representa la organización humana, especialmente la del judaísmo. La palabra de Pablo aquí se basa en el hecho de que Cristo fue crucificado fuera de la ciudad, fuera del campamento. Puesto que Cristo fue rechazado y sufrió fuera del campamento, debemos salir a Él fuera del campamento.

Cuando escribió esta parte de Hebreos, Pablo quizá pensaba: “Me equivoqué al volver a Jerusalén. Jerusalén era el campamento. No había necesidad de volver allí para ocuparse del judaísmo, porque eso era volver al campamento. Debemos olvidar Jerusalén, salir del campamento y llevar el oprobio de Cristo”.

Pablo salió del campamento y llevó el oprobio de Cristo. Cuando viajaba de Cesarea a Roma, estaba fuera del judaísmo, llevando el oprobio como prisionero. Pero, al llevar el oprobio fuera del campamento, él engrandeció a Cristo. Espero que todos dediquemos tiempo a meditar en los dos temas abordados en este mensaje: la vida de Pablo como un maravilloso testimonio de Cristo y la plena revelación divina en los libros de Efesios, Filipenses, Colosenses y Hebreos.

En estos libros no se deja ninguna base para ninguna mezcla. En estas Epístolas solo hay lugar para Cristo.

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Estudio de Hechos, capítulo 28, mensaje 72, semana 33, lunes

ESTUDIO DIARIO DE HECHOS
MENSAJE SETENTA Y DOS

CONCLUSIÓN (2)

SEMANA 33 – LUNES
Lectura Bíblica: Lv 11:4-8; Flp 2:4

Leer y orar: “Porque Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, la enemistad, aboliendo en su carne la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz” (Ef 2:14-15)

LA ABOLICIÓN DE LAS ORDENANZAS

En Efesios 2:14 y 15 Pablo dice: “Porque Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, la enemistad, aboliendo en su carne la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz”. Creo que lo que vio y experimentó en Hechos 15-28 lo llevó a escribir palabras tan categóricas. Al escribir esto, tal vez se decía a sí mismo: “Todas las ordenanzas de la ley han sido abolidas. La circuncisión, el voto de nazareato e incluso el voto que hice han sido abolidos”.

Pablo tal vez se haya lamentado del voto que hizo en Hechos 18 y también de haber circuncidado a Timoteo en Hechos 16. Si yo estuviera con él cuando escribió Efesios, quizás le diría: “Hermano Pablo, me gustaría aprender de ti. Ya que Cristo ha abolido todas las ordenanzas, ¿por qué aún circuncidaste a Timoteo en Listra?” Si alguien le preguntara esto a Pablo, tal vez él respondería: “Hice eso hace mucho tiempo, y lamento haberlo hecho. Nunca más volveré a circuncidar a nadie”.

Cuando Pablo escribió Efesios 2, había sido perfeccionado mucho más cabalmente que cuando circuncidó a Timoteo en Hechos 16. Sus experiencias en los capítulos 15-28 de Hechos lo hicieron ser más completo en relación con la circuncisión. No creo que sin las experiencias descritas en esos capítulos, Pablo hubiera podido escribir un capítulo como Efesios 2.

Es provechoso comparar las palabras de Pablo sobre la circuncisión en Gálatas con lo que dijo respecto a la abolición de las ordenanzas en Efesios 2. Probablemente Gálatas fue escrito antes de Hechos 16. En Gálatas 6:15 dijo: “Porque ni la circuncisión es algo, ni la incircuncisión, sino el ser nueva criatura”. En realidad, estas palabras aún dejan cierto margen para la práctica de la circuncisión. Pero en Efesios 2 sus palabras son absolutas y no dejan ninguna base para la circuncisión.

Pablo aprendió con todo lo que sucedió en Hechos 15-28. Creo que en los dos años que estuvo bajo custodia en Cesarea, revisó todo lo que había sucedido. Al hacerlo, pudo haber pensado: “Si tengo oportunidad, me gustaría escribir otra carta y decir algo más completo sobre la circuncisión que en Gálatas. No diré solo que la circuncisión no es algo, ni la incircuncisión. Sino que diré que todas las ordenanzas, especialmente las ordenanzas respecto a la circuncisión, han sido abolidas. Si pudiera reescribir la Epístola a los Gálatas, les diría a los creyentes que la circuncisión fue abolida en la cruz. Diría que no practiquen la circuncisión, porque ofende al Señor y lo insulta. No debemos seguir practicando nada que el Señor haya abolido en la cruz”.

Al estudiar la Biblia, podemos comparar Efesios y Gálatas respecto a las ordenanzas sobre la circuncisión. Si lo hacemos, veremos que lo que Pablo dice en Gálatas no es tan categórico ni completo como lo que dice en Efesios. En Efesios 2, él no deja ninguna base para la circuncisión.

UNA ADVERTENCIA RESPECTO A LA MUTILACIÓN

En Filipenses 3, Pablo usa un término negativo muy fuerte para la circuncisión: mutilación. En Filipenses 3:2 dice: “¡Cuidaos de los perros! ¡Cuidaos de los malos obreros! ¡Cuidaos de la falsa circuncisión!”. La expresión “falsa circuncisión” aquí también puede traducirse como “mutilación”, y es un término de desprecio. Como en este versículo no hay conjunción entre las tres frases, deben referirse al mismo tipo de personas.

Los perros son inmundos (Lv 11:4-8), los obreros son malos y la mutilación es algo despreciable. Perros se refiere a los judaizantes. En su naturaleza, son perros inmundos; en su comportamiento, son malos obreros; y en su religión, son la mutilación, personas vergonzosas. Pablo ciertamente es muy categórico al exhortar a los Filipenses a cuidarse de los perros, de los malos obreros y de la mutilación. Aquí está diciendo que los judaizantes, los que promueven la circuncisión, son perros.

¿Qué crees que Pablo habría dicho si, a la luz de su palabra en Filipenses 3:2, le hubieran preguntado sobre Santiago? Quizás diría: “Santiago ciertamente no es un perro, pero en cierto sentido actuó como uno. Es mi querido hermano. Como lo respetaba, fui a verlo. Pero cuando me habló, escuché algo parecido al ladrido de un perro”.

Al leer Filipenses 3, vemos que Pablo fue fortalecido por sus experiencias en Hechos 15-28 y especialmente por el tiempo que pasó en Cesarea. Debido a ese fortalecimiento, dijo a los creyentes que se cuidaran de los perros, que se cuidaran de la mutilación. En Filipenses ni siquiera habla de la circuncisión, sino que en su lugar usa el término de desprecio “mutilación”. ¡Qué categórico fue al escribir esta epístola!

Cuando escribía Filipenses 3, Pablo fue más categórico que cuando escribía Gálatas y Romanos. En Romanos 2:28-29 dijo: “Porque no es judío el que lo es exteriormente, ni es circuncisión la que se hace exteriormente en la carne. Pero judío es el que lo es interiormente, y la circuncisión es la del corazón, en el espíritu, no en la letra; la alabanza de este no proviene de los hombres, sino de Dios”. En realidad, lo que dijo sobre la circuncisión aquí no es muy categórico. Nuevamente, quedó alguna base para la práctica de la circuncisión. Pero en Filipenses 3:2 no hay ninguna base para la circuncisión, que ahora es llamada falsa circuncisión o mutilación, una práctica promovida por perros.

En Filipenses 3:8 Pablo dice: “Y, ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor; por amor del cual lo he perdido todo y lo tengo por basura, para ganar a Cristo”. La palabra “basura” denota “desechos, desperdicios, suciedad, lo que se arroja a los perros, de ahí, comida para perros, estiércol”.

Primero, Pablo exhorta a los creyentes a cuidarse de los perros, y luego indica que lo que esos perros, los judaizantes, ministran es comida para perros. Una vez más vemos el desarrollo de Pablo en sus escritos.

Cuando estaba en Cesarea revisando el pasado, Pablo debió haber lamentado no haber sido lo suficientemente categórico en sus escritos anteriores respecto a las cosas judías. Pudo haber pensado: “¿Por qué escribí de manera tan vaga? ¿Por qué no fui más claro y completo sobre las cosas judías? Esas cosas son comida para perros, la circuncisión en realidad es mutilación y los que la promueven son perros”.

Como hemos visto, al escribir Filipenses fue mucho más categórico que en Gálatas. ¡Cuán completo fue Pablo en sus escritos posteriores!

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Estudio-vida de Ezequiel, semana 9, sábado, mensaje 20

ESTUDIO-VIDA DE EZEQUIEL Mensaje 20 LOS ATRIOS EXTERIOR E INTERIOR SEMANA 9 - SÁBADO Lectura Bíblica: Ez 40-42 Leer y orar: “Jesús les res...